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Gustavo Gac-Artigas: escudriñar al mundo con mirada circular

NUEVA YORK: Narrador nato, Gustavo Gac-Artigas, escritor, dramaturgo, actor y director, es sobre todo una persona dotada de una extraordinaria capacidad de observar, escuchar, sentir y contar, contar, contar. Y mientras cuenta el tiempo se paraliza, los ruidos externos se transforman en susurros y con las palabras van apareciendo las imágenes, el pasado se vuelve presente, los personajes saltan las barreras del olvido y se tornan protagonistas. Nos recuerda el Hakawati del libro de Rabih Alameddine, quien lograba destruir tiempos y espacios y, con sus palabras, transportaba hacia viajes inesperados hasta a los hombres más rudos y curtidos.

El viaje de su vida, como cuentacuentos, poeta, actor y soñador, Gac-Artigas lo narra en su último libro “Y todos éramos actores” que pronto saldrá traducido al inglés. Es un libro que cautiva por los distintos niveles de lectura que permite, un libro que nutre el alma como toda buena literatura, que narra con levedad admirable los eventos dramáticos pero también apasionantes que, entre los años sesenta y setenta, marcaron a una generación en América Latina y en el resto del mundo occidental. Años en los cuales sueños e ideales inflamaron el alma de quien pensó que el mundo podía cambiarse y que en parte lo logró.

El viaje de Gac-Artigas comienza en Chile, en el sur de Chile. “En Temuco, zona salvaje, llena de bosques, con una vegetación extraordinaria. Allí pasé la infancia y esos paisajes marcaron mi vida”. Luego a Rancagua, ciudad en la cual se mudaron sus padres y finalmente en Santiago para ingresar en la Universidad Católica y estudiar economía.

portada novela y todos eramos actoresCon una mirada y una sonrisa que dejan aflorar al muchacho osado, irónico e idealista que mereció el apodo de “Gato”, sigue contando: “Pero de la Católica me echaron. Traté de hacer una huelga para que sacaran a un profesor. Venía de Chicago y sus teorías económicas iban en contra de mis ideas y de lo que deseábamos para Chile. Lamentablemente él llegó a ser Director del Banco Central y yo salí de la Universidad. Me dolió por las clases de filosofía. Había profesores brillantes”.

De Santiago a Valdivia, ciudad con una fuerte presencia alemana, y en la Universidad Austral. “Supuestamente” a estudiar veterinaria.

“De Platón a las vacas – comenta riendo – En realidad mientras la mayoría de los otros estudiantes habían escogido veterinaria para hacerse cargo del fundo de sus padres, yo lo hacía para organizar a los campesinos con el fin de que se tomaran el fundo de esos padres”.

En la realidad más que a estudiar veterinaria, Gustavo se dedicó a organizar el movimiento estudiantil y también a realizar encuentros de poesía. Con un acuerdo entre facultades permitió a quien estudiaba veterinaria seguir algunas clases de español y viceversa, con el resultado de que muchos terminaran enamorados de las letras y cambiaran sus vidas radicalmente.

“Uno de ellos fue el “chico” Jorge Ojeda, gran poeta y Carlos Flores del Pino, cineasta quien fundó la escuela de cine en Chile”. Eran años de gran efervescencia, política, social, y Gac-Artigas se transforma en un respetado líder estudiantil. “Nunca tuve el carnet de un partido aunque trabajábamos junto con los integrantes de la juventud comunista y socialista.”

Un encuentro de jóvenes lo lleva a Europa. “Fue un viaje lleno de aventuras” comenta Gustavo con la mirada perdida en sus recuerdos. Nos cuenta del Oriente Express, tren súper lujoso en el cual los tratan como reyes hasta que se dan cuenta de que sus boletos son, en realidad, para un tren de tercera clase. Los bajan en Roma. En la estación, mientras esperan el tren que les toca, se cruzan con unos jóvenes quienes van cantando Bandiera Rossa, “y nos unimos a ese coro con nuestro acento chileno”.  Desembarcan en Bulgaria antes de llegar a Praga, ciudad hacia la cual se dirigían.

