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Francisco Lupini: “Soy ochentoso total”

Para Francisco Lupini el cine lo es todo. Si tiene que pensar en el fracaso, su definición es la de un día en que no escribió ni pensó algo para sus películas. Sería feliz viendo una cinta todos los días, así fuera mala, pero el tiempo no se lo permite. Es el menor de su familia y confiesa que fue totalmente inesperada su llegada. Por eso y porque su madre lo encontraba completamente callado mientras la veía, lo bautizaron el asomado. De su infancia todavía respira el olor a tierra mojada.

¿En qué momento el asomado decidió contar historias?

De pequeño siempre me gustaba contar chistes. En el cine como tal, el momento, fue cuando vi “Lo que el viento se llevó” un VHS que tenía mi mama. Ver las vicisitudes de la gente. Me gustaba el personaje principal. Tenía 7, 8 años. Siempre hubo buen cine en casa. No eran cinéfilos. Mucha influencia italiana, mi papá es italiano. Rosselini, Visconti, Fellini. Nuevo realismo. No cantaba, hablaba mucho. Ni cantar, ni actuar, ni nada. Muy callado.

¿Tu mirada ha sido siempre la misma?

Sí, siempre fui muy observador, no ha cambiado mi método.

¿Qué te generaba extrañeza de niño?

Estoy leyendo Confieso que he vivido y Neruda dice que la memoria de su infancia es la lluvia. Ese es mi recuerdo de Caracas, cuando me ponía a filmar la lluvia y los árboles verdes. Me encantaban las tormentas.

¿Cómo llegó la primera cámara?

Primero fue una de fotografías de 35mm. Era vieja, todavía la tengo. Fue a los once que tuve la primera de video.

¿Hiciste proyectos desde niño?

Mi primer guión fue a los 10 años. Era muy iluso, porque tenía una obsesión con Kurosawa. Quería algo como Seven Samurai, pero enfocado en otra cosa más interna. Me gustaba la épica. Mi tío siempre hablaba de esa película.

¿Viste alguna amiga de tu mamá y dijiste: “la quiero contar a ella”?

Una amiga regordeta, con el pelo corto. Siempre me acuerdo de ella, por las cosas que contaba… las peores tragedias con tono cómico. En realidad todas las amigas. Nosotros íbamos al país vasco, a un caserío y todas sus amigas eran muy excéntricas. Una en especial, llamada Carmen. Ella se sentaba a tomar con niños alrededor y no le importaba nada contar sus cosas delante de nosotros. No entendía nada, pero me fascinaba ver y pretender que entendía.

Pasa bachillerato y está claro que vas a estudiar…

Cine. Desde los once años lo supe. Hubo bronca porque mi hermano era artista y le pusieron trabas. Pero cuando se acercaba el momento me encargué de tener todo listo e hice mis trámites.

¿Tú sientes a New York City especialmente cinematográfica?

No, no de “me siento en una película”. Siempre he tenido una versión un poco europea. La metrópolis mundial. Hoy, viniendo del estudio, tres mujeres se empezaron a caer a golpes. Hay historias en todos lados. Me gusta pensar en el hecho de muchísima gente mezclándose. Como ahorita, que escuchara a alguien hablando. Me interesa lo humano no “la vista”.

¿Hay una época donde te sientas más cómodo para narrar?

Soy ochentoso total. En música, look, hasta que me interese Corín Tellado. Pero en cine, cine de los 50: Sunset Boulevard…  las comedias de los 50, Katherine Hepburn. Fue una década increíble. Me hubiera encantado vivirla.

¿Y en la Cinecittà?

Era la meca. Era Hollywood, Sophia Loren, cómo no.

¿Una de Fellini?

Amarcord, es eso. Un pueblo y la relación entre la gente. La habilidad de mentir, la manera en que se comportan… me recuerda al pueblo del siglo XX.

¿De qué mujer del siglo XX te gustaría hablar?

Me gusta Vivien Leigh. Bette Davis, mujeres que sufrieron mucho con los hombres que amaban. Muy neuróticas. Leí entera la bibliografía de Vivien Leigh.

¿Tu personaje estrella es una mujer?

Yo creo que sí. Las mujeres llevan mejor el drama. Los hombres tenemos un bloqueo, no proyectamos tanto. Las mujeres lo expresan todo. Prefiero hacer una película con una actriz que con un actor, de momento.

¿Cuál fue tu primer corto?

