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Sebastian Zubieta: componer significa derrochar imaginación

Sencillo, de mirada alegre y un hablar que traiciona un carácter entusiasta, curioso, abierto a las sorpresas, Sebastián Zubieta, poco encaja con la imagen tradicional de un exitoso compositor, director y docente. Su carrera es larga y  plagada de éxitos. Ha participado en conciertos en todo el mundo y su música ha sido ejecutada en diferentes países. Desde hace 13 años se desempeña como Director Musical de Americas Society, cargo que le ha permitido dar a conocer en Estados Unidos la música de compositores latinoamericanos de todas las épocas. 

Vive entre discos y libros de poemas. Ama los sonetos de Petrarca, con ellos ha compuesto una ópera y les ha dedicado mucha de su música. Confiesa que le gustaría tener la disciplina de leer un soneto cada noche, propósito difícil de mantener ya que cuando empieza se engolosina y lee muchos más.

Originario de Argentina, nace y crece rodeado de matemática más que de música y poemas. Los padres, ambos ingenieros, soñaban con que el hijo siguiera sus mismos pasos. “Mi mamá todavía no acepta mi entrega a la música”, confiesa con una sonrisa que lo ilumina todo.

 

Sebastian Zubieta

 

¿Cuándo y cómo entendiste que en la música estaba tu futuro?

Fue como una revelación – dice tras pensarlo un momento -. En mi casa había un piano que había pertenecido a algún pariente. Yo empecé a tocarlo cuando tenía 12 años, tomaba clases pero nunca fui un virtuoso. Nos mudamos a Brasil durante un tiempo y participé en el coro de la escuela. Fue mi primer contacto con el canto. A los 15 años decidí que iba a vivir de la música. Para mi familia fue un shock pero yo había decidido. ¿Por qué? No sé. Era lo que sentía. Me gustaba la composición, ya había escrito algo y en los años profundicé mi preparación como compositor. En un primer momento estudié musicología pero luego me dediqué cada vez más a la composición y a la dirección de coro y orquesta.      

 

Desde hace 13 años diriges el conjunto vocal Meridionalis de Americas Society, institución para la cual también te desempeñas como Director musical. Meridionalis interpreta música antigua. ¿Por qué escogiste ese tipo de música y a qué época se refiere específicamente?

Es tan amplio y rico el repertorio de música antigua latinoamericana que pensé que podíamos darla a conocer con un ensamble estable. Estrenamos con nuestro primer concierto en el 2010. En cuanto a la época hay que decir que, si bien hay una tendencia a extender la definición de música antigua, nosotros nos concentramos en la etapa que va desde finales del siglo XVII hasta comienzos del XVIII. Cada vez que empiezo un proyecto nuevo busco la asesoría y colaboración de expertos musicólogos que dedican todo su tiempo a estudiar los instrumentos y el estilo de ejecución de esa época así como las cosas que no estaban escritas en las partituras pero que se esperaban de los músicos. Si bien yo también sea musicólogo contar con el apoyo de personas especializadas es muy positivo y enriquecedor.

 

¿Y logran encontrar los mismos instrumentos que se usaban en esos años?

Sí, hay una gran tradición, tanto aquí en Estados Unidos como en América Latina. Hay artesanos quienes reproducen los instrumentos antiguos. Cuentan con mucha iconografía sobre todo ligada a las órdenes de compra de las Iglesias porque la música antigua, en América Latina, estaba relacionada casi únicamente con la Iglesia y era parte fundamental de la liturgia en los conventos, las Catedrales, las Misiones. En Europa era distinto, había una tradición eclesiástica pero también existían las Cortes.

 

¿Cuáles eran las diferencias entre los distintos países?