“Siempre he tenido una mirada circular, quiero ver lo que hay detrás y lo que hay adentro. Al llegar a Bulgaria me di cuenta de inmediato que se anunciaban eventos difíciles”. En Praga tiene la suerte de vivir el fugaz momento de una primavera llena de ilusiones. “La gente estaba en la calle, sonreía, hablaba, se respiraba un aire de gran alegría. El secretario del Partido Comunista Alexander Dubček organizó una reunión en una sala antigua, bastante fría, para explicarnos cómo querían cambiar. Nos habló de su concepto de un socialismo democrático, en el cual se pudiera ser feliz sin que todo fuera gris. Recuerdo que me estremecí cuando se levantó un amigo mío para decirle, con un leve dejo de amenaza en la voz, ¿de qué democracia está hablando? El día antes de la invasión nos reunieron y nos dijeron que escogiéramos adonde ir, que nos pagarían el viaje, pero que nos teníamos que ir esa misma noche. Algunos se fueron a China, otros a India, dos amigos chilenos y yo volvimos a París sospechando que algo grave iba a pasar”.

Con la amargura de ese sueño fallido volvieron pasando por Madrid y por Brasil hasta llegar de nuevo a Valdivia. Tras un desencuentro con el decano de la Facultad de Veterinaria deja también la Universidad Austral y su carrera de líder estudiantil. Con otro amigo decide conocer el norte de Chile y luego otros países de América Latina. El viaje empieza en un camión de cebollas que pagan descargando sacos de cebolla. “Hermoso el norte de Chile, inolvidable el desierto, las noches, las estrellas” murmura con nostalgia.

Llegan a Perú y crean el Correo de la Poesía. Con los poemas que ya tenían, otros que les dan poetas locales, y las historias que construyen tras conocer la nueva realidad, montan el primer espectáculo de teatro.

“Fue todo un éxito. Muchos los poetas que se fueron sumando. En esos años las comunicaciones eran muy difíciles, las revistas de poesía no circulaban, los poetas tampoco, así que fuimos llenando ese vacío. En Quito se nos juntó el “chico” Ojeda y seguimos de un lado a otro como juglares recogiendo versos y noticias. Nuestros espectáculos se iban enriqueciendo más y más y los teatros se llenaban. Llegamos a Colombia y conocimos a Enrique Buenaventura, excelente director de teatro y también poeta. Nos confió sus poemas que no había mostrado a nadie hasta ese momento. En Bogotá terminamos viviendo en Policarpa Salavarrieta, un barrio que crearon grupos de desplazados. No había electricidad ni alcantarillado. En la entrada un riel enorme fungía de alarma en caso de que vinieran a desalojarnos. Viví junto con Álvaro Marroquin, nieto de Presidente, y de María Arango, su señora, que había sido reina de belleza de la Universidad Nacional”.

El teatro es su casa, escribe los espectáculos, los dirige, trabaja como actor, y su vida se desenvuelve en una cotidianidad dedicada al compromiso social y cultural.

“Hasta que un día el destino tocó a mi puerta de la mano de una joven chilena quien me dijo: ‘Gustavo regresa, te queremos en Chile’. Saludé y comencé el viaje de regreso”.

Un viaje largo, desandando el camino de arriba hacia abajo y que duró casi un año. 

afiche chile libertad 1978De regreso a Chile, el Chile efervescente de Allende, Gustavo Gac-Artigas sigue con su teatro/poesía. Lo hace para los obreros de una mina en Rancagua. Con los meses el entusiasmo de la etapa inicial van mermando y el país empieza a mostrar síntomas de profundo malestar. Gac-Artigas monta una obra con el título Libertad, libertad que llena el teatro y las calles adyacentes en las cuales tienen que montar unos parlantes. “Llegaron todos los mineros con sus familias, gente de las poblaciones cercanas, jóvenes, estudiantes. Antes del espectáculo hablaron unos dirigentes políticos y sindicales. Sabíamos que el golpe iba a llegar. Luego salí de gira con mis 25 actores y el 10 de septiembre presentamos el espectáculo en Chuquicamata donde está la mina de cobre. El debate terminó en la madrugada del 11. Ya el golpe había comenzado”.

