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Caupolicán Ovalles, poeta barroco (Parte III)

Caupolicán Ovalles, poeta barroco (Parte I)

Caupolicán Ovalles, poeta barroco (Parte II)


Desde la perspectiva psicológica, el neologismo ha sido estudiado como síntoma de una patología. Jean-Claude Maleval, en su libro La forclusion du nom-du-père. Le concept et sa clinique, ha dicho que, en 1852, Snell, “directeur de l’asile d’Eichberg”, observaba que muchos “alienados” utilizaban palabras inventadas por ellos mismos, a diferencia de aquellos que se encontraban sanos de espíritu. Más adelante, Maleval retoma la opinión de Tanzi, “assistant à la clinique psychiatre de Turin”, quien notaba que esas nuevas palabras tenían origen en la necesidad de expresar una particularidad del pensamiento, las cuales estaban sucedidas por excitaciones. Más aún, Tanzi dice, a través de Maleval, que generalmente esos neologismos eran una inconformidad con el lenguaje vulgar (el usado cotidianamente), pues los “alienados” no encontraban en este los medios suficientes para objetivar su experiencia.

Exactamente de este modo, Ovalles elige deliberadamente utilizar neologismos en su poesía, liberar al lenguaje a sus propias fuerzas en su objetivación prismática del mundo. En este mismo orden de ideas, resulta indispensable mencionar el impresionante paralelismo que Paul W. Borgeson ha establecido entre el poema de Ovalles En uso de razón y Altazor de Vicente Huidobro, en su ensayo “(Sur)realismo en la poesía venezolana del 58”, del cual cito un fragmento.

Ovalles                                                 Huidobro

glicliclakeo glicliclakono                 Sal ros rorosalía

/gliciliclacuño                                    Sal rosa al día

en la botella                                        Salía al so rosa sario

y hago ris ris ris y ras                        Fueguisa mía sonrodería rososoro /oro

robacho robacho robacho

En el acompañamiento de dichas transgresiones intencionadas al tiempo y al lenguaje, hay una relación de Ovalles con el conocimiento. Como ha escrito Michel Foucault en “Sultifera Navis”, el hombre de razón y sabiduría percibe figuras fragmentarias, mientras que el Loco tiene toda una esfera intacta, una bola de cristal que a nuestros ojos está vacía, pero que para él está llena del espesor de un saber invisible. ¿Y no es acaso este el saber en la obra de Ovalles, en el que el sabio del Archivo de Sevilla se funde y confunde con el ebrio perdido en el tiempo que tiene visiones, es decir, que recibe imágenes, del mundo?

En cierto modo, esto inscribe a Ovalles en una preocupación de la poesía que, como ha señalado Ángel Rosenblat a propósito de Confucio, es determinante en política: la propiedad de los nombres. Escribir de otro modo, que no hubiese sido barroco o antipoético, habría sido traicionar la transcripción de la difusa imagen que contemplaba en su bola de cristal. Renunciar a la transmisión de una perspectiva pluridimensional y polisémica del mundo. Y la incapacidad de pervertir el orden político y social. Para Foucault, la locura era justamente la imposibilidad del pensamiento, lo cual termina por devenir barroco, o como diría Sarduy, “hacer surgir el sentido allí donde precisamente todo convoca al juego puro, al azar fonético, es decir, al sin-sentido”.

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