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Adrian Ferrero

Notas en torno del día del escritor bonaerense, Argentina

Traigo a colación una fecha significativa para una parte de los escritores argentinos. No la hegemónica. En efecto, el 13 de mayo se conmemora el Día del Escritor Bonaerense, en honor a la fecha de nacimiento de Pedro B. Palacios, más conocido como Almafuerte, un autor reconocido por su producción sobre todo poética en el seno de la Provincia de Buenos Aires. Esta provincia es la más importante del país. Y yo resido en la ciudad de La Plata, su ciudad capital. De modo que esta fecha me sirve para pensar algunas condiciones en lo relativo a formación, producción literaria, presencia y circulación de lectorados, comercialización y la ubicación geopolítica en directa relación con la centralización de la literatura en la ciudad de Buenos Aires, la metrópoli de Argentina.

De modo que este artículo puede ser leído como el relato de un aprendizaje, un ejercicio profesional, la inserción en el seno del campo literario argentino de una poética como la mía de ya avanzada trayectoria, en virtud de que tengo 51años y comencé a escribir en 1989.

Subrayar esta fecha postula una condición identitaria. Incluso daría un paso más allá: gremial. Por mi parte, me siento más cerca de los proyectos creadores de ciertos autores de la provincia que de otros. Estoy pensando en las poéticas de los autores platenses Leopoldo Brizuela, Gabriel Báñez, Néstor Mux o Azucena Salpeter, entre otros. Todos de talento, en algunos casos superlativo. Hay poéticas con las que experimento una enorme afinidad, una enorme sintonía y una empatía que nos liga tanto en lo relativo al estilo de escritura que producimos en lo literario como a un abanico de temas o contenidos en esas poéticas que presentan rasgos afines o compartidos. Poéticas de excelencia que perfectamente están a la altura de autores capitalinos o de escritores del mundo entero. A algunos los siento mis maestros en virtud de haberlos leído con admiración, con pasión, con fascinación incluso. Ha habido casos en que he leído arrobado (para decirlo con una palabra elogiosa), disfrutando de esas poéticas exquisitas. Sorprendido también de tales propuestas estéticas. Atento a su jerarquía estética.

Hay autores bonaerenses en los que percibo genialidad. No son por lo general las poéticas que hablan de la Provincia de Buenos Aires, su paisaje y su gente sino más bien los que conjugan lo nacional con un internacionalismo que se manifiesta no solo en su escritura sino en los referentes que leen, que traducen, que editan: otros autores o autoras a los que sienten parte de sus inquietudes. Deliberadamente su universo poético dialoga con el de otros autores o autoras de la literatura universal.

La Provincia: ¿consiste en un paisaje? ¿en una determinada idiosincracia? ¿en una esencia respecto de las producciones culturales que son producidas y circulan por este contexto? ¿por ciertos referentes en común que son importantes cuando, en lo relativo a nuestra preparación, tanto pasada como presente, determinarán nuestro futuro si nos hemos alimentado de su caudal? Referiré mi experiencia, porque me parece que generalizar en el presente caso no es lo procedente. Desarrollaré, más bien, la narración de la educación de un sujeto, yo para el caso, que deviene, luego de determinados avatares en su vida hasta sus trayectos formativos, en un escritor veremos si con un sentimiento de arraigo (o no), de apego (o no), de asimilación (o rechazo) del lugar en el seno del cual reside y ha desarrollado su vida profesional. Esto es: me interesa indagar en si, por dentro de los libros, es posible detectar alguna clase de constantes, zonas de cruce entre distintas poéticas radicadas en un mismo espacio de producción literaria. Me estoy refiriendo, claro está, a aquel en el que mis libros o mis escritos fueron concebidos, fueron realizados, circulan (o no) en lo relativo a haber conformado una poética distante de la ciudad de Buenos Aires, en el seno de la cual se han consolidado los proyectos y las poéticas más poderosos por su visibilidad y, en varios casos, por su calidad. Esto no significa bajo ningún punto de vista que ser un escritor bonaerense sea sinónimo de mediocridad o bien de falta de trascendencia. De que sea un ejemplo de provincianismo cerrado a las propuestas de acceso de otros productores culturales del mundo o bien de focos de publicación a nivel tanto nacional como internacional De falta de posibilidades editoriales tanto en publicaciones periódicas del país o como del extranjero.

