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Enrique del Risco: El humor es un gran cuestionador del sentido del poder

NUEVA YORK: Entre paredes llenas de libros, envuelto en un mundo hecho de papeles en los cuales el ayer se cruza con el presente, Enrique del Risco, transcurre su tiempo sumergido en la escritura, la investigación histórica y la docencia.

El acento marcadamente cubano delata sus orígenes. En la Cuba de Fidel Castro, Enrique del Risco transcurrió años importantes de su vida. Allí estudió y escribió sus primeros libros, allí fue descubriendo las múltiples capas de mentiras tras las cuales estaban enterradas sus certezas, allí se desató su hambre de conocimiento, allí se fraguaron los sueños de mundos desconocidos que, a falta de informaciones, quedaban a merced de su creatividad.

Allí, en su isla natal, del Risco también divisó el poder corrosivo de la sátira, un género que amó desde sus años de estudiante pagando las consecuencias que siempre acarrean los amores prohibidos.

– Desde muy joven me dediqué a escribir sátira – comenta Enrique del Risco –. Colaboraba con el conocido periódico humorístico DDT, con Bohemia, una revista muy antigua y también con la revista universitaria Alma Mater, una de las más antiguas del país. Ser humorista en Cuba significaba buscarse problemas y en eso yo era un maestro.

 

enrique del risco

 

El espacio se le hizo siempre más estrecho y poco a poco se fueron desmoronando ideales enseñados y aceptados hasta esos años.

– Yo creía en el comunismo y en el castrismo como todos los niños que crecimos bajo ese régimen. Con los años y a medida que se estrechaba mi posibilidad de expresión, empecé a sentir el ahogo que significaba no contar con el más mínimo espacio de libertad. Fue un aprendizaje largo y duro, hasta que, en 1995 decidí emigrar.

Igualmente largo y duro será el camino de la emigración. Desde el día en el cual decide salir de Cuba hasta el momento en el cual logra montarse en un avión tiene que sortear todo tipo de trabas burocráticas, entrevistas, dilaciones.

Viaja a España lleno de ilusiones. Su vocación de escritor necesita de un país cuyo idioma le permita expresarse. Pero al poco tiempo las ilusiones se estrellan contra la pared de una sociedad mucho menos amigable de lo que suponía; mucho menos consciente de la realidad cubana, tan fácil de idealizar desde el calor del bienestar europeo. Le rechazan la visa de exiliado pero, por una serie de casualidades afortunadas, logra ingresar en un programa norteamericano y sus planes de vida cambian una vez más. Se monta de nuevo en un avión pero esta vez su destino es Nueva York. La experiencia española queda reflejada en el libro “Siempre nos quedará Madrid”.

– En los años ’90 los cubanos empiezan a emigrar a Europa. Antes viajaban fundamentalmente a Estados Unidos, un poco a Venezuela y a México, pero de pronto la situación se hizo tan insostenible, no solo en términos políticos sino también económicos, que empezaron a ir a cualquier parte, en lo que fuera y como pudieran.

Del Risco llega a Estados Unidos en 1997 y aquí comienza su segunda vida. Cursa un doctorado en literatura en NYU y sigue escribiendo y publicando.

La mayoría de sus libros son de narrativa y todos están marcados por un humor corrosivo, brillante, sutil. La escritura es su gran aliada y se derrama en páginas de libros, diversas publicaciones, un blog y, en un pasado no demasiado lejano, también en guiones de cine, radio y televisión. Aparecen títulos como: El comandante ya tiene quien le escriba, Enrisco para Presidente, Obras encogidas, Elogio de la levedad, Leve historia de Cuba y ¿Qué pensarán de nosotros en Japón?. La actividad de escritor transcurre paralelamente a la docencia.

Enrique del Risco abrirá el seminario Risa Amarga. Sátira Política y Libertad de Prensa en América Latina y el Caribe, que ViceVersa Magazine está organizando en colaboración con el Departamento de Educación Continua y Programas Públicos de la prestigiosa casa de estudios Cooper Union, el próximo 15 de octubre a las 2:00pm.

