La violencia no es fortuita, incontrolada e inevitable. Al igual que el desafío de las enfermedades y las adicciones, la violencia se desmantela creando opinión pública, alianzas y diálogos entre personas, sociedades y naciones.
Desde que el informe sobre La Violencia y la Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sale a la luz pública y alega que la prevención de la violencia es un requisito para la seguridad humana y que es urgente prevenir todas las formas de violencia, no parecen verse mayores adelantos. (OMS, 2003)
La violencia genera consecuencias para la salud física, para las condiciones mentales, para el desarrollo socio-económico y para la calidad de vida en los países.
En todas sus manifestaciones la violencia erosiona el tejido social.
Ochenta por ciento de la violencia se aprende en el marco de una desigualdad social y asociado al abuso del alcohol y las drogas; estos tres elementos son algunos de los desencadenantes de la violencia.
Así como en la física la energía es el núcleo central, en la violencia el núcleo central es el poder que incita en personas y a grupos.
Ejercer autoridad, dominio o control sobre otra persona es violencia. Comienza con el lenguaje procaz, continua con las amenazas y culmina con los maltratos físicos y muertes. Esta definición incluye la violencia interpersonal, la violencia en la conducta suicida y la violencia en los conflictos armados.
Existen naciones en las cuales la violencia no se considera como un acto criminal, sino como un problema de familia, un asunto privado. Arremeten contra personas respondiendo a una creencia errada de que la violencia es una conducta aceptable , y ¡hasta aplaudida !
Prevenir la violencia con eficacia requiere conocimientos sobre la cultura e historia de un país.
Gran parte de la violencia es resultado de un guión construido y reforzado por la sociedad. Siguen vigente las conclusiones del VI Coloquio realizado en Sevilla, España sobre Cerebro y Agresión (Unesco, 1992) donde se plantea como modificar el pensamiento estereotipado que prevalece en el mundo sobre la inevitabilidad de la violencia y de las guerras.
En sus deliberaciones la Proclamación de Sevilla sobre la Violencia plantea cinco propuestas:
– Es científicamente incorrecto decir que se hereda de nuestros pasados- los animales -la tendencia a hacer la guerra. El fenómeno humano de las operaciones militares son producto de la cultura.
– Es científicamente incorrecto decir que en el curso de la evolución humana existe una selección hacia la conducta agresiva, más que hacia otras clases de conductas.
– La violencia no es un legado de la evolución, ni de los genes.
– La manera como una persona actúa es moldeada por el condicionamiento y por la socialización.
– Es científicamente incorrecto decir que la guerra es causada por instintos o por una motivación única.
La tecnología de guerra exacerba los factores asociados a la violencia, tanto en el entrenamiento de los combatientes como en la preparación para la guerra.
Concluyen en Sevilla que la humanidad puede liberarse de las cadenas del pesimismo biológico y fortalecerse con confianza para proponer tareas transformativas en los años por venir. El planteamiento es que la misma especie que ha inventado la guerra es también capaz de inventar la paz y esto es la responsabilidad de cada individuo, de cada país.
La inacción y el silencio de hoy repercutirá en los actos violentos de las generaciones del mañana.