En lo que atañe a mi escritura, los autores por los que me intereso, los que han dejado una marca fuerte, raramente son los bonaerenses, salvo excepciones. Mis intereses se han internacionalizado en función de mis lecturas formativas. Esto es: si bien he puesto un especial interés por conocer las poéticas de mi país (en especial las contemporáneas), también no puedo concebir una preparación que desconozca la gran literatura del mundo. En razón de necedad o ignorancia. Por carecer de búsquedas que me conduzcan a zonas de la investigación creativa tal como es llevada adelante por los creadores extranjeros en sus grandes metrópolis. Pienso en NY, pienso en París, pienso en Madrid o Berlín. Estos son solos algunos casos paradigmáticos.

La región bonaerense (parafraseando a Simone de Beauvoir), no es destino. Es solo un punto de partida en el que se alojan las instituciones en las que me he formado. En las que he desarrollado y desenvuelto parcialmente mi carrera profesional a nivel nacional al igual que mi vida personal. Si bien enunciar un gentilicio com o “bonaerense” nos pone en una situación tensa respecto de la metrópoli capitalina de Argentina, porque precisamente confirma nuestra posición de periferia respecto de ella. La ubicación insular, circunscripta a un ámbito ceñido de circulación de las obras literarias que hemos producido o bien los espacios por los cuales suele desenvolverse la socialización entre escritores y público, escritores y Universidad, escritores y periodismo cultural. Esta fecha nos afirma, nos confirma en nuestra singularidad. En el lugar en el que tenemos presencia cultural. Ahora bien: ¿en qué consiste esa tal singularidad? Yo empecé a escribir sistemáticamente en el año 1989. Había terminado una muy buena escuela secundaria en un Colegio dependiente de la Universidad Nacional de La Plata, el Colegio Nacional “Rafael Hernández”. Allí a las humanidades se les otorgaba un tiempo y un espacio curricular crucial. Luego, egresado de sus aulas, con las primeras tentativas en la creación, me formé en talleres de escritura de La Plata. Los de Martha Berutti, Leopoldo Brizuela, Gabriel Báñez, Graciela Falbo. Ellos cuatro me impartieron las lecciones fundamentales para que me convirtiera en un escritor que se toma su oficio con responsabilidad, compromiso y saliera precisamente de espacios claustrofóbicos como una ciudad, una provincia o incluso un país, tanto por las lecturas que analicé junto a ellos como por el tipo de escritura que promovían todos ellos. Se trataba de personas de vastas lecturas. De personas perfectamente capaces de sostener conversaciones (y de impartir clases), desde Juan Carlos Onetti a Truman Capote. De Flannery O’Connor a Clarice Lispector. De Silvina Ocampo a Juan Gerlman. Algunos autores de culto y en otros casos eran afamados pero tampoco circulaban de un modo masivo.

Dado que yo había ingresado a la carrera de Letras de la Universidad Nacional de La Plata, habiéndome graduado en 1998, por haber obtenido becas y subsidios comencé a publicar en el extranjero (a partir de 2005) trabajos de investigación académicos sobre todo en EE.UU., pero también en Alemania, Francia, España, Israel, Brasil y Chile. No obstante, se trataba de trabajos de investigación en el campo de competencia de mi disciplina: los estudios literarios universitarios. No obstante, en una de las revistas académicas en las cuales solía publicar trabajos de estudio, también edité cuentos. Ya abandonada la carrera académica como docente/investigador por motivos elegidos, mi vida se emancipó, se distanció de la Universidad. Busqué espacios culturales de publicación en géneros en los que me hubiera entrenado previamente (por lo general en los talleres): el artículo de crítica cultural o literaria, el ensayo, las reseñas críticas bibliográficas o de films, el cuento y la poesía. Incorporé trabajos interdisciplinarios con artistas plásticos y con fotógrafos profesionales producto de mi propia iniciativa tanto en la concepción como en la organización para su realización. Hubo asimismo una larga trayectoria en el campo del periodismo cultural durante la etapa en que me consagré a él en mi ciudad, en simultáneo con la vida académica y aún luego. Fue así que comencé a publicar, bastante más tarde, ya doctorado en 2014, a partir de 2018 en medios de periodismo cultural o bien de Universidades de EE.UU., México, Chile y Venezuela. Siempre en español. Esta es la etapa más reciente de mi producción, en la que se insertan trabajos como este que ustedes están leyendo ahora. Consistentes sobre todo en artículos de opinión o bien en trabajos vinculados a la vida cultural de Argentina o el mundo. Me interesa que desde Argentina se pueda colaborar con medios que tendrán una mirada sobre la cultura literaria de un país que no es la que se tiene en el extranjero. Por otra parte, publicar en el extranjero, ha echado por tierra con varias supersticiones. No todo lo extranjero supera lo realizado en Argentina. Eso está claro. Y no todo lo producido desde la ciudad de Buenos Aires también resulta lo de mayor nivel de excelencia. Cotejando ambos contextos de publicación me encuentro con producciones extranjeras que no superan a las nuestras. Y producciones argentinas que superan ampliamente a las internacionales. Tal circunstancia depende de la capacidad de cada productor cultural.

