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Luis D’Elias: La fusión es el futuro de la música

La pasión por la música, esa idea que remiten ritmos y armonías, tiene siempre (lo notemos o no) mucho que ver con nuestros orígenes. Buena parte de lo que consideramos “nuestro” en las tradiciones musicales regionales, tiene en línea recta y hacia atrás, en el tiempo, un punto de ignición remoto. Muy remoto. La frecuencia de un candombe o un joropo tuyero, no es una generación espontánea. Detrás de la prensa del cuero de las percusiones o de esos ribetes en las cuerdas, hay generaciones de emigrantes, desplazamientos, derrotas y conquistas.

La propuesta sonora de Luis D’Elias recorre una órbita que refleja su misma noción de arte: el grupo, el equipo integrado. Donde la mayoría de jóvenes artistas encuentran espacio para sus desarrollos exclusivos, personales, Luis encuentra un espacio para compartir. Formado como ingeniero, siempre atareado en su propensión al running, el músico no tarda en despojar de pretensiones su impronta. No creció escuchando a Simón Diaz en su casa ni dio pistas de ser músico desde muy pequeño.

Lo suyo es, precisamente, “su” música. Descubrir la herencia musical venezolana lejos de su país de origen, lo hizo yuxtaponer esa idea al principio mismo de hacer música, desde Nueva York, pero mucho antes, desde Berklee School of Music, donde se graduó en 2014.

La fusión, el cruce de manifestaciones y disciplinas lo han conducido desde su primera producción discográfica Orígenes y Destinos en 2015, hacia The Grand Beginning, proyecto que buscará impulsar a través de una campaña de Kickstarter que lanzará el próximo 30 de mayo, día de su cumpleaños.

 

Luis D'Elias

 

¿Qué fue lo que hiciste en Wisconsin para que el profesor le recomendara a tu madre inscribirte en clases de música?

Yo siento que empecé tarde. Estudié en Wisconsin en un boarding school y me tocó ver música como materia obligatoria. Algo habré hecho tocando el bombo (la clase era como de banda marcial) que el profesor se dio cuenta de mi inclinación rítmica. Al final de ese curso me dio clases particulares de redoblante, batería y percusión menor. Después de eso empecé a tomar la guitarra. Luego vendría un verano en Berklee, donde empecé a descubrir el potencial el jazz y en el que resolví que apenas volviera a Venezuela, me metería en el taller de Jazz Caracas. Así lo hice y así empecé a componer.

 

Hay un tabú. Mucha gente escucha “música venezolana” y piensa no solo en un género sino en un solo “tipo” de ese género: el joropo. Hizo falta que alguien como Aldemaro Romero influyera en el contrabando de ritmos tradicionales para que se asimilara todo aquello sin culpas. ¿Cómo fue tu contacto de interés con eso que se suele llamar “música venezolana”?

Definitivamente fue con el merengue caraqueño. Es un ritmo que en vez de basarse en el número 4 o en el número 3 (como la mayoría de los ritmos a los que estamos acostumbrados) se basa en el número 5. Eso lo hace peculiar porque a veces se siente incompleto o apurado, pero justamente eso es lo que le da tanta vida. Cuando la gente lo logra entender y tocar, abre un mundo de posibilidades musicales que ritmos mucho más comunes no permiten. Es muy complejo, pero de alguna manera termina por fluir naturalmente y resulta bailable. El factor rítmico resulta mucho más interesante que el de acordes puntuales, o melodías. Como te dije, el merengue caraqueño se bailaba hasta en las plazas.

 

¿Y de las otras músicas de Venezuela?

La complejidad rítmica para mí es la clave, un profesor me dijo que la música al final es ritmo: la armonía es un conjunto de ritmos superpuestos. La música venezolana no se trata sólo de ritmos tradicionales, también pasa por la instrumentación, las letras, las coplas, las progresiones armónicas son muy particulares en las regiones, a mí personalmente me asombra que todas conectan con algo distinto. La herencia africana y española en la instrumentación es notoria en todos los casos.

 

En tu primer disco hay solo dos canciones con letras. ¿Cómo te enfrentas a la suma de un lenguaje verbal al musical, de por sí suficiente? ¿Te cuesta escribir canciones?

En mi primer disco sólo hay dos canciones con letras. La verdad es que con la composición soy muy pragmático: escribo lo que me gusta escuchar. Parto de un acorde o una progresión que me gustó, e intento imaginarme para dónde va… una historia, un tema. Los títulos vienen de eso en algún punto del proceso creativo, a medida que voy componiendo voy sabiendo cómo se podrá llamar y esa misma intuición del nombre me ayuda a saber cómo voy a terminar la canción. En relación a las letras, fue por momentos… yo particularmente nunca he sido “muy” escritor… tenía melodías y sentí que funcionaba.