 

¿Hasta qué punto ese transitar entre Cuba, Europa y América Latina ha modificado tu escritura y tu perspectiva de la vida?

El sistema cubano lo prepara a uno para ser incapaz de moverse fuera de ese contexto. En los años en que yo viví allá, y sobre todo durante mi niñez, época en la cual se forma tu perspectiva de la vida, la gente estaba acostumbrada a las limitaciones. Cosas tan normales como viajar, mudarse a otro país o tener alguna experiencia en el exterior, eran vistas como una traición. Nadie sabía realmente como era la realidad fuera de nuestros confines. Hasta la enseñanza del inglés estuvo excluida de los programas educativos durante años.

 

El caudal de los recuerdos inunda a del Risco quien nos va narrando anécdotas de un pasado transcurrido en Cuba, dentro de un sistema cuyas costuras se le hacen aún más evidentes a medida que pasan los años y la lejanía permite la distancia.

 

La mayor ganancia que he sacado de este transitar por el mundo, ha sido el poder salir del cerco, estrecho, en el cual vivía. Las experiencias vividas y una mayor madurez, me han permitido relativizar la vida. Cosas que, en un determinado momento, parecían muy importantes, de repente se volvieron insignificantes. Afuera he tratado de transformar las carencias en virtud. He descubierto lo positivo que resultó haber vivido bajo un régimen que limitaba mucha información y el acceso a ciertos libros. Eso despertó en mí una gran ansiedad de conocimiento. Los jóvenes que viven en países sin tantas restricciones, no aprecian el arte y la cultura tanto como lo hacíamos nosotros. Sin embargo, cuando vas de un lugar a otro, inevitablemente hay pérdidas. Mi familia está toda afuera y aquí tengo a muchos amigos, así que en mi caso más que de pérdida afectiva hablaría de una pérdida de contexto. Ya no estás rodeado de tu público natural, tienes que buscar alternativas y eso te lleva a vivir en un mundo mucho más personal.

 

enrique del risco¿Y en Cuba leen tus textos?

Sí, y es algo que me sorprende y me reconforta. Algunos de los amigos que llegan de Cuba me cuentan que siempre hay alguien que logra meterse en internet, bajar ciertos textos míos y luego imprimirlos y pasarlos a otros.

 

Volviendo a los recuerdos de los años en los que vivió en Cuba, del Risco subraya, con una nota de humor, su ser provinciano, ingenuo.

 

Es verdad, era muy provinciano. La propaganda cubana funciona a muchos niveles. Crees haber descubierto algo, pero hay otras quince capas de propaganda que distorsionan tu realidad. Recuerdo una vez en la cual, hablando con un mexicano, le dije –pensando que éramos un caso único- que en Cuba la educación era gratuita. Cuando me contestó que también lo era en México quedé muy sorprendido. Salir de ese contexto te abre al mundo y te permite conocerte mejor. A veces bastan pequeños cambios. Yo lo percibí la primera vez cuando, al finalizar mis estudios, me fui voluntariamente a trabajar en un cementerio. Hubo una época en que el cementerio y la caza de cocodrilos, eran la única posibilidad que les quedaba a los expulsados de otras partes. Pues con la debacle económica, en el año de mi graduación, para los historiadores no habían muchas alternativas distintas de las de trabajar en un cementerio. Fui historiador de cementerio y ese trabajo resultó ser mucho más tranquilo y productivo de lo que se podía suponer. Una vez fui a un cementerio situado a dos provincias de la capital. No estaba muy lejos y sin embargo el estudiar las características y diversidades de esas tumbas me ayudó a entender mejor mi propio cementerio. Cuando te mueves, aunque sea de pocos kilómetros, ves cómo cambian las cosas, hasta las más elementales, y eso te permite saber más y con mayor profundidad de ti y de tu mundo. Sin embargo, por más que me guste viajar y que haya viajado, yo sigo siendo muy cubano y, a lo largo de estos años en el exilio, esa identidad mía se ha enriquecido, se conoce mejor.

