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keila vall
Photo Credits: Surian Soosay ©

Cuando el placer y la paz van juntos. La notte ci piace, vogliamo uscire in pace

Aparentemente vengo de una familia de mujeres.

Conocí la palabra independencia en la clase de historia de Venezuela. La imagen: un grupo de hombres con bandas atravesadas en el pecho y medallas. Muchas medallas. Hombres sobre caballos elevados en dos patas. La firma de un documento. Un día mi abuela dijo que había que ser independientes.

Aparece con una corona, un lazo grande en el cabello oscuro. Lleva un traje color perla, o blanco. Es difícil saber pues la foto es sepia. La pose, las sombras entre los pliegues del vestido y las dimensiones intuidas de un espacio neutro, delatan la locación. Está en un estudio fotográfico. Sostiene con delicadeza entre las manos sus guantes. Debe tener unos 15 o 16 años. Se llama Teresita y a sus cuarenta y cuatro tendrá una nieta llamada Keila.

De mi bisabuela aprendí a hacer flores de papel y sobre la subversión femenina como un arte. La sobriedad y la discreción ante todo como una responsabilidad y como espejo para la belleza. El picante sentido del humor como dinámica y lujo íntimo, como forma de libertad. De mi abuela, de aquella joven vestida color perla, guantes de raso en mano, aprendí a preparar té con leche, el valor del esfuerzo académico, y que la cocina es el lugar perfecto para demostrar amor. Mi madre me ha enseñado que la soledad o sus momentos son oportunidad perfecta para aprender, y que el miedo no debe detener a nadie.

Mi madre me enseñó sobre el desapego. Un día me dijo: si vas a saltar en paracaídas, no me lo cuentes antes.

El día en que me dio a luz, era una niña de 22 años. Desde el balcón de nuestro apartamento en el piso 19 del edificio Tamarindo, yo veía un parque de mínimas piedras sueltas y un sube y baja. Al correr se metían entre los dedos y bajo la planta de los pies de las sandalias. El sube y baja me pellizcaba los muslos.

Cuando subes a la rueda sabes que al bajar el mundo seguirá dando vueltas por un tiempo más. El parque y la educación sentimental: aprender a soportar el sentimiento de no-pertenencia y levedad. Aprendizaje útil cada vez que el dios de la materialidad entrecomilla tu trabajo por insolvente. La rueda. Me digo: ahí viene la rueda. Cierra los ojos. Sujétate bien. Hasta que se detenga.

De mi abuelo, aprendí la dulzura. Mi primer padre fue ejemplo para lo esquivo. De mi segundo padre, aprendí que cuidar el amor es lo único que a fin de cuentas importa. De él heredé la lectura y la escritura: este ¿“trabajo”?

En Venezuela venir de una familia de mujeres es lo más natural del mundo.

Lo es.

En Venezuela venir de una familia de mujeres es sospechoso. Es amenazante. Lo es.

Decía mi primer novio, italiano y depresivo, que mi problema era mi procedencia. Sólo se interponía entre mis quince años y sus veintiocho, según él y quizás tenía razón, mi familia de mujeres.

Mi familia no era realmente “de mujeres”: había hombres, hombres respetuosos de sus contrapartes, que dejaban hablar y sabían escuchar.

Manual de uso parte I:

En la universidad todos los estudiantes tienen los mismos derechos y pertenecer a un género o al otro no es factor relevante. Importa lo que piensas. Que pienses. Si eres mujer, fuera de la universidad debes elevar el volumen de la voz al hablar. Y aprender a sintetizar –o a excusar– el pensamiento archipiélago.

Un pensamiento archipiélago salta sin vértigo de una idea a otra en apariencia inconexa, y pronto gracias al discurso se conforma en algo más. Hace falta escuchar con atención a las personas archipiélago porque si no, se pierde el hilo.

Cuando pequeña no entendía porqué en cierto tipo de mesas las mujeres se sentaban juntas.

En cierto tipo de mesas.

Manual de uso parte II:

Algunas mujeres poseen un dispositivo auditivo eficiente. Escuchan sabiendo que sabrás escucharlas. Buscan ruta común. Están cansadas de gritar, y de sintetizarse.

La separación geográfica de los comensales en aquellas mesas comienza a interesarme. Hay que dejar ir a quien no escucha.

Mi padre lavaba y pulía el auto los fines de semana. Durante mis visitas. Me divertía ayudarlo, me ponía una de sus camisas, y manos a la obra. Él se parecía a Mick Jagger y manejaba un coche como el de Starsky & Hutch. De cierto modo era mi ídolo. De cierto modo odiaba su estilo, culpable del abandono. Con él aprendí a jugar Pac-Man y a comer sánduches de pan canilla con queso crema y mermelada.

Ahí viene el lobo parte I

En la casa de mi abuelo paterno se esperaba que las nietas temiéramos al abuelo paterno cuando de mal genio se molestaba si hacíamos desorden. Yo no le temí. Encontraba sospechoso todo aquello. Era indudable que el abuelo nos quería. Yo era muy distinta a ellos porque mi mamá era feminista, decían.

Ahí viene el lobo parte II

En la casa de mi novio italiano sentí miedo la última vez que lo vi y la mujer que pudo defenderme no lo hizo. Decidió cerrar los ojos. Quise decirle muchas cosas. Al amanecer, abrí la puerta y nunca más volví. Otra vez, en un consultorio médico, debí temer y no lo hice. Sepulté el episodio por años. La pastillita azul en el pequeño vaso plástico fue eficiente, pero mis ganas de ver son más.

Me invitan a una lectura contra la violencia de género. Las autoras que me acompañan sufren un ataque de pánico ante los hombres presentes (dije algo sobre la violencia, de género), y alzan la voz: que quede claro, acá somos femeninas, no feministas.

Este no es el lado de mi mesa, dije. Y seguí hablando sobre la violencia. De género.

En una de las paredes de nuestro apartamento florentino colgaba un afiche, el recuerdo de una manifestación por los derechos de la mujer. Aparecía una calle oscura con un farol encendido y árboles. Decía: La Notte ci piace, vogliamo uscire in pace. Me encantaba la rima: piace/pace. La noche nos gusta, queremos salir en paz.


Photo Credits: Surian Soosay ©

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Ariadna Loayza
Ariadna Loayza
3 years ago

Hola, compañera de «pensamiento archipielago»…. soy especialista en ello!… un día un estupido psiquiatra con el que conversaba, me dijo «creo que eres bipolar… tu narrativa me lo dice… saltas de un tema a otro… asi nomas!… y yo le dije y usted trabaja en un supermecardo… que se le hace tan facil etiquetar?…. no sabia él, que yo me llamo Ariadna y que tejo hilos y palabras de una manera muy particular… ahora se que tengo hermanas con «pensamiento archipielago»… me encanta… me encantaria encontrate y entre salto y salto escucharnos … quiza no necesitemos el hilo aquel…. (me… Seguir leyendo »

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