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Maria Elena Pombo: Colores para volver a sentir el ritmo del tiempo

Entre puntada y puntada la abuela, costurera, le iba enseñando la magia de las telas que entre sus manos cobraban vida. A su lado María Elena Pombo dibujaba modelos para sus muñecas y escuchaba los cuentos de Galicia, tierra que la abuela había dejado para buscar mejor futuro en Venezuela.

Al pasar de los años María Elena estudió ingeniería, en la Universidad Simón Bolívar, una de las Universidades más prestigiosas de Venezuela. Por un tiempo logró silenciar la pasión por la moda y alejarse de la magia de telas, agujas y tijeras, pero nunca pudo apagarla totalmente. Y así, mientras preparaba sus exámenes para ingeniería, seguía cursos online del London College of Fashion de Londres. Uno de dibujo de moda y otro de marketing, porque, nos confiesa, quería entender cuál aspecto le resultaba más congenial e interesante.

Finalmente, con su título de ingeniero en la mano, aplicó para estudiar en Nueva York en el Parson Fashion Design y aquí se fue convenciendo ya sin posibilidad de duda, que su futuro estaba en el mundo de la moda.

Un día, casi por casualidad, descubrió los tintes naturales y en ese momento su vida dio un cambio que la llevó por caminos hasta entonces inesperados.

 

Maria Elena Pombo

Photo Credits: Melissa Adams de Helm & Anchor. Taller en Castelo Studio en Galicia

 

¿Cómo fue ese primer encuentro con los tintes vegetales?

Fue una hermosa casualidad. Mi novio, diseñador gráfico, quería hacer unos bolsos para iPad y computadoras. Quería algo diferente, hecho de algodón orgánico. Sin embargo no le gustaron los colores de las telas que estaban vendiendo. Me pidió explorar con él la posibilidad de comprar telas blancas y que las pintáramos nosotros mismos utilizando productos naturales. Para mi era algo nuevo. Empecé a investigar y descubrí que era posible teñir telas usando conchas de cebolla y nueces. Fue creciendo en mi la curiosidad hacia esos procesos e hicimos los primeros experimentos. El producto final nos gustó mucho. La concha de cebolla deja las telas de un color dorado mientras que las nueces las tiñen con tonos marrones. Ambos estábamos trabajando pero, en los fines de semana, durante todo un año estuvimos estudiando y experimentando nuevas plantas y nuevos colores. Mi novio logró el objetivo de crear unos bolsos orgánicos, diferentes, y en mi quedó la pasión y la curiosidad de conocer más y más. Al tiempo decidí construir un proyecto alrededor de ese conocimiento. Y nació Fragmentario.

 

Fragmentario, un nombre muy particular. ¿Cómo y por qué lo escogiste?

Pasé meses pensando en el nombre. Quería algo que reflejara la importancia del tiempo, de la paciencia, del construir poco a poco. Estamos acostumbrados a querer todo de inmediato pero los tintes de las telas requieren de un proceso lento, que lleva varias horas. Es como volver a dar un ritmo a las horas, los minutos, sentir el tiempo, disfrutar la espera, dejar que las cosas cambien poco a poco. Entonces empecé a traducir a varios idiomas expresiones que indicaran los conceptos de calma, poco a poco, ir por partes. De repente se me ocurrió traducirlas también al gallego, ese idioma que es español sin serlo totalmente, y cuando busqué “por partes” la traducción que salió fue “fragmentario”. Me gustó mucho esa palabra, me parecía que resumía todos los conceptos que quería expresar, el ir por partes, pero también sumar varias partes, juntar fragmentos, aceptar la imperfección de la artesanía, de lo que se hace con las manos, de lo que es único. Es como la celebración de lo manual. Era además una palabra que se podía entender fácilmente en otros idiomas, como el inglés, el francés, el italiano sin que se perdiera su origen español. Aún así no la usé de inmediato, seguí buscando, pero mi pensamiento volvía a “Fragmentario”. Un día supe que ese era el nombre que quería.

