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Especial Proceso de Paz en Colombia: Víctor Correa

Profundas y aún lejos de cicatrizar son las heridas que ha dejado el largo y sangriento conflicto que han vivido los colombianos durante más de cincuenta años.

Los derechos humanos de la sociedad civil han sido repetidamente pisoteados, tanto por la guerrilla, como por los paramilitares y los agentes del Estado. Muertes, torturas, desapariciones y desplazamientos, han dejado estelas de víctimas y han regado odios profundos por todo el territorio.

El narcotráfico, con su poder de corrupción, ha barrido todo ideal y ha vuelto aún más violento y cruento el día a día de los ciudadanos, quienes viven en un país signado por males endémicos, como son las asimetrías regionales y la desigualdad social.

En estos años, varios presidentes han tratado de poner punto final al conflicto, pero lejos han estado de lograrlo. Desde hace casi tres años el Presidente Juan Manuel Santos ha emprendido un delicado camino hacia la paz, abriendo un diálogo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el grupo guerrillero más importante. Cinco son los temas que están sobre la mesa, todos sumamente delicados: desarrollo rural, oposición política y participación ciudadana, fin del conflicto armado y consecuente reintegración de las FARC a la vida civil, eliminación del narcotráfico, derechos de las víctimas y justicia. Los más controversiales siguen siendo el fin del conflicto con la consecuente reintegración de los miembros de las FARC a la vida civil y, sobre todo, a la vida política y el de la justicia.

Si bien, la mayoría de la población aspira a la conclusión de la guerra, no todos están de acuerdo con el camino y las decisiones que está tomando el presidente Santos. Según las más recientes encuestas, los ciudadanos le tienen desconfianza a las FARC y sus intenciones. Entre sus más aguerridos críticos están el expresidente Uribe y los simpatizantes de su partido, Centro Democrático.

En este especial dedicado a la paz en Colombia, nuestro editor asociado, Juan David Aristizábal, recogió una serie de entrevistas a jóvenes políticos de distintos partidos, quienes expresan sus diferentes opiniones con relación al proceso de paz.

Los lectores podrán así conocer mejor los entretelones de una situación con muchos claroscuros, diversas aristas y diferentes lecturas.

 

Víctor Correa: “Colombia necesita una reingeniería cultural”

 

victor correa

 

Recién termina de estudiar su pregrado en medicina. Mantiene un sombrero que representa a los campesinos cafeteros. Se considera un humanista y pacifista. No habla duro y no expresa odio hacia los miembros de los partidos que respaldan al gobierno. Apoya a Juan Manuel Santos únicamente en el proceso de paz. Su partido es minoritario y de izquierda. Victor Correa es Representante a la Cámara por Antioquia del Polo Democrático Alternativo y tiene 31 años.

Acepta que a su partido lo tilden de criticar y no proponer. “Hay distintas formas de proponer. Nosotros no queremos únicamente criticar o tirar piedras. Queremos plantear alternativas a las que ofrece el modelo actual en Colombia pero, por ser partido de oposición, nuestros proyectos de ley no avanzan. Es por esa razón que nosotros tenemos que promocionar debates de control político”.

Cree que a Colombia le llegó la hora de un cambio cultural y político liderado por la izquierda. “Nosotros no somos un partido de oposición. Somos un partido que hoy hace oposición porque fundamentalmente tenemos posiciones políticas diferentes a las de la clase dirigente actual. En 2018 la izquierda gobernará Colombia”.

 

¿Por qué usted apoya el proceso de paz?

El Polo dentro de su ideario histórico rechaza la lucha armada, pero apoya la salida negociada a los conflictos. Desarrollar un proceso de paz nos permitirá luchar y trabajar para poner fin a la profunda desigualdad que existe en Colombia.

 

¿Por qué, en su opinión, hay quien cree que el proceso de paz acercará a Colombia al modelo castro chavista?

En nuestro ideario están la protección de la producción nacional y reglas claras para que hayan transformaciones dentro de una actualidad política que propicie la desigualdad. Nosotros creemos en la democracia. Los que piensan que, por firmar la paz, estaremos como Venezuela o Cuba, no han leído los acuerdos y utilizan el miedo para convencer a la gente.

 

¿Se firmarán los acuerdos?

Se firmarán los acuerdos y el pueblo saldrá a refrendarlos. La gente dirá que sí y lo que viene es un proyecto de esperanza para Colombia.

 

¿Por qué de esperanza?

Los acuerdos con las FARC no resuelven los grandes problemas del país, pero la ciudadanía y los colombianos en el 2017 podremos escuchar discursos alineados con una nueva realidad política ya que finalmente habremos logrado solucionar uno de los escollos más graves: el conflicto interno.

 

¿El 2018 será entonces el año de la izquierda?

Sí, porque en el 2017 también se logrará la paz con el ELN. La izquierda tendrá una gran oportunidad en las elecciones al Congreso, que se desarrollarán en el 2018, ya que nuestro discurso y propuesta apuntan hacia la desaparición de la desigualdad. En lo que se refiere a la Presidencia, llegaremos a la segunda vuelta y ganaremos. La derecha está muy dividida.

 

¿Y la izquierda está preparada para resolver los problemas del país, después de los acuerdos?

La firma de los acuerdos no es garantía para la solución de los problemas de Colombia. La paz es esperanza y retos. El paramilitarismo sigue existiendo, la gente continua muriendo en los hospitales y hay que admitir que muchos colombianos no se ven afectados por la firma de la paz, en su día a día. La izquierda, y no hablo solamente del Polo, cuenta con personas capaces. Nuestras propuestas están dirigidas a resolver los problemas más urgentes y a construir un nuevo sistema que nos permita tener una paz estable y duradera.

 

¿Cuáles son esas propuestas que deberían llevar a una paz estable y duradera?

Primera: una reforma política que acabe con las “empresas electorales” del país y deje que el Estado sea el único en financiar a los movimientos políticos. Segunda: la lucha para erradicar la corrupción. Los corruptos deben desaparecer y los ciudadanos deben evitar los comportamientos que alimentan y profundizan la corrupción. Y tercera: favorecer el desarrollo de las regiones a través de un nuevo modelo económico. No se puede seguir concentrando el progreso solamente en Bogotá, Medellín y Cali. La economía debe generar y distribuir la riqueza.

 

¿El liderazgo de hoy en Colombia está demasiado en crisis para resolver los problemas que hay que enfrentar?

Personalmente no creo. Creo que nos está faltando liderazgo colectivo. La gente está muy apática y no presta atención a lo que pasa. Miedo, persecución o una forma de hacer política tan distante de los ciudadanos, de sus problemas cotidianos, son las razones por las cuales siempre más personas se han ido alejando de la política. El reto que habrá que enfrentar es el de promover una reingeniería cultural que permita a los colombianos empoderarse de los mecanismos necesarios para participar.

“A menos pensamiento, pensamiento más tiránico y absorbente.” - Miguel de Unamuno

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