 

Nunca has dejado de escribir. ¿Es algo que te ayuda a exorcizar nostalgias? ¿Tomas tu inspiración del mundo que dejaste o del que te ha tocado vivir como exiliado?

Escribo porque tengo que hacerlo. Es una necesidad esencial en mí. En cuanto a las temáticas confieso que sospecho mucho de todo escritor, comenzando por mí. Creo que al final somos todos muy egoístas y no hacemos más que hablar de nosotros mismos, incluso cuando parece que estamos hablando de otros. Al comienzo, mientras estaba en Cuba, me interesaba el tema del poder, cómo te manipula y dirige tu vida. Hablaba de la sensación de impotencia que sientes frente al poder y de cómo tratas de manejar tu vida a pesar de eso. Luego, cuando salí, fui cambiando poco a poco. El libro ¿Qué pensarán de nosotros en Japón? surge a raíz de las muchas lecturas de autores norteamericanos y del intento de escribir como ellos: en primera persona y hablando de vivencias propias. En Cuba siempre hablabas en nombre de una sociedad aplastada por un sistema así que era difícil para mi pensar en un libro individual. Traté de imaginarme como si fuera otra persona, no necesariamente cubana. Busqué meterme en varias pieles, la de un escritor de ciencia ficción salvadoreño en Madrid, la de un estafador argentino o uruguayo que está huyendo de Brasil, la de un poeta guerrillero. También hay un par de cuentos con experiencias más cercanas. Ahora siento que ese libro ha marcado una transición para llegar al punto donde estoy ahora.

 

¿Y qué estás escribiendo ahora?

Estoy tratando de escribir una trilogía de novelas. Las tres transcurren en esta zona de Nueva York y New Jersey en tres momentos distintos, sin un orden cronológico. Son cuatro historias que se entrelazan y que me están ayudando a entender como funcionamos, cuál es nuestra condición de desplazados.

 

¿Crees que ser un desplazado cubano es diferente que serlo de otro país?

Diría que el exiliado cubano vive una situación bastante específica. El exilio, en otros países, suele durar un tiempo, quizás largo, pero al final, llega un momento en el cual cambian los gobiernos y los exiliados pueden regresar. Para los cubanos es distinto. Yo tengo 20 años fuera del país y me considero novato, hay personas que están exiliadas desde hace 50 años. Como historiador he hurgado en el pasado y he encontrado antecedentes interesantes que se remontan al siglo XIX. Podríamos decir que Cuba, en buena medida, se inventó en Nueva York. El símbolo de la palma, nuestro árbol nacional, fue escrito aquí, en Estados Unidos por José María Heredia en su oda Al Niágara. La gran novela cubana del siglo XIX, Cecilia Valdés, fue escrita aquí, el Partido Revolucionario cubano que organizó la última guerra de Independencia, se fundó aquí. Todo eso desnaturaliza nuestra condición nacional y a su vez relativiza la experiencia que está a la base de esta novela. Yo creo ser parte de una historia muy particular pero, al mirarme atrás, descubro que hace 100 años pasaba exactamente lo mismo.

 

enrique del risco¿Por qué los gobiernos le temen al humor, sobre todo en América Latina y en los países del Caribe?

Las sociedades latinoamericanas tienen una naturaleza inestable y por eso las nociones de patria, poder político, se sienten fácilmente amenazadas. Muchas veces los tiranos latinoamericanos, que son los líderes de sus países, no temen solamente perder el poder sino la vida y por eso tienen reacciones paranoicas. La posición de los débiles es muy débil y eso hace que el trabajo del humorista sea tan difícil. El humorista no tiene la aureola de los poetas, es visto como un payaso y casi nunca se le permite desarrollarse como a cualquier profesional que recibe una compensación por su trabajo. A pesar de eso la historia muestra que no han dejado de producir, hay una actitud casi heroica de parte de muchos humoristas y la condición de exiliado, entre ellos, es muy común. Muchas veces tienen que ejercer su trabajo lejos de su patria.