Pero he dado un rodeo necesario para ir al punto. ¿Hay algo de bonaerense en mis producciones? Y si lo hay ¿en qué consiste? Sí he escrito y publicado trabajos críticos sobre autores y autoras de mi ciudad de La Plata, precisamente Capital de la Provincia de Buenos Aires, tanto en estos medios de periodismo cultural como en libro. Mis lecturas, sin descuidar otras poéticas argentinas de otras partes de nuestro país, se vieron enriquecidas además con poéticas extranjeras, o de autores argentinos radicados en el extranjero. Me gusta sin embargo en buena medida situar mis ficciones en la ciudad de La Plata (no en Buenos Aires), aunque los argumentos sean de tema histórico, realistas, psicologistas, fantásticos o de ciencia ficción. Esto no es sinónimo de que voy a citar nombres y apellidos de calles, barrios, monumentos, instituciones educativas de prestigio, esto es, descubrir para el lector la geografía de la ciudad describiéndola según cuál es su nombre real. No me interesa una poética mimética, que reproduzca como un clon la fisonomía de mi ciudad. Más bien (y este es el punto), acudo a la imaginación creativa (al escribir ficción), ubicándola en un enclave que adopta los contornos de mi ciudad. Sus espacios más emblemáticos, la índole de sus calles o avenidas, la circulación de peatones o autos por ella, las zonas más populosas o bien las de mayor tranquilidad, los espacios verdes o los lugares de reunión como negocios o confiterías que en ciertos polos de la ciudad son más abundantes que otros, los centros comerciales en los que se desenvuelve nuestra vida como platenses.

Y la Universidad Nacional de La Plata, en la carrera de Letras en la que me doctoré, me ha dotado de una formación y de una socialización de base académica, cosa que agradezco porque mis Profesores me familiarizaron con contenidos relativos a los estudios literarios realizados tanto desde Argentina como desde otras partes del mundo. Esta conformación del sujeto letrado echa por resultado a una personalidad que tiene acceso en su ciudad, una ciudad provinciana, sin embargo toda una serie de conocimientos teóricos, críticos, en lo relativos a lecturas literarias que por fuera de la Universidad no podrían haberse adquirido. Esta circunstancias abrió horizontes insospechados. En particular para la lectura literaria (para armar una biblioteca, digamos), pero también en modos diversos de abordaje de la literatura, su crítica y su teoría.

En lo que se refiere a mis publicaciones, he editado cinco libros hasta el momento. Uno de relatos, otro de poesía, otro de investigación, compilé una antología de narrativa argentina para coronarse cerrando con un libro de entrevistas a las más importantes escritoras argentinas. Este libro de diálogos supuso una investigación en torno del corpus de cada una de ellas. Leí todo lo publicado por cada una de ellas, y a raíz de eso elaboré cuestionarios a partir de hipótesis de lectura para ser respondidos por escrito. Mis libros fueron todos publicados en Editoriales de La Plata (y bien pensado, este sí sería un rasgo bonaerense: no se trata de grandes monopolios editoriales). Esta circunstancia me coloca en una situación de desventaja en función de la nula o escasa distribución en el resto del país. He participado de muchas antologías también en mi ciudad, en nuestro país o de EE.UU. Pese a todo, los ghettos no me parecen saludables (me refiero sobre todo al caso argentino). Tienden a ser endógamos y a no permitir una renovación pujante de los proyectos creadores de cada autor o autora producto de que no se produce un roce con una amplitud de propuestas estéticas. Ello en lo relativo a la socialización entre escritores, por un lado. Por el otro, en la lectura de autores de la ciudad. Al haber escrito sobre autores de La Plata o haber dictado conferencias sobre ellos, eso naturalmente me acercó a mis raíces (si esta metáfora vegetal pudiera dar cuenta de un factor que tuviera un sentimiento de pertenencia). Pero diría que soy un escritor bonaerense por tener domicilio en esta provincia, no por los temas sobre los que escribo. El localismo no me resulta convocante. Si a eso sumamos por añadidura que suelo ambientar mis cuentos en Francia, China, Japón, Rusia, Noruega, India o la Grecia clásica, queda claro y de modo evidente que ser un bonaerense no es sinónimo de escribir sobre temas vinculados a la provincia, sino, a partir de ciertas experiencias formativas que en ella han tenido lugar, pude dar un salto a otros espacios del mundo mediante la imaginación creativa, con una documentación parcial o razonable. Se trató, sin buscarlo deliberadamente, de instalar mis ficciones en espacios ligados al exotismo. Si bien me especializo en investigación en torno de poéticas argentinas contemporáneas (para adultos, niños y jóvenes) o en temas de crítica y teoría literaria, pertenezco a la Provincia de Buenos Aires más como sede de mi producción literaria y publicación (subalterno naturalmente respecto del capitalino) que en lo relativo a los temas que ella considero inspira o suele inspirar en otros, por lo que he tenido la oportunidad de percibir traducido en el orden de lo literario. Creo que conviene a un autor o autora despegar de ese lugar en el que ha nacido, se ha criado y educado, para buscar senderos que los conduzcan a un espacio cosmopolita o, en todo caso, que los ponga en interacción con poéticas que no fueron producidas desde su ciudad sino desde otros ámbitos del país o del mundo. Este es mi punto de vista respecto de un contexto geográfico/cultural por el que siento apego afectivo ligado al desenvolvimiento de mi vida personal (con sus avatares culturales o accidentados) pero simultáneamente del cual tomo distancia. No porque reniegue de estar radicado en la ciudad capital de la Provincia de Buenos Aires, por el hecho de ser un escritor bonaerense, sino porque considero que un escritor debe pasar por encima de todo localismo, atravesar fronteras para desembocar en una literatura universal situada, ubicada, encarnada en culturas que no sean únicamente la propia, en un saludable contrapunto. Aunque ello ocurra como una condición ligada a la más pura imaginación.

