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Entrevistas, Excelencias 1

Ricardo Armas: Las imágenes son como letras con las cuales puedes escribir una oración

El tiempo queda suspendido. Ricardo Armas, quien mezcla el arte con la fotografía, ha logrado seducir los relojes de la tierra. Con sus imágenes, desafía la muerte y el olvido, vive en un espacio sin horas ni días, sin pasado ni futuro, rodeado de personas queridas, no importa si vivas o muertas, de héroes populares, de mitos y leyendas. Su paisaje se diluye entre calles empedradas y rascacielos, catedrales antiguas y coloridas vallas luminosas.

Empezamos a hablar y es como entrar en una dimensión otra. El espacio en el cual realizamos la entrevista empieza a poblarse de personajes e imágenes que se instalan cómodamente entre nosotros, susurran, interrumpen, distraen, mientras el grabador capta el discurso racional que se desarrolla paralelamente, indiferente a toda interferencia, sordo a esas otras voces.

Criado en casa rodeada de libros y cuadros de autor, Ricardo Armas crece escuchando los diálogos entre sus padres y otros escritores, artistas, periodistas.

Son los años en los cuales Venezuela es una nación pujante, llena de vida, una nación que se transforma día a día, y que, en su afán de modernización, destruye inexorablemente el pasado. Muchos intelectuales, entre ellos el padre de Ricardo, el reconocido escritor e historiador Alfredo Armas Alonzo, miran preocupados la desaparición del país que un día existió y tratan de retenerlo en páginas escritas, fotografías, pinturas.

 

Ricardo Armas

Photo Credits: Ricardo Armas, El vigilante de San Miguel, Estado Sucre, 1994

 

– Mi padre decía siempre que había que preservar la memoria si queremos construir un futuro. Él nació en Clarines, un pueblo del interior de Venezuela, con una iglesia de 450 años y calles de piedra que los habitantes querían sustituir por asfalto. Para mi la fotografía era una suerte de compromiso. Podría decir que estaba destinado a ser fotógrafo. No soy escritor porque nunca quise competir con mi padre y soy fotógrafo porque él usó la cámara durante muchos años para preservar la memoria del mundo en el cual había vivido cuando niño y que iba desapareciendo. Pero la fotografía no fue nunca su razón de vida. Para mi sí lo es.

Sin embargo la verdadera cómplice de Ricardo, desde que era apenas un niño, es la luz. Es ella quien realmente lo lleva de la mano, lo seduce con sus juegos de sombras, con los bordados de polvo, con su etérea inconsistencia. La luz es quien le muestra la importancia de fijar el momento, ese momento que ella vuelve único, ese fragmento de vida que sólo puede atrapar e inmortalizar una fotografía. Es un amor que nunca perderá el entusiasmo del enamoramiento. Un amor al que Armas dedicará la vida entera y que lo llevará en Venezuela a ser merecedor del Premio Nacional de Fotografía y en Estados Unidos a jugar con la foto hasta transformarla en algo más, algo diferente. Cada imagen reflejará ese universo paralelo que lo rodea y que respiramos durante toda la entrevista. Un ambiente que nace del cruce entre una tierra de verdes brillantes y sol desfachatado, en el cual los mitos son realidad; y otra de inviernos largos que no le teme a los cambios y deja que por sus calles corra libre la creatividad.

– Para hacer una foto potente necesitas la luz y ese punto de vista que no se te regala desde un principio. El fotógrafo, como el escritor, es un individuo que colecciona imágenes, que se dedica a ver. A través del acto de fotografiar uno va coleccionando hechos que tienen que ver con la cultura propia y de otros. Al comienzo, influenciado por mi padre, me la pasaba hurgando en los pueblos venezolanos, y supe, desde esos primeros momentos, que la fotografía es un lenguaje muy poderoso.

 

También has realizado muchos retratos. ¿Qué buscas cuando retratas a una persona?

