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Efraín Cruz: Las palabras no entran cuando se tiene hambre

Originario de Veracruz, México, Efraín Cruz comenzó a explorar su lado artístico cuando tenía tan solo 5 años de edad. Utilizaba cualquier herramienta, con la esperanza de tener algún día dinero suficiente para comprar pintura y los materiales necesarios para terminar sus obras. Siendo todavía un niño, con apenas 13 años, Efraín emigró a Estados Unidos para trabajar y apoyar a su madre que se encontraba enferma, situación que lo forzó a convertirse en adulto antes de tiempo.

Cruz nos explica cómo su condición de inmigrante y las adversidades que tuvo que enfrentar influenciaron su expresión artística. A la fecha, este artista mexicano ha expuesto en lugares tales como The Coca Cola Collection en Atlanta, The Alabama Museum, Florida International University en Miami, Agora Gallery en Nueva York y Wynwood Murals en Miami. Próximamente exhibirá su trabajo en Spectrum Miami durante la Art Basel 2016.

 

¿Cuándo empezaste a experimentar con tu lado artístico?

A los 5 años de edad comencé a dibujar las caricaturas que veía en la televisión. Pensaba que la realidad debía ser igual a la que se veía en la tele y que así era la vida en Estados Unidos. Imaginaba que allí era donde estaban todas las casas bonitas.

Observaba y hacía un bosquejo, después visitaba al carpintero que vivía al lado de nosotros y le pedía las sobras de madera. Calentaba la punta de los clavos en la estufa de mi mamá y plasmaba el dibujo sobre la madera. Mi plan era ahorrar lo suficiente para poder comprar pintura y los materiales necesarios para terminar mis dibujos en madera, ya que pensaba que requerían color y que no podía darlos por terminados hasta que tuviera pintura para llenarlos de color.

 

Emigraste a Estados Unidos siendo todavía niño. ¿Cómo cambió tu vida ese evento y hasta qué punto impactó en tu inspiración artística?

Tenía 13 anos cuando emigré hacia Estados Unidos. La verdad es que no tenía plan ni idea de lo que estaba haciendo, ni de lo que podía esperar, solo sabía que tenía que hacerlo para apoyar económicamente a mi madre que estaba muy enferma. Cuando eres un niño de tan solo 13 años estás a merced de quien se cruce en tu camino. La vida me obligó a convertirme en un adulto y a actuar como tal. Esa emigración cambió todo. De andar en bicicleta con mis amigos pasé a cruzar la frontera y temer por mi vida. Sin embargo, la idea de irme a Estados Unidos fue mía. Mi hermano mayor ya lo había hecho, había llegado hasta Florida y se encontraba trabajando en el campo, así que pensé alcanzarlo. Honestamente, no había tantas opciones, como dice el dicho: Las palabras no entran cuando se tiene hambre”. Yo no podía ni concentrarme en la escuela porque había días en los cuales no tenía nada en el estómago. Era un niño flaquito y chaparrito para mi edad. Creo que el hecho de no conocer los peligros que conlleva emigrar me ayudó a animarme y simplemente a hacerlo. Reuní 600 pesos pintando casas y, sin decir adiós a mi familia o amigos, me fui. Me subí a un vagón de tren de carga y llegué hasta Florida.

 

¿Cuándo volviste al arte?

Después de trabajar varios años en el campo, mi hermano y yo nos mudamos a Georgia. Para entonces ya estábamos ganando más dinero y apoyando a mi mamá. Mi hermano me preguntó por qué no estaba pintando ahora que tenía dinero para comprar los materiales. Me dijo que él estaba convencido de que yo tenía un don. En mi opinión, los artistas nacen artistas. En ocasiones, tener mucha sensibilidad tiene sus contras, ya que puedes percibir las cosas de manera diferente, te llegan más hondo. Me dolía no estar pintando. Comencé de nuevo cuando cumplí 19 años y, honestamente, no fue fácil. Sin embargo mi pasión seguía latente y decidí darle una segunda oportunidad.

Estaba contento de volver a pintar, aunque me traía muchos recuerdos de la vida que había dejado atrás. Sin esperarlo, logré atraer la atención de personas a quienes les gustaba mi obra. El arte, en más de un aspecto, me sirvió de terapia. Me ayudó a lidiar con el deseo de volver a mi casa y compartir con mis seres queridos.

 

¿Cuáles artistas te inspiran?

Admiro y siento cierta conexión con Rufino Tamayo. Diego Rivera persistió y dejó un legado, no solamente en México, sino también en Estados Unidos; permitiendo -de cierta manera- a nosotros, los artistas mexicanos, ganar notoriedad fuera de México. Respeto y admiro a Pablo Picasso, no solamente por romper con lo establecido, sino también por tener el valor de creer en sí mismo y no escuchar a quienes trataban de desalentarlo; él estableció su propio estilo. Ser artista significa eso, romper con lo establecido y dejar un legado.

 

Tienes obras de pequeña, mediana y gran escala; y murales como el que hiciste en Miami. ¿El tamaño de la obra influye en tu manera de trabajar?

El tamaño de la obra no influye en mi forma de trabajar. Siento que puedo plasmar un sentimiento o una idea en cualquier material y dimensión, desde un pedazo de papel hasta un mural. Sacar el sentimiento que hay dentro de mí, eso es lo que importa. No puedo descansar hasta lograrlo.

 

¿Si tuvieras que describir tu obra utilizando 3 palabras, qué palabras escogerías?

Pasión, amor y perseverancia.

 

¿Ahora que estás de regreso en México, hasta qué punto este nuevo cambio está influenciando tu inspiración?

Yo pinto lo que veo en el día a día. Durante todo el tiempo en el que estuve viviendo en Estados Unidos mantuve intacto el amor y admiración por mi país, pero, viviendo aquí, me resulta más fácil plasmar los detalles de la cultura mexicana.

 

¿Cuáles son tus proyectos nuevos? ¿Estás trabajando en obras nuevas? ¿Qué podemos esperar de ti para los próximos meses?

Actualmente estoy trabajando en un cuerpo de obras nuevo compuesto por pinturas y esculturas. Estoy preparando mi exhibición en Spectrum Miami durante la Art Basel 2016. No me gusta mucho planear las cosas cuando se trata de arte. Confío en el proceso de la vida y dejo que el tiempo decida. Lo que tenga que venir en mi obra, va a venir. Me gustan las sorpresas, me gusta sorprenderme a mi mismo y sorprender a la audiencia.

“Pensar es como vivir dos veces.” - Cicerón

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