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Samuel Guillen
Samuel Guillen

Samuel Guillen: Alquimista que transforma el metal en joya

Es una verdadera pasión la que guía las manos de Samuel Guillen mientras va creando belleza. Cual alquimista contemporáneo logra el milagro de transformar un pedazo de metal informe en una joya. Lo hace en un espacio que conserva la magia de los viejos artesanos.

Atrás queda el ruido bullicioso de Brooklyn cuando, al traspasar la puerta que nos introduce en el taller que comparte con otros artesanos joyeros, el tiempo se estremece, y un extraño encantamiento nos regresa a un pasado en el cual hombres y mujeres con su fantasía desbordada, la paciencia de la creatividad y la habilidad de las manos, lograban regalar hermosura al mundo que los rodeaba.

Frente a los mesones de madera, entre herramientas que no conocen de modernidad, sopletes, piedras, metales, en un silencio concentrado, están los nuevos artesanos quienes, con el mismo afán de perfección que los de ayer, dedican horas y horas de su vida a domesticar la naturaleza para extraer de ella el esplendor de la joyería.

 

Samuel Guillen
Ping Pong: Samuel Guillen y David Hardcastle | Brooklyn Metal Works

En una sala contigua, Samuel Guillen y David Hardcastle tienen una exhibición. Se llama Ping Pong, y es el punto final de un largo trabajo que ambos artistas han desarrollado durante dos años. Las piezas se hablan. El Ping que lanza la primera, es el «do» que desata la creatividad de la cual surge la respuesta, el Pong, en un diálogo lleno de belleza, de búsqueda, de curiosidad.

– El nombre toma inspiración del proyecto que comenzaron Mateo López y José Antonio Suárez Londoño, – nos explica Samuel – con una correspondencia de dibujos que se enviaban entre Bogotá y Medellín. Ese diálogo entre dibujos me pareció tan interesante que pensé replicarlo con la joyería.

Lo propone a David Hardcastle quien decide asumir el reto. Y así lo hacen, en un dueto que los obliga a salir del silencio del trabajo solitario para dar vida a un diálogo durante el cual la búsqueda de uno se va transformando en la chispa que aviva el fuego de la creatividad del otro. El resultado son las 20 piezas que componen la exposición; pinceladas plateadas en un espacio sobrio y elegante, casi flotando en un blanco virginal. Samuel, quien es también el curador, nos va explicando las etapas de un viaje intenso y jocoso a la vez. Cada una de las piezas toma vida propia. Las que abren el diálogo surgen de diferentes experiencias. Cuando Samuel vuelve de un viaje a España con los ojos llenos de los arabescos finísimos de la Alhambra de Granada lo anima el deseo de reproducir la preciosidad de ese entramado. Lo hace con minúsculos tubos de plata que, gracias a la soldadura, forman una base sobre la cual se acumulan otros pequeños tubos, creando un encaje moderno. Surge un broche al cual responde David con otro broche para el cual realiza una base inspirada en una estructura arquitectónica, sobre la cual agrega figuras que recuerdan vagamente la forma de los hongos. Las conexiones en frío crean el efecto de entramado que responde al Ping de Samuel.

En otra ocasión es David quien comienza con una pieza que está inspirada en la arquitectura de Peter Trummer. Un reto para Samuel quien, si antes no conocía el trabajo del arquitecto austriaco, luego se entusiasma por su propuesta y plasma un collar de extraordinaria belleza. Livianos tubos de plata se enroscan en una sinuosidad armoniosa. Pestañas de oro le confieren una luminosidad muy particular. Es una pieza que exigió un largo y minucioso trabajo. Cada pedazo de tubo está conectado con otro en el cual se enrosca y ambos quedan amarrados con un hilo invisible de plata. En cada uno de esos enlaces hay una pestaña de plata que se mueve, testimonio alegre de tan arduo trabajo. Y así sigue un diálogo que se transforma en música, en el vapor etéreo de una nube, en piezas que se desarman, en rubíes que se transforman en puntos de sangre y en joyas que reflejan el recuerdo de un edificio en construcción.

