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esteban ierardo

George Elser, el carpintero solitario que quiso detener a Hitler

La fuerza del individuo solitario no debe ser subestimada a la hora de enfrentar al poder.   

En 1963 el presidente Kennedy fue asesinado. La versión oficial de la Comisión Warren impuso a Lee Harvy Oswald como asesino solitario; pocos años después, su hermano Robert Kennedy también fue ultimado, y el relato del establishment de vuelta acusó del crimen a un asesino solitario, Sirhan Bishara Sirhan. Hoy podríamos afirmar con toda seguridad que esas narrativas son falsas. Esos asesinatos no fueron perpetrados por individuos solitarios y aislados.  

Pero sí es cierto que, en Alemania, a poco de iniciada la segunda guerra mundial, un carpintero solitario enfrentó, él solo, al nazismo cuando quiso matar a Hitler.  

En 1903 nació en Wurtemberg Johann Georg Elser, campesino, carpintero, relojero. El 8 de noviembre de 1923 era la celebración del aniversario del Putsch de Múnich, el fallido golpe de estado de Hitler. Un ejemplo de paradoja histórica: lo que en principio fue un fracaso, se convirtió en éxito político en cuanto Hitler pasó de un oscuro conspirador a una figura nacional. El tribunal que juzgó a Hitler debía condenarlo a muerte, pero su pena fue de solo cinco años, y de los que solo cumplió uno, porque salió de prisión a fines de 1924.  

Durante su confinamiento Hitler escribió Mein Kampf (Mi lucha), el anticipo de toda la aberración nacionalsocialista posterior, y atrajo el interés de la prensa y de la opinión pública. Hitler inició así su camino político que lo llevará a ser Canciller en 1933, y a construir un Estado autoritario activado por leyes excepcionales de la propia República de Weimar. Ya como dictador, al principio ocultó sus ambiciones imperiales y su dogma antisemita.  

Luego de la anexión de Austria (el Anschluss) y los Sudetes en Checoslovaquia, en 1938, la cercanía de la guerra no era clara solo para quienes se tapaban los ojos. Y el fuego de los cañones ya fue innegable cuando el 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán invadió Polonia con toda la furia y eficacia de la Blitzkrieg (la llamada “guerra relámpago).   

La segunda guerra mundial comenzó entonces su alud de grandes batallas, antisemitismo genocida, campos de exterminio, persecuciones, invasiones de países, toma de ciudades mediante infantería, artillería y bombardeos infernales, hambre, trabajo esclavo de los prisioneros, miles de barcos y submarinos hundidos, aviones derribados, Dresde, Hiroshima, Nagasaki, la batalla por Berlín, millones de muertos. La humanidad en el abismo. La larga noche sin estrellas.  

Pero un individuo solitario vio de antemano toda aquella desgracia. Y quiso evitarla. Sabía que con Hitler la tierra sufriría un gran terremoto, y que del cielo caería muerte y rabia.  

Elser trabajó en carpinterías y en una fábrica de relojes. Era sociable, cordial con sus amigos, y se afilió a sindicatos de los trabajadores de la madera y a una organización comunista. Sin embargo, no tuvo prácticamente participación en esas instituciones. Y en las elecciones de 1933 votó al KPD (Kommunistische Partei Deutschlands, Partido Comunista de Alemania). Pero, de hecho, no le interesaba la política. Acaso no confiaba en asociaciones y partidos. Solo podía estar seguro de su propia determinación. Tal vez por eso, decidió que él solo tenía que parar a Hitler, por un atentado, por la explosión de una bomba que matara al chacal demente que planeaba incendiar el mundo.   

Elser era un hombre solo enfrentando al poder como, de otra manera, Damiens cuando intentó matar a Luis XV, o cuando Luigi Lucheni mató a la emperatriz Isabel de Baviera, reina consorte de Hungría, más conocida como Sisi (1).  

Luego de 1933, el libre pensamiento del carpintero Elser comprendió que oponerse al nazismo era un deber moral. Advirtió la pérdida de las libertades, el empobrecimiento de los trabajadores, el antisemitismo y la persecución religiosa. Como protestante devoto y trabajador, se sintió amenazado.   

en 1936, el carpintero trabajó en una fábrica de montaje. Luego de la primera guerra mundial una de las cláusulas del Tratado de Versalles de 1919 era que el ejército alemán no podía armar una fuerza superior a los 100000 hombres; tampoco sus barcos acorazados podían superar las 10000 toneladas. La política exterior alemana proclamaba respetar las exigencias. Y se aseguraba que el Anschluss, la anexión de Austria y de los Sudetes en Chescolovaquia, era solo la reincorporación a Alemania de población de origen alemán.   

A la distensión y la paz Hitler se comprometió en el Tratado de Múnich, en 1938; pero ya antes Elser se dio cuenta de lo que muchos no veían: Hitler mentía. La Alemania nazi intentó crear una imagen de paz, progreso y hospitalidad a través de las Olimpiadas en Berlín, de 1936. Pero Elser, el humilde carpintero, sabía que Hitler mentía. En la fábrica donde trabajaba se decía que se construían tuberías y herramientas de uso civil. Pero esa era solo una fachada para encubrir que la energía fabril se aplicaba a un rearme clandestino. Hitler mentía.   