Gac-Artigas fue uno de los tantos jóvenes que cayeron en manos de los militares. La herida de esos años se refleja en el rictus amargo de la boca, incapaz de reír del todo a las ironías y bromas con las cuales trata de diluir la barbarie de la que fue objeto.

Preocupado de salvar a la población de mineros que los había acompañado asumió la responsabilidad de todo lo que habían ido desarrollando. Volvió a encontrarse con un ex profesor de gimnasia y un ex compañero de colegio que había estudiado de dentista antes de volverse torturador. “El profesor de gimnasia era un teniente y recordaba bien que no me gustaba la gimnasia y tampoco los militares. Y me lo cobró – hace una pausa – me lo cobró caro”.

El recuerdo de esos días plagados de horror, violencia, mortificaciones, absorben toda luminosidad del rostro de Gac-Artigas quien comenta: “La cárcel es un pasaje importante en la vida de una persona porque adentro encuentras lo mejor y lo peor del ser humano. También entiendes que las palabras valentía y cobardía no significan nada. La persona que goza al torturar, al humillar, es un enfermo mental. Lo hace para sentirse superior”.

Gustavo recuerda las celdas en las que estuvo preso, “la 55 de arriba y después la de abajo” y a quienes las compartieron con él. El teatro, el manejo de las prácticas actorales lo ayudaron mucho. “El teatro me ha permitido comunicarme con la gente, meterme en la piel de otro. Es lo que trato de hacer con mi escritura. Cuando el libro sale ya no te pertenece, la persona que lo lee tiene que reescribirlo en su mente. Ese proceso de salirme de mi mismo me ha dado la posibilidad de ver las cosas de forma diferente, de tomar distancia. Y me ayudó mucho durante los interrogatorios”. Gustavo hace una pausa y luego sigue: “Me mantuvieron tres días vendado y yo logré salirme de mi mismo, me desdoblé, mi cabeza funcionaba a millón, reconocía una voz, un ruido, una respiración. Sabía donde se escondía el peligro por la entonación de una pregunta y lograba controlar mi voz para evitar en lo posible ese peligro. A nivel del cuerpo era una porquería – ríe para distender la tensión de los recuerdos – una vergüenza nacional, me tiritaban las rodillas y afortunadamente tenía las manos amarradas porque los dedos se iban por su cuenta. Yo que me había prometido estar siempre de pie caía arrodillado a la mínima zancadilla”.

Liberado gracias a una intervención de Naciones Unidas, Gustavo va exiliado a París con un papel de la Cruz Roja y retoma su espectáculo de poesía y teatro. “Había tantos refugiados de Chile y de los otros países de América Latina que tenía a cuantos cantantes, poetas, actores quisiera para montar el espectáculo”.

 

Tras tantos años ya es más fácil hacer un análisis de aciertos y errores. ¿Cuáles fueron los errores que se cometieron durante el gobierno de Allende?

