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mariza bafile
Photo by: zenjazzygeek ©

¡Felices Fiestas tras doce meses muy intensos!

Al acercarnos a la conclusión de este año no podemos evitar recordar el optimismo con el cual empezó. Finalmente había vacunas que permitían enfrentar la pandemia evitando el reguero de muertos que había dejado el año anterior. Fuimos recobrando espacios de vida en común y las economías comenzaron a crecer nuevamente.

En fin, lo peor parecía haber quedado en el pasado. 

Pronto nos dimos cuenta de la fragilidad de esa esperanza. La ciega, irracional y enfermiza sed de poder de un solo hombre, Vladimir Putin, volvió a sumir a la humanidad en una espiral de violencia, muerte, dolor y miedo. El espectro de una tercera guerra mundial todavía ronda sobre nuestras cabezas mientras asistimos con angustia creciente a la destrucción de Ucrania. Las escenas de muerte, bombardeos, hambre, frío, que nos llegan a diario de esa población que de un día a otro se vio transportada en un infierno, parecen sacadas de viejas películas de la segunda guerra mundial. Igual desconcierto y tristeza vemos en los ojos de los jóvenes y sus familias rusas arrastrados hacia una guerra que, también para ellos, es sinónimo de muerte y desolación. 

Las economías del resto del mundo volvieron a caer y los sueños de recuperación se han ido alejando siempre más.

La guerra entre Rusia y Ucrania es solo uno, sin duda el más dramático, de una serie de eventos que han sacudido diferentes naciones del mundo en estos últimos doce meses.

En Europa preocupa el resurgir de la derecha extrema, neonazi, pequeños volcanes que amenazan con explotar. En Italia llegó al gobierno una coalición de derecha guiada por una mujer perteneciente a la extrema derecha. Ya en el poder, sus consignas electorales han ido perdiendo fuerza gracias a los instrumentos de contención de los que se ha dotado la Unión Europea.

En América Latina asistimos a la caída de Pedro Castillo, el maestro que llegó a la Presidencia y, al igual que sus predecesores, fue incapaz de estar al nivel del cargo que desempeñaba. Arrollado por una corrupción incontrolable, inerme frente a las tantas demandas que surgían de la población, pensó que un autogolpe a lo Fujimori podía ser la única vía para salvarse de una destitución anunciada. No solamente no logró llevar adelante su loco y desesperado plan dictatorial, sino que, junto con la destitución le llegó la cárcel.

Los sucesos del país andino llegaron como balde de agua fría al resto de las naciones de la región. El gobierno de López Obrador salió de primero en defensa de Castillo y al poco rato se dio cuenta de que en esa carrera había sido el primero y casi el único. Solo Argentina habló de defensa de la democracia y de los derechos humanos, dejando bien claro su rechazo a la actuación del destituido Presidente peruano. Igual posición ambigua asumió Gabriel Boric desde Chile. Petro en Colombia condenó, de plano, la actuación de Castillo y Lula, desde Brasil, dio la bienvenida a la nueva Presidenta, Dina Buluarte, por cierto la primera mujer en ocupar ese cargo en Perú.         

Argentina es otro de los países que está enfrentando una crisis de consecuencias impredecibles: Cristina Fernández Kirchner, fue condenada en primera instancia a 6 años de cárcel e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, tras ser acusada de corrupción. La condena puso en evidencia una vez más la división de un país que por un lado considera un abuso del poder legislativo esa condena y por el otro, la está festejando.

Volviendo la mirada hacia Oriente Medio asistimos al deterioro prácticamente imparable de los derechos de las mujeres en Afganistán. Sometidas al régimen deshumano de los talibanes, se están quedado siempre más solas.

En Irán, las mujeres han liderado y siguen liderando una protesta que ha mostrado todas las fisuras de un régimen teocrático siempre más odiado. La sociedad entera respondió al llamado de las mujeres y el ayatola Jamenei y sus secuaces entendieron, una vez más, que la única arma en sus manos es el terror. Tras matar, mutilar, arrestar y torturar a centenares de jóvenes, sin lograr apagar todos los fuegos de las protestas, hace pocos días ahorcaron al joven Mohsen Shekari, condenado a muerte por ser uno de los primeros en participar en la ola de protestas que sacudió el país.

Tampoco Estados Unidos se ha librado de vivir un año particularmente intenso e importante. Sin embargo, desde esa nación nos llegó una oleada de optimismo.

Contrariamente a los presagios nefastos que veían a un ejército de aliados de Trump apoderarse del poder en ambas ramas del Congreso, las elecciones de midterm fueron una ducha helada para el tycoon quien no solo no logró dirigir consensos hacia sus candidatos, sino que ahora debe enfrentar un futuro incierto y varios juicios en una soledad cada vez más evidente. Hasta la hija Ivanka se ha distanciado de él.      

Y terminamos con otra buena noticia: el Congreso de Estados Unidos, gracias a un acuerdo transversal, blindó el matrimonio igualitario. La inicua decisión del Supremo sobre el aborto mostró de manera inequívoca la fragilidad de algunos derechos sociales y humanos así que asegurar protección legal al matrimonio entre personas del mismo sexo garantiza uno de los derechos por los cuales más ha luchado la comunidad LGTBQI+.

Muchos los acontecimientos positivos y negativos que se vivieron en diferentes partes del mundo, mucho para reflexionar y enfrentar en el transcurso del próximo año.

Con optimismo, esperanza y un gran espíritu de solidaridad.

¡Felices Fiestas a todos!


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