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Pablo Farías: Ser comunidad para crecer

NUEVA YORK: Pablo Farías hubiera podido tener una vida muy distinta. Hubiera podido seguir los pasos de la familia, ocupándose de negocios y viviendo entre los favorecidos de la sociedad de su ciudad, Monterrey. Hubiera podido ver sin mirar el dolor ajeno. Pero su escogencia fue otra, totalmente distinta. Desde muy joven supo que quería estudiar una carrera que le permitiera ayudar a los que, sobre todo en México, sufrían las consecuencias físicas y mentales de la pobreza.

Escoge la medicina como camino para entender mejor las necesidades humanas viéndolas no solamente desde un punto de vista físico sino también psicológico y sociológico.

La psiquiatría y la antropología médica le dan los instrumentos para lograr la visión de conjunto que buscaba, para integrar los aspectos de la vida individual con la social. Tras seis años de especialización en la Universidad de Harvard deja la tranquilidad de Boston para ir a Chiapas, una de las regiones más pobres de México. Las necesidades de la  población indígena se mezclan con las de los inmigrantes que llegan de Centroamérica huyendo de la violencia y del hambre. Transitan en las zonas fronterizas de México en espera de poder pasar a Estados Unidos y se transforman en la componente más vulnerable de una sociedad ya de por sí fuertemente desfavorecida.

Muchos son los retos que Pablo Farías debe enfrentar al llegar a esa región. En primer lugar el estigma negativo que acompaña el tema de la salud mental y que se traduce en menores recursos y menor ayuda institucional.

Pablo sabe que la salud mental requiere de una serie de cambios sociales que contrasten la desigualdad y falta de oportunidades, sabe que es necesario contar con apoyo comunitario y que los constantes desplazamientos desde Centroamérica requieren de políticas que ayuden a mitigar los problemas de desintegración social que esas migraciones conllevan. Los que migran son personas que escapan de la violencia. Salen despavoridos de comunidades que han perdido la cohesión social, la capacidad de organización institucional. Los mueve el miedo y el desespero. “Lo seguimos viendo ahora con la emigración de los niños hacia Estados Unidos. – comenta Pablo Farías – Hay que preguntarse ¿Qué tan profundo debe ser el desespero de unos padres que deciden mandar a sus niños, solos, hacia un destino desconocido?”

Farías se ha fijado un objetivo: mejorar la vida de las comunidades que viven en Chiapas. La salud como un proceso comunitario es su lema y su reto. Para lograrlo busca implementar proyectos y acciones que por un lado fortalezcan la cohesión social y por el otro implementen los recursos comunitarios de salud.

“La desigualdad es la gran herida de América Latina, así como lo son la fracturación de la sociedad que ha perdido la capacidad de convivencia en un mismo espacio público”.

Muchos son los aspectos a enfrentar para superar las desigualdades, a partir de la desnutrición, el alcoholismo y las infecciones que, en los primeros años de vida, dejan secuelas irrecuperables, físicas y mentales, hasta la garantía de una educación que permita adquirir habilidades para enfrentar el cambio de una economía rural a una más industrial.

Al llegar a Chiapas, Farías entiende que el tema de la salud social incluye también el de la sustentabilidad cultural, social y ambiental, en consideración de la riqueza de biodiversidad de la región. El desarrollo sustentable, tema que se ha vuelto de importancia internacional tras la cumbre de Río, en Chiapas significa enfrentar unos cambios en la estructura productiva a sabiendas de las fragilidades de un área alejada de los sistemas económicos dominantes y con una fuerte diversidad cultural fruto de la componente indígena.

La oportunidad de promover un cambio profundo y sustentable llega con el proyecto de la creación del Colegio de la Frontera Sur, escuela de postgrado que nace a partir de la fusión de dos centros de investigación que ya existían. Pablo Farías acepta la difícil tarea de estructurar este nuevo centro educativo en el cual se podrán cursar estudios superiores, de master y post grado, en temas ligados al desarrollo sustentable. Es un trabajo arduo que lleva adelante durante seis años, dos organizando la estructura del nuevo centro y cuatro como director. “Hoy ya se han graduado más de dosmil estudiantes y para mi es una gran satisfacción constatar que, después de 20 años, la escuela sigue trabajando con gran dinamismo y que se ha transformado en una referencia importante para promover un desarrollo multidisciplinario que integra las ciencias naturales y sociales. El Colegio de la Frontera Sur sigue atrayendo a investigadores de muy alto nivel quienes se han transformado en un gran recurso para la región así como lo son los estudiantes que se han graduado y se han quedado trabajando en las instituciones locales”.

