Vivo de frente a una generación luchadora
Aquellos queriendo vivir la Venezuela que cuentan nuestros viejos
Esa de viajes a paisajes milenarios, noches estrelladas en mosquiteros a poca luz, travesías nocturnas entre pantanales, travesuras a carcajadas de peligros extintos.
Insatisfechos por el »no» heredado de la inseguridad
Vivo de frente a una generación soñadora.
Conocedores del mundo, pero especialistas en un punto
Una coordenada, una tierra. Nuestra tierra
Vivo de frente a una generación que ama sin pedir a cambio
Que recorre su país esquivando balas de odio
Para encontrarnos con escudos de esperanza.
Inesperada, aunque anhelada.
Generación que quiere bajar la ventana e ir a cine de medianoche
Generación que se cansó de solo querer, porque sabe que puede.
Somos un almanaque de ideas,
de ilusiones para un país que desarrollaremos pese a centenares de alcabalas.
Mi mamá me dijo una vez, con voz quebrantada:
«No quiero ofrecerle la vida de uno de mis hijos a Venezuela»
Lo que no ves(n) Madre(s), es que nosotros también estamos luchando por la vida de nuestros hijos. Queremos hijos Venezolanos por nacimiento; carajitos avispados y pantalleros.
Que destruyan la casa de la abuela los domingos,
Con centenares de primos y ‘tíos de cariño’
Navidades en poliedro
Y quemadas de fosforitos de años nuevos playeros,
Quiero casarme en la iglesia de mis padres,
Ver a los chamos de mis hermanos crecer a la vuelta de la esquina,
Y envejecer bonchona con whisky en mano.
Mamá: yo quiero luchar para que no me des la bendición cada noche con lagrimas en la garganta,
Quiero luchar para no tener que despedirme por meses.
Evitar la frase ‘te extraño’.
Porque soy parte de un generación de gladiadores.
Porque no me quiero ir más.
Porque vivo de frente a La Generación del Cambio.


