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Juan Manuel Echavarría: Me interesan las huellas que deja la guerra

Profundas, a veces imposibles de cicatrizar, son las heridas que deja una guerra en el cuerpo y en las almas de las personas. No hay ganadores en los enfrentamientos armados, solo víctimas. Cuerpos mutilados, almas rotas, casas abandonadas, campos destrozados, muertos sin nombre. Es lo que ha dejado en Colombia una guerra civil que aun no ha terminado. Panorama desolador en el cual se ha adentrado durante años y años el artista Juan Manuel Echavarría. Con discreción, respeto, humildad y humanidad, ha retratado el dolor que queda diseminado en pequeños detalles que testimonian el paso de vidas fracturadas. Con su lente ha capturado ecos de terror que quedan atrapados en los vacíos de las casas, en la soledad de un animal, en los pizarrones con letras esfumadas, en hojas de cuadernos con dibujos infantiles a medio terminar y libros sucios de tierra.

Echavarría por casi cincuenta años vivió en el mundo de ensoñaciones de la literatura, escribiendo novelas oníricas, fantásticas, sumergido en la otra Colombia, esa que buscaba, en una creatividad refinada y docta, el antídoto al horror y al miedo. Hasta que, como confiesa él mismo:

– En el umbral de los cincuenta la palabra me dijo “vete de mi”. En ese momento entré en una crisis existencial. Me sentía al borde de un precipicio y viajé a Nueva York para hablar con dos amigas entrañables y grandes artistas: Ana Tiscornia y Liliana Porter. Ellas me regalaron una cámara fotográfica y me lanzaron al precipicio. Esa cámara se transformó en un paracaídas que me dejó caer en Colombia. Comencé a ver lo que no había visto hasta ese momento, a conocer un país al que pertenecía a pesar de mis huidas. Creció en mi el deseo de investigar, testimoniar la violencia de la guerra a través de la imagen y del arte. En la literatura siempre me sentí atraído por la metáfora, el símbolo. Con la cámara fotográfica escogí ese mismo camino. No estaba interesado en la documentación reporteril sino en mostrar la violencia a través del arte.

 

Juan Manuel Echavarria

Photo Credits: Juan Manuel Echavarría, Testigo Miraflores 2016. Impresión cromogénica, 100cm x 150 cm

 

¿Antes de dedicarte con tanta pasión a la fotografía hubo algún momento en el cual sentiste el deseo de expresarte con ese medio?

Antes de los cincuenta consideraba la fotografía la menor de las artes. Viajé mucho y nunca sentí la necesidad de retratar paisajes humanos y naturales a través de la imagen, en cambio sí me interesaba la palabra escrita y siempre llevaba diarios de viaje. Hoy utilizo la palabra como complemento de la fotografía. Salí de mi estudio de Bogotá. Ahora visito zonas de guerra, paso días escuchando las historias de las personas que vivieron ese conflicto en carne propia. Ni yo mismo puedo entender el proceso que me llevó a un cambio tan radical.

 

Pareciera que el lente de la cámara haya actuado como un filtro protector, que haya facilitado el acercamiento al dolor. Algo imposible de lograr con la palabra.

Pienso que yo quería dar la espalda a la realidad en Colombia y construir otra a través de la palabra: una realidad fantástica, onírica. Hoy puedo decir que para mi la literatura fue un naufragio pero también que, cuando sales vivo de un naufragio, aprecias lo que aprendiste. Yo de la literatura aprendí el valor de la metáfora y es lo que se refleja en mis imágenes. Me interesan las huellas que deja la guerra, construir una memoria a través de ellas, descifrar el laberinto del conflicto. Cualquier guerra es mucho más compleja de lo que se pueda imaginar, no existen blancos y negros, buenos y malos. Las historias que escucho y voy recogiendo me han dejado entrever zonas grises muy profundas.