– Lo más importante para nosotros era experimentar, incluir nuevos elementos a raíz de las sugerencias del otro, probar nuevos broches o, como en un anillo, buscar el ángulo perfecto, algo complicadísimo porque hay que realizar la soldadura con una fórmula. Pasábamos muchas horas a analizar nuestros trabajos, a buscar técnicas e ideas que reflejaran lo que queríamos decir, lo que cada uno sentía frente a la pieza del otro. Se abrieron nuevos horizontes y nuevas posibilidades aunque ambos mantuvimos nuestra voz y nuestra personalidad.

 

Samuel Guillen
Ping Pong: Samuel Guillen y David Hardcastle | Brooklyn Metal Works

Esta es también la primera vez que asumes la curaduría de una exposición.

Sí, y lo disfruté muchísimo. Decidir como montar toda la exposición, qué escribir en el folleto que la acompañaría y seguir todos los más pequeños detalles, fue una experiencia muy placentera. Lo mejor es que ambos quedamos muy satisfechos con el resultado final.

 

Samuel Guillén es originario de Venezuela y en su país empezó a estudiar ingeniería, carrera que le dio muchas de las bases que utiliza ahora para desarrollar sus proyectos de joyería, pero luego se graduó en Contaduría, siguiendo los pasos de sus padres. Si bien haya trabajado unos años en esa área sabía que su ser más profundo necesitaba algo distinto, quería expresarse a través de la creatividad. Una primera incursión en la fotografía llenó en parte ese anhelo pero solo en parte. Cuando descubrió, casi por casualidad, la joyería, y en particular la joyería contemporánea entendió que eso era lo que había estado buscando. Tuvo la suerte de contar con maestros de la talla de Klaus Bürgel, Susan Sloan y Ursi Galletti, y al poco tiempo de comenzar con una línea propia también encontró una galería prestigiosa que lo representara, Davis & Langdale.

 

¿Qué es lo que te atrae de la joyería contemporánea?

Cuando empecé a estudiar joyería pensé que iba a dedicarme a crear objetos porque no me atraía la joyería comercial. Pero al descubrir la joyería contemporánea que realizan sobre todo en Europa, sentí que me gustaba la idea de hacer objetos que se pudieran usar. El año pasado realicé una exposición en Davis & Langdale. Las piezas han gustado mucho, tuve buena prensa y se vendió casi todo. Eso me ha dado nueva energía para salir adelante.

 

Una componente que se repite en tus joyas son los tubos. ¿Tienen algún significado particular?

Mis trabajos toman su inspiración del lugar en el cual vivo y para mi los tubos son Nueva York; Nueva York con su metro, sus puentes, sus barandas y escaleras. Cuando estaba en Brasil mis joyas reflejaban el empedrado de las calzadas y de las aceras; la arquitectura de la ciudad, sus formas geométricas. De la Alhambra regresé con el deseo de reproducir la belleza de los arabescos y, al volver aquí esas imágenes se transformaron en un entramado de tubos, encuentro entre Granada y Nueva York.

 

Tus objetos son casi todos de plata, ¿por qué?

Amo la plata. Cuando empiezas en el arte de la joyería utilizas los metales más baratos. Se trabaja mucho con latón, un metal súper ingrato, difícil, con aleaciones que vuelven muy complicado el proceso de soldadura. Aún recuerdo el momento en el cual por primera vez utilicé la plata. Me enamoré de inmediato, me enamoré del color, del color que toma al oxidarse, y de su forma de reaccionar al fuego. El momento de la soldadura es el que más me fascina. Ese instante en el cual el fuego transforma el metal me llena de adrenalina, el corazón se acelera, todo mi ser está concentrado en esa pequeña llama. Ella tiene el poder de crear belleza o destrucción. A veces un error de soldadura puede echar al aire días y días de trabajo. La plata es muy delicada, tiene una aleación de cobre que dificulta el proceso ya que el cobre se oxida rápidamente y para que la soldadura sea exitosa el metal debe quedar muy limpio. La plata me permite reproducir los colores de Nueva York, sus grises y sus claroscuros negros.

