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El Engaño

 

Montserrat Vargas
Photo Credits: Montserrat Vargas

 

La rabia ya no me alcanza para buscarte en la putrefacción de los sentidos
una cierta deformación de la memoria confusa
que logra añorarte en el pus que quedó entre mis uñas, en la saliva compartida tuya, que buscó cobijo en la carie victimizada mía.

La tiranía del cuerpo engañado entre la memoria del tacto y tu silueta, que sigue en mi ojo.

Confieso que revivo sólo las sonrisas
tal vez los susurros que nos dijimos, los repito como mantra para convencerme,
que me amó
para convencerme que lo vivido no fue una simple infección

Del porqué busqué cobijo en tus labios:
sólo porque todos mis otros miembros no sabían cómo (en ese momento) caminar en sí mismos.

Maldigo la historia que confunde amor por necesidad.

Juego con el sentirme perdida.

Este cuerpo engañado sigue saboreando completos esos besos, aunque haya armado una guerra entre la rabia, la memoria y la necesidad heredada.

 

 

Estas tres de mí

 

Montserrat Vargas
Photo Credits: Montserrat Vargas

Mujer:
Tengo tres cuerpos juntados en uno, separados por la mitad y dispersos el uno del otro, el cabello que se desliza por uno, cosquillea la mejilla del otro. Se susurran. Se asustan el uno al otro.
Mientras yo,
les converso bajito
sin recelo.

Las tres se reflejaron en las pupilas asustadas buscando poseer, en la respiración con pasión, en los dedos curvos, en la idea porfiada.

¿Cómo las descubrí? Simplemente un día me desmembré en tres: la de antes, la de ahora y a la que espero. A veces me asusto de las tres. De esas tres esferas diferentes que se componen de estas tres células mías. Tres son los dedos que te recorrerán. Tres son las reflexiones que aparecen cuando te pienso. Tres son mis sexos. Tres veces dije sí y tres veces dije no. El tiempo es un torbellino que mezcla los tiempos en flashbacks aislados, debo pestañear más de tres veces para poder volver a ver el cuerpo de mí-ahora, y es ahí donde el síntoma de La Mordida aparece como revelación, y los tiempos conjugados se transmutan y forman este nuevo cuerpo de mí.

Ahora, pienso tres veces antes de entregar cada pedazo de mí, de mis tres partes.

Mujer, en esta reflejada femineidad completadispersa dibujo mañana a mañana el reflejo de mis ojospasados, en el presente de mis cuerpos que habito.

Te saludo
Te cuido
Te admiro
YO, mis tres cuerpos juntados en uno.

 

 

«Los sobrevivientes de trauma, tienen síntomas
en vez de memorias» (Harvey, 1990)

 

Montserrat Vargas
Photo Credits: Montserrat Vargas

Libremente, libremente inmersa, libremente inmersa en la tranquilidad de, libremente en la tranquilidad de los sentidos, buscando la, buscando la pasividad de los latidos del, libremente inmersa en la tranquilidad de, buscando en los brazos y las piernas, libremente inmersa en la tranquilidad de los sentidos, sin parar, buscando en los brazos y piernas la pasividad, buscando en los brazos y piernas la pasividad de los latidos
disfrutando
sintiendo
libremente
como
todo
se detiene, después de una batalla con la vida.

Libremente inmersa en la tranquilidad,
pienso: “no es el momento de apresurarse”
cesó el… él… la angustia cesó

Pero esta cabeza no parará de latir…

“Que no se detenga”, también pienso.

Y me sumerjo en la confusión plácida, entre el latido de la memoria confusa que sigue palpitando en mi oreja y en mi cien, en el latido que distribuye un vendaval de miedos por todo el cuerpo, «que no se detenga», porque en el momento en que los recuerdos dejen de aparecer, sólo quedará la libertad de los sentidos transformados, por la culpa de un tiempo detenido en este nuevo cuerpo-corazón de mí.

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