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Ramiro Antonio Sandoval: el arte puede devolver un espacio de luz a la humanidad

NUEVA YORK: El teatro ha sido su casa desde que era niño. El mundo de la cultura el espacio donde ha crecido. Ramiro Antonio Sandoval fundador y director de la compañía teatral TabulaRaSA estrenó la semana pasada la obra “El invierno de abril”, un drama policíaco en el cual aborda un tema de gran actualidad: la trata de las personas y la prostitución.

Colombiano de Bogotá, Sandoval, habla cual narrador de cuentos. Con voz pausada y la emoción de lo vivido narra su pasado. Las inquietudes de adolescente, las vivencias de adulto, su largo emigrar de un continente a otro, amores y desencantos, fluyen delante de nosotros con la fuerza de palabras que se transforman en imágenes, en emociones, en sentimientos.

Vemos las calles del barrio de la Candelaria, en el centro de Bogotá en las cuales nació, cursó todos sus estudios, empezó a conocer el teatro, a desarrollarse como actor, director y como ser humano, y de las cuales se alejó para conocer más mundo, vivir más vida y nunca más regresar.

“Trabajé en mi primera obra de teatro cuando tenía 9 años. Fue una experiencia que marcó mi vida e influenció profundamente mi futuro trabajo como director de teatro. La obra se llamaba “Los ovnis contra la magia indígena” y la montaba el grupo de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, hoy un teatro muy importante, pero que en esa época era una sala más apta para proyecciones que para teatro. Preparamos la obra sin darnos cuenta. Éramos un grupo de niños y nos reuníamos los fines de semana para jugar y hacer excursiones en un cerro cerca de Bogotá. Nadie nos dijo “vamos a hacer una obra de teatro”. Pero un buen día nos dimos cuenta que la teníamos”.

La vida de Sandoval parece una carrera contra el tiempo. Comienza estudios a los cuatro años, a los 12 ya está de lleno en el teatro, absorbe las ideas innovadoras y revolucionarias de un entorno culto, preocupado, pacifista. Utiliza el teatro y la cultura para llevar adelante batallas sociales como ayudar a las personas de los barrios más pobres a tener un mejor servicio de transporte y a crear una red de solidaridad entre vecinos. Su concepto del teatro le vale la expulsión de dos de los colegios católicos en los cuales estudió, hasta llegar al último, un colegio salesiano, en el cual encuentra el clima de tolerancia y respeto que le permite seguir adelante con su pasión por las tablas. Tiene 15 años cuando termina los estudios de bachillerato y debe tomar la crucial decisión: qué voy a hacer cuando sea grande.

La duda es entre química, que era lo que hubiera preferido la familia, y Arte Dramático que era lo que deseaba.

Desearía aplicar para una Beca en una academia de arte dramática de Paris pero es demasiado joven. Cuando está casi a punto de inscribirse en química reabren la Escuela de Arte Dramático de Bogotá con profesores de Francia, Suiza e Italia y las dudas se esfuman. Ramiro Sandoval opta por seguir su pasión. Serán años importantes durante los cuales estudia y trabaja. “Mi familia estaba viviendo una crisis muy grande porque papá era socio en un hotel en el centro de Bogotá y en los años 80, a raíz de la guerra interna colombiana y de la peligrosidad creciente en la ciudad, el turismo y las actividades culturales como la ópera habían disminuido radicalmente”. Con todo el entusiasmo de su joven edad Sandoval encuentra tiempo para todo, hasta para ayudar a un profesor en sus clases, “dictaba unos cursos sobre máscaras neutras y la importancia del espacio vacío”, hacer unitarios para la incipiente televisión, y sobre todo para trabajar en los montajes teatrales de Mapa Teatro, la compañía que uno de sus docentes había fundado y que tenía fuerte conexiones con Paris.

“Fue otra experiencia que marcó mi futuro profesional. En Mapa Teatro la disciplina era muy rigurosa y la seriedad con la cual se vivía el trabajo teatral me formó como actor y director”.

