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Paola Maita
Photo Credits: Judit Klein ©

“¿Estás?” es una pregunta que a veces recibo o mando por Whatsapp. Podría parecer tonto, porque damos por sentado que los teléfonos siempre están con su dueño y que estos siempre están prestos a contestar, siempre y cuando la hora sea “decente”, pero la pregunta va más allá de si estamos desocupados para responder. Tiene un alcance casi filosófico, porque no sólo nos confronta con nuestra disponibilidad, sino también con cosas un poco más subjetivas como si estamos dispuestos para responderle a esa persona.

Creo que estar online es más que simplemente estar conectados a una determinada cuenta o cerca de nuestro computador o teléfono, es sentirnos dispuestos a conectarnos con el otro. No hay imagen que se me haga más cruel de la vida posmoderna que dos personas que quieran hablarse, y vean que el otro está conectado y no se atrevan a escribirle; o peor aún, comenzar a escribir un mensaje y borrarlo sin enviarlo. Podrían presionar enviar. Saben que el otro está por ahí. Podrían decirse que se extrañan, que quieren verse, que se piensan cuando ven ciertas películas o escuchan algunas canciones, que les brinca el corazón del susto cuando dice online

Se preguntan si la otra persona le extraña, le piensa o le da igual. Se quedan esperando alguna señal de vida de la otra parte, algo que les diga que esos ojos leen esas líneas y no les son indiferentes. Esperar en línea es jugar la ruleta rusa de no saber si la otra persona alguna vez estuvo ahí de verdad.


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