En mi obra existe el retrato como tarea. Un retrato es una manera de simplificar a un individuo en una imagen. Para hacerlo necesito establecer una comunicación con la persona que voy a retratar. Si alguien como Carlos Cruz Diez, Alfredo Boulton, el Príncipe Negro o mi mismo padre requerían de un tratamiento especial, también lo necesitaba la señora del interior del país que me invitaba a desayunar en su casa.

 

La foto habla por sí misma, cuenta una historia. A veces muchas historias diferentes. ¿Cómo logras captar ese momento único, sintetizar tanto en una sola imagen?

La imagen en sí misma es una provocadora. Cada uno de nosotros lee en ella algo diferente porque venimos de experiencias diferentes. La fotografía es un pequeño recuadro que te invita a explorar, que detona cosas en el espectador así como las detonó en el fotógrafo. Mira la foto de este niño. Ese niño me acompañaba en Clarines en un trayecto por una casa vieja. Durante un momento me distraje y cuando volteé la mirada lo vi bajando esa escalera. Algo me indicó que tenía que tomar esa foto, que esa imagen tenía mucha fuerza.  Hay cosas de la realidad que te seducen de una manera tal que tu lo sientes en todo tu ser, percibes la vibración en tu cuerpo y sabes que hay que disparar, que no hay tiempo para meditar. Es la magia de esas imágenes particulares que tienen un poder muy especial.

 

Ricardo Armas

Photo Credits: Ricardo Armas, Niño bajando las escaleras. Clarines, Estado Anzoátegui, 1974

 

¿Se podría decir que la cámara toma vida por sí sola como pasa a veces con los personajes de los escritores?

La cámara es una extensión de la mano y la mano lo es de esa cosa tan compleja que uno es como ser humano. Un ser humano que siente, percibe, vibra. La cámara es un regalo que te permite concretar esa sensación. Es como la máquina de escribir para el escritor. Recuerdo el sonido del teclado de la máquina de escribir de mi padre quien se encerraba en su estudio para trabajar. Yo seguía fascinado el ritmo del teclado, las pausas y luego de nuevo el ruido de las teclas que crecía de intensidad. Lo oía y trataba de imaginar sus pensamientos. Con la cámara pasa lo mismo. Te enfrentas a algo, empiezas a observarlo, a darle vueltas y llega un momento en el que descubres una interrelación entre lo que tienes allí, el entorno, la iluminación. Ese es el secreto. La fotografía es desplazamiento, hasta llegar al momento en el que todo pareciera converger hacia ese punto en el cual la magia aparece. Es un hallazgo, casi como un descubrimiento arqueológico.  Muchas veces me he preguntado ¿cuál es el sujeto? y sé que el sujeto es esa grieta desde la cual nuestra existencia está relacionada con el hallazgo. Es algo que apunta a darle cuerpo al hombre que soy, teniendo clara conciencia de que somos pasajeros, de que puedo lograr que quede lo que estoy viendo ahora, ese único instante de presente. Una forma de rebelarse ante el fin, ante el vacío, ante el hecho inevitable de que todos tenemos una fecha de expiración. Si Gabriel García Márquez no hubiera escrito atropelladamente, sin puntos ni coma, lo que le había contado su abuela, esa historia no sobreviviría.

 

Cada fotógrafo nos deja registro de lo que más le interesa. Hay quien retrata a las personas, quien los espacios vacíos. ¿Qué has querido contar a través de tus fotos?

El fotógrafo es también un organizador y yo organizo lo que veo. Mi historia es muy abierta. Hay quien, como el fotógrafo venezolano Sebastián Garrido tiene un ojo hacia el ser humano, yo por lo contrario prefiero retratar la huella del ser humano. Cada uno de nosotros va dejando razón de su vida a través de documentos y detalles. Observo las interrelaciones que se dan entre esos elementos. Me interesa lo torcido, lo que está mal puesto. Yo lo compongo, lo arreglo en una suerte de equilibrio. Lo que veo es siempre algo que despierta preguntas. Esta foto la capturé desde la corona de la estatua de la libertad. Tuve la percepción de que esa vista, ese recorte de ciudad, iba a ser importante no solamente para mi sino también para el observador. Y allí están las torres que ya no están. Las fotos son el principio de una historia que tu puedes construirte como observador así como yo lo hice como autor.

