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Francisco Massiani: “Cuando escribes, eres un ser atemporal”

Pancho Massiani (Caracas, 1944) es escritor, pintor y dibujante. Premio Nacional de Literatura en 2012, su obra recorre títulos como Piedra de Mar, Los tres mandamientos de Misterdoc Fonegal y Con agua en la piel. En 2012 Sudaquia Editores sumó Florencio y los pajaritos de Angelina su mujer a su catálogo, publicando su obra en Estados Unidos, desde Nueva York. Es un ferviente admirador de Lionel Messi y defiende que el fútbol logra un sentido único de solidaridad y libertad en los seres humanos.

Precisamente libertad es la palabra que recorrió (como los destellos de la tarde que nos llegaban desde el East River) esta conversación. Massiani tenía 26 años sin visitar Nueva York y no dejó de celebrar la belleza de la ocasión y del día. Con el puente de Brooklyn detrás y dando vueltas por el muelle, habló de Miller, discutiendo si nos gustaba más el Trópico de Cáncer o de Capricornio. Habló de la voz y las piernas de Liza Minelli, de lo bellas que encontraba a todas las mujeres en la ciudad y de lo feliz que estaba. Llegó en esta ocasión para acompañar la proyección del documental Pancho Massiani: Señor de la ternura durante el Venezuelan Film Festival 2015. Recuerdo ese momento y lo escucho redactar todo lo que dice. Habla con sentencias, corrige una o dos palabras, pide un cigarro y sigue.

Yo no conocí a Pancho en Caracas. No fui parte de la corte de estudiantes que lo trataban con el orgullo de quien encuentra una pieza rara, en casa de un familiar, para divertirse. La verdad es que tampoco me enamoré leyendo Piedra de Mar. Massiani es muchísimo más que todo eso. Un ser humano pleno, alegre, inteligente. Basta que levante la mirada tras sus lentes para sentirlo. Un ser sensible. Un escritor. Allí, sentado junto a él con Manhattan frente a nosotros, me sentí muy privilegiado. La vida sin ternura no existe. Así es Pancho.

Quiero agradecer al equipo de Sudaquia Editores, que hizo posible el encuentro y a Manuel Guzmán que lo registró con su cámara inquieta.

Transcribo un audio que él mismo me pidió grabar, a manera de introducción:

“Estoy aquí en Nueva York, una ciudad misteriosa, relampagueante, que de alguna manera permanente asoma algo. En cualquier rincón de la ciudad o a través de cualquier creatura de la ciudad. Estoy aquí en NY lleno de felicidad y repleto de un inmenso deseo de vivir… ¡Mira! Y no te olvides, ustedes, todos… ¡No se olviden de que hay que apostar a la felicidad! ¡Gracias!

Precisamente estando en esta ciudad, que conoces muy bien, me gustaría preguntarte por la presencia urbana en tu literatura. París, Caracas, la ciudad. El nudo de encuentro, el patio de gente. ¿Ha sido definitivo ese fenómeno en tu escritura?

Yo nunca he considerado a la ciudad como un patio de gente, una ciudad es el hábitat del hombre. Cuando digo hombre hablo de la mujer también. Y ese hábitat puede ser noble y grato siempre y cuando uno esté enamorado y ame esa ciudad. Porque si es así la ciudad termina amándolo a él. Piedra de Mar es una novela muy conocida, que por cierto, no fue mi primera novela ni mucho menos, sino la cuarta, y sucede en Caracas, ciudad que a pesar de todos los problemas que tiene ahorita, es una inmensa y bella ciudad. Yo estoy ahorita en NY, una de las ciudades más hermosas, más extraordinarias, misteriosas del mundo. Alguien dijo que era el corazón del mundo y yo no me atrevería a decir lo mismo, pero sí es una extraordinaria ciudad, seductora, misteriosa y maravillosa.

Lamentablemente, en Venezuela estamos viviendo un proceso que ha roto el país en miles de pedazos. Caracas ahora es una ciudad rota y de alguna manera hostil, para mi estilo. Pero sigue siendo una extraordinaria ciudad, que amo. Basta pasear por la Cota Mil a las 5 de la mañana y ver la ciudad allá abajo, para notar que el hombre está repleto de oportunidades para ser feliz y para vivir enamorado.

Salvador Garmendia dijo que para ser escritor se necesitaba papel y lápiz. ¿Para ti, qué hace falta para serlo?

Bueno, tener el don. Que eso no lo elige el que quiere escribir, lo elige Dios o el duende, como lo llamaba García Lorca. Debo decirte que para ser un buen narrador no basta con ser poseedor de una gran imaginación, sino fundamentalmente ser muy sensible y amar profundamente al ser humano. Ser solidario y vivir permanentemente enamorado.

¿Siempre te supiste escritor?

Yo empecé a escribir a los 14 años de edad, escribía poesía y cuentos fantásticos. Los escondía, nadie sabía que yo escribía. Incluso mi padre siendo un excelente ensayista y narrador, tampoco supo nada, hasta que finalmente publiqué dos cuentos, uno en Cal una revista literaria extraordinaria dirigida por Guillermo Meneses, llamado Día domingo, y posteriormente en Zona Franca, un cuento titulado Ya no sería lo mismo. A partir de ese momento comenzaron a verme como escritor y yo sentirme como tal. Antes de todo eso, mi padre un día se acercó a mí y me dijo: “Yo espero, Pancho, hijo mío, que tú seas un gran narrador, pero no te olvides que la literatura otorga o da, momentos magníficos pero se sufre mucho para ser escritor y generalmente se padece mucho en la vida”.

