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Ophelia Pastrana: Ser trans me hace mucho más fuerte

Mucha gente cree que la identidad transgénero es un fenómeno relativamente reciente. La verdad es que siempre hubo personas que no lograban encajar con el concepto binario masculino/femenino en el cual los quería encasillar la sociedad. Lo que sin duda es reciente es la lucha que han emprendido algunas personas para defender su identidad sexual y pedir el respeto que se merecen como seres humanos. Sin embargo el camino de quienes son considerados “diversos” por las mayorías sigue siendo muy cuesta arriba.

En Estados Unidos, mientras artistas como Laverne Cox, Lana Wachowski y Laura Jane Grace se convierten en figuras respetadas en sus respectivos campos, hay estados, como Carolina del Norte, en el cual todavía los trans disputan su derecho de utilizar baños públicos y los reportes de violencia contra ellos, en especial contra las mujeres trans, son tristemente comunes.

Más allá de la cultura occidental, se ven repetidamente identidades que cruzan, desafían y hasta rechazan lo binario y «tradicional» del género: Llámese hijra en India, vírgenes juramentadas en los Balcanes, Two-Spirit entre los nativos americanos. Cambian los nombres pero las problemáticas se entrecruzan.

Retrocediendo en el tiempo hay figuras que, a pesar del prejuicio de los historiadores, dejan ver esa inconformidad al género asignado: Heliogábalo en la Antigua Roma, Enrique Favez en el Caribe colonial, el famoso caso de Christine Jorgenssen, que causó revuelo mundial en la primera mitad del siglo XX. Tantas historias pasadas y presentes, más o menos conocidas, nos obligan a preguntarnos si las cualidades que atribuimos a cada género son tan contundentes como se suele imaginar.

Ophelia Pastrana tiene dos cumpleaños. Uno es el día en el cual salió del vientre de su madre, y el otro, el que prefiere celebrar, es el de una fecha en la cual, en un arranque de desespero, intentó suicidarse para luego finalmente apreciar la vida y decidirse a luchar por ella.

Nacida en el seno de una importante familia colombiana pero radicada actualmente en México, Ophelia ha hecho de todo un poco, siempre reinventándose. Físico, economista, productora de contenido web, empresaria, youtuber… probablemente la mejor definición de la profesión de Ophelia Pastrana es: ser simplemente ella.

 

Ophelia Pastrana

 

¿Cómo te diste cuenta de qué no eras quien “hubieras tenido que ser”? ¿Fue un proceso gradual o tuviste una gran revelación?

De hecho fue algo que entendí de golpe. Tenía 28 años. Sé que suena un poco raro porque normalmente uno suele escuchar en la comunidad LGBT el cuento de “desde que yo era chiquita sabía que…”. Yo no. Yo lo viví así: tenía un hobby; llegaba a casa y me vestía de mujer. No por verme guapa, sino por juego. Bueno, eso es lo que pensaba.

En casa me ponía unos tacones y con eso sacaba el estrés. Sacar el estrés significa que no me estaba vistiendo para salir, sino sencillamente para payasear y con eso ya le quitaba seriedad a la situación. En ese entonces era un hombre casado y mi esposa nunca conoció esa faceta de mi personalidad.

Un día me puse un vestido, me miré al espejo y pensé “pareces un güey con vestido”. Fue un momento importante, de esos que podríamos definir de epifanía: está bien, me dije, estás pensando como una mujer que se reprocha a sí misma porque se ve como un hombre. Y tras ese “estás pensando como una mujer” sentí algo, fue como tomar conciencia de golpe de mi realidad. A mí nadie me enseñó que podías cambiar tu género. No lo tenía presente, en la cultura no está presente, en la escuela no te lo enseñan y tus papás, menos.

En ese momento cambió algo dentro de mi y comenzó todo. Hasta ese momento mi vida había sido bastante tranquila, sin grandes sufrimientos. Podríamos definirla una vida tibia que ahora está a 200 mil grados de temperatura – La risa, espontánea interrumpe por un momento el flujo de los recuerdos – Muchas chicas trans hablan de “disforia” de género, a mi en cambio me gusta decir que mi transición no fue por disforia sino por “euforia” de género. Me hace súper feliz ser como soy y muchas cosas en mi vida no se hubieran dado de no ser por mi transición.