En realidad eran pocas. Los músicos compositores salían de España y al llegar viajaban mucho. Eran muy inquietos y se movían de una ciudad a otra buscando mejor fortuna. Había una gran comunicación entre ellos. La música iba y venía. Gutierre Fernández Hidalgo, quien es considerado el primer gran compositor del periodo colonial, en 20 años viajó desde Bogotá a Quito, luego a Cuzco y finalmente a La Plata, hoy Sucre, en Argentina. Donde sí había una gran diferencia era entre el mundo urbano y el de las Misiones. En las Catedrales y conventos de las ciudades los coros y los instrumentos seguían muy de cerca la tradición de España, había diferencias en los estilos de los compositores pero dentro de un patrón español. Por lo contrario las Misiones que establecieron los jesuitas en Paraguay, Uruguay, Bolivia, Brasil y Argentina, eran mundos muy diferentes, alejados, casi inaccesibles. Una caja de música tardaba unos cuatro meses para llegar a Ciudad de México pero para alcanzar una Misión empleaba alrededor de dos años y no siempre llegaba. Esa distancia marcó una diferencia importante, era como vivir en otro mundo. Todos cuentan que en las Misiones había una actividad musical increíble. Los mismos curas eran quienes enseñaban y a partir de allí se reproducía una cantidad impresionante de música. Aparentemente los habitantes de las Misiones tenían muchísima facilidad para la música y según las crónicas de la época aprendían muy rápidamente. Seguramente había un poco de exageración como parte de la propaganda de los jesuitas quienes luchaban para mantener esas tierras, pero no hay duda sobre la cantidad de música que allí se conservaba. Hace 40 años en Bolivia, en la provincia de Santa Cruz, encontraron el archivo más grande de música de las Misiones. Son miles y miles de páginas de música.

¿Y en esa música hay influencia indígena?

El sincretismo lo encontramos sobre todo en los textos. La música era un importante instrumento de evangelización por lo tanto hay muchas composiciones con textos litúrgicos cristianos traducidos a las lenguas locales. Otro aspecto interesante de las Misiones es que, cuando se establecieron a fines del siglo XVII, la música tenía una gran influencia italiana. Ese fue el primer germen que les llegó. Sin embargo, a causa del aislamiento que las caracterizaba los músicos no eran profesionales españoles quienes viajaban de una ciudad a otra, sino personas del lugar. La música ocupaba una parte importante de sus vidas. Cantar y tocar era considerado una cuestión comunitaria. La música no solamente era utilizada para evangelizar sino también para regular el uso del tiempo, ya que la vida en las Misiones era muy regimentada, y también como instrumento de paz. Un cronista habla de su encuentro, en Buenos Aires, con un grupo de músicos indígenas que había llegado de una Misión tras un largo viaje en río. Describe su felicidad cuando vio “a estos tigres Mocovíes que hace algunos años se lavaban las manos con sangre de españoles, transformados en músicos”. De nuevo es posible que existiera una exageración como parte de la propaganda de los jesuitas pero sin duda la difusión de la música en las Misiones fue muy amplia y tuvo un desarrollo estilístico independiente, protegido de las nuevas tendencias. Esa tradición quedó aún cuando los jesuitas se fueron, sobre todo en algunas Misiones de Bolivia que sobreviven todavía.   

 

Paralelamente a la dirección del ensemble Meridionalis estás promoviendo a muchos directores contemporáneos como Director Musical de Americas Society.

La misión de Americas Society es la de promover, en un sentido amplio, el diálogo a través de la música. En cada temporada organizamos unos veinte conciertos y trato siempre de que haya un poco de todo, composiciones viejas y otras nuevas porque con la música hay que ir siempre adelante, mostrar lo que está haciendo la gente y generar nosotros mismos nuevas obras, nuevos espectáculos. Cada año encargamos quince obras a compositores diferentes por edad y nacionalidad. En mayo vamos a estrenar cinco de cinco compositores. Para algunos de estos músicos y compositores es un primer contacto con Estados Unidos y a veces el primero de muchos otros.

 

¿Como compositor qué es lo que más te gusta escribir? ¿Hay algún estilo, alguna época que te influencia?

Como compositor trato de gastar imaginación. Creo que el instrumento más importante del compositor es su imaginación, pensar y encontrar lo más raro posible. Trato de componer lo más extraño que puedo, dentro de los parámetros de cada cosa, pero siguiendo mi propia estética. Para mi, componer significa derrochar imaginación y perder tiempo. Considero muy valioso perder una hora buscando un acorde. Componer es algo antieconómico, no tiene que ser eficiente, por lo contrario lo importante es la ineficiencia, pasarse horas buscando algo. Se trata de usar el tiempo de manera irrelevante y creativa.

 

¿Tus composiciones están influenciadas por los sentimientos y estados de animo? ¿Hay detalles que desencadenan ese proceso creativo?

