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Vasco Szinetar: La fotografía te permite vivir en el silencio

Cual niño travieso, animado por el fuego inextinguible de la curiosidad y el deseo de descubrir los entretelones de los seres humanos, Vasco Szinetar observa el mundo tras el lente de una cámara fotográfica. En guerra perenne con el tiempo, lo desafía eternizando momentos destinados a la caducidad y arrancando del olvido a otros autores quienes, como él, encerraron una historia en una imagen.

Su niñez estuvo marcada por el dolor de la pérdida prematura del padre y el privilegio de vivir con un abuelo como José Rafael Gabaldón que él mismo describe como “el último caudillo que se alzó contra Gómez”. En su casa, lugar por el cual transitaban intelectuales, pensadores y políticos había un cuarto con baúles llenos de fotos, cartas, documentos. En ese universo tan especial que el abuelo le permitió disfrutar a voluntad, Vasco desarrolló su curiosidad y el amor por los archivos. Allí, entre un pasado que desempolvaba con ansiedad de explorador, empezó su lucha contra el tiempo y el olvido.

Cuando la vida lo pone en contacto con Herman Sifontes quien, como él, había crecido en una casa con un baúl lleno de fotos y compartía su misma pasión por los archivos, la complicidad es inmediata y la amistad una consecuencia irremediable. Más aún cuando Herman Sifontes y Diana López lo involucran en la Fundación de la Cultura Urbana y en particular en el proyecto de la creación de un Archivo de Fotografía Urbana en Venezuela.

 

Photo Credits: Vasco Szinetar, “Jorge Luis Borges”

 

– Herman y yo coincidimos en nuestras obsesiones y amores por los libros y las fotografías. Por su lado Diana, además de ser una estupenda artista contemporánea, es una gerente con mucho talento y sensibilidad. Con ellos se me abrió un espacio maravilloso para explorar la fotografía. Y descubrí… que hay muchas cosas por descubrir. A veces conocemos a un personaje famoso y no pensamos que a su alrededor habían otros, igualmente maravillosos quienes, por razones distintas, nunca salieron de las sombras. Cuando, de repente, descubro a uno de ellos, veinte años después, esa búsqueda se vuelve una obsesión.

 

El próximo miércoles 16, en la galería Henrique Faria de Nueva York se inaugura una exposición de Alfredo Cortina que has curado tu mismo. ¿En qué momento descubriste al Cortina fotógrafo?

Tengo una historia larga de conocimiento de Alfredo Cortina, personaje importante de la cultura venezolana, pionero de la radio, de la televisión, de las telenovelas. Cortina escribía, pintaba, era un hombre renacentista. Entre sus múltiples actividades estaba la fotografía aunque era una faceta casi desconocida. Cuando, en el año 2008 el Archivo incorpora su patrimonio fotográfico empiezo a ordenarlo y van surgiendo unas imágenes que me inquietan. Las selecciono y entiendo que allí hay un autor. Quedo impactado al descubrir una reiteración de retratos en los cuales toma como objeto a su esposa, la poeta Elizabeth Schön. Cortina estructura una imagen que puede ser un paisaje urbano o agreste en el cual coloca siempre al mismo personaje, a su esposa. Esa mujer está en una actitud de maniquí, parece vaciada de contenido, nunca mira a cámara, siempre a un lado y en la mayoría de las veces carga su cartera. Los escenarios en los cuales la retrata son banales, agrestes, difíciles. Son espacios en los cuales podrías llevar a alguien para matarlo y uno se pregunta por qué los escogió. Cuando las vi entendí que allí había un proyecto extraordinario, un autor único, posiblemente un pionero del arte conceptual en Venezuela porque introduce en su trabajo la serialidad. No resuelve todo en una foto como se hacía comúnmente. Su trabajo tiene sentido y cobra fuerza en la medida en que se vea dentro de una estructura serial.

 

Photo Credits: Alfredo Cortina, “Charallave”. Estado Miranda, Venezuela 1954. Elizabeth Schön en Charallave junto a los despojos de un antiguo camión. Atrás su perro Lorenzo

 

Tras ese descubrimiento tuyo el Cortina fotógrafo en pocos años llegó a Sao Paulo, Nueva York, Paris y Madrid. Un éxito casi impensable. ¿Cómo fue posible?