Para 1938, el carpintero sabía que la guerra era inevitable, y que su tormenta salvaje destruiría a Alemania, y a otros países en medio de un gran derramamiento de sangre. Tenía que actuar. Lo haría solo, y sin que nadie supiera de su plan. Así nadie lo traicionaría.   

Por la prensa, Elser sabía que los jerarcas nazis se reunían en la Bürgerbräukellerla cervecería de Múnich, en la que Hitler lanzó su famoso intento de golpe de Estado, en 1923. Luego de esto, todos los años Hitler daba un discurso de celebración del evento con el que, en definitiva, impulsó su carrera política. El próximo 8 de noviembre de 1939 el Führer repetiría su discurso ante un público adicto y junto a su vieja guardia. Esa era la oportunidad. Elser decidió colocar una bomba de relojería dentro de una columna tras el estrado en el que hablaría el dictador.  

El carpintero entonces se puso manos a la obra: en la fábrica de armamento donde trabajaba robó explosivos; gracias a sus conocimientos sobre relojes, armó una bomba de relojería. En abril se retiró de la fábrica. Marchó a Múnich. Investigó la cervecería. Trabajó en una cantera. Allí consiguió dinamita. Entre agosto y noviembre de ese año de 1939 se escondió 30 veces en el local de las cervezas. Antes de que se cerrara el establecimiento, se ocultaba en el baño. Durante las noches, trabajaba con ahínco. Preparó un agujero en la columna. Acomodó la bomba tras el revestimiento de madera. Llenó la cavidad con estaño a fin de que el explosivo se mantuviera quieto, y que esa parte de la columna no pareciera hueca al tacto.   

En los años anteriores, Hitler permaneció en la cervecería entre las 20 y las 22:00 horas, como parte de la celebración. Pero en esta ocasión se marchó antes porque debía volver a Berlín por tren y no por avión, por las desfavorables condiciones atmosféricas. Elser programó su dispositivo para que estallara a las 21:20hs. Pero, esta vez, Hitler se marchó a las 21:07hs seguido por otros personajes siniestros como Joseph Goebbels, Hans Frank, o Joachim von Ribbentrop. Por lo tanto la bomba estalló trece minutos luego de que se retirara. De ahí la película alemana que recuerda estos hechos  13 minutos para matar a Hitler (Elser – Er hätte die Welt verändert), de 2015, dirigida por Oliver Hirschbiegel. La consecuencia del fallido estallido entonces fueron ocho muertos y 73 heridos, muchos de ellos de gravedad.   

Luego del atentado el jefe de SS Himmler sospechó que el ataque fue orquestado por el servicio secreto británico. La labor de inteligencia encontró en la cervecería los restos de una bomba artesanal y de un temporizador. La pesquisa llevó hasta un cerrajero que facilitó su taller a un joven para trabajar en algo personal. Ese joven fue sorprendido algunas veces en el baño de la cervecería a la hora del cierre. Poco después, a la Gestapo se le comunicó la detención de un sujeto de características similares cuando intentaba cruzar la frontera con Suiza.  

El individuo en cuestión era Elser, y se determinó que estaba implicado en el atentado por una postal del interior de la Bürgerbräukeller con una columna marcada y una parte de un detonador. Elser fue arrestado, y al principio se pensó que era solo una parte de un complot mayor.   

En Múnich fue interrogado por la Gestapo. Sus rodillas rasgadas acreditaban que estuvo largo tiempo arrodillado. Luego de dos noches de torturas confesó. Redactó una confesión completa. Reveló cómo fabricó la bomba y cuáles fueron sus motivos. En este sentido aclaró: «Quería evitar un derramamiento de sangre aún mayor por mi acto». Se lo trasladó a la Gestapo de Berlín. Fue torturado nuevamente. Himmler no aceptaba que un humilde carpintero, sin educación, hubiera estado tan cerca de matar al Fuhrer. Y él solo, sin ningún apoyo. Sin cómplices. Pero sus torturadores no encontraron una conspiración. Aceptaron al final que, efectivamente, el joven carpintero actuó solo.  

Elser fue encarcelado primero en Berlín. Luego de la invasión alemana a la URSS, en junio de 1941, fue conducido al campo de concentración de Sachsenhausen hasta 1944, cuando fue transferido al campo de Dachau, cerca del fin de la guerra. El 5 de abril de 1945, Hitler ordenó la ejecución de los prisioneros especiales de Dachau. Entre ellos se encontraban Wilhelm Canaris y George Elser.    

Y el 20 de julio de 1944 ocurrió el atentado más ambicioso contra el tirano de la Alemania nazi. El Plan Valquiria, cuyo principal organizador fue el coronel Claus von Stauffenberg. En la llamada Guarida del Lobo, en Polonia, Stauffenberg colocó una bomba con detonador químico a un par de metros de Hitler y se marchó. El oficial Heinz Brandt salvó involuntariamente la vida del dictador cuando, tras tropezar con el maletín con el artefacto explosivo, lo acomodó detrás de las anchas patas de la mesa, lo cual amortiguó el impacto. La bomba mató a cuatro personas, pero Hitler sobrevivió. Esto reforzó su creencia mesiánica de estar predestinado a llevar la creación del III Reich hasta las últimas consecuencias.  

