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Kirmen Uribe
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Kirmen Uribe: La poesía es detener el tiempo

Prefiero el cariño al odio o al castigo. El castigo no sirve para nada.”

Kirmen Uribe es un escritor originario de Ondarroa, País Vasco. Actualmente reside en Nueva York, ciudad a la que se desplazó tras obtener la prestigiosa beca de escritura Cullman de la Biblioteca Pública de Nueva York. Asimismo, imparte clases en el programa de Escritura Creativa en Español de la prestigiosa NYU. Sin duda, encarna el pasado, el presente y el futuro esperanzador del valiente pueblo vasco: “[M]e identifico mucho también con el carácter de la gente vasca, es una sociedad muy progresista, muy solidaria, con una sensibilidad social muy grande”. 

Descendiente de pescadores, poeta, novelista, es un aventurero del Ser y el Sentir, un hombre de familia. Considera que la literatura no tiene necesariamente una función terapéutica, porque todo en ella es forma. Así, es misión del escritor explorar los límites de la estructura del lenguaje para así desinstalar al lector de la comodidad o el lugar común de una literatura, digamos, predecible. La publicación de su poemario Bitartean heldu eskutik (Mientras tanto cógeme la mano, Visor) en 2001 marcó a toda una generación de poetas y lectores. 

Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en España en 2009 por su primera novela Bilbao-New York-Bilbao, y es un autor ampliamente traducido. Sus poemas han aparecido en revistas icónicas como The New Yorker o The Paris Review. 

Como objetor de consciencia, pasó un tiempo en la cárcel y en ella potenció el amor por la escritura y la poesía en lengua vasca. Qué bella lección de humanidad nos presenta Kirmen. La escritura y la poesía no sólo reflejan el amor por una patria, que es una lengua, sino constituyen una verdadera “revolución tranquila”. Escribir significa encontrarse con uno mismo y también con una historia y una comunidad de lectores que sobrepasa cualquier ego y que, más bien, nos abrazsa, al estrecharnos con el fuego de su ternura y cariño. Como escritor, Kirmen sabe diferenciar muy bien, como muy pocos, los tiempos de la novela y de la poesía: “Hace falta mucha energía para escribir una novela, mucho tiempo, hay que definir cada detalle. La poesía, por el contrario, es más intuitiva”. Considero una oportunidad maravillosa y un privilegio poder entablar este dialogo con un escritor contundente, generoso y sencillo como Kirmen Uribe. Presento a continuación para los lectores de ViceVersa Magazine, la reflexión y la poesía de un ser sensible y lleno de una profundidad vasca y a la vez universal.

 

Kirmen Uribe

 

¿Qué significa para ti el País Vasco? ¿Cómo piensas que dialogan en tu obra la literatura y el rock de Euskadi?

El País Vasco es el territorio de la lengua vasca. Así se denomina en euskera, Euskal Herria, que quiere decir eso mismo. Me siento muy conectado con mi lengua, tan antigua y tan resiliente a la vez, que, aun teniendo muy pocos hablantes, ha sabido amoldarse siempre a los tiempos. Es una lengua que en sí misma habla de nuestra historia. Tiene términos muy antiguos, paleolíticos, ligados a la naturaleza. Y luego ha ido recogiendo palabras de todas las comunidades que pasaban por ahí, indoeuropeos, celtas, latinos, árabes… Me encanta esa pluralidad que está en su ADN. Y me identifico mucho también con el carácter de la gente vasca, es una sociedad muy progresista, muy solidaria, con una sensibilidad social muy grande. Y de ahí salió ese rock, tan bueno y tan rebelde, porque queremos un mundo mejor.

 

¿Crees que contigo en Nueva York se está gestando una nueva literatura vasca en los Estados Unidos, en lenguas como el castellano y el inglés, teniendo en cuenta que los Estados Unidos tienen una conexión especial con esa región del mundo, por ejemplo, en los estados de Nevada y Idaho y anteriormente con los nombres vascos en los territorios de la corona española? 

