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Marisa Román: “El actor es quien pone un espejo en frente, para que se vean hasta los huesos”

Marisa Román canta y canta muy bien. Alrededor de este texto, que no pudo sino capturar instantes de una larga y maravillosa conversación que abordó todos los adoquines del West Village, hay canciones, anécdotas, recuerdos. Aquí está la actriz, la intérprete, la artista que sueña con repasar la vida de Mercedes Sosa desde el escenario, o volcarse una y mil veces en la entrañable Matilde de El día que me quieras. La carcajada a la que todo un país se acostumbró desde la pantalla del televisor o la de un cine, se interrumpe con silencios, ronqueras y miradas firmes. Ama actuar. Y ama traerlo a colación.

Tras su participación en más de una docena de producciones para televisión, cine y teatro, años de estudio y meditación, nos encontramos en Nueva York, ciudad de la que justo esta noche se despide luego de una larga temporada. Parte con destino a Argentina, su otra patria, a donde llevará uno de los mejores regalos que ha recibido: la técnica de Susan Batson, actriz fundadora del Acting Studio homónimo. De la fama y los pantalones con el nombre de “María Suspiro”, aquel emblemático personaje de la telenovela Cosita Rica, Román huyó en busca de sí misma. A continuación, el eco de sus pasos en Manhattan. La fragancia de una actriz hasta los huesos.

 

¿Cómo alguien decide interpretar a alguien más, traerlo, invocarlo, ser esa otra persona, en síntesis: dedicarse a la actuación?

En mi caso yo empecé a actuar de niña, tenía 9 años cuando empecé a hacer teatro infantil con el Grupo Colibrí, dirigido por José Manuel Ascensao; allí también me dieron clases Laura Nieto y Diego Barrios. Me llevó mi mamá. Desde el primer momento sentí que eso era lo mío. Tengo esa sensación de que me pasó lo que a muchos músicos, cuando dicen que ellos no eligieron al instrumento, sino que el instrumento los eligió a ellos.

 

¿Cuál fue tu primer papel?

Se llamaba Marisol, de hecho, una de mis grandes amigas del colegio me sigue llamando así, por cariño.

 

Cuando entraste a la adolescencia ya llevabas rato actuando. Mucha dirección en el quehacer. ¿Cuál recuerdas que fue la instrucción más valiosa sobre el oficio?

Luis Manso, quien fue mi primer director de TV, en Así es la Vida, siempre nos decía a todos nosotros, que éramos muy jóvenes, estudiantes de bachillerato: “Payaso con letra aprendida hace reír”.

 

Reflexionando sobre el acto de la actuación: ¿cómo se evoca un sentimiento? ¿Cómo traes a colación una y otras veces un sentimiento que haga falta?

Lo que pasa es que no se trata de sentimientos sino de emociones; son dos cosas distintas. El sentimiento es más la idea, la forma de la emoción. La emoción es para mí la materia prima. Yo siento que he profundizado en ello, es decir, hasta hace unos años, venía formándome de cierta forma auto-didacta. De 2007 a 2009 hice unos talleres con Lisa Formosa, quien es miembro del Actors Studio y justo el año que nos conocimos, yo me vine a Nueva York por primera vez, a amar la ciudad, a sentir que ya había estado aquí.

 

Marisa Román

Photo Credits: Amalia Caputo

 

Nueva York juega un rol vital en tu formación, entiendo que se convirtió en un espectro entero de aprendizaje.

Claro, fue aquí que tuve contacto con la obra de Susan Batson (Fundadora del Susan Batson Studio). Cuando leí sus textos por primera vez, no podía creer que esa mujer estuviera poniendo en palabras todo lo que pienso y siento sobre el arte de la interpretación. Ahora cierro este año que estuve aquí viviendo y estudiando, de manera muy reflexiva. Algo que siempre me ha encantado de mi trabajo, es la posibilidad de perfeccionarlo a medida que tenga una relación más profunda y honesta conmigo misma.