Cuando voy por la calle escucho la forma de las cosas, un sonido, luego otro y a veces pienso que sería lindo insertarlos en una obra. En cuanto a los sentimientos trato de mantenerlos al margen y seguir una estética totalmente irracional. Si aparecen las emociones tristes o alegres me detengo un paso antes porque creo que el deber de un compositor es darle espacio a lo arbitrario, lo irracional, lo absurdo. Hay que confiar en lo que uno hace de manera intuitiva. A veces me pongo al piano y busco una nota, luego otra y así. No me pregunto porque me gusta esta y no otra, sigo adelante sin detenerme. Es como pensar en algo y no decir la palabra, dejar de pensar antes de que esa palabra se forme.

 

 

¿Te gusta componer para algún instrumento en particular?

No, a veces creo composiciones por encargo y sigo lo que me piden. Sin embargo, en la mayoría de los casos, cuando compongo por placer, no lo hago pensando en un instrumento en particular.

 

¿Y escribes los textos?

Prefiero utilizar poemas de otros. Tengo muchos que voy coleccionando, los anoto y cuando surge la oportunidad los utilizo. El canto le da una fuerza especial a la poesía.

 

¿Cuáles son los compositores que más admiras?

Hay muchos, de todas las épocas y van cambiando con los años. Monteverde me gusta desde siempre, fue una gran inspiración. También hay obras que te marcan. No sigo a un compositor en particular, trato de mantener este caos porque es más creativo.

 

¿Cuál es el reto más grande para un director?

Hay muchas cosas que se estudian, la parte técnica, los instrumentos. Sin embargo hay un aspecto que yo considero muy importante y en el cual no se hace suficiente hincapié: la coreografía. El director, con el movimiento de las manos, con su cuerpo debe comunicar con los músicos. Los movimientos se aprenden, son parte de un lenguaje universal, sin embargo hay que saber adaptarlos a la realidad de cada concierto. La flexibilidad es fundamental porque cada concierto tiene necesidades únicas. Hace unos años me tocó dirigir una obra contemporánea en Buenos Aires y en Nueva York. En Buenos Aires estaba muy cerca de los músicos pero en Nueva York la puesta en escena era totalmente diferente, muy oscura y yo estaba arriba, alejado. Me puse una camisa blanca para que por lo menos pudieran distinguirme sin embargo el halo de luz que me iluminaba era mínimo. Entendí de inmediato que si abría los brazos como lo había hecho en Buenos Aires parte de los movimientos quedaría en la oscuridad así que tuve que dirigir manteniéndome dentro del halo de luz. Otra vez, en Central Park, fue todo lo contrario, el espacio era tan grande que los movimientos tenían que ser muy amplios para que fueran visibles a todos. El dominio corporal se practica en las escuelas pero de nada sirve si no se tienes la apertura mental que te permite entender que no puedes hacer siempre lo mismo.

 

 

¿Es difícil dirigir orquestas de otros países, con culturas diferentes, idiomas diferentes, lidiar con tantos músicos, cada uno con una personalidad y sensibilidad particular?

La única manera de lograrlo es a través del respeto, el trato gentil, y la confianza. No es muy difícil ni misterioso. Son personas preparadas, dispuestas a hacer su parte y el director debe hacerles la vida más fácil, confiar en ellos y tratarlos bien.

 

Eres director, compositor, gestor musical, docente. Son muchas cosas. ¿Si tuvieras que escoger una cuál escogerías?

Todo lo que hago es música – dice Zubieta tras una larga pausa de reflexión – Son distintas maneras de vivir la música.

 

¿Qué rol puede tener la música en las protestas políticas y sociales?

La música confiere otra dimensión a los textos. Cantar le da más poder a las palabras, el mensaje se vuelve más poderoso, llega de una manera más sutil, más indirecta, más personal.

 

¿Qué es la música en tu vida?

Creo que la música para mi es el tiempo, es una manera de manejar el tiempo. Sé que no lo puedo detener ni controlar así que la música me permite hacerme amigo del tiempo, hacer las paces con su fugacidad.

Atrapar el tiempo, atarlo a una nota y viajar con él. Disfrutarlo. Pasear por los siglos, dejarse llevar por el ventarrón de la creatividad sin oponer resistencia alguna. Es el regalo maravilloso que la música hace, día tras día, a Sebastián Zubieta quien a los 15 años le prometió amor incondicional y le ofreció su vida.

“A menos pensamiento, pensamiento más tiránico y absorbente.” - Miguel de Unamuno

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