Es que la historia de los vascos es una historia de migrantes. Los que se quedaron ahí fueron una minoría. Es un país pequeño, montañoso, y solo había futuro para el hijo mayor. Los demás se iban a América, Latinoamérica sobre todo. Fíjate en cuántos apellidos vascos hay en tu país. Tuve la suerte de estar en Arequipa en el Hay Festival y visité el monasterio de Santa Catalina. Y allí había cabellos de monjas de hace siglos y eran rubios. Nos dijo la guía que probablemente fueran de mujeres vascas. Los vascos somos migrantes. Hace poco me hice un estudio de ADN y me salió un porcentaje del lejano oriente y neandertal por supuesto. Esa manera de ser neandertal, solitaria, tranquila, es muy vasca. Creo que no eran tan egoístas y por eso desaparecieron. Pues nosotros también tenemos ese apego a las causas perdidas… 

 

Kirmen Uribe

 

¿Cómo ha sido tu experiencia particular con la pandemia en términos de la creación literaria? ¿Piensas que la literatura y en general la escritura creativa y el arte cumplen una función terapéutica en estos nuevos tiempos de la humanidad?

No creo en la función terapéutica de la literatura. La literatura es forma, sobre todo. Todos los avances en la historia de la literatura se han dado por la forma y no tanto por el contenido. Por eso yo trato siempre de innovar con nuevas formas narrativas, no escribir novelas convencionales. Soy bastante desobediente en eso y no sigo los dictados de la academia. El escritor ha de ser libre y arriesgar. No escribir como lo hicieron anteriormente. No me interesa la novela convencional. Me aburre. Hay que buscar, romper la norma, ser desobediente.

 

¿Cuáles son tus proyectos académicos y creativos para este 2021?

Acabo de publicar un nuevo libro de poemas en los que he invertido diecisiete años. Se titula 17 segundos. La poesía es un arte muy lento, no tiene nada que ver con las prisas con las que vivimos hoy en día. “Un visitante no se detiene más que diecisiete segundos a mirar un cuadro. Diecisiete segundos de media”. Nos lo dijo una guía del Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Hay estudios sobre ello. Ese es el tiempo que podemos dedicar a una obra de arte en estos tiempos desquiciados. Si lo pensamos, el ritmo de la poesía es muy distinto. La poesía es detener el tiempo, la poesía es la mirada, es poner atención a lo que va a desaparecer. De ahí viene el título del poemario. Y ahora mismo estoy tratando de terminar mi nueva novela, la que me trajo a Nueva York. Son ya más de tres años de escritura. 

 

Kirmen Uribe

 

¿Qué significó para ti y tu carrera internacional haber ganado el Premio Nacional de la Crítica en Euskera en 2008 y el Premio Nacional de Literatura (narrativa) en 2009 con esa obra inolvidable como Bilbao-Nueva York-Bilbao? ¿Cómo ha evolucionado tu creación y tu aproximación a la escritura desde ese momento?

Fue una alegría, como todos los premios. No creo en las malas críticas, solo sirven para engordar el ego del crítico. Virginia Woolf decía que el escritor necesita mucho amor, adquirir confianza, para que luego haga realmente cosas buenas y diferentes. Yo lo aplico ahora con mis estudiantes en la Universidad de Nueva York, les sugiero en qué mejorar, pero sobre todo les doy ánimos, confianza, ideas para seguir. Buen rollo, siempre. Sobre el Premio Nacional tengo un buen recuerdo, cómo no, pero también del hecho de ser seleccionado para Iowa, o de la beca de la Biblioteca de Nueva York, o del primer premio que gané cuando estaba en la cárcel por ser objetor de conciencia y no querer ir al servicio militar obligatorio. Todos estos premios fueron muestras de cariño. Prefiero el cariño al odio o al castigo. El castigo no sirve para nada.

 

¿Cómo es tu particular aproximación a la literatura infantil y juvenil? ¿Qué retos te plantea como creador escribir obras dirigidas a otro tipo de lector? ¿Cómo te relacionas con los maestros clásicos del género como Julio Verne, Emilio Salgari, Jack London, entre otros?