 

Luis D'Elias

 

¿Qué es un ensamble y por qué lo elegiste como formato para presentar tu música?

El ensamble tiene una connotación académica que para mí es importante, porque tiene que ver con desarrollar un concepto musical en grupo. En mi caso, basado en ritmos venezolanos pero con gente de Estados Unidos, de Brasil. Yo lo veo desde el punto de vista de la investigación, como un laboratorio. El valor del ensamble es compartir la música no solo de artista a audiencia, sino también de artista a otros artistas. En ese caso, la música fluye también de manera horizontal y esa comunicación, también se traduce en lo que experimenta la audiencia.

 

Hablemos del proceso de composición de “Orígenes y Destinos”, siendo todavía estudiante. Me contaste algo de la concepción lineal de los temas y a su vez en una caminata con la canción Onda máxima en la mente, ¿En qué estabas pensando? 

El disco lo compuse muy a mi ritmo, cuando tenía ideas sobre las que trabajaba me sentaba y ya. Esperé que las ideas llegaran solas a lo largo del tiempo y las iba probando en los recitales o en ensayos. La idea del disco fue la búsqueda de la fusión, que celebrara la música venezolana. Los ritmos bases son merengue caraqueño, joropo, pero también tiene tonadas y toques de otras cosas como gaitas. Experimenté con otras cosas como ritmos brasileros o de medio oriente y los mezclé con jazz. 

 

¿Ha funcionado distinto para ti la dinámica como compositor y músico teniendo la idea original de ser quien reúne, quien plantea uniones imprevistas en el arte?

Para mucha gente la música latina es salsa o reggaetón y ya. Esto es una familia que hemos estado desarrollando desde cero y creo que también para mí es una manera de seguir en Venezuela. Yo llevo casi dos años viviendo afuera y esta música ha sido una manera de seguir en Venezuela. Creo que hay mucho valor en tener gente de lugares distintos interpretar la música desde sus backgrounds tan particulares. Todo nutre todo. Poder navegar diversos géneros enriquece demasiado lo que uno hace y quiere comunicar como artista.

 

Luis D'Elias

 

Esa intención no se quedó en el pentagrama. Lo que haces, que podría remitir al “World music” no atraviesa géneros sino disciplinas. Recientemente diste a conocer Hijos de la sabana que es una síntesis de esa idea, ¿Cómo funcionó eso?

Me parece que tener la música como epicentro para conseguir colaboraciones con otros artistas es una oportunidad muy valiosa. Danza, vídeo, pintura, artes plásticas. Es algo que le da dimensión al arte y por ende a la cultura. En este caso, creamos en conjunto con Andrea Amanda pintando, Marina Maiztegui cantando y Rosa Amanda Tuirán en la dirección. El tema está inspirado en muchos pasajes de Simón Diaz y habla, claramente, desde la nostalgia.

 

Tu segundo disco (y no el primero) se va a llamar “The Grand Beginning”, ¿Qué es lo que va a empezar?

Mira, este disco que viene lo estoy pensando como algo más conceptual, asociado con el tema central que sigue siendo la migración. Quiero generar un diálogo a través de la música, la fusión de géneros y las letras inspiradas en todo lo que pasa relacionado a latinos emigrando. Pienso apoyarme en el formato de canción y tener la voz como instrumento central. Eso le dará un punto de encuentro más fácil de identificar que el brindado con música instrumental. Además, las letras dan una dimensión extra a lo que se quiere evocar. Se trata también de rendirle un homenaje a la tradición de la canción y su poder para contar historias.

 

ViceVersa palabras de ida y vuelta.

El éxito para ti: Poder seguir haciendo esto, músico. No creo que se trate de un resultado tangible específico, sino de seguir pudiendo hacer esto acá.
Pesadilla o sueño frecuente: No recuerdo mis sueños.

Un miedo: No poder ver la Venezuela recuperada que sueño.

Algo que no harías nunca: Comerme una cucaracha.

Si no hicieras lo que haces: Tengo un sueño frustrado de ser comediante, pero menos mal que está frustrado.

Qué no le puede faltar a una canción: Sentimiento.

Tres cancionesSabana de Simón Díaz, Round about de Yes y Bohemian Rhapsody de Queen.

Un sonido que no soportes: El de las ambulancias.

Tu día perfecto: Correr, hacer música y dormir bastante.

Qué le recomendarías a alguien que se inicia en la música: No olvidar buscar la voz propia que todos tenemos. En cuanto a la composición, que no se enfrasque en tecnicismos o historia, sino en ver cómo se pueden usar diversas cosas para hacer lo que buscas.

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