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Ilan Stavans: el fascinante misterio de las palabras

NUEVA YORK: En su inolvidable Credo Aquiles Nazoa decía: Creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente/debajo de la almohada de mi niñez. Tras conocer a Ilan Stavans pensamos que él hubiera escrito: Creo en las palabras que atesoro secretamente/debajo de la almohada de mi niñez. Un tesoro al cual ni los años ni los inevitables avatares de la vida, han podido quitar el brillo de lo prodigioso. Hoy, adulto y “tras haber escrito demasiadas palabras” como él mismo nos confiesa, esos sonidos que nos identifican como seres humanos, que nos ayudan a comunicarnos, a expresarnos y a contarnos, siguen teniendo para él el mismo valor de asombro y maravilla, que tuvieron desde el momento mismo en que empezó a articularlos y a transportarlos en un papel.

La vida lo ha llevado a conocer países distintos y distintos idiomas, las palabras se han ido cruzando en su ser y han sido sus fieles aliadas para transitar por diferentes culturas. Y, cuanto más se ha dejado llevar por ese río caudaloso de sonidos hechos palabras, más ha crecido su amor y curiosidad. “¿Por qué existen las palabras, cómo existen, de dónde vienen, cómo se transforman?. – Se pregunta sin cesar – ¿Cuáles son las nuevas palabras que podemos integrar, cómo van fluctuando la gramática y la sintaxis, qué puedes hacer con las palabras que no puedes hacer con el cine, la televisión y la música? Son instrumentos antiguos y nuevos al mismo tiempo. Todo está incluido en un diccionario. – reflexiona casi para sí – El diccionario encierra Moby Dick, Shakespeare, cualquier libro. El escritor no hace más que reorganizar las palabras del diccionario a su manera y su esperanza es que el libro sea igual de interesante”. Ensimismado en pensamientos que danzan con las palabras Stavans agrega: “Quizás lo más atractivo de la literatura sea el hecho de tener que convertir en palabras lo que te está ocurriendo. Tratar de explicar como se ve tu cara en palabras, lograr que quien me está leyendo pueda ver tu rostro, percibir tu expresión, a través de mis palabras, es un fenómeno que me motiva y me entusiasma”.

Mexicano de nacimiento Ilan, tras vivir años en Europa e Israel, se ha establecido en Estados Unidos y lleva aquí casi la mitad de su vida. “Al llegar entendí que tenía que aprender bien el inglés y mantener la vida entre dos lenguas y dos culturas”.

Docente y escritor Ilan Stavans confiesa escribir “en español para contar a los latinoamericanos lo que ocurre aquí y en inglés para explicar a los anglosajones lo que ocurre en nuestros países. Me dedico sobre todo a pensar de manera pública, siguiendo una tradición que en América Latina entendemos bien. Aquí menos porque hay la tendencia a creer que los escritores latinoamericanos hablan solamente de sus realidades, sus barrios, sus problemáticas. Lo mío es totalmente distinto, yo me adscribo a la tradición de Andrés Bello, Borges, Octavio Paz y amo reflexionar sobre temáticas como la identidad, la nacionalidad, la lengua, la cultura. Me gusta hacerlo también desde la traducción y desde la ficción”.

Stavans durante muchos años fue reportero y es en calidad de reportero que ha recorrido el mundo antes de llegar a Estados Unidos.

– ¿Hasta que punto tu alma de reportero influye en tu escritura?

El reportero aspira a contar historias que son verídicas pero sabe también que debe convertirlas en accesibles e incluso placenteras. Un asesinato, la corrupción de un político no son interesantes hasta que alguien las convierta en un cuento con un principio y un final. Para mi la idea de poder utilizar palabras para describir y para encantar fue crucial siempre. Creo que, así como les pasó a García Márquez y a Hemingway, quedé marcado por la disciplina que implica tener que llenar cada día un espacio bien definido en un periódico, con una cantidad determinada de palabras y en un tiempo reducido. A veces no era importante la verdad sino la capacidad de llenar la media página o página a tu disposición. Ese juego entre realidad y fantasía ha sido increíblemente nutritivo para mi.

– Volviendo a los idiomas y a las palabras, tu “spanglish” creó un avispero de críticas, positivas y negativas. Me pregunto hasta qué punto mezclar los dos idiomas entre los cuales se desarrolla tu vida te ha ayudado a integrar también tus distintas almas y a buscar un equilibrio entre la emoción por lo nuevo y la nostalgia por lo que habías dejado.