 

¿Cómo es posible buscarle el lado humorístico a la tragedia del diario vivir en países agobiados por un sinfín de problemas?

El humor te obliga a tomar distancia, a no reaccionar frente a los eventos con lo primero que te viene a la mente, fruto de la pasión y de la violencia. El humor quiere respeto. Es una respuesta inteligente y la inteligencia no sale al primer paso. Ver las cosas desde una perspectiva más lejana te permite mostrar los aspectos ridículos que residen en el poder. Eso que trata de subyugarnos es simplemente ridículo. El humor es un gran cuestionador del sentido del poder, muestra las debilidades de los regímenes pseudo-democráticos o directamente tiránicos cuya única fuerza reside en la intimidación. El humor está siempre recordando al mundo que el emperador está desnudo, como dice la vieja fábula. A veces las personas necesitan sentir que sus vidas son importantes, especiales y en ciertos momentos de la historia personajes como Chávez, Fidel, logran infundirles esa sensación.. El humorista es el tipo que desnuda la realidad e interrumpe esa corriente de adoración.

 

Al hablar de proyectos futuros Enrique del Risco nos comenta de otro libro que se desarrollaría en un país convertido en museo.

 

No pierdo la esperanza, un día, de viajar a Cuba y no porque sienta nostalgia de un país que, cuando me fui, estaba tan destruido que yo sentía que me lo habían quitado de debajo de los pies. Hay una novela que quiero desarrollar. Habla de un regreso, pero en un país inventado, convertido en museo. La Habana es un lugar muy especial a nivel arquitectónico. A diferencia de otras ciudades latinoamericanas La Habana a lo largo de cuatro siglos no se ha construido y reconstruido en el mismo espacio sino que se han agregado barrios sucesivos ordenados con un sentido cronológico. A lo largo de la costa, de este a oeste, se podría realizar un recorrido cronológico de la historia cubana a través de la arquitectura, de sus espacios y ambientes, a partir de la época colonial hasta mediados del siglo pasado. Como en un Museo. Mi novela sobre el regreso sería una visita a dicho museo.

 

¿Qué opinas del proceso de distensión entre Cuba y Estados Unidos?

Todos piensan que en los últimos cincuenta años Cuba estaba en una suerte de guerra fría con Estados Unidos. La verdad es que en Cuba la guerra es entre un gobierno y su gente. Ahora se está llegando a una paz con el enemigo falso pero el enemigo real, constituido por los cubanos, está perdiendo. Basta pensar que el año pasado se fueron 42mil personas, casi 10mil más de las que salieron durante el grande éxodo del ’94. El cubano sabe que perdió la guerra, que ya no tiene esperanzas, y por eso está escapando. Amigos míos que no salieron en los años ’90 lo están haciendo ahora para evitar que sus hijos tengan sus mismas vidas. Yo conozco a todos los grandes disidentes cubanos. Ellos son los únicos que hablan de Cuba con optimismo. En todos los demás cubanos la desesperanza es muy profunda, casi antropológica. Sistemas como el cubano no se conforman con tener el poder político, quieren cambiar a la gente y saben que para hacerlo necesitan ejercer un poder absoluto sobre la educación, los medios, la economía. Lo del hombre nuevo es una realidad, pero es un hombre resignado, ansioso, agresivo. Lo que me sorprende es ver que a pesar de todo sigan surgiendo personas decentes, curiosas, con aspiraciones. El ser humano es realmente asombroso.

 

Es mucha la amargura que destila de cada una de las palabras de del Risco. Entendemos que en el humor reside su tabla de salvación. Ese humor que lo obliga a tomar distancias mientras la escritura lo lleva por mundos ajenos, de la mano de la creatividad que no permite imposiciones y que ningún poder puede subyugar.

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