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Photo by: Hospital CLÍNIC ©

El Coronavirus saca a flote las limitaciones de América Latina

Después de China y Europa, la pandemia, era inevitable, también ha desembarcado en nuestro Continente. Y desmentido, de norte a sur, a quienes tenían la responsabilidad, y también la oportunidad, de tomar las medidas necesarias para, cuando menos limitar el contagio – léase, Trump y Bolsonaro.

Al momento de escribir esta nota, los muertos, en el mundo, son 9 mil 968. Los contagiados, 243 mil 530. Son, estas, meras cifras de referencia. De hecho, varían de minuto a minuto, de hora a hora. Para cuando nuestros lectores lean estas líneas, los fallecidos serán lamentablemente muchos más. Ni hablar de los contagiados.

La respuesta al virus, casi en todo el mundo y, por lo tanto, también en nuestro hemisferio, ha sido el confinamiento. Decimos, suspensión de actividades en escuelas y universidades; cierre de lugares públicos como museos, parques o centros comerciales; cierre de tiendas, restaurantes, locales nocturnos, cervecerías, gimnasios, piscinas; obligatoriedad de mantener una distancia prudencial entre uno y otro. Quedan abiertos abastos, supermercados y farmacias; sigue funcionando el transporte público para permitir que obreros y empleados de las industrias de alimentos, farmacéuticas y de bienes para la higiene puedan alcanzar sus lugares de trabajo.

Hospitales en alertas. En América Latina la pandemia tardó en llegar. Sin embargo, los expertos estiman que su velocidad de contagio pueda ser mayor que en Europa. Cómplice el hacinamiento, la sobrepoblación en los barrios humildes y, como en Venezuela, la imposibilidad de mantener una higiene constante. En otras palabras, la crisis por el coronavirus ha sido solo pospuesta por algunos días.

En Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú en sólo dos días se ha duplicado el número de contagios. Y, siempre de acuerdo con los expertos en la materia y las informaciones disponibles a nivel mundial, el número de contagios en América Latina debería duplicarse cada dos o tres días.

La llegada del virus ha trastocado la agenda política de los países. En Venezuela, pareciera existir una tregua entre gobierno y oposición. Por lo menos, mientras dure la crisis sanitaria. En Colombia y en Brasil, los escándalos de corrupción han sido eclipsados por el coronavirus al tiempo que en México lo ha sido la incapacidad del gobierno de combatir el narcotráfico, el feminicidio y el paramilitarismo.

En la esfera social, el coronavirus está sacando a flote todas las carencias que caracterizan nuestro hemisferio. La pobreza creciente, el hacinamiento, la falta de normas elementales de higiene son caldo de cultivo del virus. Los expertos vaticinan que pronto la red de asistencia sanitaria pública y privada colapsará frente al incremento de los contagios y de los casos de emergencias. Las Unidades de Cuidado Intensivo no se darán abastos. Y los gobiernos se verán en la necesidad de requisar hoteles para hospedar y tratar a los enfermos leves de coronavirus. Las mismas dificultades que ahora encuentran los países europeos, pero agravadas por las condiciones objetivas de cada país.

También en el ámbito económico los efectos de la pandemia son fuentes de preocupación. Los países de nuestro hemisferio no tienen recursos para asignar a la red industrial. Las pequeñas y medianas industrias, las empresas de carácter familiar, los pequeños laboratorios artesanales son los más expuestos al cierre técnico y posterior quiebra. Los países tampoco tienen recursos para evitar los despidos, el incremento del desempleo y el efecto que estos tendrán en los pagos de hipotecas y demás servicios. Nuestro hemisferio carece de una Banca Central que compre bonos del tesoro de las naciones para ayudar a paliar la futura probable escasez de recursos.

La pandemia ha reducido el ritmo de producción en las naciones industrializadas. Las medidas de confinamiento, de cierres de empresas y de comercios, han provocado su reducción dramática. Y esto, aunque de manera temporal, tendrá efectos negativos en la demanda de petróleo y de materias primas. Decimos, en los recursos económicos tradicionales de las naciones de América Latina.

Igual que Europa, nuestro hemisferio tendrá que prepararse a una etapa de dificultades económicas que repercutirán en la ya golpeada calidad de vida de sus ciudadanos. Crecerán la pobreza, el desempleo y con ellos la agitación social y las manifestaciones. La pregunta es: ¿estarán los gobiernos en condición de superar la crisis y evitar que demagogia y populismo vuelvan a resurgir de las cenizas cual “ave Fenix”?


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