Al finalizar los estudios se le abre la posibilidad de marcharse a Suiza con Mapa Teatro y acepta. Sabe que su tiempo en Colombia ha concluido, quiere ver mundo, hacer nuevas experiencias y si poco antes había rechazado la oferta de un circo australiano, “me asustó la excesiva lejanía aunque escribí sobre aquel yo que se fue a Australia con el Circo de Oz”, no lo pensó dos veces a la hora de poder viajar a Europa.

“En medio de todas esas actividades también me enamoré de una muchacha norteamericana que había venido a estudiar a Colombia para un trimestre y que luego se quedó. Nos casamos y nos fuimos juntos a Suiza”.

Serán años muy intensos que terminarán con la crisis de la compañía teatral y paralelamente una crisis de pareja que trata de superar mudándose a Nueva York.

Ramiro Antonio tiene que empezar desde cero y asumir una nueva vida. Trabajar en teatro se le hace casi imposible. “Eran los años ’90 y en ese momento el único teatro que hacían en Nueva York era el musical. Yo venía de una escuela diferente y mi trabajo no les interesaba”.

Tras muchas vicisitudes y diferentes oficios para los cuales se transformaba en personajes diferentes cual si estuviera recitando una obra de teatro, finalmente nace una compañía teatral, Main Street Arts Theatre, en Nyack, con la precisa intención de dar cabida a un nuevo concepto de teatro. Allí Ramiro puede volver a las tablas con un papel de protagonista ya desde el primer montaje y allí se quedará unos años protagonizando otras seis obras.

Cuando conoce a un director veterano, colombiano como él, se entusiasma con la idea de crear una compañía junto con él. “Germán Jaramillo venía de una escuela muy diferente a la mía. Su concepto del teatro, del montaje teatral era muy diferente y también había una diferencia de edad entre nosotros pero pensé que, justamente por esas diversidades, podía ser un reto interesante crear una compañía junto con él”.

Nace así ID Studio Theatre, que hoy sigue bajo la dirección de Jaramillo y desarrolla un importante trabajo en las comunidades de inmigrantes. Sandoval asume el rol de codirector y encargado del taller de formación de actores.

El trabajo fluye pero, cuando las diferencias se hacen demasiado evidentes, Sandoval siente que ha llegado el momento de formar su compañía.

“Muchas personas se acercaron deseosas de trabajar conmigo. Y yo sentí que quería poner en práctica lo que había aprendido y hacerlo a mi manera, evitando los errores del pasado. Me encontraba en un momento de mi vida muy particular, había muerto mi madre me había casado por segunda vez. Sentí que nuevamente tenía que comenzar de cero. Mientras buscaba el nombre justo para la compañía, un nombre que reflejara su alma y mi proceso, surgió TabulaRaSA. Allí estaba incluido mi nombre y la idea, no solamente de un nuevo comienzo, sino también del teatro como un espacio vacío que no era solamente un contenedor sino que se transformaba en protagonista. Siempre me interesó la investigación teatral, entender los fenómenos que suceden en ese espacio y en ese tiempo tan particulares”.

Sandoval crea la compañía uniendo a personas de siete diferentes nacionalidades, sus obras salen antes en inglés y luego en español, la disciplina es férrea pero el trabajo de grupo ofrece un gran espacio a la creatividad personal y colectiva y al disfrute.

“Para el primer montaje decidí trabajar una tragedia revisitada con una visión contemporánea. Nace “Donde hubo fuego” inspirada en el libro “Fuegos” de Marguerite Yourcenar. Cuatro mujeres de edades diferentes, cuatro sobrevivientes tras una guerra que ha arrasado con todos los hombres. Ellas cuentan sus vidas y sus amores. Es el punto de vista de Clitemnestra y no el de Agamennón. Su visión frente a la tragedia que marcó su vida. Es ella que narra lo que significó haber sido casada con un hombre mucho más viejo y crecer entre las rejas que imponen las reglas de la sociedad. Es la historia de muchas mujeres que en nuestros días aún viven situaciones de violencia doméstica y sumisión. Quería imaginar, a través de ellas, lo que sería un país al acabarse una guerra que lo ha ido destrozando durante años”.

– ¿Como Colombia?

– Si, como Colombia. Pero no solo.

– Y una historia de mujeres.

