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Orlando Ortiz: la medicina es mi vida

NUEVA YORK: Nos recibe con una sonrisa solar y acogedora. El dr. Orlando Ortiz se mueve como pez en el agua entre los pasillos del Winthrop-University Hospital de Mineola, en el cual trabaja desde hace muchísimos años. Vive entre aparatos sofisticadísimos que le hablan y le describen como funciona nuestro cuerpo por dentro, mostrándole hasta el más mínimo detalle.

Hoy el dr. Ortiz es primario del Departamento de radiología, es docente de Radiología, Presidente de Winthrop Radiology Associates, P.C y Vice Presidente de Oztech, Inc. entre otras cosas.

Es considerado una eminencia en el campo de la neuroradiología y en particular en el área de las cirugías percutáneas con guía de imagen. Otros médicos lo llaman de todas partes del mundo para pedir su consulta y cuando entramos en su oficina lo encontramos hablando con un especialista de algún país lejano.

Sin embargo el camino para llegar a ser lo que es hoy no ha sido fácil.

Originario de Puerto Rico, Orlando Ortiz, ha llegado a Nueva York, junto con su madre y sus dos hermanos, a la edad de cinco años.

Aquí los esperaba el abuelo quien tenía una pequeña bodega en el sur del Bronx. “Dormíamos en un pequeño cuarto detrás de la bodega y poco a poco, gracias a los esfuerzos de mi madre, seguimos adelante. Hoy los tres somos profesionales con estudios universitarios”.

Estudios que para él y para cualquier médico de Estados Unidos son realmente largos.

Al terminar el liceo entra en Columbia University gracias a una beca. Tras estudiar psicología, carrera durante la cual también sigue algunas materias relacionadas con la medicina, logra ser admitido en la exclusiva facultad de medicina de Harvard. Allí queda cuatro años. Al finalizar realiza un año de internado en medicina general en el Winthrop-University Hospital de Mineola, el mismo hospital donde ahora ocupa un cargo tan importante. Sigue estudiando y trabajando en el Long Island Jewish Medical Center para especializarse en el área que mayormente le interesa, la de Radiología. Se gradúa, trabaja otros años en su especialización y vuelve a pisar los salones de la Columbia University para un master en Neuroradiología. Trabaja un tiempo como neuroradiólogo y radiólogo en West Virginia y en 2000 asume el cargo de Director del departamento de Radiología y Neuroradiología en Mineola.

Un camino realmente largo, años y años de estudio y trabajo durante los cuales Orlando Ortiz se ha ido especializando siempre más hasta transformarse en uno de los médicos más respetados y admirados en su especialidad tanto que tiene pacientes en todo el mundo.

Una de sus últimas pacientes es una joven de India. Por segunda vez se le ha formado un tumor en el cerebro. La primera vez le fue extirpado con éxito y ahora hay que repetir la intervención. El dr. Ortiz nos muestra sus radiografías en las grandes pantallas de sus computadoras. Allí entre los blancos, negros y múltiples variedades de grises anida una pequeña mancha gris claro que delata el tumor. Esa enfermedad que, antes de los avances de la tecnología, hubiera significado una muerte segura, hoy día, gracias a médicos como el dr. Ortiz y a las nuevas, sofisticadas tecnologías, es curable con una cirugía.

A través de las palabras de Orlando Ortiz descubrimos el mundo que se esconde detrás de la palabra radiología, un mundo mucho más vasto de lo que solemos suponer.

Escogí la radiología porque es un verdadero reto para un médico. Hay que saber de todo. Otros especialistas se concentran en una parte del cuerpo, nosotros tenemos que conocerlo todo”.

Dentro de este vasto mundo lo que mayormente lo apasiona es el estudio de la columna porque, nos explica, “Hay todavía mucho espacio para la investigación ya que las patologías de la columnas son muchas y diversas. Nosotros intervenimos en los que son los cambios degenerativos, tratamos el dolor de la espalda, tenemos procedimientos para cambiar el proceso de los discos y de las vértebras. Hay muchos estudios que pueden ayudar a las personas que sufren de problemas en la espalda. Se podría decir que es una de las patologías más comunes”.

– ¿Y cuál sería su recomendación para prevenir los problemas de la espalda?