 

Ricardo Armas

Photo Credits: Ricardo Armas, Desde la corona de Miss Liberty. Nueva York, 1979

 

¿Un fotógrafo no deja nunca de mirar la realidad en espera de ese momento especial que merece ser retratado? 

Yo ando caminando por la calle mirando y fotografiando. Antes era más difícil porque no siempre llevaba la cámara conmigo. Generalmente preparaba unos rollos de película y salía desde las diez de la mañana hasta las tres de la tarde, como un cazador. Luego regresaba a la casa con la busaca llena de presas que me tocaba revisar y analizar. Ahora, gracias a los teléfonos que son también cámaras, puedo atrapar siempre ese momento que siento especial. Para mi la cámara es una necesidad y las nuevas tecnologías me ayudan a tener siempre una a disposición, en cualquier momento.

 

¿Significa esto que no te ha costado pasar de los viejos procesos fotográficos a las nuevas tecnologías?

No ha sido fácil porque el laboratorio para mi era una caja de magia y asociar la fotografía con el agua era sumamente importante. Meter un papel blanco debajo de una ampliadora, ver el cono de luz y luego agarrar ese papel, hundirlo en una cubeta con un líquido hasta descubrir la foto era un proceso que tenía mucha magia. Aceptar que mi laboratorio es la pantalla de una computadora, que no iba a escuchar más el agua que corre, ha sido un proceso. Sin embargo, contrariamente a lo que piensan algunos y a lo que a veces me preguntan mis estudiantes, no se ha perdido nada, perderíamos solamente si, en el momento del click, no se produjera una imagen. Además, hoy en día, puedes tomar fotos con películas y revelarlas, si lo deseas, puedes hacer daguerrotipos como Chuck Close quien hace un trabajo con los daguerrotipos que es impresionante. Su arte se fundamenta en unos retratos muy grandes, del tamaño de una pared. Close quedó seducido por el daguerrotipo porque requiere un proceso de exposición muy lenta y, además, es un positivo único, sobre metal. Los cambios que se han producido en la tecnología desde que empezó la fotografía son fascinantes pero siempre hubo resistencia a esos cambios. Baudelaire consideraba un horror el hecho de estar reproduciendo el mundo en un papel. Hoy la imagen no se imprime, viaja a través de las redes.

 

¿Y la calidad?

No es un asunto de calidad sino de efectividad. Basta pensar en las fotos que hizo Robert Capa en Normandía. Saltó al agua con sus tres Leicas al cuello y empezó a disparar mientras los alemanes estaban atacando. Esas fotos movidas, en las cuales vemos a los soldados chapuceando, son el único testimonio que existe de ese momento histórico. Los fotógrafos tenemos que aprender a utilizar el vehículo, sea un teléfono o una cámara profesional, de la manera más potente posible. Hay que descubrir esa grieta, ese punto de vista que da una fuerza particular a la imagen. La fotografía siempre nos va a seducir porque es el comienzo de una historia que refleja la mente, la preocupación, la reflexión, del individuo quien la hace. Las imágenes son como fragmentos, como letras con las cuales puedes escribir una oración. El aparato con el cual hacemos ese registro es diferente del que teníamos hace 20 años pero hace 20 años también nosotros éramos diferente y pensábamos de otra manera. No creo que la fotografía haya sido mejor o peor antes ni que lo vaya a ser mañana. Cada época tiene su característica y la fotografía es un acto de apropiación que muestra que nosotros estuvimos en ese momento. Yo siento que, si bien ya no puedo oír el sonido del agua tengo otros elementos que son una maravilla. Antes las gavetas estaban llenas de fotos que nadie miraba, hoy las monto en Instagram para que otros las vean, y lo hago con gran seriedad. Estoy muy pendiente de lo que voy a publicar hoy y mañana porque entiendo que es como un tejido, una reflexión en la que el espectador va viendo una cosa al lado de otra. De esta manera no solamente las ve mucha gente sino que, a través de los likes, se crea una interrelación bellísima entre quien hace la foto y quien la ve.

