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Así que ahora no hay lugar donde ir donde se esté verdaderamente a salvo, el halo oscuro y de duda se levanta en cualquier esquina del planeta, la amenaza y la parálisis están por todos lados. Nada es tan relevante o nada es tan inmediatamente relevante como el efecto dominó, o las consecuencias del tan detestable ojo por ojo. Que todo indica que nos quedaremos todos ciegos está claro.

Resulta que esa línea que dividía terrorismo y guerra, que yo me acuerdo, existía, ahora desapareció. Por un lado tenemos a una coalición de naciones fuertes corriendo de acá para allá como una gallina ¿o lobo? sin cabeza, y por la otra un estado sin fronteras desperdigándose poco a poco pero sin pausa, como un hongo-saltamontes hambriento. ¿La religión? Por supuesto que tiene que ver. No es la primera vez, y no sabemos si será la última, en que la sujeción ciega a un cuerpo de ideas conduce a la imposibilidad de un lenguaje común o de un traductor que propicie entre dos o más facciones poderosas la aceptación de sus diferencias y la negociación de los espacios. Basta que un conjunto de creencias se considere más importante que la vida de una o de un millar de personas, para que todo resulte desechable. Todo es basura menos las ideas que fisuraron el paisaje en primera instancia, claro. Esas sí son indispensables.

Así que ahora escribir casi sobre cualquier cosa apena. Cualquier texto es nimio. Un post que comencé a escribir la semana pasada sobre el yoga como práctica, por ejemplo. Quedará en mi almacén de posts no publicados, otro borrador a la basura. No es nada grave, si nos ponemos a ver. En realidad ¿Qué es un texto abandonado? Este texto de hoy no es el que iba a ser y ya no puede serlo, aquello ya no viene al caso. Hoy, cuando no vale la pena escribir sobre nada que no esté a tono con la sombra que nos agobia, ¿a quién le importa lo que el yoga es, francamente?

Por una parte puede parecer adecuado y bien orientado hablar de práctica espiritual dadas las circunstancias. Pero también podría parecer muy light, muy adecuadamente light, muy ensordecedoramente light. Muy conveniente. De paso, eso es lo que hacemos los humanos: cuando la cosa se pone candela invocamos, justamente, nuestra imagen de Dios. Así que sobre el yoga sólo diré esto: Practicar es hacer lo que sea que hacemos, manteniendo presente que no somos un grano de arena a la deriva sobre una cartulina lisa y enorme (ni cuatro, o cinco, o diez granos: nosotros y nuestros seres queridos, nosotros y nuestra cultura, nosotros y nuestro país), sino integrantes de un médano infinito, apretados junto a otros, que de paso es visto desde fuera por alguien más, que ahhh! somos nosotros mismos, entendiendo al mirar el médano que estamos hechos de trillones de granos de arena, desde los dedos de los pies hasta la cabeza, desde lo que pensamos sobre el mundo, hasta nuestras acciones y las consecuencias de nuestras acciones. Esa conciencia de totalidad es yoga.

Lo que sea que hagamos y nos acerque un micromilímetro a esa sensación de minúsculo grano de arena todopoderoso, es practicar yoga. Meditar, cocinar, caminar, cuidar a los hijos, atender a los padres, sembrar una planta, tratar por todos los medios de hacer las cosas bien, y también equivocarse, pedir disculpas, volverlo a intentar. Es difícil mantener esa conciencia de unidad mientras se vive la vida normal, y justamente como es difícil, hay que practicar. Las ásanas son apenas una de las vías posibles. «Practica, practica y todo llega», decía Pattabhi Jois. «Tienes que visualizarte hoy en la práctica que quieres alcanzar mañana», dice Sri Dharma Mittra.

Es difícil y puede no estar en la lista de prioridades en un momento como éste. Esa tarea puede esperar. O no hacerse. Punto.

Ante la violencia todo se paraliza y no hay nada más. Ante una guerra todo lo que no sea guerra parece un absurdo. Preocuparse por la receta vegana que prepararás hoy resulta ridículo, y compartir esa información, inmoral. A quién le importa una ensalada de kale con aguacate y tamari sauce ante esta ola de refugiados cargando a cuestas con su terror y con aquel estigma, o ante esa fuerza maligna que algunos humanos somos capaces de desplegar sólo por creernos más verdaderos, más completos, más merecedores de luz, que los demás? ¿Quién se atreve a vivir, realmente, teniendo la certeza de que hay familias que hoy lloran en distintos lugares del planeta pues les fue arrebatado lo que más amaban en el mundo?

El terror en la guerra trabaja así: en contra de toda manifestación de plenitud y luz. Contra toda manifestación de completitud. Contra toda expresión de sencillez y apertura. Tanto, que cuando quieres escribir sobre cualquier cosa que no sea muerte y miedo, para curarte, te avergüenzas. Entonces gana la oscuridad. Se puebla el planeta de palabras para el horror. Sólo manifestando odio, tristeza o miedo, nos sentimos honestos, morales, y súper importante: lúcidos.

La visión del grano de arena nos acerca a la compasión, y también nos demuestra cuán imposible es huir de lo que está pasando: que está en todos lados. En esta certeza también hay yoga. Hay que aprender de la guerra, a lo mejor eso no nos salvará pero, ¿qué más? Estaremos, al menos, practicando.

Eso sí. No olvidar, dice el post-it, cuando es imposible para las historias compartir un mismo paisaje, cuando la ruptura es profunda, la razón se queda corta. La razón no unifica, y no circula de un lado al otro del precipicio. Sólo la luz remienda esa fisura, sólo la verdadera lucidez asegura la cohesión entre las partículas de arena.

Eso es todo lo que quiero decir hoy.


Photo Credits: Juanedc

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[…] Durante los últimos meses he colaborado con la revista digital ViceVersa. Se trata de una propuesta editorial increíble que acerca a distintos autores hispanos -en su mayoría radicados en Nueva York, pero sobre todo viajeros, extranjeros en sus día a día donde quiera se encuentren- al rededor de temas de actualidad. En mi post más reciente me pregunto a raíz del terrorismo como amenaza constante, de los desplazados como vergüenza internacional, y del miedo y el dolor engendrado por políticas de exclusión y silenciamiento, sobre los tentáculos que estas realidades inescapables extienden hacia la vida cotidiana, y sobre lo… Seguir leyendo »

Nadir Chacín
5 years ago

¡Bien escrito (dicho)! Well Done!
Felicidades por esta reflexión tan necesaria.

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[…] Durante los últimos meses he colaborado con la revista digital ViceVersa. Se trata de una propuesta editorial increíble que acerca a distintos autores hispanos -en su mayoría radicados en Nueva York, pero sobre todo viajeros, extranjeros en sus día a día donde quiera se encuentren- al rededor de temas de actualidad. En mi post más reciente me pregunto a raíz del terrorismo como amenaza constante, de los desplazados como vergüenza internacional, y del miedo y el dolor engendrado por políticas de exclusión y silenciamiento, sobre los tentáculos que estas realidades inescapables extienden hacia la vida cotidiana, y sobre lo… Seguir leyendo »

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