 

Juan Manuel Echavarria

Photo Credits: Juan Manuel Echavarría, Silencio Político 2010. Impresión cromogénica, 100cm x 150 cm

 

¿Qué desencadenó en ti el deseo de seguir el rastro de la guerra a través de las fotos?

Surgió desde el momento en que mis amigas me lanzaron al precipicio con una cámara fotográfica. Mi primera serie salió en 1996. Recuerdo que iba recorriendo las calles de una zona un poco marginal de Bogotá. Había varios almacenes de telas, uno detrás de otro, con su mercancía expuesta en las aceras. Las telas estaban apoyadas encima de unos maniquíes rotos, maltratados, mutilados. Eran rostros muy impactantes, me pareció ver una imagen de los civiles que llegaban de una guerra y empecé a fotografiarlos. Sin embargo lo que más me impactó fue la indiferencia de las personas quienes se paraban, tocaban las telas, pedían los precios y en ningún momento se detenían a ver el rostro mutilado de los maniquíes. En aquel momento pensé: Yo tampoco quise reconocer la violencia que ha vivido mi país. Esa fue mi primera serie de fotografías y a partir de entonces no he dejado de investigar.

 

Durante muchos años la palabra desapareció de tu universo creativo para dar espacio a la imagen. ¿Has pensado en algún momento juntar esos dos medios de expresión?

La palabra escrita y las imágenes son herramientas artísticas muy diferentes, sin embargo tengo la esperanza que en algún momento se conjuguen las fotografías con los diarios escritos. Detrás de mis imágenes hay muchas historias. Para descubrirlas tuvimos que internarnos en zonas muy apartadas del país. Fueron recorridos largos durante los cuales los guías nos iban contando la historia de las personas que allí vivían. Pudimos entrar en casa de los campesinos, dialogar con ellos quienes fueron los verdaderos protagonistas de esas vivencias tan terribles. Nos hablaron de las matanzas, de los responsables, de los desplazamientos. Antes de fotografiar existen otros verbos: caminar, escuchar, compartir.

 

Juan Manuel Echavarria

Photo Credits: Juan Manuel Echavarría, Testigo Limón 2010. Impresión cromogénica, 100cm x 150 cm

 

En esos recorridos has entrado en más de cien escuelas abandonadas. La serie Los silencios que surgió de las fotos realizadas a los pizarrones a medio escribir, testimonios solitarios de infancias truncadas, de huidas precipitadas, muestran cómo la educación fue una de las grandes víctimas del conflicto. También hablan del miedo que acompañaba inevitablemente la vida de los niños.

En el silencio de los tableros de las escuelas abandonadas quedaron atrapadas muchas historias. Detrás de ellos hay ejecuciones, masacres, desplazamientos masivos de familias campesinas y naturalmente la fractura de la educación de niñas y niños. Mientras realizaba esas fotos pensé en el mito de Perseo quien, para mirar a la Medusa, ícono de terror, sin ser transformado en estatua, tuvo que usar su escudo como espejo. Es la mirada indirecta. Yo creo que para hablar sobre la violencia, el horror a través del arte hay que usar la mirada indirecta y esos tableros para mi son como el escudo de Perseo.

 

También esconden la historia de las mujeres quienes sufrieron quizás más aún que los hombres. Tuvieron que cargar con los lutos, la pérdida de las casas, y mucha violencia física.

En Colombia hay muchas viudas y en los talleres de pintura que organicé con ex combatientes participaron varias mujeres quienes entraron muy jóvenes, casi niñas, en la guerrilla. Se enrolaban llegando de historias diferentes: algunas habían escapado de la violencia familiar, otras se habían enamorado de algún guerrillero y habían decidido seguirlo. Sus hogares estaban en zonas muy apartadas del país donde no había presencia del estado. Las autoridades eran el ejército, la guerrilla y los paramilitares que hoy muchos parecen haber olvidado. Ellas sufrieron más porque la guerra también es amor y las mujeres a veces eran víctimas de violencia y en algunas ocasiones se veían obligadas a abortar.

