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Miguel Braceli: Intervenir “juntos” el paisaje

Arquitecto con un concepto de construcción distinto de la edificación, Miguel Braceli considera que “el espacio público se construye con los ciudadanos”. Sus proyectos de participación colectiva integran el paisaje con la gente que lo habita a través de actividades que tienen la finalidad de reconstruir la relación de las personas con sus calles, sus plazas, parques y playas, generando cambios dentro de sus propias psiquis e idealmente transformando pensamientos, conceptos, prejuicios. Son proyectos que nacieron en Venezuela, con la idea de acercar una población segmentada con su entorno y que Braceli ha venido desarrollando en distintas latitudes alrededor del mundo pues, para él, “crear proyectos sobre la base de la colaboración es fundamental en una sociedad contemporánea marcada por nacionalismos extremos, discriminación o segregación”. Braceli considera que “el espacio público permite acercar las obras a la realidad, para desde allí poder transformarla”.

Miguel Braceli considera que “El espacio público permite acercar las obras a la realidad, para desde allí poder transformarla”.

 

 

Miguel Braceli

2016 Irazu, Miguel Braceli ©

 

Empecemos con el momento en que conectamos, en ARCO 2018. Ya llevabas bastante tiempo en territorio español, ¿cómo llegaste a España?

Quedé seleccionado para una residencia artística en Castilla La Mancha. En ese momento, estaba en una residencia en Bolivia, en la galería Kiosco (Santa Cruz de la Sierra). Mi plan era regresar a Venezuela pero al final empaté un proyecto con otro y me fui a España. Poco a poco, estando allí, fueron surgiendo nuevos proyectos y así pasó casi un año.

 

 

Retrocedo un poco, ¿qué estudiaste? 

Estudié Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

 

 

Miguel Braceli

2017 Geopoliticas del Cuerpo La Mancha, Miguel Braceli ©

 

Pasaste, entonces, de la práctica de planificar y edificar un espacio a otra mucho más abstracta, que es intervenirlo. ¿Cómo sucede esa transición? 

Creo que sucedió orgánicamente. Empecé a hacer intervenciones en el espacio y a generar proyectos de participación colectiva muy vinculados a las prácticas colaborativas que hoy en día se desarrollan en oficinas jóvenes de arquitectura. Poco a poco, el trabajo fue creciendo dentro del terreno conceptual como proyecto artístico. Con el tiempo empezaron a interesarme ideas o investigaciones más propias del arte que de la arquitectura. A partir de ahí se fue generando este salto, en la medida en que la experiencia de las personas, el resultado concreto de la imagen y las búsquedas poéticas del proyecto se iban desvinculando de la racionalidad de la arquitectura. Así la búsqueda se volvió más conceptual pero sobre todo plástica, poética y política, sobre el espacio público. Según empecé a reconocer las capacidades y oportunidades que ofrece el arte, la investigación terminó desplazándose de una disciplina a otra.

 

 

Miguel Braceli

2012 INDIVISIBLE, Miguel Braceli ©

 

Sin embargo, en tu práctica también combinas el performance con la fotografía y el vídeo, pues al intervenir el espacio de forma momentánea –ya que no va a haber un resultado físico concreto, como podría ser el de un edificio– el vehículo de documentación pasa a ser la cámara, ¿no?

Hay distintos resultados de la obra así como distintos espectadores. En primer lugar, el espectador que se vuelve un actor o participante del proyecto. Es fundamental en la construcción del trabajo y vive la experiencia directa de la intervención en el paisaje, transformando las formas de relacionarse con los contextos a los que pertenece.

Luego, existe un espectador que se relaciona con las imágenes que resultan de estas intervenciones, a través del video y la fotografía. Para mí no es un registro sino una construcción, digamos. Funciona más como una pintura o un dibujo sobre el paisaje mismo. Las imágenes no se pueden entender como un registro de la acción sino como el resultado de un diálogo que ocurre en dos direcciones: lo que sucede entre el concepto, las personas y el lugar y lo que se construye en las fotografías. Todo esto ocurre bajo un proceso de síntesis de una obra abierta que se genera en tiempo real.

