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Juan Villoro: No quisiera ofender al reino animal comparándolo con los presidentes mexicanos

Tras una conferencia de dos horas, con su acostumbrado saco de pana, Juan Villoro, sin el auxilio de un guión en la mesa, o del ya tan acostumbrado telepromter, instrumento puesto de moda en el bestiario político mexicano, hace estallar risas y reflexiones del público en el Auditorio de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, por cierto, su Alma Mater 

El escritor que ha surcado el periodismo, fue ganador del premio Herralde con la novela El Testigo, cuentista, dramaturgo y, por si fuera poco, promotor a la presidencia de la República de la candidata del Consejo Nacional Indígena (CNI),  María de Jesús Patricio Martínez, más conocida por la abreviatura de Marichuy.  

Villoro es también un astrónomo dentro del cosmos futbolístico, en un país por antonomasia sometido a los designios del balón, si consideramos que éste lleva en su rodar, aquí, más de tres mil años de historia. No sólo en la esfera de lo político sino también en la del cosmos deportivo ha habido duelos históricos. ¡Qué decir del Honduras contra El Salvador en 1969 y de la semifinal de Argentina contra Inglaterra en el mundial de México ‘86, a dos años de que el ejército argentino firmara su derrota, tras perder en la guerra de la Malvinas, o de la impronta que ejerce en el imaginario nacional el anhelado quinto partido. Tal recuerdo nos acecha como un pasado que parece irremediablemente impuesto por los designios del destino, pero cada cuatro años, aflora la duda, de que por fin la cosa pueda cambiar.   

Corría el año de 1929, cuando el rector de la Universidad Nacional, el literato y filósofo José Vasconcelos, creador de la Secretaria de Educación Pública postuló a la presidencia en contra de Pascual Ortiz Rubio. Contienda que perdió. El fraude de ese mismo año le indujo a intentar un levantamiento popular, conocido como el Plan de Guaymas.  

Y recordamos cuando el premio nobel peruano Vargas Llosa tuvo el desplante, al enterarse de que el ex presidente, Alberto Fujimori, conocido como el Chinito, por su origen japonés, había ganando las elecciones.  

O qué decir de Gabriel García Márquez, que Krauze define: “No hay en la historia de Hispanoamérica un vínculo entre las letras y el poder remotamente comparable en duración y fidelidad, servicios mutuos y convivencia personal al de Fidel y ‘Gabo'».  

 

Juan Villoro

 

En la América Latina del siglo XX los escritores han desempeñado muchas veces roles protagónicos dentro de la política. Ejemploparadigmáticos fueron Vargas Llosa, Gabriel García Márquez o Sergio Ramírez. ¿Piensa que existe cierto ritual de seducción entre los literatos latinoamericanos con el poder?  

La situación es compleja y digna de analizarse. En países atrasados, los escritores adquieren una relevancia social que rebasa la lectura de sus libros. Esto se debe a que dominan una forma de la dificultad –la escritura- en zonas de analfabetismo y de ignorancia. Por extensión, se les confieren dotes superiores a las que tienen y se les considera profetas de todos los asuntos. Por su parte, los escritores saben que pertenecen a sociedades injustas y sienten la tentación de cambiar algo desde la práctica. No se trata de un mero engaño ante el poder, sino de un deseo de transformación. Sergio Ramírez fue un honesto vicepresidente de Nicaragua, después de haber estado en el exilio y en la clandestinidad, y rompió con valentía con Daniel Ortega, que ahora lo hostiga. Vargas Llosa estuvo a punto de arruinar su carrera literaria y arriesgó la vida para llegar a una presidencia que para su fortuna no pudo obtener. En México, Vasconcelos entendió la política como una extensión de su quehacer literario, una apuesta civilizadora tan importante como la escritura de sus libros. Lo que hizo al frente de la Secretaría de Educación sigue marcando nuestra cultura. Pero también hay muchos escritores mesmerizados con el poder y burócratas de segunda fila que buscan hacer carrera literaria a través de los puestos. Se trata de relaciones complejas e intrincadas en las que hay que distinguir entre un caso y otro.  

 

El escritor japonés Haruki Murakami empieza su rutina literaria durante el alba, las 4 de la mañana y concluye a las 8Agatha Christie empleaba su tina como oficina para escribir novelas policiacas. Carlos Fuentes decía que invariablemente escribía cuatro cuartillas diarias. ¿En su caso, dónde gusta acomodarse? ¿Cuál es el proceso creativo de Juan Villoro? 

Normalmente trabajo de nueve de la mañana a dos de la tarde, todos los días. Pero trabajo mucho mejor lejos de mi casa que en ella. Virginia Woolf quería tener un “cuarto propio” para dedicarse a las tareas a las que normalmente se dedicaban los hombres que disponían de un estudio. Yo aspiro a tener un cuarto ajeno. En mi casa debo ocuparme de demasiadas cosas, el teléfono no deja de sonar, los amigos y los parientes tienen urgencias que atender. Es una paradoja pero suelo estar más tranquilo lejos de mi propio espacio. Mi horario no cambia, pero el rendimiento es muy distinto. Puedo escribir con ruidos y con interrupciones, pero a la larga se nota en ciertos párrafos que hubo ruidos e interrupciones.  

 

 ¿Durante el siglo XVII, el político y economista Jean Baptiste Colbert se volvió celebre por sus dibujos quiméricos, en los que aparecían los rostros de seres humanos sobreexpuestos al de un asno, o a una cabeza de loro, o a la de un león. Colbert partía del supuesto que en las expresiones y formas del rostro humano se ocultaba un animal y con ello la personalidad real del individuo ¿Qué zoología se ocultaría detrás del bestiario presidencial mexicano, del presidente estadounidense Donald Trump y del de Rusia Vladimir Putin? 

No quisiera ofender al reino animal comparándolo con los presidentes mexicanos. Acepto el juego pero pido disculpas a la fauna por asociarla con seres de segundo orden. Felipe Calderón fue la hiena que iba recogiendo los restos de la guerra que inventó y Peña Nieto es un crustáceo de agua dulce que cayó en el mar y no supo qué hacer o sólo supo refugiarse en su caparazón. Trump y Putin pertenecen al orden de los depredadores: un tiburón blanco y un tigre siberiano.  

 

¿Cuales son los diez libros imprescindibles para usted? 

La respuesta sólo puede ser accidental. Durante el minuto que lleva leer la lista, mis favoritos son: 

En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust 

Pedro Páramo, de Juan Rulfo 

Aforismos, de Georg Christoph Lichtenberg 

Lolita, de Vladimir Nabokov 

Las afinidades electivas, de Goethe 

Ficciones, de Borges 

Zozobra, de Ramón López Velarde 

Tirano Banderas, de Valle-Inclán 

El Quijote, de Cervantes 

Hermanos Karamázov, de Dostoievski. 


Photo Credits (video): Karen Cantú ©

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