Cuando se trata de género la gente entra en pánico. Sin embargo hay personas quienes van de 210 kilos a 65 y eso también es una transición, ¿no? Solamente que esa es una transición aceptada por la sociedad porque encaja con los valores de la estética y de la belleza. Por el contrario se mira con prejuicios y reproche al hombre que se vuelve mujer. En realidad yo nunca me transformé en mujer, siempre lo fui. Simplemente un día comencé a vestirme y a mostrar al mundo mi verdadera identidad.

Sé que para muchos es difícil entenderlo. En esta sociedad tan misógina pareciera increíble que un “hombre” quiera “ser mujer”. Se preguntan: “¿Por qué un hombre quiere dejar este poder, este privilegio?”

 

¿Cómo fueron las reacciones de tu entonces esposa y de tu familia?

Mi esposa no lo tomó bien, era una chica muy conservadora y no tuvo la capacidad de enfrentar ese cambio. – Ophelia Pastrana queda un momento sumergida en sus pensamientos – Yo tampoco estaba preparado ¿sabes? Le decía “acompáñame, por qué no sé muy bien a donde vamos con esto” pero ella no quiso. Tenía un status quo que mantener, su vida, su sociedad. Se fue de casa y yo tuve que comenzar de cero.

Con mi familia tampoco fue sencillo. No hablé con ellos por unos meses pero ahora son mis aliados número uno. Y ha sido muy bello porque mi actitud hacia mi transición es de empoderamiento. Hay quien transforma este camino en un drama para lograr la aceptación y el cariño de los demás. Muchos y complejos son los procesos psicológicos que hay detrás de esa actitud. Yo por el contrario vivo mi transición con orgullo. Bandera en casa, bandera tatuada – comenta Ophelia mientras su rostro se abre a la risa – Mi transición la considero como un regalo abrepuertas. A mí me hace más fuerte ser trans, eso se transmite, lo entendió mi familia y muchas personas que se habían alejado volvieron. Alguien me dijo que no se puede salir adelante siendo trans y yo les digo: ¡al revés!, por ser trans es que sales adelante.

Lidiar con la primera reacción negativa de mi familia fue duro pero me ayudó a ser más fuerte. Algunas amistades se fueron y creo que al final fue positivo, no son esas las amistades que valoro.

 

Se habla mucho en la comunidad trans de la importancia de la representación positiva. ¿Te considerarías alguien a seguir?

Me gustaría que más gente de la comunidad LGBT hiciera un poquito de lo que yo hago. No se trata de esconder lo negativo, pero sí de resaltar lo positivo. Demostrar mucho más poder. No soy un ejemplo porque las generaciones más jóvenes ya recibieron el mensaje antes de que yo llegara.

Yo tengo 34 años y las peleas y los debates de mi generación trans van en el sentido de “que me acepten como soy, quiero entrar a cualquier lugar, pelear por hacer lo que deseo”: La discusión de las generaciones anteriores, era “que me dejen hacer mi transición y que nadie se entere que soy trans”. Eso lo he escuchado mucho. En mi generación hay mucha mayor libertad y aceptación.

Los más jóvenes de la comunidad LGBT traen interiorizado el antibinarismo. El drag, más que aceptado es moda y eso a mí me parece bellísimo. Tengo muchos amigos que también son amigas y son tan relajados con el tema del género que dicen “ay, no sé si mañana quiero ser niño o niña”. Para algunas chicas trans de mi edad  eso es casi una herejía, y pensamos: “¡no soy un chiste! ¡Si me quito toda la ropa sigo siendo niña!”

 

Cuando se eliminan esas identidades se corre el peligro de eliminar lo que une a la gente.

¡Exacto! Yo soy pro-etiquetas. A mí no me gusta ese discurso de que todos deberíamos borrar las etiquetas. Hubo gente que peleó y murió por posicionar la “T” en LGBT o como decimos, “las tres T” (Transgénero, travesti y transexual). Es injusto. Y por otro lado está la presión de los modelos impuestos por la sociedad. Los hombres trans tienen que ir al gimnasio. Las mujeres trans tienen que ser súper guapas. O sea, no se trata de ser mujer sino de ser mujer y guapísima. Eso significa sufrir por no tener una voz fina o una nariz espigada. ¡Y muchas mujeres cisgénero piensan igual!

Eso es rudo, no todas las chicas pueden tener su transición y menos ser este ideal de mujer que requiere la sociedad. Lo mismo vale para los hombres trans. Ese es mi mensaje, eso es lo que vivo. No me considero un ejemplo sino, a lo mejor una buena replicadora.