– Viví entre muchas mujeres, madre, tías, hermanas, esposas. Sus historias e influencia han sido muy importantes en mi vida. La coreografía que estuvo a cargo de mi segunda esposa le dio mucha fuerza a la obra. Nos permitió incorporar antiguos rituales que ella investigó, estudió y ayudó a poner en escena.

Ramiro Sandoval, quizás sufriendo de un mal que nos une a muchos inmigrantes, el de la falta de familia, busca transformar TabulaRaSA en su casa y a la compañía en su familia. Cree profundamente en la importancia del estudio, de la preparación y por eso ha creado un laboratorio que, con sus talleres, permite a los actores profundizar sus conocimientos.

– Sé que en Nueva York ese deseo de crear una compañía estable, de hacer grupo, es bastante utópico. Esta es una ciudad donde la gente va y viene, es casi una área de tráfico, que no permite arraigo. Y la conciencia de ese estar de paso bloquea la posibilidad de relaciones profundas. Las personas se defienden, hay tolerancia. Nadie invade el espacio de otros ni permite que alguien invada el propio.

– Podría decirse que cada uno tiene a su alrededor un espacio vacío.

– ¡Exactamente! Y es alrededor de ese espacio vacío, protagonista, fuerte, que desarrollamos nuestra investigación. Muchos actores se acercan a TabulaRaSA, participan en nuestros talleres porque se sienten atraídos por nuestro concepto del espacio, del vacío que se transforma en materia activa, dinámica, que se comprime y se dilata. Espacio que se vuelve tan protagonista que obliga al actor a salir de su ego. A través del espacio, de los objetos que llenan ese espacio, estudiamos las patologías humanas, esas que muchos llaman bagajes y yo prefiero calificar de patologías porque son como virus que llevamos adentro, a veces sin saberlo y que de pronto detonan y descubren aspectos desconocidos de nuestra personalidad. En esas patologías está encerrado mucho dolor. A partir de ese sufrimiento vamos indagando sobre las relaciones humanas, sobre todo en la dificultad de entablar relaciones humanas en contextos como el de esta ciudad. Distinta, muy distinta es la vida en pueblos donde todo el mundo se conoce, se mira, se critica, utiliza los mismo códigos y la persona nueva tiene que integrarse de inmediato.

Ramiro Sandoval se apasiona al hablar de temas a los cuales ha dedicado años de su vida y subraya la tendencia a ignorar los aspectos de la sociedad que preferimos no ver. “La soledad y este infinito correr contra el tiempo, nos han acostumbrado a un concepto muy peculiar de conectar con los otros y con el entorno. Todo se compra, se disfruta y se bota. Incluido el cuerpo de las personas. Y es justamente analizando ese lado del “no ver y no verse” que surge la segunda obra, la que estrenamos hace pocos días, “El invierno de abril”.

– Una obra que toca temas muy delicados y actuales, el de la trata de las personas y de la prostitución. Pasaste de la tragedia al drama pero sigues hablando de soledades.

Ramiro Sandoval queda pensativo, sonríe perdido en sus pensamientos, quizás descubriendo algo que percibía más a nivel de las emociones que al de la racionalidad.

– Si, sobre la soledad viviendo sumergidos entre la gente. Las personas no se quieren comprometer y cuando necesito algo pago y lo compro. Es un concepto de la sociedad capitalista, de una sociedad patriarcal porque la matriarcal, en mi opinión, es mucho más horizontal, busca el compartir y la sostenibilidad.

– ¿De dónde surgió la idea de “El invierno de abril”?

– De dos historias reales. La primera es la de una mujer quien cayó con su carro en el río Hudson. En un primer momento se dijo que era de El Salvador, indocumentada y ejercía como prostituta. Hasta dijeron que era la amante de un policía. El caso se cierra y nadie más escribe nada sobre ella. Pero, parece que en la realidad esa mujer era una informante del FBI (por eso se veía con el policía) y estaba siguiendo la pista de un tráfico de personas. Eso me dio la primera urdimbre. La segunda noticia se refiere a unos cuerpos de mujeres que encuentran en una casa. Nueve cadáveres femeninos de los que logran identificar solamente a tres. Entrevisté a un detective de homicidios y me dijo que pensaban que las nueve habían sido matadas por un asesino en serie y que las tres habían ofrecido sus servicios en Craig List. El perfil que habían publicado allí era idéntico y lo único que cambiaba eran la foto y el mail. De inmediato pensé que eso indicaba que detrás de ellas había una organización, algo mucho más grande y que no eran ellas las que ponían los anuncios en Craig List sino los que las vendían. En Colombia conocí a seis mujeres que fueron víctimas de trata y lograron escapar tras vivir cosas innombrables. Fue una experiencia muy conmovedora. No quería hacer teatro documental sino extraer de todas esas historias un drama que tocara las fibras de los espectadores. Con una estética inspirada en el trabajo de Romeo Castellucci quisimos mostrar la atemporalidad del fenómeno y mezclamos trajes del siglo XIX con la tecnología y la ciencia más actuales.