 

¿Cómo lograste sacar Fragmentario de la soledad de tu laboratorio?

Gracias al Instagram. Ha sido una experiencia increíble porque cuando empecé a compartir mi trabajo, mis conocimientos, a través de Instagram, muchas personas se comunicaron conmigo. Me escribían pidiendo consejos, talleres, trabajos específicos y ofreciendo colaboraciones. Día tras día se ha creado una comunidad muy estimulante alrededor de este proyecto.

 

Maria Elena Pombo

Photo Credits: Melissa Adams de Helm & Anchor. Taller en Castelo Studio en Galicia

 

¿Cuáles son las plantas que utilizas para tus tinturas, y cuáles los colores que extraes de cada una?

Son varias, desde la camomila hasta las rosas secas, la caléndula, las semillas y la cáscara de aguacates, las cáscaras de cebolla rojas y amarillas, el onoto, la cúrcuma. Las mejores fuentes para teñir son las que provienen de troncos de árboles porque contienen un alto índice de tanino. Es lo que pasa con la semilla del aguacate. Tanto en Sudamérica como en India hay árboles muy buenos para colorear como el sándalo o el quebracho colorado. En cambio hay algunas plantas y ciertos vegetales que, si bien pareciera que deberían dejar un lindo tono, como la remolacha y el hibiscus o flor de Jamaica, en realidad no sirven porque se destiñen con facilidad. En cuanto a los colores que cada planta o producto deja van desde el rosado de la semilla del aguacate, al morado marrón de la cebolla roja, al naranja amarillo de la cebolla amarilla. Hay muchos matices diversos. A veces para obtener algunos colores hay que mezclar las flores o plantas con otros productos. Por ejemplo para el azul se utiliza la planta indigofera pero hay que mezclarla con azúcar o cal, la misma cal que utilizan para la conservación de los alimentos enlatados. Son casos muy específicos. Hay quien ama mezclar todas las plantas con productos como cal, aluminio, leche de soja etc, para lograr colores más fuertes. Yo prefiero usar solamente la planta, la madera o el vegetal. Es cuestión de gusto, un poco como en la cocina: hay quien pone muchas especias y quien usa solamente sal y pimienta. Yo utilizo solo sal y pimienta.

 

¿Cuáles son las telas que responden mejor a la tintura vegetal?

Generalmente son las que tienen proteína animal como la seda y la lana. El algodón y el lino son más difíciles y toman más tiempo. Yo amo mucho la seda, los colores quedan vivos y con un brillo muy lindo. Tanto para los kits que vendo como para mis talleres uso la seda.

 

¿En qué consisten los kits que vendes?

Son unas botellas con la flor o la planta que hay que usar para teñir, un pañuelo de seda y las instrucciones para realizar todo el proceso. Es un abreboca para quien tiene curiosidad, una pequeña muestra de todo lo maravilloso que puede ser este proceso y un regalo para quien sigue mis talleres.

 

Maria Elena Pombo

Photo Credits: El Tornillo de Klaus. Taller en Cesta Republica en Madrid

 

Háblanos de tus talleres. ¿Cómo los estructuras?

La primera vez que me surgió la idea de realizar un taller, para pasar a otros mi experiencia con los tintes naturales, fue en Italia. Me apasiona mucho el cine y había ido a Calabria, en el sur de Italia, para asistir al Festival de cine que organizan todos los años Giulio Vita un joven venezolano y Sara Fratini. El Festival se llama La Guarimba y ofrece también talleres de diferente tipo. Estando allí descubrí la cebolla de Tropea, una cebolla de un color rojo morado muy hermoso, de la cual los calabreses andan muy orgullosos. Pensé que sería interesante experimentar el tinte con esa cebolla y al ver el interés de otras personas propuse a Giulio dar un taller sobre el tinte con cebolla de Tropea. Creo que el amor hacia la enseñanza, el compartir conocimientos y experiencias, es la herencia que me ha transmitido mi otra abuela, maestra, dedicada y apasionada de su trabajo. Preparé bien la estructura del curso y lo realicé al año siguiente. Fue todo un éxito. Había personas diferentes, desde un grupo de señoras fans de la cebolla de Tropea, hasta jóvenes que tenían curiosidad por un proceso natural y acorde con la naturaleza. Todos quedaron satisfechos. Tras esa primera experiencia comencé a dar talleres también en Nueva York. El último ha sido sobre la utilización del aguacate, una planta muy generosa que deja colores cálidos, hermosos. Cada taller es una experiencia distinta. Lo más estimulante es que se va creando una comunidad alrededor de este trabajo manual. A veces se inscriben personas que ya tienen conocimiento de tintes naturales y lo hacen no solamente porque quieren ampliar y compartir informaciones sino porque desean estar con otras personas que tienen sus mismos intereses.