 

¿Y tus raíces latinas y caribeñas hasta qué punto influencian tus piezas?

Creo que lo hacen a un nivel más profundo, casi inconsciente. Creo también que a raíz del desarraigo busco afincarme en los lugares donde vivo, en los detalles que me inspiran y que me ayudan a crear nuevas raíces.

 

Samuel Guillen
Ping Pong: Samuel Guillen y David Hardcastle | Brooklyn Metal Works

¿Cuál es el iter de tu trabajo creativo? ¿Cómo nace una pieza?

Generalmente preparo una constelación de imágenes. Pueden ser fotos mías o extraídas de un libro, de internet, de una revista. Acumulo las distintas imágenes hasta saber adónde quiero ir, luego empieza el lento trabajo de la realización. Lo primero es el trabajo en la mesa, cortar la materia prima, prepararla para que pueda conectarse y luego arrancar con la soldadura, el momento más emocionante para mi. La artesanía es como una larga meditación. Estás metido dentro de ti, hablas con tu parte más sensible, más creativa, la pieza es un reflejo de tus profundidades. Por esas razones trato de evitar las simplificaciones, la perfección que permiten actualmente ciertas máquinas. Amo el trabajo manual y todas mis piezas están pensadas para que tengan detalles que las transformen en piezas únicas, algo imposible de reproducir con una máquina.

 

¿Has intentado trabajar también con otros materiales que no sean metales?

Estudié otros materiales, como por ejemplo la resina, sé como se trabajan pero no me siento atraído por ellos. Ahora estoy comenzando a insertar piedras, pero es solo un comienzo y prefiero la piedra bruta con todas sus imperfecciones a la que está tallada. El único material que me gusta incluir en los trabajos de metal son las púas de puercoespín.

Samuel sonríe al ver nuestra expresión que es una mezcla entre la sorpresa y el horror de pensar en miles de puercoespines muertos para arrancarles las espinas.

Los puercoespines cambian regularmente las púas – precisa con una sonrisa – y en Sur África hay pueblos cuyas calles se llenan de alfombras de púas que las personas recogen y venden.

Nos muestra una bolsita llena de pinchos de un material que parece hueso. Son largos, de un negro brillante en la punta que hacia el final se diluye y se transforma en un dibujo geométrico en blanco y negro. Son hermosas y hermoso es el anillo en el cual Samuel insertó unos pedacitos entre líneas de plata. Un anillo que hoy es parte de la increíble colección de artesanía que tiene Helen Drutt.

 

La artesanía y en particular la joyería requiere de un trabajo minucioso, solitario, que te conecta con tu intimidad. ¿Hasta qué punto ese continuo estar contigo mismo influye en tu vida personal?

Mucho. Me ayuda en estos momentos en los cuales mi país Venezuela está viviendo una etapa tan difícil y dolorosa. Y deseo transformar la creatividad en un trabajo social, en un vehículo para sensibilizar, para enviar un mensaje. Por otro lado encuentro en el trabajo manual de la joyería un espacio en el cual reinventarme como ser humano, como persona que, al salir de su país, pierde referencias, amistades, todo lo que había construido hasta el momento en el cual decidió emigrar.

 

Antes de salir volvemos a mirar cada detalle de ese espacio en el cual la belleza ha logrado detener el tiempo. Alguien una vez nos dijo que los espacios escogen a las personas que viven en ellos, y nunca nos parecieron tan acertadas esas palabras. Samuel Guillen, con su sensibilidad y creatividad, pertenece a las “botteghe d’arte” que en el Renacimiento italiano dejaron la huella imborrable de la exquisitez.

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