Entonces eres un escritor hijo de un escritor.

Mi padre fue un extraordinario cronista, uno de los mejores  cronistas que ha tenido Venezuela. Escribió entre otros ensayos admirables, uno bello y maravilloso llamado Cervantes murió condenado por Dios, así como Dinamarca es solamente una ficción, además de un montón de crónicas publicadas en El Nacional bajo el título de “Chile escrito a lápiz”. Lo sigo adorando y me hace una falta espantosa. Yo no creo que sea escritor por influencia de mi padre. A los 14 años, recién llegado de Chile, me encontré yo solo de pronto escribiendo a mano un poema llamado Puerto.

Son varias las manifestaciones que empezaron en ese momento, porque también pintas, dibujas. El curso de tu ser artístico también brota en el color y la figura.

Soy pintor desde niño, como todo el mundo. Todos nosotros, en este maravilloso planeta llamado tierra, nacemos pintores. Comienzas a garabatear los cuadernos colegiales, las paredes, hasta el piso. La mayoría de los niños dejan de pintar y garabatear cuando entran al colegio y se empiezan a distanciar del dibujo, otros siguen dibujando y pintando y se convierten en pintores buenos o malos. Yo seguí pintando y por eso soy pintor. La pintura es una cosa y la escritura es otra cosa. Cuando yo escribo una novela apuesto en una aventura que no sabes si te llevará a un momento de éxtasis, felicidad o complacencia, al verla terminada como tú querías o lo contrario. La pintura tiene una ventaja, porque puedes palpar lo que estas pintando, en cambio la escritura no. Te puedo decir que Picasso, si mal no recuerdo, dijo como a los 60 años de su vida: ¡Tengo 60 años y pico, y por fin estoy pintando como un niño!

Eso es genial. ¿Así como Picasso sintió acertado pintar como un niño, tú sientes que sería un acierto en la escritura volver a hacerlo como en las primeras veces?

Yo no creo que vuelva a escribir como en las primeras veces, ya yo escribí como en las primeras veces, y sigo escribiendo. Tampoco como las últimas veces, porque no estoy muerto ni mucho menos. Pero ya uno va escribiendo diferentes cosas y se va desprendiendo de cómo empezó a escribir, y pasa a escribir de una manera diferente, mejor o peor. Pero sí conservo la frescura. Si tú conservas el sueño de amor, si vives permanentemente enamorado y logras que el sueño de amor no se debilite, entonces está vivo en ti el apetito de vida. Sin el sueño de amor el apetito de vida desaparece, se debilita y muere.

Cualquier persona que te conozca sabe que la mejor manera de hablar de ti es hacerlo desde tu amor, ¿Es así? ¿El amor te rige?

Te lo dije con antelación, si no vives permanentemente enamorado y alimentas diariamente el apetito amoroso, no solamente no escribes algo bueno sino que ese impulso se muere necesariamente. Para escribir hay que tener honestidad y una gran nobleza, aunque la gente sienta que eso no tiene que ver con la literatura. Un narrador ingenuo puede llegar a escribir una gran novela o un gran poema, en cambio, uno “astuto” puede llegar a ser un gran político pero jamás escribirá nada que valga la pena, porque su pobre o miserable obra padecerá y se sentirá como una literatura nauseabunda, hija de la viveza, que no tiene un carajo que ver con la buena literatura.

¿Para ti son indisolubles el amor y la ternura?

La ternura es fundamental para la vida. Una sonrisa, una mirada tierna, pueden llenar a un hombre que está a punto de suicidarse nuevamente de ganas de vivir. Yo no he conocido a nadie que este enamorado o enamorada sin que tú le adviertas a través de la sonrisa o su mirada la ternura. Nunca.

Hay un largo espacio, de casi dos décadas en que decidiste no publicar. ¿A qué se debió esa decisión? ¿Un profundo lapso de reflexión? ¿Descontento? 

¿Qué tipo de reflexión? Cuando se escribe no hay reflexión de ningún tipo. Se escribe y ya está. Capaz la reflexión pertenece al mundo del ensayo y la crítica, que por cierto, la mayoría de los críticos literarios son escritores frustrados. No todos, pero muchos de ellos. Frustrados y repletos de envidia. Mira, muchas veces escribes hasta contra ti mismo, porque se sufre mucho al escribir. La literatura no es fácil y duele en lo más profundo del alma. Honestamente no sé por qué decidí no publicar. Tal vez no hacía falta. Cuando leía mis cosas sentía que de alguna manera, me estaba leyendo todo el mundo, sin necesidad de publicar.

Pancho, frente al río, con esta claridad que nos rodea y toda la emoción de este momento: ¿Quién es para ti el escritor?

El escritor es un ser humano como cualquier otro, porque la escritura es un oficio como la del carpintero, o la del ilusionista, que inclusive, se parece más a la del escritor, al ser capaz de sacar un conejo de un sombrero. Un buen escritor es alguien que al abordar un cuento, hace que se asemeje al momento en que un hombre va a un club nocturno, donde hay una mujer que hace un striptease y se desnuda y aun desnuda, siente la desesperada necesidad de seguir desnudándola. 

“A menos pensamiento, pensamiento más tiránico y absorbente.” - Miguel de Unamuno

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