 

Volviendo a la noción de “encarnar” la figura de un personaje, ¿cómo se vuelve al mismo impulso, expresión, gesto, que alguien escribió para la obra? Llorar, por ejemplo. Citar el dolor cuando sea necesario.

Llegó un momento en que interiormente tenía una sensación de incomodidad con mi actuación y no entendía qué la generaba. Después tomé consciencia de que se trataba de mis vicios y mis trucos ante determinadas situaciones, o para acceder a emociones, como llorar. Sabía que podía profundizar muchísimo en mi oficio y ser mejor actriz. Para lograr eso, no vi otra opción que no fuera estudiar. El proceso fue hermoso, porque fue “the aware” al tomar consciencia de dónde estaba el truco, para luego desarticularlo, porque ya era algo mío y automático. Me tocó aprender a frenarlo y empezar a encontrar una nueva manera orgánica de hacerlo y convertirlo en un nuevo hábito. Fue un proceso hermoso que requirió de mucho amor y paciencia conmigo misma.

 

Y siendo ya una actriz reconocida, ¿no te asustaba un poco descubrir esas cosas?

Sí, mucho miedo, sobre todo por el nivel de exploración conmigo misma. Obviamente, todo el mundo usa herramientas y métodos distintos. A mí lo que me funciona, cosa que rediseñé en este proceso viviendo acá en NY, es relajarme; ni siquiera traer la evocación, cosa en la que antes se apoyaba el trabajo. Ahora me parece que se trata justamente de vivirlo desde el disfrute, así sea dramático y doloroso, pero es el disfrute de estar creando, de estar haciéndolo.

 

Claro, funciona como un punto de inflexión. Contrario a las rutinas que se imponen, te toca buscar la naturalidad y como todos sabemos, eso no es tan fácil.

De pronto el mérito de uno está en lograr el desbloqueo para que eso suceda. A través de la técnica eso es lo que he encontrado y lo que sigo descubriendo. Siento que lo fundamental es encontrar la libertad para que esté abierto ese canal. En mi caso tiene que ver con desconectar la cabeza y conectarme con el ser de mi personaje. Cuando se piensa demasiado, se es mala actriz. 

 

¿No hay un momento en que te pienses a ti misma en tercera persona? Hay casos de actores que se han filmado hasta durmiendo.

Me pasó, pero muy joven. Esa sensación de salirme de mí y verme desde afuera como una espectadora, estudiando el proceso emocional por el que estuviese pasando, para verlo paso a paso y recrearlo cuando actuara.

 

¿Y te parece que la “vida real” es una fuente inagotable de datos?

Sí, pero por eso mismo, para mí ha sido tan importante estudiar técnica.

 

El teatro puede ser como la magia, vas a una obra y el propósito es sentir que un conejo puede salir de un sombrero. Uno asiste consciente que esas personas no son esos personajes, pero un actor, ¿cómo siente esa misma relación fuera del escenario?

Parte del juego del espectador es también dejarse convencer de esa otra realidad. Yo siento que los actores lo viven de esa misma manera. Se puede llegar a confundir la realidad con la ficción, por exceso de trabajo o por falta de experiencia, técnica. Hoy en día hay algo que tengo claro y que aplica tanto en mi vida como en mi arte, y además es la clave de todo: estar presente, ser tú todo el tiempo.

 

Eso es maravilloso porque el arte del actor es ser precisamente otros, múltiples, todo el tiempo.

Si hay un espacio donde yo puedo ser totalmente libre desde mi vulnerabilidad, desde mi libertad, es cuando estoy actuando. Para poder interpretar genuinamente un personaje con verdad y profundidad, tengo que tener ese mismo compromiso conmigo misma. Si hay algo con lo que estoy profundamente comprometida es con esas dos cosas, tanto en mi vida como en mis actos. Creo que no hay otro camino. No hay otro camino que la autenticidad.

 

¿Qué sientes que hace grande a un actor?