Para desarrollar sus actividades Farías ha tejido relaciones con muchas Fundaciones norteamericanas y, al terminar su periodo como director del Colegio de la Frontera Sur, la Fundación Ford, una de las más antiguas e importantes de Estados Unidos, le pide dirigir sus oficinas para México y Centroamérica. Un nuevo reto que acepta con entusiasmo.

Durante cinco años dirigirá la oficina de la Fundación Ford en Ciudad de México, promoviendo proyectos de desarrollo social y económico así como de fortalecimiento de la democracia y los derechos humanos. Siguiendo ejemplos exitosos que la Fundación ha promovido en otras partes del mundo y ajustándolos a la realidad de México y los países de Centroamérica, Farías, puede trabajar, desde otro punto de vista, para sus objetivos de siempre: el desarrollo de las comunidades rurales y su inserción en los procesos de cambios económicos y estructurales que se dan en el país. Los proyectos que impulsa están dirigidos a profundizar el manejo de los recursos naturales, a mejorar la salud reproductiva y los derechos de la mujer y a lograr una educación incluyente, respetuosa de la indígena, y con base en mecanismos de participación de la sociedad civil.

Su trabajo es tan exitoso que la Fundación Ford le propone asumir una de las tres vicepresidencias que, desde Nueva York, siguen los proyectos que se desarrollan a nivel global. La Fundación Ford, tras una trayectoria de 75 años de trabajo tiene oficinas en todo el mundo. Las áreas de las tres vicepresidencias son: derechos humanos y gobernabilidad democrática; educación y cultura; economía y desarrollo social. Esta última es la que dirigirá Pablo Farías durante 10 años. Al analizar para nosotros las diferencias que tuvo que enfrentar en los varios países nos dice que el común denominador es la necesidad de una participación incluyente en los procesos de desarrollo a través de las organizaciones sociales, comunitarias y de base. “Lo que varía es el camino para lograrlo. Hay que tener en cuenta las profundas diversidades que hay entre sociedades distintas. La trayectoria histórica de cada país es diferente pero en todas partes es fundamental el fortalecimiento de las organizaciones sociales de base. En la medida en que los partidos políticos y las instituciones del estado tengan una contraparte en la sociedad organizada se hace mucho más fácil para las comunidades resolver sus problemas y generar alternativas de inclusión”. Los proyectos que Farías ha estado promoviendo y siguiendo desde la vicepresidencia de la Fundación Ford incluyen la defensa de los recursos naturales pero también desarrollo urbano e inclusión financiera. Esto último no solamente significa acceso al crédito sino también promoción de proyectos para que ese crédito se transforme en una real oportunidad de crecimiento.

“El gran reto es siempre, en todas partes, integrar a la población marginal en la economía regional y nacional al fin de permitir su real participación en las oportunidades”.

En 2013, tras haber transcurrido 10 años en la vicepresidencia de la Fundación Ford, Farías siente que ha llegado el momento de dar otro cambio y volver a trabajar en el área de la salud. El programa Grameen PrimaCare lanzado por el Nobel Muhummad Yunus en 2013, le ofrece la plataforma para lograrlo. Identifica en la población de los inmigrantes que llegan a Estados Unidos, uno de los sectores más vulnerables sobre todo a nivel de salud y decide trabajar para aliviar estas diferencias. “Para mi es un poco volver al inicio. Estamos por lanzar un programa vuelto a integrar a las mujeres de las comunidades migrantes en calidad de promotoras de salud, y al mismo tiempo vamos a promover mecanismos que permitan a las comunidades autofinanciar el acceso a la salud primaria. No es fácil porque la reforma promovida por el gobierno de Obama ayuda a los que tienen menores recursos pero no prevé la inclusión de los inmigrantes ilegales”. Considerando que gran parte de estos inmigrantes son latinoamericanos Farías espera sensibilizar a la comunidad latina para recolectar fondos. Porque ser comunidad tiene muchos significados y la vida sería distinta para todos si fuéramos capaces de ver al otro, de celebrar el éxito de algunos pero también de mirar el dolor ajeno sin voltear los ojos. Es el mundo en el cual cree Pablo Farías, el mismo para el cual sigue luchando con la misma ilusión que movió sus primeros pasos de médico comunitario y con un entusiasmo contagioso que no ha conocido el desgaste de los años.

“Si usted no tiene libertad de pensamiento, la libertad de expresión no tiene ningún valor.” - José Luis Sampedro

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