– Diría que para prevenir cualquier problema hay que cuidar al cuerpo a sabiendas que es el único que tenemos. En las máquinas se pueden cambiar los repuestos, el cuerpo humano tiene que mantener bien los que tiene. Eso significa comer sano, hacer un poco de ejercicio, mantener un peso normal. Lo que todos sabemos pero que no todos hacemos.

– ¿Hay patologías que podríamos definir de nuestra época?

– En realidad son las mismas de siempre, por ejemplo los ataques agudos cerebrales, la patología vascular, la demencia, el alzheimer, siguen siendo problemas muy comunes hoy como lo fueron ayer. Lo que ha cambiado es la medicina y la posibilidad de curar.

– Usted también hace intervenciones quirúrgicas guiadas por la imagen de la radiografía. ¿Algún caso particularmente interesante?

– Muchos. En estos últimos días una paciente ha llegado con una fractura en el hueso sacro causada por una caída en la escalera. El dolor era tan fuerte que no podía moverse. Gracias a una nueva técnica pude insertar un cemento especial que fortaleció el hueso fracturado. La intervención duró tres horas pero después la mujer logró caminar sin dolor.

Casi un milagro, pensamos, considerando la dificultad de intervenir en zonas tan delicadas como el hueso sacro. Y las sorpresas siguen.

– Otro caso muy interesante que también he visto en los últimos días ha sido el de una señora con un tumor metastásico en el hueso sacro que le había causado una pequeña fractura. También para ella el dolor era insoportable. A través de una cirugía percutánea con guía de imagen pude intervenir en el tumor con una nueva técnica que consiste en utilizar temperaturas muy elevadas, frías o calientes según el caso, que permiten destruir las células tumorales. Luego, gracias a ese particular cemento, del que te hablaba antes, pude reforzar el hueso y así disminuirle los dolores.

– ¿Hay situaciones en las cuales es imposible intervenir?

– Todo es muy relativo en medicina y siempre hay que ver al paciente para hacer un diagnóstico. Obviamente es más difícil hacer algo en los casos en los cuales el deterioro es muy fuerte y viene de mucho tiempo atrás.

– Dr. Ortiz cuando llegamos Ud estaba hablando con un médico de otro país, también nos contó que había estado conversando con un colega en India. ¿Significa esto que hoy, gracias a las nuevas tecnologías se puede desarrollar la medicina a distancia?

– Yo voy a muchos congresos nacionales e internacionales. Acabo de regresar del Congreso Nacional de Neuroradiología que se desarrolló en Chicago y en Octubre fui a otro, internacional, en Estambul. Esos congresos son muy importantes no solamente porque se presentan muchas investigaciones y se comparten experiencias, sino también porque nos permite conocernos y ayudarnos. Hace poco he seguido paso a paso una operación que estaba realizando un médico de Hawai. Prácticamente la hicimos juntos.

El dr. Orlando Ortiz ha escrito más de 100 artículos científicos y sus estudios son largamente apreciados por los médicos de todo el mundo. Ha realizado más de mil vertebroplastias, cifoplastias y sacroplastias además de millares de otras intervenciones en la columna. En este momento está terminando de escribir otro libro siempre sobre la columna vertebral.

Sus estudios también promueven el desarrollo de nuevas máquinas y tecnologías indispensables para tener un panorama cada vez más claro y seguro de las distintas enfermedades.

Con orgullo nos lleva a visitar su departamento y la cantidad de máquinas de alta tecnología que vemos es realmente impresionante.

Caminamos entre pacientes, enfermeros y médicos. El dr. Ortiz tiene para todos una sonrisa, una palabra, a veces en español y otras en inglés.

– La responsabilidad que debe asumir cualquier médico y en particular alguien como Ud que realiza cirugías tan milimétricamente precisas y en un área tan delicada como la columna o el cerebro, debe ser un peso muy grande. ¿En algún momento se ha arrepentido de haber escogido esta profesión?

– Nunca – dice sin ningún titubeo y hasta con sorpresa por una pregunta que, es evidente, nunca se planteó – La medicina es mi vida. No podría imaginarme una vida distinta.

– ¿No le resulta duro convivir con tanto dolor y estar en perenne contacto con la muerte?

– Quise ser médico porque quiero ayudar a las personas a estar bien. Nadie puede escoger la medicina si no tiene esa pasión, esa vocación. Vivo esta profesión como una bendición y siento que debo compartir mi saber con todo el mundo. Es lo que me hace feliz.

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- Natalia Bravo

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