 

En paralelo a tu transición, has tenido que enfrentar también unos cambios de carrera bastante bruscos ¿Cómo fue tu evolución al transformarte de físico y economista en creadora de contenido digital y fundar tu propia empresa, Krakn?

Mi transición de género no tiene mucho que ver con lo que hago pero sí hay similitudes. Lo que hago actualmente, que es ser ponente y conferencista en temas relativos a las redes sociales, requiere que me suba al escenario y me desnude psicológicamente. En mi vida pre-transición yo no tenía la estabilidad psicológica para enfrentar algo así mientras que ahora lo puedo hacer. Yo me topé con un poder que me da seguridad en mi misma. De lo contrario, estaría detrás de la cámara.

Algo que me impresionó desde un principio es el estilo con el cual manejas tu trabajo y tu relación con las personas. Transmites calidez y cercanía. ¿Cómo vives esa relación con la gente en las redes sociales?

Es muy complejo – Ophelia reflexiona y luego con una amplia sonrisa continúa – Creo que voy a sonar muy como una artista quemada, de esas que suben al escenario, cantan y dicen “estoy aquí gracias a ustedes”. Yo pasé por un intento de suicidio; lo recuerdo mucho, lo revivo mucho y en eso entra el tema de recordar donde hay cariño. Tengo una colección de arte de mis amigos, todas las obras están firmadas.

Cuando estoy en un escenario y veo a la gente que está allí para verme, para conocerme y escuchar lo que digo me embarga un sentimiento muy particular, de esos que te hacer pensar… no te voy a ver nunca más y quiero recordar este momento. Lo mismo pasa con las redes sociales, hay personas que no tienen que escribirme, ni nada, es suficiente el cariño con el cual me siguen.

A veces no logro responder a todos como quisiera, podría contratar a alguien para que lo hiciera en mi lugar pero no va con mi manera de entender las relaciones.

 

Hablando de la tecnología, se ha hablado de sexismo, prejuicios contra la gente LGBT y cualquier diversidad en la comunidad tecnológica, esa que se denomina geek.  En tu experiencia personal, ¿Existen tales prejuicios? ¿Cómo se manifiestan?

El problema de la identidad es que hay que enfrentarse con dinámicas de poder. Algo que he dicho muchas veces es que hay quien entra en la Comunidad LGBT no con el propósito de hacer comunidad sino para defender su letra. Es muy divertido porque todo el día escucho: La B es muda, la T es minúscula, por qué esto y lo otro… Digo, ¡Somos una Comunidad! Es que lo tratan como si fuera L versus G versus B versus T.

El otro día estaba dando una charla y un psiquiatra me dice: También es el poder como verbo; cuando te adjudicas una identidad puedes hacer muchas cosas. Hay muchos chicos gays quienes a veces sienten una atracción hacia una chica, ¡una! Ya sea transgénero o cisgénero, y dicen “No puedo, no debería. A mí me deberían gustar los hombres.” Se cierran en su identidad para vivir.

Por lo que se refiere a la Comunidad geek, sí, es verdad que hay machismo dentro de ella. Me consta que hay una cantidad enorme de chicas quienes dudan a la hora de entrar en esa comunidad porque… es verdad, hay muchos que se pasan. Y lo peor es que te quieren enseñar cómo ser geek.

La gente se siente tan sola que decide adoptar una identidad y vivirla a cabalidad. El problema surge cuando tú no te reconoces completamente en esa identidad, eso genera gran ansiedad. El ejemplo más evidente: el binarismo de hombres y mujeres. La realidad es que, en la sociedad capitalista el cómo ser hombre y el cómo ser mujer tiene modelos a los cuales es imposible llegar así que queda siempre como una aspiración.

 

Tanto en tu vida personal como laboral, ¿De qué te sientes más orgullosa?

Creo que van cinco veces que aviento por la ventana lo hecho hasta ese momento para volver a arrancar. Cada vez comienzo algo diferente, aunque todo está unido por el mismo hilo conductor. Tuve una agencia dedicada a hacer marketing digital, y de pronto dije: “al carajo, cierro todo, adiós”.

Luego comencé a crear blogs, contenido y descubrí que soy buena para eso porque sé de marketing y hago marketing digital así que seguí con la agencia, pero desde otro departamento. Lamentablemente me obligaron a cerrar mi agencia, fue un duro golpe pero seguí andando.

No sé si decir que me enorgullece pero lo que más me llena es saber que pude mantener de manera constante mi capacidad de superación. Y ese es el camino que todavía estoy recorriendo.

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