 

Ricardo Armas

Photo Credits: Ricardo Armas, Meca-Nico. Carretera Panamericana. Estado Miranda, 1977

 

¿En qué momento empezaste a intervenir las fotos?

Ha sido un proceso largo. Yo vengo de una generación muy influenciada por fotógrafos como Cartier-Bresson quien decía que no se podía cortar la fotografía porque esa imagen ya de por sí estaba modificando la realidad. Durante mucho tiempo me mantuve fiel a esa filosofía, cortaba con la cámara pero nunca después de haber realizado la foto. Hasta que llegó un momento en el cual supe que se podía cortar sin problemas porque uno también es artista a partir de lo que hace. Es como un escritor quien, tras escribir varios párrafos, escoge lo que sirve y bota lo demás. Creo que uno tiene que ser muy crítico consigo mismo y debe seguir su intuición. Yo no me llamé artista hasta hace poco, siempre pensé que era un fotógrafo. Ahora digo que soy un artista que usa la fotografía como medio.

 

¿Quién es realmente y como surge el Señor Misterioso que aparece en algunos de tus últimos trabajos artísticos y cuál es su relación con el José Gregorio Hernández venezolano, ese médico a quien veneran como a un santo?

El Señor Misterioso es una especie de apropiación. No es José Gregorio Hernández y al mismo tiempo lo es. Yo comencé fotografiando a José Gregorio Hernández desde muy temprano. A mi papá interesaba mucho la figura de siervo de dios, le interesaba su historia como fenómeno de la fe. Esta foto en la cual se ve la estatua de José Gregorio Hernández de espaldas frente al cementerio, la hice en Araya en 1977. Cuando llegué a Estados Unidos en 1996 añoraba mucho a mi familia y mi país y descubrí en una tienda de juguetes a un muñeco al lado de otros que representaban a Freud y demás personajes. En la etiqueta decía el Señor Misterioso y eso me sacudió porque para mi esa figura era José Gregorio Hernández. Decía también, brilla en la oscuridad. Compré varios y vi que venían con una historia muy bien construida según la cual ese Señor Misterioso es un personaje que aparece y desaparece, que pasea por los pasillos de la Casa Blanca, que han visto en restaurantes de Beverly Hills con Jack Nickolson, que tiene una estrecha relación con Kissinger etc. etc. Cuando leí esa historia se me volaron los tapones, y les escribí para decirles que estaban haciendo algo muy torcido ya que ese era un santo caribeño venezolano muy respetado. Luego descubro que efectivamente brilla en la oscuridad y comienzo a fotografiarlo. Poco a poco voy entendiendo que no es José Gregorio Hernández y eso me permite una gran libertad para tratarlo, casi asumirlo. Asumo la identidad del Señor Misterioso quien es invisible así como tratan de ser los fotógrafos para que la gente no los vea y ellos puedan buscar el momento que nadie más detecta, ese momento que nos permite hacer cosas que los otros no imaginan porque nadie sabe lo que estamos viendo.

 

Ricardo Armas

Photo Credits: Ricardo Armas

 

¿Por qué Nueva York?

En 1978 fui a Paris y pensé que quería vivir allí. Sin embargo hice el error de pasar por Nueva York de regreso a Caracas. Salí a caminar y sentí que la gente iba a mi misma velocidad. Supe en ese momento que mi ciudad no era París sino Nueva York. Estudié en el International Center of Photography, la escuela de Cornell Capa el hermano de Robert, y allí descubrí que yo no era un fotógrafo documentalista sino más bien un artista, que lo mío era descubrir esa grieta, ese momento, ese aspecto de la realidad que nadie más ve, sino yo.

