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Pablo Trapero: Entre la naturalidad y lo perverso

NUEVA YORK: La casa de los Puccio tiene dos pisos. En el primero, la familia se reúne a comer, a ver la televisión, a oír música de The Kinks y, en el sótano, hay un “huésped” encerrado, encadenado y encapuchado. Ambos mundos de repente se cruzan: la cotidianidad de un piso y la crueldad de un proyecto criminal de una familia que secuestra, extorsiona y asesina a varias víctimas que, incluso, son amigos y conocidos.

La última película de Pablo Trapero (Buenos Aires, 1971), El clan, está basada en el inquietante caso real de Arquímedes Puccio, un padre manipulador, perverso y heredero de las prácticas de la inteligencia de la dictadura militar de Argentina y de su familia, que fue cómplice del secuestro de cuatro víctimas, para cobrar su rescate y luego desaparecerlas. 

La historia empieza con imágenes documentales del presidente Raúl Alfonsín quien llama el “camino que jamás deberemos transitar en el futuro”, al condenar las atrocidades de siete años de dictadura militar. El clan transcurre justamente entre 1982 y 1985 durante el periodo de transición de la dictadura a la democracia.

El rock y el pop de los años ochentas también reconstruye la época con música Wadu wadu, de Virus o Just a gigolo de David Lee Roth que acompañan varias secuencias de la película, entre ellas un partido de rugby donde juega el hijo mayor de los Puccio, Alejandro (Peter Lanzani)  –la estrella de CASI Club Atlético San Isidro y de Los Pumas–, quien a su vez  es la mano derecha del padre para secuestrar a sus propios amigos, o “huéspedes” como los llama Arquímedes (Guillermo Francella). 

Pablo TraperoY es justo el lenguaje el que enmascara estos crímenes en un acto cotidiano donde no cabe el pestañeo, ni la duda de Arquímedes que estudia cada paso de sus víctimas con una libreta, anotando minuciosos detalles para capturarlos y exigirles dinero a sus familiares. Pero la complejidad de este personaje va más allá de su perversidad. Ante sus amigos y vecinos del barrio San Isidro parecería inverosímil que un padre, contador público, abogado, diplomático, coleccionista de arte y ex jefe de la inteligencia militar envolviera a toda su familia en un crimen organizado en su propia casa donde la hija hace una tarea de matemáticas o se reúne a comer toda la familia.

Lo más inquietante es que la película logra construir un ambiente siniestro y perturbador dentro de la casa donde la tortura, el asesinato de sus víctimas, son vistas con naturalidad e incluso con la aprobación de casi todos. Es sorprendente  cómo este núcleo familiar pierde la capacidad de asombro y no juzga los crímenes cometidos en sus propias narices. Guillermo, uno de los hijos, es quizá el personaje que hubiera valido la pena explorar más en la película justamente porque se distancia de los hechos.

Pero el plan más macabro, aparte de la tortura a sus víctimas, es que el patriarca también lleva a la desintegración de su propia familia. 1985 fue el año en que la sociedad argentina descubrió que Arquímedes Puccio y su familia eran los responsables de los secuestros de sus propios amigos. Nadie lo creía. Tampoco los vecinos y con gran cinismo los mismos victimarios –Arquímedes y Alejandro– afirmaron su inocencia hasta el final.

30 años después de este caso, la “pucciomanía” se avivó con una de las películas más taquilleras en Argentina: más de 2 millones de espectadores vieron el film y su estreno coincidió con el lanzamiento de un libro y una serie de televisión que exploró este mismo caso recordando otra vez un oscuro capítulo de finales de la dictadura y la incipiente transición hacia la democracia.

La película, coproducida por la compañía española El deseo, de los hermanos Almodóvar, se llevó el León de Plata a mejor director en el último Festival de Venecia, fue pre-seleccionada para participar en los Oscar y también fue una de las diez mejores películas latinoamericanas del 2015 según El País de España.

El director que ha dirigido cintas como: El bonaerense (2002), Leonera (2008), Carancho (2010), el Elefante blanco (2012), habló con ViceVersa Magazine acerca del proceso de adaptación de esta historia de la vida real, la construcción de los personajes y el gran misterio que envuelve este caso.