Armé un proyecto con sus fotos y lo mandé a Luis Enrique Pérez Orama en Nueva York quien es mi amigo desde que tenía 18 años y en ese momento era Curador de Arte Latinoamericano del MoMA (Museo de Arte Moderno) en Nueva York. Le escribí una nota diciéndole “Creo que es una maravilla pero quiero tu opinión”. Al mes me contestó muy entusiasmado, había mostrado las fotos a otros curadores del MoMA y todos habían quedado fascinados así que me invitó a participar en la Bienal de Sao Paulo como curador invitado. Desde ese momento Luis ha sido un acompañante inteligente y amoroso del proyecto Cortina. Después de Sao Paulo el MoMA pidió adquirir algunas fotos y el archivo les donó 24 imágenes que entraron en la colección del Museo, expusimos en el Maczul de Maracaibo, en el Paris Foto y en la Fábrica, en España donde se publicó también el libro. Ahora volvemos a Nueva York en la galería de Henrique Faria. Y todavía queda mucho por explorar e investigar en el trabajo de Cortina.

 

Alfredo Cortina

Photo Credits: Alfredo Cortina, “Concha Acústica de Bello Monte”. Municipio Baruta, Caracas, Venezuela 1954. Retrato de Elizabeth Schön en la Concha Acústica José Ángel Lamas de Bello Monte. Aparece como referencia de escala en una panorámica del anfiteatro.

 

Vasco Szinetar curador generoso, atento y cuidadoso, es sobre todo un artista de la fotografía. Sus retratos y autorretratos son conocidos y apreciados internacionalmente. Detrás de cada foto descubrimos el ojo curioso del niño ávido de descubrir, de conocer el mundo interior de los personajes más allá del brillo de la fama. Con levedad y discreción entra en la vida de sus retratados, conoce sus casas, los detalles de su cotidianidad y logra transferir en una imagen el momento que vuelve única a esa persona.

 

¿Cuándo empezó tu obsesión por los retratos y los autorretratos?

Antes de dedicarme a la fotografía estuve muy vinculado a la literatura. Estaba fascinado por el mundo de los escritores y empecé a hacer retratos de ese entorno. Se publicaron y eso me fue devorando. Dar testimonio de los rostros de la cultura y de la política se volvió un trabajo obsesivo. Luego se trasformó en una obra más conceptual que tenía que ver con la exploración del espacio privado, familiar, a través de la imagen. Los autorretratos entraron en mi vida por una circunstancia azarosa y amorosa. Andaba con una maravillosa mujer en Nueva York y, al salir de un restaurante, en un espejo, tomé un autorretrato con ella. Era una forma de llevarla conmigo, de decirme que había existido de verdad.

 

Alfredo Cortina

Photo Credits: Alfredo Cortina, “Caracas”. Caracas, Venezuela 1965. Elizabeth Schön de pie frente a la vidriera de una zapatería (peletería) en Caracas.

 

Y luego seguiste y seguiste con pasión de coleccionista. ¿En qué momento entendiste que este se había vuelto un proyecto tan importante que valía la pena entregarle años y años de tu vida?

En París fotografié a Emil Cioran y a Alain Bosquet, luego volví a Venezuela y seguí con otras personalidades. En 1982 me retraté con Jorge Luis Borges y en ese momento me dije “Vasco este es un proyecto trascendental, retratar a Borges es retratar al dios de la palabra”. Había entendido también que estaba realizando una exploración sobre el tiempo, el deterioro y el poder ya que las personas con las cuales me retrataba tenían una impronta en la sociedad. Es un discurso conceptual que tiene muchos niveles de lectura y se puede ver sobre todo ahora, después de 40 años de una exploración obsesiva, continua, que ya es historia. La fotografía es siempre un referente porque alrededor de ella hay un antes y un después que está inmerso en la historia. Es un documento.

 

Vasco Szinetar

Photo Credits: Vasco Szinetar, “Garcia Marquez”

 

¿Un documento más o menos sincero de la palabra?

Tanto la imagen como la palabra son documentos ambiguos porque esas dos expresiones se vinculan y dialogan en el tiempo. El tiempo pasa y la mirada se transforma. Tanto las imágenes como los textos cambian, reflejan cosas diferentes. Es lo fascinante de los documentos. Una foto hoy dice una cosa y dentro de diez años otra. Es como la vida.