 

¿La fotografía es nostalgia?

La fotografía es nostalgia desde el mismo momento en que la disparas. Cuando haces click ya congelaste el tiempo. La nostalgia la vivimos nosotros permanentemente, es un estado del alma, es como apelar al ayer, a lo que estaba, a lo que estuvo. Creo que mi papá tenía razón cuando decía que si uno no sabe de donde viene no hay camino por delante o, si lo hay, es tortuoso. El estado de nostalgia no es negativo, no significa que uno esté añorando todo el tiempo lo que antes fue sino solamente tener conciencia que ese ayer es lo que te permite seguir andando y abrir nuevas ventanas. Yo por ejemplo tengo nostalgia de mi país, pero el país por el que tengo nostalgia ya no existe, o quizás sí, pero en ese caso está escondido debajo de muchas capas.

 

Hace poco la casa editorial La Cueva publicó un libro con una recopilación de fotos tuyas. Una obra muy importante. Imaginamos lo difícil que debe haber sido el trabajo de selección.

Un día me llamó una editora pidiéndome simplificar 45 años de pensar la fotografía en 78 imágenes. Un verdadero reto porque yo he sido un fotógrafo viajero, retratista, periodista. En un primer momento pensé extraer esas 78 fotos de las casi cuatro mil que he publicado en Instagram, sin embargo entendí que tenía que decir algo más a través de esas páginas. Sentí que con ese libro quería dar una paleta a través de la cual se entendiera el tránsito, lo que he vivido como fotógrafo, como artista. Allí están algunos de los retratos que hice a personajes que admiraba como Alfredo Boulton. Está el momento en el cual llegué a la cima del Roraima y me sentí un privilegiado. También están las fotos de ballet que me enseñó a realizar el maestro Vicente Nebreda y en las cuales pude retratar la belleza etérea de los movimientos. La selección fue realmente un trabajo muy doloroso pero me enfoqué en crear una conexión entre todas las fotos que iba escogiendo, en construir un relato con una primera foto que generara un impacto, la del Señor Misterioso y, caminando del hoy hacia el ayer, terminar con la estatua de espaldas de José Gregorio Hernández.

 

Ricardo Armas

Photo Credits: Ricardo Armas, Las durmientes. Nueva York, 1989

 

Mientras hojeamos las fotos del libro, vamos sintiendo en todo nuestro ser el poder de esos click que lograron inmovilizar momentos de vida arrancándolos al olvido. Cada foto es un homenaje a la luz en su eterna lucha contra la oscuridad. Quisiéramos apagar el grabador, dar por terminada una entrevista que se ha diluido entre palabras, imágenes, silencios y cuentos que agregaban las fotos con su presencia viva. Sin embargo esperamos porque intuimos que nuestra conversación no ha terminado. Al poco rato Ricardo, volviendo de uno de sus viajes entre pasado, presente, recuerdos y proyectos, agrega:

– Para concluir quisiera hablar del fin de la imagen fotográfica. No debe quedar en las gavetas de los muebles del artista y del fotógrafo ni en las paredes de los museos. La imagen fotográfica debe ser publicada y esa es la razón por la cual libros como este son tan importantes. El libro es el elemento a través del cual tu puedes compartir realmente tu trabajo con otros. Las redes sociales tienen el problema de la inmediatez, las personas olvidan rápidamente lo que vieron hace pocos momentos. El libro no, el libro es el vehículo perfecto para crear una conexión profunda entre el autor y el público.

“Creer en el hombre significa creer en su libertad. Libertad de pensamiento, de palabra, de crítica, de oposición.” - Oriana Fallaci

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Francisco Javier Lasarte Valcá
Autor invitado
Francisco Javier Lasarte Valcá

Alt’isimo fot’ografo!!!