Casi todos los autores del ataque fueron rápidamente capturados. A Stauffenberg y los principales conductores del atentado se los ejecutó con especial crueldad.  El mariscal Rommel, que tuvo una participación indirecta, fue obligado a suicidarse. 

Tanto Elser como Stauffenberg quisieron matar a Hitler, pero el trasfondo de sus atentados es muy diferente. Stauffenberg y sus otros oficiales asociados en el ataque en la Guarida de Lobo, a comienzos de la guerra eran nazis convencidos. En enero de 1943, en el frente ruso, Alemania sufrió la gran derrota de Stalingrado. El ejército de von Paulus fracasó en su asalto a la ciudad cuyo nombre homenajeaba a Stalin. Desde entonces, para muchos quedó claro que Alemania no podría ganar la guerra. No tenía sentido continuar entonces con el esfuerzo bélico. Fue solo desde este momento que Stauffenberg y sus seguidores se dieron cuenta de que había que negociar con los aliados la paz, y que el principal obstáculo para eso era Hitler. De ahí que su asesinato se convirtió en objetivo político fundamental. Era el complot de nazis antes convencidos, ahora arrepentidos, y que en su momento acompañaron y alabaron el régimen.   

Todo lo contrario del humilde carpintero. Desde su sencillez y desde el principio, Elser despreció al nazismo. Nunca celebró su oscura ideología. Siempre vio la noche de sangre con la que la esvástica taparía el sol. Antes de la gran destrucción, no después, Elser ya había tomado la decisión de actuar.   

Su soledad clarividente lo acerca, con algunas diferencias, al doctor Thomas Stockmann, el personaje de Ibsen En el enemigo del pueblo; y al católico Franz Jägerstätter (1907–1943), el campesino austriaco que manifestó su oposición a la anexión alemana de Austria en el plebiscito del 10 de abril de 1938. En su pueblo, Franz fue el único que votó en contra del Anschluss. En 1943 apeló a la objeción de conciencia y se negó a combatir en la Wehrmacht a favor del Tercer Reich. Fue condenado y finalmente fue guillotinado en la prisión de Brandenburgo-Gorden (2).  

A diferencia de Stauffenberg, Elser fue olvidado por mucho tiempo. La situación ha cambiado: hoy muchas calles, plazas y escuelas llevan su nombre. Y no muy lejos de donde fue torturado por la Gestapo se levanta una estatua que lo recuerda.   

Elser representa la heroica resistencia civil del individuo lúcido y libre pensador que no duda en enfrentarse a la corriente como lo hizo Thoreau, en su Ensayo sobre la desobediencia civil (3); o Giordano Bruno cuando no temió él solo enfrentar a la Inquisición de la iglesia católica.   

Elser evidencia el poder del individuo no manipulable, y que ve con claridad la realidad sin necesidad de grandes aparatos ideológicos o sofisticados sustratos filosóficos. La grandeza del hombre que, simplemente, se da cuenta; el que advirtió el peligro del tirano cuando millones lo ensalzaban como un dios.   

Elser, el que no puede ser engañado cuando se destruye la dignidad de las personas y la libertad.     

Y casi sobre el fin de la guerra, las instrucciones eran presentar la muerte del que se dio cuenta como consecuencia de un ataque aéreo.  

Y algo atrajo la atención del carpintero… la ventana estaba abierta. Vio el cielo, algunas nubes, no estaban los aviones con sus bombas. Y escuchó el canto de unos pájaros. Por un instante olvidó quién era, y el mundo que quiso salvar de las garras de un dictador.   

Y de vuelta un canto, un pájaro, cuando una bala sin compasión perforó su nuca. 


Citas  

(1) Robert François Damiens fue el autor de un fallido intento de asesinato de Luis XV. No llegó ni siquiera a herirlo, pero fue castigado con extrema crueldad en una ejecución pública en la que fue descuartizado en 1757. Su triste final fue presenciado por Giacomo Casanova e inspiró las primeras líneas de Vigilar y Castigar de Michel Foucault. En 1898, Luigi Lucheni mató a la emperatriz con un delgado estilete. Su móvil para la agresión, además de su odio a la aristocracia, fue su avidez por ser famoso y atraer la atención.   

(2) Franz Jägerstätter inspiró el film del notable Terrence Malick A Hidden Life, conocida en español como Una vida oculta, película germano-estadounidense, de 2019. Jägerstätter fue declarado beato por la Iglesia católica durante el pontificado de Benedicto XVI 

(3) Henry David Thoreau fue encarcelado en 1848 luego de negarse a pagar un aumento de impuestos para financiar la guerra en Estados Unidos y México. Luego de ser liberado escribió su famoso ensayo en el que defendió la resistencia individual ante los excesos del Estado y ante toda tiranía.


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