– Y las mujeres siguen siendo las protagonistas.

Sandoval nuevamente hace una pausa. Pareciera buscar dentro de sí la respuesta más adecuada, quizás las palabras exactas para explicar las razones por las cuales en sus obras cuenta el mundo desde el punto de vista de las mujeres.

– Creo que uno de los grandes problemas de nuestro tiempo es que tratamos de eliminar a la mujer de la historia. La hemos marginalizado y por lo tanto se ha reafirmado un concepto masculino de la sociedad, un concepto piramidal y ligado al consumo inmediato. Si no fuera así probablemente viviríamos en una sociedad más horizontal y solidaria.

El dramaturgo Ricardo Sarmiento Gaffurri, cuando escribió la obra  realizó una interesante investigación sobre el rol de las mujeres a lo largo de la historia y lo insertó en la obra. Son mujeres que casi nadie conoce a pesar de la importancia que han tenido sus investigaciones. Por ejemplo nadie o pocos saben que fue una mujer, la matemática Ada Lovelace, hija de Lord Byron, quien encontró el primer algoritmo destinado a ser procesado por una máquina, que otra mujer, Trotula de Salerno, en el siglo XI empezó a manejar opiáceos al fin de disminuir los dolores menstruales y de parto y que cinco mujeres estaban al mando de la computadora más grande de la historia, la Eniac.

– ¿Cuál es tu concepto teatral? ¿Hasta qué punto sigue siendo predominante tu formación europea y por qué sientes que TabulaRaSA se distingue de otros grupos teatrales?

– Creo que lo más importante es la visión que tengo como artista y como ser humano. Estoy muy conectado con lo contemporáneo, atento a lo que sucede a mi alrededor, estudio las dinámicas de nuestra sociedad y trato de entender cual es nuestro papel como seres mutantes. Los artistas tenemos una gran responsabilidad. La humanidad cambia, todos cambiamos y, cuando la violencia y la oscuridad mutan negativamente, el arte tiene el poder de devolver un espacio de luz a la humanidad. Para hacerlo hay que estar presentes, con atención, con gran sentido crítico y una profunda capacidad de análisis y autoanálisis. En TabulaRaSA asumimos nuestro trabajo con extrema seriedad y nos exigimos rigurosidad y profesionalidad. Y me duele admitir que el teatro hispano está viviendo una profunda crisis. Sigue liderado por unas fuerzas antiguas, anquilosadas que no permiten que haya una evolución. Lamentablemente están maleducando al público. La risa fácil, los chistes baratos, la banalización, las farsas livianas dominan las tablas y las excepciones pasan desapercibidas, como barcos en la noche. TabulaRaSA es un laboratorio de investigación, no estamos en contra de ningún género, no nos oponemos a los espectáculos de vaudeville siempre y cuando sean el fruto de un estudio serio y profundo.

TabulaRaSA a pesar de su vida relativamente corta, nació en 2013, se está imponiendo en el panorama teatral no solamente hispano sino también de habla inglesa y ya ha recibido numerosos premios.

La obra “Donde hubo fuego” fue nominada en el circuito off Broadway y una persona del jurado dijo a Sandoval que con su teatro estaba volviendo la poesía a los escenarios.

Al ver la segunda obra “El invierno de abril” creemos que no hay palabras más acertadas para sintetizar el trabajo teatral de Ramiro Sandoval y su compañía. La poesía volvió a las tablas.

“Pensar es como vivir dos veces.” - Cicerón

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