Muchos. – La respuesta de Gac-Artigas llega sin titubeos, honesta hasta doler – Empezamos a distribuir el poder no entre los más capaces sino entre quienes estaban más cercanos al gobierno, a los amigos. En las minas duplicamos el número de trabajadores solamente para llenar puestos y encima descabezamos a los dirigentes para sustituirlos con otros que no estaban preparados. Los mineros se reían pero los errores en las minas se pagan caros, significan pérdidas de vidas. Nos aislamos, empezamos a menospreciar al otro. Las familias se rompieron y no se hablaban entre padres e hijos, entre hermanos. No supimos explicar lo que estábamos haciendo, lanzamos la reforma educativa y arremetimos contra las escuelas católicas ¡en un país como Chile! Sin entender que el problema no eran las escuelas católicas sino la calidad de la educación. El error más grave que cometimos fue tomar el poder y olvidar porque lo habíamos tomado. Olvidamos que queríamos construir una nación diferente y que eso no se hace de un día para otro. Cuando empezamos a saber que se estaba fraguando el golpe hubo quien pensó que podíamos revertirlo a nuestro favor y transformarlo en un golpe de izquierda, en una dictadura del proletariado. No era así y si lo hubieran hecho de esa manera creo que habría terminado en la misma cárcel. Algunos pensaron que los soldados eran pueblo y nunca aceptarían levantar las armas contra al pueblo pero no se dieron cuenta de que meses antes los jefes del ejército habían estado trasladando a los soldados a otros lugares, lejos de sus familias. Se preparaban. Tampoco sabíamos que cuando llega al poder alguien que no tiene educación, que no comió bien, que pasó frío, que está frustrado, que tiene un odio enorme porque le convencieron que todas las culpas son de los otros, ese alguien se transforma en una persona muy peligrosa. A todo eso hay que agregar la guerra económica que promovieron desde Estados Unidos. Boicotearon el cobre, nos negaron los repuestos de la maquinaria. La derecha acaparró los alimentos y la gente empezó a entrar en una paranoia en busca de alimentos. Mi madre tenía seis sacos de azúcar y la señora de servicio hacía colas para un kilo de azúcar. -.

 

¿Y cómo fue la transición?

Difícil. La gente tenía miedo, no hablaba. Los jóvenes se alejaron de la política, de la cultura, nada les importaba realmente. A muchos como a mi no nos interesaba que Pinochet estuviera demasiado tiempo en la cárcel. Lo que sí queríamos era que tanto él como sus torturadores fueran juzgados y condenados por los crímenes cometidos. Tenían que ser indicados como responsables pero no fue así, siguieron caminando entre nosotros como si nada. Quizás no fuimos suficientemente fuertes a la hora de denunciar no tanto a las personas cuanto al crimen cometido, no buscamos suficientemente a los desaparecidos. Pero, en el fondo, nosotros ganamos porque volvimos al poder y mostramos que no somos como ellos, logramos diferenciarnos.

Gustavo Gac-Artigas pudo volver a Chile solamente en el 2000, tras más de treinta años de exilio. En el mientras se casó con la docente puertorriqueña Priscilla, tuvo dos hijos, vivió en Holanda y en distintos lugares de Estados Unidos hasta radicarse en New Jersey.

Al hablar de la realidad actual de Chile toca el tema que más le duele: la educación. “No basta con hacer una reforma que permita la educación gratuita para todos, el problema real es la calidad de la educación. Para mejorarla hay que tener el valor de cambiar a los profesores, de exigirles mayor preparación. Lamentablemente Pinochet arruinó la educación, le quitó la parte que desarrolla y alimenta el pensamiento”. No ahorra críticas a Michelle Bachelet “quien quiere ser la mamá de todos, desea que la quieran y se deja empujar por la calle” y tampoco hacia los dirigentes de Estados Unidos y de otros países. En un artículo muy crítico escribe: “Una gran parte del electorado está hastiado, hastiado de promesas que no se cumplen, hastiado de percibir cómo el dinero maneja la política y los destinos del país en beneficio de, adivinen quién, los detentores del poder económico. Hastiado de ver cómo le robaron los sueños”.

El espíritu crítico, la ironía afilada, el amor por el teatro y la escritura no sufrieron el desgaste del tiempo en Gustavo Gac-Artigas quien sigue escudriñando el mundo con su mirada circular. Analiza, escribe, comenta y, como buen actor, cuando habla lo hace con todo el cuerpo. Tampoco sus ideales se han deteriorado y, por suerte, lejos de ser una de esas personas que confunden cinismo con madurez, sigue soñando y luchando, con una pasión que no conoce cansancio, por un mundo distinto.

“Si usted no tiene libertad de pensamiento, la libertad de expresión no tiene ningún valor.” - José Luis Sampedro

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