 

¿Cómo fue el proceso de investigación para adaptar el guión de El clan? ¿Qué fuentes consultó?

La primera vez que pensé en la película fue en el año 2007. Estaba terminando Leonera en ese momento. Cuando empecé a analizar este caso para un largometraje, noté que la información disponible no era del todo suficiente para la construcción de la historia porque quería centrarme en la vida familiar más que en la criminal. En el 2012 empezó el proceso de investigación y tuvimos que volvernos detectives nosotros mismos porque nos tocó buscar a los amigos de Alejandro, a los entrenadores del club, a jueces, abogados, periodistas de la época, a los familiares de las víctimas que habían tenido contacto con ellos, a los peritos. Todos los que habían tenido algún trato con la familia y que habían conocido la intimidad de la casa, compartieron con nosotros algo de sus experiencias. Después tuvimos acceso a las fuentes, las causas judiciales y las grabaciones de algunas de las llamadas telefónicas. Entonces pudimos ver el otro lado de la banda misma porque hubo testimonios de los cómplices que fueron contando un poco los detalles de los crímenes. Con todo estos datos se fue construyendo la base con la que luego escribí el guión.

 

¿Por qué escogió centrarse en la relación entre Arquímedes y Alejandro?

Originalmente el caso era muy conocido porque la actividad se había desarrollado dentro de la casa. La familia entera estaba cerca de todo lo que pasaba, así que lo primero fue tratar de discernir esa dinámica familiar. Pero desde muy temprano entendí que la película sería principalmente, antes que una historia criminal, y antes que una historia familiar, un retrato de la relación entre un padre y su hijo. El corazón de la historia es esta extraña e increíble relación entre Arquímedes y Alejandro y como ambos mantenían una vida pública y eran muy queridos y respetados en el barrio. Imagínate que durante mucho tiempo la gente del barrio salió a apoyarlos y negaba cualquier responsabilidad de ellos en los crímenes. Justamente a través de esta relación que es tan parecida y tan distinta a la vez de cualquier relación entre padre e hijo, encontré la manera de lograr que, quien ve la película, pueda sentirse más cerca de una historia tan extrema.

 

¿Cómo reconstruyó el personaje de Arquímedes para darle ese carácter tan particular en la película?

Arquímedes tuvo una vida criminal muy diversa y muy variada. Son cuatro los casos que cuenta la película. Su actividad criminal empezó hacia fines de los años 60 cuando era parte del servicio diplomático y tuvo una causa por contrabando de armas a través del correo diplomático. A principios de los años 70, formó parte del grupo La Triple A, e incluso durante un gobierno democrático, estuvo implicado en secuestros y desapariciones de personas. Cuando llega la dictadura, muta y pasa a hacer parte de quienes hacían los trabajos sucios de la dictadura, secuestrando y desapareciendo personas. Cuando vuelve la democracia, se ve cómo sigue haciendo un trabajo que había desarrollado antes y que ahora perfecciona para realizarlo de manera privada. Todo esto es muy contradictorio con la vida pública que mantenía. Él era muy conocido en el barrio, muy respetado. De puertas hacia afuera era un tipo que no llamaba la atención y que estaba integrado en la sociedad y en la comunidad. Justamente todas estas investigaciones nos permitieron entender cómo eran las varias facetas de Arquímedes, las diferencias entre la relación con sus hijos varones y la que lleva adelante con sus hijas mujeres, la debilidad que tiene por su hija menor, la relación con su mujer. Todos esos distintos aspectos de la vida de Arquímedes fueron conformando al personaje que tenemos en la pantalla.

 

¿Cuál es el gran misterio que hay en este caso?

Lo que yo me pregunto después de haber hecho esta película y de haber trabajando tanto en esta investigación es principalmente cómo pudo ser capaz de hacerle esto a su propia familia. Él tiene la posibilidad de elegir. Y lo que parecía al principio un amor y una devoción por su familia no se manifiesta de la misma manera hacia el final de la película. A pesar de la crueldad que tuvo al secuestrar y matar a personas que eran del entorno de Alejandro, las primeras víctimas de Arquímedes parecieran ser los integrantes de su propia familia. Esa es una pregunta para la cual no encontramos respuesta. ¿Cómo pudo no solamente cometer tantas atrocidades sino también manipular a toda su familia y convertirla en cómplice?.

