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Daniel Campos
Photo Credits: Basheer Tome ©

El mejor café

Es un sábado otoñal. Aire fresco. Viento helado. Cielo de azul intenso y nubes resplandecientes. Luz dorada, oblicua y suave. La hojarasca vuela en remolinos por la ventisca. Luego cae y continúa a ras de suelo, haciendo su ruido seco al arrastrarse.

Me hago el desayuno con calma. Sofrío ajo y cebollinos en aceite de oliva y agrego camote y tomates picados en trocitos. Luego, hojas de acelga y espinaca. Añado cúrcuma y unas pizcas de sal. Dejo todo esto cocinarse a fuego lento. Finalmente revuelvo un par de huevos en la sartén y sumo alcaparras y aceitunas. Listo.

El agua ya hierve para chorrear, a la tica, el café negro. Estoy a punto de colocar, en la bolsa del chorreador, dos cucharadas del café “tueste clásico” de la tostadora de Calle Blancos, mi barrio josefino. Me gusta porque es fuerte y es el café que toma mi familia en casa, allá en San José. Me da sensación de hogar y vida familiar, aunque lo beba en Brooklyn.

Pero tengo también una bolsa del café Reserva Especial de CoopeDota, uno de los mejores cafés del mundo, según los catadores profesionales, y los amateurs, como yo. Ese café me lo regaló mi amiga Aymara en mi última visita a Costa Rica. Farmaceútica, Aymara dejó un trabajo muy bien remunerado como visitadora médica para una compañía transnacional y, por su vocación de servicio social, decidió trabajar para el sistema de salud pública. Esa decisión la llevó de San José, ciudad capital, a vivir en Santa María de Dota, pueblito rodeado de montañas cubiertas de cafetales y vecino de San Marcos de Tarrazú, otro pueblo famoso por sus cafés. Cuando nos vemos en San José, Aymara siempre me regala una bolsa del café de Dota. A veces voy yo a Santa María. Visitamos la cafetería de la cooperativa, yo pido un chorreado y ella un cappuccino, y conversamos a gusto.

Hace poco, la tormenta tropical Nate desató fortísimas lluvias sobre Dota y causó inundaciones, derrumbes, destrucción, desamparo y muerte, como en otras regiones de Costa Rica y Nicaragua. Cuando lo supe pensé en Aymara. Preocupado, me comuniqué por texto. Gracias a la Vida ella estaba bien, pero la región de Dota y Tarrazú, rodeada de montañas, estaba aislada. Nate había causado derrumbes y destruido las rutas de acceso.

Al recordar esa situación mientras hierve el agua, decido que hoy voy a tomar el café de Dota con mi desayuno. No voy a guardarlo para otro momento.

El mejor café hay que tomárselo ya. Como todo en la vida, no sabés si podrás hacerlo más tarde, otro día, después. De repente te pasa un huracán por encima, te estremece un terremoto y tu vida da un vuelco. Así que mejor beberse este buen café ahorita mismo. De una vez.

Chorreo el café. Suelta un aroma fuerte, a Cordillera de Talamanca, río Pirrís y tierra fértil, que me llena el olfato. Lo bebo y cada sorbo me acaricia el paladar y me revitaliza el corazón. Doy gracias por poder disfrutar este aroma y este sabor ya.

Pido a la Vida también por mi gente centroamericana, por las familias de mis amigas Jahel, Elisa y Liliana en Ciudad de México, por mis colegas Hannia, Frances y Mari Rosa de la Universidad de Puerto Rico, por las familias de todos mis amigos y amigas boricuas, y ahora, para rematar, por mi amiga Sonia en su Galicia asolada por incendios forestales y por la familia Connolly en Cork, Irlanda, región azotada por el huracán Ofelia. Me gusta imaginar que podré invitarlos, pronto, a beber el mejor café conmigo.


Photo Credits: Basheer Tome ©

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Rodolfo Campos
Rodolfo Campos
3 years ago

Lindo !

Sonia DV
Sonia DV
3 years ago

Ahora que se como se chorrea el café, he visto fotos de un chorreador tico y he leído un poquito sobre la historia del café de CR y en particular el de Dota, ya puedo olerlo y casi saborearlo. Hoy, que se un poquito más de mi amigo Dani, agradezo sus palabras sentidas sobre mi Galicia natal y me falta tiempo para compartir con él una tarde de cafés

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