Trabajar en publicaciones extranjeras (EE.UU., México, Venezuela, en este momento) nos pone en diálogo con otros interlocutores, otros lectores, incluso otro tipo de perfil como creador. Con formatos de producción que en Argentina o no se dan habitualmente o bien no se dan directamente. Y en los peores casos no se respetan. Daré un ejemplo: el tipo de artículos, poemas y cuentos que yo vengo produciendo sistemáticamente desde 2018 no encontrarían publicaciones serias en La Plata para ser editados. No que yo conozca al menos. Existen, sí, revistas académicas, esto es, órganos editoriales para la publicación de resultados producto de la investigación científica con anclaje en la Universidad Nacional de La Plata, con la que colaboran también plumas de otras partes del mundo. La Universidad garantiza por lo general un alto nivel de difusión de producciones teóricas. De hecho yo fui colaborador durante largos años de algunos órganos.

No estoy familiarizado en términos generales con los espacios editoriales de la ciudad de Buenos Aires y hasta he notado, por experiencia, que algunos de ellos, en especial los de poesía, eran refractarios a publicar mis poemas. En cambio, en EE.UU. y en México eran calurosamente recibidos en revistas de muy buena reputación. Otro tanto en Chile, en donde se manifestaron interesados (me explicaban) en publicar mis escritos, no solo de poesía. No mantengo contacto con revistas de literatura o cultura de España. Sí de América Latina, como podrá apreciarse. Y exitosamente en el sentido de que son publicaciones serias, pero a la vez sus colaboradores no conforman un ghetto. Se muestran abiertas a la recepción de manuscritos de un autor argentino, oriundo de una provincia y que no conoce la celebridad.

Ahora bien: veníamos hablando de ser un escritor bonaerense. Si uno se desvincula de los lectorados argentinos, si pierde el contacto incluso con sus conciudadanos, también comprenderá que poco tiene para hacer también en su ciudad, en Buenos Aires, en Argentina en general. El autor en cuestión es mejor tratado en el extranjero que en su ciudad natal o en el resto del país. Esta circunstancia naturalmente me halaga. Me trae satisfacciones el hecho de que mis cuentos, mis poemas, mis artículos y trabajos interdisciplinarios o reseñas críticas sean aceptados calurosamente en el mundo y circulen por él. Pero también desalienta y hasta me resulta perturbador el hecho de que en mi propio país resulte tan complejo y difícil publicar. Probablemente porque estamos hablando de un país subdesarrollado que no cuenta con las posibilidades materiales con las que sí cuentan los del Primer Mundo. Está claro que en ciertos espacios de publicación se produce una concentración de colaboradores exquisitos (según el criterio de sus directores) que hegemonizan esas publicaciones sin permitir el ingreso a otras firmas. Sin pretender hacer de ello una queja, sí me apresuro a señalar una realidad contundente con la que estoy cansado de lidiar. Si de las mismas revistas, si de las mismas antologías, si de los mismos diarios, se ha apoderado solo un staff que jamás se renueva, es natural que por mi parte busque inserción en espacios del extranjero. Si se cierran las puertas en mi ciudad, en mi Provincia y en mi país me parece que constituye un proceder inteligente el acudir a medios con mucha mayor apertura y pluralismo. Además de que también han demostrado respetar la libertad de expresión. Medios que, por añadidura, se atreven a publicar colaboraciones que en ningún medio argentino serían concebibles. Es precisamente por ese motivo que me siento tan agradecido a las revistas o publicaciones periódicas tanto académicas como de periodismo cultural independiente que le hacen un lugar a mi producción creativa o crítica. Este es el panorama en mi caso. Ignoro si será el mismo del resto de los escritores. Pero frente a esta realidad la pluma, indetenible encuentra ámbitos alternativos en el extranjero. Y lo reconoce como puertas que tienden a abrirse día a día más.