 

¿Puede hablar sobre el debate que generó esta película en Argentina?

Curiosamente fue muy emocionante lo que vivimos cuando se estrenó la película porque durante muchos años fue un proyecto que quería hacer pero encontraba una resistencia de parte de los productores que tenían muchas dudas. No sabían si el público iba a querer ver esta historia justamente por todas las aristas que tiene. Me llevó bastante tiempo encontrar a los productores que me acompañaron, que se animaron y estuvieron muy cerca de mi durante todas las etapas del proceso y fue increíble asistir no solamente al éxito comercial, que fue inédito en Argentina, sino a todo lo que pasó en paralelo. La gente iba a sacar fotografías de la antigua casa de los Puccio, recorría los lugares por donde habíamos rodado algunas de las escenas. La película salió de la sección de espectáculos de los diarios para ocupar las páginas centrales y distintas investigaciones periodísticas fueron retomando el caso y aportando más información sobre la historia. Es evidente que había la necesidad de reflexionar sobre este periodo. Si bien muchas películas hayan narrado los años oscuros de la dictadura, y también el comienzo de la democracia, esta es la primera que habla de esa transición que fue tan difícil para todos nosotros y muestra cuán frágiles fueron los primeros pasos de la democracia. Como dice uno de los personajes, «no se sabía cuánto iba a durar». La sensación de angustia de esos momentos se refleja en la película y por supuesto vemos los nexos que Arquímedes mantiene con las fuerzas de ciertos sectores oscuros del poder.

 

¿Cuál fue el principal desafío que tuvo que enfrentar como director para plasmar la doble vida de los personajes?

Justamente el desafío era lograr el retrato de una familia que en apariencia, y de puertas hacia afuera, era como cualquier otra y encontrar esos dispositivos que son afines y comunes a muchos negocios familiares. La vida criminal que es tan absurda y tan increíble, tenía que ser comprensible y cercana al espectador de alguna manera. Había que hacerle entender estos extremos entre la ternura que Arquímedes manifiesta hacia la hija cuando la ayuda con sus tareas de la escuela y la dureza con la cual en la escena siguiente lo vemos torturando a una persona en una habitación. Ese era el gran desafío: cómo contar por un lado la crueldad que tenían Arquímedes, Alejandro, Maguila e incluso la madre y a la vez la naturalidad con la que vivían los acontecimientos cotidianos dentro de la casa.

 

La banda de sonido es muy atractiva, contrasta con los eventos criminales de la historia ¿Por qué escogió esta música?

Por un lado, la música permite reconstruir la época, muchas de las canciones que se escuchan son canciones que fueron grandes hits en los años 82, 83 y en la época en la que se desarrolla la película esas canciones sonaban en la radio. Justamente esa música pop de los ochenta contrasta con lo que pasaba dentro de la casa. Pero a la vez, ellos usaban la radio con un doble propósito. Por un lado, ocultar los gritos de las víctimas y por el otro como un mecanismo de tortura, para mantenerlos incómodos por el alto volumen. Y la música que escuchaban, era la música que sonaba en la radio. No elegían canciones que tuvieran alguna empatía con el horror que se vivía en la casa.

También eso ayuda a entender un poco la época de Argentina porque con la llegada de la democracia se empezó a escuchar otro tipo de música. Durante los años de la dictadura militar había ciertas restricciones para las canciones en inglés e incluso en español. La música también narra la llegada de la democracia en Argentina y lo que representó.

“Si usted no tiene libertad de pensamiento, la libertad de expresión no tiene ningún valor.” - José Luis Sampedro

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Humberto
Autor invitado
Humberto

Me voy derecho a ver la pelicula por la completa sinopsis y valoracion del film. Ademas del gran plus de la entrevista con el director. El articulo pertenece a la clase de periodismo cultural que queremos leer

Maria D'Arcy
Autor invitado
Maria D'Arcy

Me gusto mucho, da una clara y profunda idea de los personajes, su historia y lo que paso en Argentina a puerta cerrada durante la dictadura. Senti que al leer el articulo estaba viendo paso a paso la pelicula. Gracias por el deleite en la escritura.