Hay una frase famosa del filósofo George Santiyana, un exiliado español que dio clases en Harvard, en la cual me reconozco. Dice “I don’t know what I mean until I see what I say”. Yo vivo casi como una obligación la necesidad de dejar constancia de los pensamientos y de usar esos pensamientos como un espejo de lo que está ocurriendo frente a mi. Creo que uno de los grandes desafíos que nos toca enfrentar, en este comienzo del siglo XXI, es que las ideas son demasiado fugaces, no permanecen. Nos escapamos de la realidad gracias a la cantidad de medios de comunicación que existe, todo se reduce a la brevedad de un twitter o a una nota que ponemos en Facebook. No pensamos en público y siento que para el intelectual ese pensar en público es una obligación. Hay que motivar el diálogo, la reflexión. En esta propuesta de reflexión coinciden mis diversas identidades, la del judío, la del mexicano y la del inmigrante que es nieto de inmigrantes.

Nunca me pensé como inmigrante – sigue tras una pausa – hasta que llegué a Estados Unidos. Aquí entendí que venía de una familia en la cual muchos de sus miembros habían roto los lazos que los unían a los lugares en los cuales nacieron y se criaron. Entendí lo que significa dejarlo todo y tener que reconstruirse, reinventarse, insertarse en una nueva cultura, una lengua distinta y una nueva nacionalidad, hasta en una nueva manera de soñar.

Ilan se pierde en los recuerdos de sus abuelos que se entrecruzan con los suyos. Sueños y temores que se repiten, no importan las épocas ni los países, no importa si saliste en barco o en avión, no importa si te llevó el miedo, la necesidad o el hambre de vida.

Veo la identidad como un río que no se detiene y en el cual uno se sumerge y vuelve a emerger. En ese río nos topamos con los estereotipos que te etiquetan y contra los cuales luchamos toda la vida. Eres el mexicano, el profesor, el padre, el reportero.

– Un camino largo en el cual te acompañan las palabras. ¿Hasta qué punto realmente las lenguas tienen la capacidad de mezclarse y adaptarse a nuevas realidades? Las Academias de la lengua sirven para minimizar esas contaminaciones.

Las lenguas, para sobrevivir, tienen que estarse prestando unas a las otras. Hay lenguas imperiales y coloniales. España, Francia, Inglaterra, Portugal tuvieron colonias en las cuales establecieron sus idiomas. En la actualidad más de 450 millones de latinoamericanos usan el idioma español fuera de España, país en el cual solamente lo hablan 35 millones de personas. Aún así España cree que es el único lugar en el cual se mantiene la lengua que todos debemos usar. El inglés, por lo contrario, no tiene una Academia. Hubo varios intentos de crear una entidad que defendiera el idioma pero por razones diversas nunca surgió una Academia. Eso por un lado hace que el idioma pueda descomponerse más fácilmente, pero por otro lado, el hecho que nadie tenga la responsabilidad de protegerlo significa que esa responsabilidad es de todos. El idioma lo protege o lo destruye la gente. Los diccionarios como el Merriam-Webster o el Oxford son diccionarios prescriptivos y no, como el de la Real Academia, descriptivos. Ellos van reflejando los cambios de la lengua y no te fuerzan a hablar de una manera determinada. En España los miembros de la Academia debaten sobre si una palabra puede aparecer o no en el diccionario y es la cosa más absurda porque si la gente está usando esa palabra es irracional no incluirla en el diccionario. El inglés absorbe sin sentir culpa mientras que otros idiomas como el español o el francés viven los cambios con culpa, sienten que están perdiendo la pureza y a cada rato anuncian lo que no se puede decir. En el inglés hay una cantidad de palabras del alemán, del italiano, del español pero también es un idioma que se insinúa en todas partes.

– ¿Prefieres escribir en español o en inglés?

Para los ensayos prefiero el inglés. Es más exacto, más preciso. Para la ficción prefiero el español.

– Me llamó la atención que, al hablar de los autores que sientes más cercanos, no hayas nombrado a Dante quien, escribiendo la Divina Commedia en volgare, rompió con el pasado y abrió el camino al italiano.

Es curioso y tienes razón. Sin embargo soy un lector apasionado de Dante, en español y en inglés. Llegué a Dante por dos casualidades. La primera fue gracias a Borges. Cuando todavía podía leer, Borges, viajando en autobús, escribió el libro, Ensayos Dantescos, en el cual fue articulando varios elementos del viaje, del Infierno y del Paraíso. Sin embargo, aún siendo un gran amante de la lengua, Borges nunca analiza el trabajo de Dante bajo esta óptica ni menciona todas las complicaciones de la lengua vulgar. La segunda casualidad fue gracias a un libro que me regaló mi esposa. Sabiendo que amo las novelas detectivescas me regaló una traducción al inglés de los primeros dos cánticos de la Commedia de Dante, hecha por Dorothy L. Sayers, famosa escritora inglesa de este género. Me encantó y me pareció la mejor estrategia para llegarle a Dante bajándolo de las alturas hiperrealistas y llevándolo a lo detectivesco con una versión que todo el mundo podía leer y entender. Esa visión me llenó de alegría y creo que Dante también usa la lengua, la divulga, la convierte.