 

Juan Manuel Echavarria

Photo Credits: Silfredo, Terror y desesperación por el Paramilitarismo (2008). Excombatiente Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –FARC-EP–. Ingresó a la edad de 16 años, permaneció allí por 10 años.

 

Paralelamente a tu trabajo artístico has realizado talleres de pintura con ex combatientes. Muchas veces expresar a través de la creatividad los traumas que llevamos adentro tiene un efecto sanador. ¿Cómo fue tu experiencia con personas tan involucradas en la guerra?

Realicé los talleres junto con Fernando Grisález y Noel Palacios quienes trabajan conmigo desde hace años. Participaron ex combatientes de ambos sexos que venían de todos los grupos, guerrilleros, ejército nacional, paramilitares. Fue una experiencia importante. Pude comprobar que esta guerra fue de campesinos matándose con campesinos. Muchos tuvieron un arma antes que un lápiz, un camuflado antes que un uniforme escolar. Gracias a ellos pude distinguir las zonas grises en las cuales hay muchachos y muchachas quienes fueron víctimas de una sociedad que no les ha dado una oportunidad de vida diferente. En el campo hay un vacío total del estado. Los ex combatientes quienes entraron voluntariamente en nuestros talleres empezaron a narrar sus historias a través de pinceles que, en muchos casos, tocaban por primera vez. Todos venían con traumas profundos y la pintura les permitió hablar de lo que nunca habían podido expresar con palabras. Fueron sacando cosas desde adentro, recuerdos muy dolorosos. Al finalizar los dibujos yo les preguntaba “¿Qué siente tras pintar esta obra?, y la respuesta era siempre la misma “Un gran alivio, me liberé de un peso que no podía sacar”. Esas pinturas sencillas, infantiles eran narraciones visuales. Al concluirlas les pedía si podían contarme las vivencias que estaban encerradas allí y si me permitían grabarlas. Entonces ellos empezaban a recuperar la palabra y a narrar. Cuando lo hacían iban más allá del marco de la pintura y muchas veces contaban sus relatos desde la infancia.

 

Juan Manuel Echavarria

Photo Credits: Henry, Tortura a un ser Humano (2007). Excombatiente de las Autodefensas Unidas de Colombia AUC. Ingresó a la edad de 18 años

 

Laura Reuter, directora del North Dakota Museum, al escribir sobre la exposición Boca de cenizas, dice: Echavarría usa la belleza para seducir al espectador e introducirlo en su mundo. Sin embargo, su definición de belleza incluye el saber que en el centro de todo lo bello se encuentra lo incómodo e incluso lo feo. ¿Es realmente así?

Toda mi obra tiene una estética en la superficie que me interesa. La belleza de la imagen me permite atrapar al espectador, no es un fin sino un medio. Lo que me interesa es comunicar lo que esconde. 

 

En una de tus composiciones visuales que se titula La bandeja de Bolívar, haces una referencia al narcotráfico. ¿Hasta qué punto el narcotráfico ha influenciado y fortalecido el conflicto en Colombia?

Creo que el narcotráfico, a partir de los años ’80, actuó como gasolina en una hoguera. Enriqueció a guerrilleros y paramilitares permitiéndoles comprar mejores armas y recaudar más combatientes. Sin embargo lo peor del narcotráfico es que ha invadido todas las instituciones, ha corrompido el país entero y las políticas internacionales vueltas a limitar esos daños han resultado un desastre. No podemos olvidar que hasta tuvimos a un Presidente, Ernesto Samper, quien llegó al poder gracias al dinero del cartel de Cali. Es muy difícil salir de una situación así.

 

Juan Manuel Echavarria

Photo Credits: Juan Manuel Echavarría, Requiem NN (2006-2013). Lenticular print, 50cm x 50cm

 

¿Descubrir, entrar en una realidad tan dolorosa, de la cual habías estado escapando durante tanto tiempo, hasta qué punto te ha cambiado dentro?