 

¿Algún estilista te ha contactado para que le tiñas sus telas?

He trabajado para algunos estilistas y también me han contactado para otro tipo de trabajos. Por ejemplo el compositor y guitarrista Luis D’Elia me pidió realizarle una bandera y las franelas para los músicos de su band. También pinté una gran tela que fue utilizada como decorado en el set de un cortometraje. Una experiencia interesante fue pintar hamacas para la empresa Pouch basada en Brooklyn que trabaja con artesanos salvadoreños.

 

¿En algún momento has unido la pasión por los tintes con la del diseño de moda?

Sí. Preparé una colección que llamé “Colección Ahuacati” con indumentaria diseñada por mi y realizada con telas pintadas con aguacate. La presenté en París y ahora en Nueva York. En su mayoría son piezas que hacemos por encargo porque son bastante complicadas.

 

Las tinturas naturales son muy antiguas. Prácticamente todas las civilizaciones las usaba de manera distinta. Algunas tribus las preparaban para pintar sus cuerpos pero también los grandes pintores las usaban para realizar sus cuadros. ¿Has hecho investigaciones sobre la utilización de los tintes naturales en la historia?

Desde que empecé a sentir la fascinación por los tintes naturales comencé a investigar y a hurgar en la historia. Los colorantes sintéticos son relativamente recientes, tienen unos 150 años  y parece increíble que en tan poco tiempo hayan logrado borrar los tintes naturales. Es como si nunca hubiesen existido a pesar de la coloración profunda, hermosa que se puede lograr con ellos. Me entusiasma investigar y descubrir los múltiples usos que cada civilización le dio a las plantas, me gusta conocer más y más de cada una, sus cualidades nutritivas, curativas. Todos usaban plantas, vegetales y maderas diversas para sus tintes dependiendo de lo que les ofrecía la naturaleza. Ahora en Holanda están experimentando con unas algas de las cuales extraen muchos colores. También cambiaban el proceso de elaboración, algunos dejaban que las plantas fermentaran, otros las tostaban. Por ejemplo para obtener el color azul yo sigo la técnica de un químico francés quien estudió los diferentes procesos que aplicaban las poblaciones del norte de África y por eso agrego a la indigofera la cal o el sacarosio. Pero en Japón lo hacen de otra manera y en Centroamérica también. Hay quien usa limones, otros amoníaco y quien sencillamente orine. Descubrir los tintes naturales para mi ha sido como realizar un viaje en el tiempo, adentrarme en la naturaleza, contactarme con el placer de lo manual y sentir el ritmo del tiempo.

 

Maria Elena Pombo

Photo Credits: El Tornillo de Klaus. Taller en Cesta Republica en Madrid

 

Es un camino largo el que emprendió, María Elena Pombo, un camino lleno de sorpresas, que se pierde entre una naturaleza que le regala belleza.

La dejamos entre telas, flores, semillas. Es un universo que no parece de este mundo, un universo que nos devuelve el placer del contacto real con lo que nos rodea. No hay computadoras ni inteligencias artificiales, solamente una mujer que conoció el valor de la espera cuando su abuela, entre puntada y puntada, cosía los vestidos que ella había dibujado para sus muñecas, y en el mientras le iba contando sus recuerdos. 

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- Natalia Bravo

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