– Hablando de novela detectivesca, pareciera que cada vez hay más escritores que se acercan a ese género así como al policial.

Creo que nos hemos dado cuenta de que aquello de dividir a los lectores entre los que leen una cosa u otra es artificial y nefasto. Los italianos, los británicos, los norteamericanos nos han enseñado a los latinoamericanos que las novelas policiales y detectivescas también son géneros que pueden suscitar una reflexión filosófica y existencial. Un ejemplo es el de Leonardo Sciascia quien mezcla la corrupción política con la existencia. Ya no hay divisiones entre literatura de clase A y B. Tarantino hace películas B que son A. Las diferencias quedaron borradas. Lamentablemente en el mundo de la Academia de los estudios hispanos hay un círculo que sigue retrasado y al cual le cuesta mucho mezclarse con la vida real, con la calle. Es algo que considero muy negativo. Para mi el salón de clase no puede ser un lugar aislado de la calle, todo lo contrario, debe estar en constante comunicación con la vida real.

Y sin embargo tu gran pasión es el Quijote. Una pasión que has vertido en las páginas de tu último trabajo, Quixote, un libro entretenido, que no tiene nada de los aburridos ensayos académicos. Es una lectura tan placentera que al terminarla lo único que se desea es empezar a leer o releer, quizás con ojos diversos, las gestas del protagonista de Cervantes. Es impactante descubrir la cantidad de traducciones al inglés que has encontrado y leído.

Si quitáramos al Quijote de la cultura hispánica no existiría cultura hispánica. Allí está todo lo que somos, nuestros sueños, nuestra manera de caminar por el mundo, la relación entre dos hombres y la idealización de la mujer.

Las traducciones, hechas en diferentes momentos históricos, reflejan realidades diversas. Traducir no es solamente pasar de una lengua a otra, refleja mas bien concepciones diversas del mundo. El hecho de que algunos traductores hayan decidido suprimir o agregar unos capítulos, que otros llamen al Quijote loco cuando esa palabra nunca aparece en el original, demuestra que cada traducción es una reescritura. Los clásicos se transforman en lugares de encuentro de voces diversas que no son contemporáneas, no se conocieron entre sí, que se van acumulando y van construyendo nuevas lecturas.

– Creo que lo más apasionante del Quijote es su concepto del héroe que en realidad es un antihéroe. Y su inmensa capacidad de sueño.

El héroe Don Quijote es el más antihéroe que pueda existir. Se pone en las peores situaciones, es apaleado, ofendido, se burlan de él. Nunca regresa triunfante como los héroes de Omero. Yo diría que la novela de Cervantes es también la más antiespañola porque es una crítica feroz a la Inquisición, al machismo, a la relación con la aristocracia. España no sale bien de esta novela y sin embargo cada vez que ese país vive una crisis política o económica siempre recurre a ella para recuperar confianza. Y en cuanto a los sueños, sin duda es un libro que pone los sueños en el centro. Sin sueños no podemos vivir.

– ¿Ilan, hasta qué punto tu pasión por el Quijote ha influenciado tu vida?

Otra vez el escritor se pierde en sus pensamientos.

En el Talmud hay un pasaje que dice que cada persona, antes de morir, debe tener un hijo y sembrar un árbol. Yo siempre pensé que si moría sin haber escrito algo mío sobre el Quijote, mi vida no habría tenido valor. No podía hacerlo antes porque necesitaba llegar a una cierta madurez como escritor y como ser humano. Ahora lo hice y no importa lo que opinen los demás, yo siento que cumplí. Eso ya quedó.

Ilan hace una pausa y luego con una gran sonrisa, una sonrisa que comienza en sus ojos y se expande en todo su rostro confiesa.

Y ¿sabes? Cada vez que publico un libro siento siempre la misma alegría, como si fuera el primero. Me lleno de emoción como si fuera un niño al que regalan una paleta de colores.

Esa sonrisa, que ilumina su rostro y deja asomar al niño que lleva en su interior nos explica mejor que todas las palabras anteriores las razones por las cuales Ilan ama tanto al Quijote, o cuanto menos al Quijote que imaginamos: ninguno de los dos perdió nunca la capacidad de asombro, de maravilla. Ni los años ni los altibajos de la vida, lograron matar en ellos el deseo de soñar, de jugar, de sorprenderse. Otro de los tesoros que merecen ser guardados… pero bajo la almohada de la adultez.

“Una colección de pensamientos debe ser una farmacia donde se encuentra remedio a todos los males.” - Voltaire

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