Finalmente, en lo relativo a la invitación a dictar conferencias, a participar de paneles o mesas redondas, para lecturas públicas de poesía, tampoco encuentro ecos más que puntuales que se cuentan con los dedos de una mano. No existe posibilidad de presentar públicamente nuestras producciones en virtud de que esos espacios los ocupan siempre las mismas personas, como dije. No se renuevan los productores culturales a la hora de ocuparlos. Por otro lado, si uno es más conocido en el extranjero que en su ciudad o en Buenos Aires, no suena descabellada esta exclusión.

Al presente panorama me refería al mencionar a un universo cultural por dentro del cual no hay espacio para recibir nuevas firmas. Más bien los que puedo apreciar, lo que hacen es publicar en el extranjero: países de Europa y EE.UU. por ser los de más prestigio. Y también de América Latina, sede natural de nuestras producciones en razón de que también somos todos latinos e hispanoparlantes (salvo Brasil). España es un país que ignoro por qué misterio no logro encontrar eco. Es cierto que he publicado trabajos de investigación. Pero en lo que hace al resto de mi producción, más cercana en el tiempo, la profesionalización del escritor que es la que defiendo, no me ha abierto sus puertas.

Lo cierto es que me siento de todas formas sumamente honrado de ser convocado por revistas del exterior del país para dar a conocer mis trabajos. Y el resto. El resto es silencio. Al menos para mí, donde solo se escucha el murmullo de la voz de los lectores de otras latitudes.

Puedo decir que lo que un escritor espera de un medio es respeto hacia él y su trabajo, a su sentido de la ética y a su seriedad profesional. A su permanente afán de perfeccionamiento. En Argentina, por fuera de un par de experiencias editoriales olvidables como columnista en una revista o un semanario de la ciudad de Buenos Aires, por quienes sí me he sentido precisamente valorado han sido medios de Mendoza, Tucumán y uno de la Provincia de Buenos Aires. Estas excepciones dan la pauta de que también en zonas periféricas de Argentina se acepta y se abren las posibilidades de dar a conocer nuestras producciones con sentido de apertura y pluralismo. Con la más profunda sensación de que nuestras producciones interesan, son consideradas interesantes y por lo tanto junto con ello el autor percibe reconocimiento. El así llamado “interior del país” demuestra estar a la vanguardia de enriquecer con nuevas propuestas (distantes de Buenos Aires) con otra predisposición.

Y si ser un escritor bonaerense “no es destino”, no es por lo tanto sinónimo de escribir sobre su relieve, su flora, su fauna o la esencia de sus costumbres, el asistir con mirada curiosa solo a sus habitantes, en un sentido provinciano. Sino en lanzarse a producir literatura del mismo modo que lo hace la gran literatura del mundo, sin complejos de inferioridad: una poética universalista que debe sentirse perfectamente capaz de introducirse planetariamente en distintos medios de revistas y publicaciones periódicas, en libros o antologías en los que su presencia es valorada y hasta requerida. Es allí entonces donde comienza el reto, el gran desafío de crear desconociendo toda frontera.

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Graciela
Graciela
1 month ago

Estimado Adrián si me permite lo de «estimado». Cuando tuve la idea de editar la publicación Ginkgo revista literaria, a comienzos de la pandemia, sugerí en ese momento al primer secretario de la misma, Guillermo Pilía, que lo convocara. Por supuesto que, creo ya lo había hecho, pues conocía su solvencia, capacidad y nivel para honrar la misma. Además lo conocí en el Pasaje Dardo Rocha en un día muy frío, (no importa), cuando lo presentó quien había sido su maestra, Graciela Carretto. Pero mi mayor satisfacción , fue encontrar a su familia, especialmente a su padre quien fue mi… Seguir leyendo »

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