En estos días, un amigo me decía que reconoce los grandes trabajos actorales cuando ve a un actor, en una película u obra, pasa la escena y quieres que siga saliendo, quieres seguir viéndolo. Para mí también pasa por ahí, tiene que ver con la sorpresa, con lo inesperado, con estar realmente abierta y disponible para seguir. Como te dije antes, cuando se mete en la cabeza, frenas el discurso y te vas a lo correcto, a lo que tiene que ser, a la idea. La creatividad viene justamente del arte de la improvisación y la vida para mí es lo mismo, la sorpresa total desde el compromiso y el riesgo.

 

¿El personaje también puede ser visto como autor de la historia?

Lo determina esa historia, ese lugar, ese tiempo, en lo que específicamente le está pasando en ese momento, lo que esas circunstancias están generando en ese individuo en ese momento. ¿50-50?

Marlon Brando por ejemplo, lo que le imprimió al Padrino… ¿qué tanto influyó? Si se hubiese involucrado más o menos, ¿hubiese quedado en la memoria de las personas? Y digo que se adueña porque se involucra en el ámbito de las personas.

Sí, bueno, Marlon Brando era un genio para crear. En El Último Tango en París, en la escena del monólogo muerto en la cama, él inventó una técnica nueva ese día, él pidió a los asistentes que pusieran su diálogo en cartulinas grandes para poder mirar hacia arriba, es como si estuviese dejándose afectar por lo que iba leyendo en el instante.

Pero yo siento que uno como actor está al servicio de la historia, de lo que dice el papel, la página; el nivel de apertura parte desde el momento que lees la página, para que no lo empieces a condicionar, sino que tengas verdaderamente apertura, desde la total inocencia. Yanis Chimaras alguna vez me dijo: “Cuando leas algo, esa primera idea que te viene, eso es”; lo primero es trabajar en función de la página y contar la historia, no añadirle cosas o mañerismos. Contar esa historia. Para mí viene eso, tener la apertura, dejar que la imaginación vuele libre, que nunca va a haber una manera correcta de hacer eso. Yo amo investigar, porque -además- después que lees lo que está escrito, investigando se te vuela la imaginación.

 

¿Ha vuelto alguno de esos personajes con el tiempo? ¿Cuál te reclama?

Sí, hay una que siempre quiero volver a ser: Matilde en El día que me quieras. La amo. Hicimos una temporada de dos semanas en Miami durante el Festival Interamericano de Teatro y la llevamos a Venezuela. Además, ella es el personaje que yo quería hacer desde que decidí dedicarme profesionalmente a esto. Cuando estaba en el grupo teatral del colegio, estábamos montando “El día…” y teníamos doble elenco; yo era María Luisa y Matilde, definitivamente el personaje me hablaba, ella me vino a buscar y que me venga a buscar las veces que le dé la gana, porque la amo.

 

Photo Credits: Kathy Boos

Photo Credits: Kathy Boos

VICEVERSA, PALABRAS DE IDA Y VUELTA

Tu día perfecto: Una parrilla en Los Roques con todos los que amo reunidos, celebrando la vida.

Tres canciones que te gusten: Signos de Soda Stereo, Fly Me to the Moon de Sinatra y Universos paralelos de Jorge Drexler.

Un sueño recurrente: Hace mucho que no tengo un sueño recurrente, pero si muchos sueños lúcidos. Amo soñar.

¿Cuál sería un concepto cercano del éxito?: Toda evidencia de que estoy en integridad conmigo misma, alineada con lo que quiero y atravesando todo lo que se requiere para crearlo.

¿Qué es el fracaso para ti?: La incapacidad de reconocer mi responsabilidad de lo que pasa en mi vida.

Algo que volverías a hacer siempre: Enamorarme.

Algo que no harías nunca: Prostituirme.

¿Qué le dirías a alguien que se inicia en la actuación?: No busques trabajo, construye una carrera.

Si no fueses actriz sería: Escritora.

“ViceVersa Magazine apuesta, en un intento por comprendernos, con los pedazos de muchos, que hurgan en significados y futuros posibles.” - Lupe Gehrenbeck

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