 

Es curioso, en tus autorretratos generalmente tu apareces sonriente, burlón, feliz de estar en ese momento en ese lugar, mientras que el otro, el que se retrata contigo, casi siempre tiene una postura seria, pensativa.

Desde el mismo momento en que alguien decide dejarse retratar sabe que es un hecho trascendente, que está decidiendo permanecer en el tiempo. Se está preparando para la eternidad y eso requiere seriedad. Yo soy un vicario, a través de mi el otro se expresa, su mundo queda encerrado en una mirada. Trato que la persona se mire a sí misma, que esté consigo misma y cuando uno está consigo no ríe, no posa. Al mismo tiempo cuido el fondo que debe ser equilibrado y tener vida propia. Es como un baile en el cual hay que buscar la armonía entre la persona, el espacio, la luz. Capturar ese instante que es único.

 

¿Tras esos retratos quedan más amistades o enemistades?

Yo tengo un universo pequeño de amigos y muchos conocidos. La fotografía para mi no es un instrumento de hacer amigos. Tengo una gran facilidad de vincularme con el otro y podría llegar al cielo y seducir a San Pedro para que se deje retratar pero después me voy para mi casa, no me quedo en el cielo conversando.

 

Alfredo Cortina

Photo Credits: Alfredo Cortina, “Ocumare de la Costa”. Estado Aragua, Venezuela 1960. Elizabeth Schön en traje de baño a orillas del mar en Ocumare de la Costa.
Hay 2 reproducciones hechas por Ricardo Armas de medidas 27.9 x 38.

 

Tu has estudiado cine en Polonia y en Inglaterra. ¿En qué momento decidiste dejar la imagen en movimiento para dedicarte a la fotografía?

En un principio soñé con ser cineasta pero lo mío es la fotografía porque te permite vivir en el silencio y contigo mismo. Ser cineasta implica ser general, poeta, místico, muchas cosas que mi alma es incapaz de manejar.

 

¿Otros proyectos personales además de los retratos y autorretratos?

Muchos. Mis amigos dicen que tengo veinte proyectos cada cinco minutos. La verdad es que me fascina hacer cosas. Trabajé en dos exposiciones, una se llama Cuerpo de exilio y la otra El ojo en vilo. Ambos son trabajos conceptuales. Cuerpo de exilio lo hice mientras estuve exiliado en Colombia, del 2010 al 2012. Es un viaje a través de la soledad, del extrañamiento, el primer trabajo visual que da testimonio de una experiencia que está viviendo nuestro país. Allí empecé también Call with con fotos a venezolanos en el exterior hechas por Skype. Otro proyecto está constituido por unos trípticos en los cuales fotografío a artistas importantes. En la foto central está el personaje tapándose los ojos o con los ojos cerrados y a los lados de nuevo él pero con los ojos abiertos y mirándose. La pregunta que encierra este proyecto es: ¿qué es lo que miramos, lo que está adentro o lo que está afuera y qué es el afuera y qué el adentro? La exposición está acompañada por un texto de Luis Pérez Orama. Además de eso tengo proyectos con el Archivo de Fotografía Urbana, y estoy preparando una exposición que tiene una impronta política. Está relacionada con lo que estamos viviendo en Venezuela, con el totalitarismo. Es una reflexión visual. Aparecen 24 paisajes urbanos en los cuales hay una persona que va caminando en actitud un poco caída, ensimismada. El espacio urbano en el cual se mueve refleja un gran deterioro. Son imágenes desaturadas y eso les imprime un aire de orfandad y de tristeza enorme. Es nuestra realidad. Es descubrir que la ciudad en la cual estás viviendo es una ciudad de zombies, de personas sin retornos, de fantasmas.

 

Vasco Szinetar

Photo Credits: Vasco Szinetar, “Cuerpo de exilio”

 

Ladrón de almas, coleccionista de historias, Vasco Szinetar encontró en la fotografía el secreto de la eterna juventud, esa que solo conoce quien supo defender su alma de niño de las agresiones de la adultez. Su ser travieso y seductor se esconde detrás de un lente que es cómplice y amigo. Y hasta el tiempo, implacable con todos, dejó de resistirle. Sabe que Vasco le roba instantes para entregarlos a la eternidad.

 

“Si usted no tiene libertad de pensamiento, la libertad de expresión no tiene ningún valor.” - José Luis Sampedro

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