Creo que me volvió un ser humano más tolerante, una persona que escucha con mayor atención al otro y que no quiere juzgar. Estoy convencido que me abrió el corazón, me mostró unos horizontes que no conocía, unas realidades que no veía. Este trabajo me llenó de humanidad. Creo que hoy soy un mejor ser humano.

 

Acercarte a los horrores de la guerra de una manera honesta, sin preconceptos te ha permitido ver cuán profundos son los daños que ha dejado en las personas. ¿Crees que tu trabajo puede ayudar a crear puentes que permitan una reconciliación nacional?

Con mis proyectos artísticos, para cuya realización he contado en los últimos diez años con la colaboración de Fernando Grisales, compañero impecable quien ha recorrido conmigo el país, he querido visibilizar lo invisible. En Colombia existe una división terrible entre lo urbano y lo rural. A veces en las ciudades no sabemos lo que pasó en el campo y es allá donde combatieron las Farc, los paramilitares, el ejército. En las áreas urbanas tuvimos violencia pero donde más la sufrieron fue en las zonas más rurales y aisladas del país. En la burbuja que para muchos fue Bogotá no hemos visto los horrores que vivió el campo colombiano. Mi deseo es poner mi granito de arena para que todos sepan lo que pasó. Hablar en las Universidades o en otros espacios de las experiencias acumuladas en esos recorridos, de las familias campesinas, contar como viven, cuál es su relación con los animales, narrar lo que significaron para ellos los desplazamientos, las masacres, compartir con otros lo que descubrimos en las escuelas abandonadas. Son investigaciones visuales muy emocionales que me interesa traer a la ciudad para ver si, a través de las obras, podemos abrir espacios de reflexión y de emoción.

 

Juan Manuel Echavarria

Photo Credits: Juan Manuel Echavarría, Requiem NN (2006-2013). Lenticular print, 50cm x 50cm

 

Es un esfuerzo muy importante en un momento en el cual se está tratando de lograr una paz anhelada profundamente pero muy difícil de alcanzar. ¿Tras tantos odios, lutos, dolor, crees que la paz es una esperanza posible?

Sin duda la herida es muy profunda y no será fácil sanarla. Creo que lo que puede ayudar es la búsqueda de la verdad, rescatar la memoria para mostrar a las nuevas generaciones los horrores que nos hacemos los seres humanos. Evitar la normalización de la guerra. Veo esperanza en las Universidades, allí donde hay muchas personas que estudian y tratan de entender lo que nos pasó. Me frustro cuando escucho a los políticos quienes, después de cincuenta años, siguen con un discurso lleno de odio. Repiten la palabra “guerra” como lo hace uno de los loros de mi video “Guerra y Pa”. En Colombia no hemos podido completar la palabra Paz colectivamente. Seguimos diciendo Pa. Guerra y Pa.

 

Juan Manuel Echavarria

Photo Credits: Juan Manuel Echavarría, Requiem NN (2006-2013). Lenticular print, 50cm x 50cm

 

Juan Manuel Echavarría con su obra  ha logrado dar un sentido profundo a las palabras hogar, patria, territorio común. Su cámara habla en nombre de una población que no tuvo alternativas a la guerra. Echavarría no puede devolverles la vida que perdieron pero los arranca al olvido. Su voz es calma, indetenible como el agua del río Magdalena, ataúd piadoso donde reposan cuerpos muertos, mutilados, sin nombre ni seres que los lloren. Son ellos los protagonistas de su tocante documental Requiem NN que en Nueva York presentó el MoMA.

Es un trabajo minucioso, el de Juan Manuel Echavarría, una búsqueda paciente, amorosa, respetuosa del dolor. Con su arte está tratando de recomponer el cuerpo desmembrado de un país.

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