Esto es lo que más me interesa, la aceleración de la experimentación, que las obras son proyectos abiertos en las cuales el resultado es un descubrimiento también para mí. No se trata de una puesta en escena. No hay un guión preestablecido, sólo unas preguntas a descubrir. Cuando la obra se desarrolla la sorpresa nos alcanza a todos. Toda investigación es una pregunta nueva que se resuelve en cada nuevo paisaje, producto del diálogo entre determinados lugares, personas y exploraciones. Hay algunas obras que pretendían crear un área común en el centro de una ciudad, otras en las que la premisa era “sacar el mar”. En su mayoría son proyectos que buscan materializar ideas utópicas. Quizás esto sea lo que está presente en todos los trabajos: buscar materializar situaciones imposibles juntos.

 

Miguel Braceli

Espacio Monitor, Miguel Braceli ©

 

Hablamos de la colaboración, de lo imposible, de la poesía. Si tuvieras que resumir tu práctica actual brevemente, ¿cómo la definirías? 

Son proyectos abiertos que buscan generar obras que dialogan con el paisaje en sus distintas dimensiones; escalas que comprenden desde los fenómenos de la naturaleza hasta las cargas políticas y culturales asociadas a cada territorio en el cual las obras se insertan. Lo que más me interesa de estos proyectos es trabajar directamente sobre el cuerpo social. El espacio público permite acercar las obras a la realidad, para desde allí poder transformarla. Las obras funcionan bajo la lógica de proyectos formativos en los cuales la experiencia como aprendizaje es su principal sustancia. Cada proyecto es una nueva pregunta y su respuesta otro descubrimiento. El paisaje deja una impronta en el resultado. Comienzas pensando que vas a intervenir el paisaje, pero luego te das cuenta que el paisaje, y todas estas dimensiones, construyen la obra contigo. Es un diálogo constante entre un proyecto abierto y un resultado, en gran medida, inesperado.

 

Miguel Braceli

2016 Irazu, Miguel Braceli ©

 

Para realizar tus intervenciones en el espacio cuentas con voluntarios, en numerosos casos estudiantes universitarios, gente que está dispuesta a hacer el ejercicio. Digamos que estos trabajos también son, para cada uno de ellos, una experiencia performativa. En esa acción ellos también se llevan parte de la obra consigo y dejan de sí mismos en la obra. ¿En qué medida este elemento es parte de tu práctica? 

Las personas se llevan consigo la experiencia, que es lo esencial del trabajo. Cada persona puede construir sus propios significados, valores y recuerdos a posterior. Muchas obras implican esfuerzo, otras rozan más el terreno del juego. Sin embargo, pienso que la tensión entre lo individual y lo colectivo sea uno de los rasgos más presentes en las obras y sobre el cual es inevitable reflexionar. Crear proyectos sobre la base de la colaboración es fundamental en una sociedad contemporánea marcada por nacionalismos extremos, discriminación o segregación.  

 

 

Estando en los distintos lugares que has intervenido, ¿consideras que hay un interés institucional o por parte de los gobiernos estatales en que el público general se integre con el territorio de esta manera? 

Son proyectos que tienen un valor institucional, pero en su mayoría nacen como iniciativas independientes que buscan una oportunidad para su ejecución. Cada vez más, tanto en el ámbito público como en el privado, se está intentando generar espacios de diálogo entre la obra y el espectador, hasta al punto de convertir los lugares de exhibición en centros de creación. Pienso que esa es la naturaleza de la producción artística contemporánea, donde el proceso es también parte de la obra y donde se busca involucrar al público en dichos procesos de creación. El interés institucional está en dejar de mostrar únicamente productos acabados, para involucrarse como centros de arte en los procesos de producción. La apertura que está presente en cada una de estas obras, de alguna manera, también está presente en los protocolos de exhibición y sus vínculos con las instituciones. Algo que está en sintonía, también, con los espacios de educación de los museos, que cada vez tienen mayor fuerza dentro de la programación cultural. Se está repensando la manera de acercar el espectador a la obra de arte y para ello no hay mejor manera que integrarlo en su elaboración.