Bueno, es una disciplina que abandoné hace muchos años. Soy lector eso sí, me gusta leer en familia, junto a mis hijos pequeños. Yo ahora estoy muy enamorado de la novela. Esas grandes estructuras, es como construir una catedral. Además, creo que hay una edad para ello. Hace falta mucha energía para escribir una novela, mucho tiempo, hay que definir cada detalle. La poesía, por el contrario, es más intuitiva. Creo que escribiré novela hasta los 65, y a partir de entonces me dedicaré solo a la poesía, el género en el que comencé a escribir. Empezar y acabar con lo mismo, con la poesía.

 

Un dios pequeño y juguetón

Quisiera ser aquel dios que dibujó tus lunares,
aquel dios pequeño y juguetón
que pintó en tu piel puntitos a millares.

Me encantan tus lunares.
Me gusta ir contándolos como si fueran estrellas.
Y encontrar una nueva cada día,
como un astrónomo que descubre una supernova,
oculta en algún lugar recóndito de tu espalda
o debajo de tus pechos.

Me gusta recorrer tu piel con mis dedos,
ir siguiendo las líneas invisibles
que van creándose entre los distintos planetas.
Despacio, muy despacio, como el más preciso telescopio.

Tú dices que no te gustan,
que preferirías no tener ningún lunar
en tu piel tan blanca y lisa.
Pero qué iba a ser de mí entonces,
marinero sin rumbo en la noche cerrada.

Recuerdo que te pedí un lunar
la noche en que nos conocimos.
Ese lunar que tienes junto a tu ojo.
Me bastaba esa pequeña Ítaca
para construir en ella mi casa.
Y tú, generosa, me dijiste:
serán todos para ti,
si adivinas cuántos tengo en total.

Quisiera ser aquel dios que dibujó tus lunares,
aquel dios pequeño y juguetón.
Y besar tus lunares cada noche,
uno a uno, con mucho, mucho cuidado,
para que no se te despeguen.

 

DORMIDO, PERO SIN CONCILIAR EL SUEÑO

Dormido, pero sin conciliar el sueño,
me acerco a una hoguera.
Gente desconocida me rodea.

El fuego no calienta, no quema,
y me deja entrar en él.
Allí dentro, hay una selva tropical.

Hay serpientes por el suelo,
tienen la piel de cera de abeja.
Sin embargo, no huelen.

Veo aves en el aire,
de colores, con largas plumas, pintan el cielo.
Sigo a una de ellas con la mirada.

Me introduce en la noche, sin esfuerzo.
Allí no hay más que estrellas, que se apagan.
No son estrellas, no, son tortugas

que dejan marcas en la arena negra.
Mil pies no dejan ninguna huella.
No tengo pies, tampoco cuerpo, desaparezco.

 

A LA ORILLA DEL RÍO

A la orilla del río,
me tiendo en el regazo de un árbol
y contemplo la noche estrellada.
Ahora lo entiendo todo.
Las ramas sujetan las estrellas,
la savia del árbol viaja
de una a otra galaxia.
No hace falta escribirlo todo.
No hay viento, no se oye nada.
Se diría que el río se ha detenido.

 

NO DEMOS LAS COSAS POR SENTADO

No demos las cosas
por sentado.
Hubo una generación a la que no administraron
la vacuna contra el sarampión.
Creían que la enfermedad estaba del todo erradicada,
y ahora ha vuelto a aparecer.

No demos por sentada
la igualdad,
no creamos que los hombres hemos dominado
al macho que llevamos dentro.
El racismo, la homofobia, el supremacismo,
todo eso, todos esos males que son
peores que el sarampión,
no necesitan nada para crecer desde cero
y extenderse con rapidez entre nosotros.

No hay que dar nada por sentado,
únicamente que somos personas,
más de siete mil millones,
cada uno con su vida, su origen y sus lenguas,
y que tenemos que llevarnos bien.
Todos, cada individuo
y la tierra que nos acoge.

Creímos que la enfermedad estaba del todo erradicada,
y ahora ha vuelto a aparecer.

Kirmen Uribe, 17 segundos, Visor, 2020

Traducción de Gerardo Markuleta.

“La revista ViceVersa Magazine ha creado un puente importante y dinámico entre los artistas, escritores e intelectuales iberoamericanos en los Estados Unidos y aquéllos que residen en América Latina y otras partes del mundo.” - Isaac Goldemberg

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