 

Miguel Braceli

2014 AREA, Miguel Braceli ©

 

Tu proyecto comenzó en Venezuela Cómo se ha desarrollado ese diálogo con las fuerzas que rigen el país, ¿cómo se desarrollan allí estas intervenciones y cuál es la diferencia en tu investigación entre Venezuela y otros países?

Estas obras inicialmente surgen en territorio venezolano y posteriormente se han ido desarrollando en otros paisajes. Nacen del interés de generar espacios de encuentro, activar el espacio público y hablar desde la vocación ciudadana y sus posibilidades para crear juntos, en Venezuela.

Cuando hicimos una intervención en Plaza Caracas en 2014 [titulada “ÁREA“], la premisa era construir un área común en el centro de la ciudad. De alguna manera, el espacio público se construye más allá de los edificios y las instituciones, se construye con los ciudadanos a partir del intercambio y de la participación. Durante una hora construimos un espacio donde podían converger personas con distintas tendencias políticas, haciendo frente a la polarización. En ese caso se estaba tomando un espacio público sumamente politizado oficial e institucionalmente, redefiniendo sus límites desde la acción cívica. Intervenir Plaza Caracas fue prácticamente como trabajar con un lienzo cargado de significados. Bolívar está en la imagen resultante, siempre detrás, como un testigo de la acción y de espaldas, anónimo, como un ciudadano más.

Estas ideas también están presentes en otras obras asociadas a circunstancias específicas del país, como Biblioteca Abierta, que nace en el 2013 tras la búsqueda de una forma distinta de manifestación y bajo el deseo de incorporar a la sociedad civil en el Paro Nacional de Universidades. O Indivisible, obra que realizamos en la cima del Roraima a propósito de las elecciones presidenciales del 2012.

Los espacios de aprendizaje se han convertido para mí en un gran laboratorio de producción y experimentación. Muchos de los talleres que he desarrollado en la UCV, casi siempre bajo el título de Inmateriales, se han replicado en países como Suecia, España, Chile, Costa Rica. En ellos el proyecto educativo se funde con el artístico, el aprendizaje es producto de la experiencia colectiva a partir de múltiples capas de autoría que nacen de la obra como metodología. Lo que me interesa de esta línea de investigación es el conocimiento como la sustancia en transacción, el mayor valor –por encima de las fotografías y los videos– es ese, el conocimiento producido de forma colectiva.

 

 

Miguel Braceli

Espacio Monitor, Miguel Braceli ©

 

Cuéntame qué planes tienes en el futuro próximo, exposiciones y residencias. 

En junio inauguré una exposición individual en Espacio Monitor de Caracas. Esta exhibición fue una oportunidad para ordenar y mostrar las obras producidas en Venezuela y en distintos países de Latinoamérica durante los últimos años. Estamos procesando los materiales utilizados en esos proyectos para convertirlos en libros, objetos capaces de generar información para leer con el cuerpo, es decir, producir experiencias que permitan conectar al espectador con los contenidos hápticos presentes en estas intervenciones. Luego de eso iré a Estados Unidos a realizar un Master en Fine Arts a través de una beca Fulbright y una beca de mérito otorgada por Maryland Institute College of Arts.

 

 Miguel Braceli

2016 Biblioteca Abierta, Miguel Braceli ©

 

Recientemente, Miguel Braceli publicó Coreotopías, un libro de artista, autopublicado, impreso en España y presentado recientemente en Madrid, gracias a la editorial madrileña IvorypressSu exposición individual “1:1” inauguró el pasado 17 de junio en Espacio Monitor (Centro de Arte Los Galpones) y permanecerá abierta al público hasta el 19 de agosto de 2018.

 

“A menos pensamiento, pensamiento más tiránico y absorbente.” - Miguel de Unamuno

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