Los del colegio. En NYU hice varios en 8mm en blanco y negro. Mi periodo más creativo fue en ese momento. Primero en silencio, sin voz. Irreverentes y subversivos ¿en qué estaba pensando?… había uno de una monja que descubre sus deseos. Una mujer embarazada que pare huevos y un hombre toma eso como una metáfora, no sé, tonterías. El primero fue “Sufrir como dedos que nos sangran” que lo llevé al teatro.

¿Has escrito más teatro?

Sí, dos obras. El teatro me encanta. Yo siempre digo que en ese sentido pienso que si bien no hice teatro de pequeño, mi estilo viene del teatro, me encanta.

¿Cuál es la diferencia entre un guión de película y uno de teatro?

La película tiene que ser visual. Totalmente. La cámara y la mirada mandan. En el teatro la acción se lleva a través del dialogo. Tienes que hacer que tres personas en una habitación resulte algo entretenido. Y yo siempre intenté hacer eso en la universidad con mis cortos. Si ves todos mis cortos, ves que son dos o tres personas en una habitación hablando. Todavía tengo ese tema de hacer mi película totalmente visual. No la he hecho.

¿Cómo es tu proceso creativo?

Antes pensaba en escribir la película que quería y luego, buscar el dinero. Me gustaría hacer una película al año, pero el problema es el presupuesto. Ahora pienso en hacer una película que me guste, pero que pueda hacer yo, independiente. En eso estoy. Se trata de que el año que viene monte un grupo de gente y diga: vamos a grabar en veinte días a tal costo.

¿Cuál es la peor película de Almodóvar?

¿La peor? No podría decirte. El otro día un amigo me dijo que sus películas favoritas eran Matador y Kika. Le pregunté si estaba consciente de que esas son las peores películas según los críticos. Él me dijo: “bueno es que yo creo que lo peor de él está en sus mejores momentos”. Esas películas, a pesar de no estar tan trabajadas a nivel narrativo, tienen unos momentos increíbles. Pero la que menos me gusta es Carne trémula. Para mí es como si no existiera.

¿Qué no le puede faltar a una película?

Del cine que me gusta hacer: buen diálogo. Si el diálogo falla en una película mía es que no hay película. Incluso si es drama, van a tener humor.

¿Son una fuente creativa tus sueños?

Para nada. Nunca. Nunca he soñado algo que diga “ah lo tengo que escribir”. Todo lo contrario, es el no-sueño lo que me parece más productivo. Por ejemplo, las noches de insomnio, que me pasan mucho, las dedico a escribir. Los sueños no tienen narrativa, son tan enigmáticos que no tienen ese diálogo. Yo soy todo con la narrativa: principio, medio final. La historia que corre, la tensión y el conflicto. Claro, visualmente puede que interese. Ayer estaba hablando con una amiga sobre ballenas, sobre la película Blackfish. Y soñé con ballenas, que tomaba fotos de ballenas. Estaba en un lago fotografiando a una pareja y aparecían varias ballenas.

¿Tienes un rito diario?

No lo considero un rito. Además de bañarme y dormir, me tomo un vaso de leche en la mañana. Frío.

¿Cuándo empiezas a grabar como son tus días?

Terribles. Me estreso mucho. Aun teniendo todo bajo control siempre estoy bajo un ataque de pánico.

¿Cómo lidias con eso?

Es que no puedo. Creo que heredé los malos nervios de mi mamá. Ni que empiece a tomar Lírica. Ni nada. Respiras y dices: ahí vamos. Una vez que empiezas ya se te va. El antecedente a la ansiedad siempre ha sido un problema. Y siempre va a estar ahí. Es más, me encanta que esté, porque te ayuda, en realidad. No quisiera controlarlo ni nada. No soy ni de meditación ni de correr. Uno es como es y ya. Por eso seguro me voy a morir a los 40.

¿Piensas música para tus cortos?

Me encanta la música ochentosa, me encantan los boleros. Mi abuelo escuchaba muchos boleros. Lucho Gatica, Olga Guillot, la Lupe. Toña la negra.

¿Has escrito a partir de una canción o una sinfonía?

No, normalmente, tengo una idea en la mente. El arte es una cosa muy compleja, no es que “esto me lleva  a lo demás”, es como un rompecabezas. Por ejemplo, Olga Guillot tiene una canción que dice: “por qué no me enseñaste cómo se vive sin ti” y ese es el título de mi próximo largometraje… “Cómo se vive sin ti”. Va con el feeling de la película. El desgarro y cómo se vive sin esa persona. En ese sentido una cosa complementa a la otra.

VICEVERSA, PALABRAS DE IDA Y VUELTA

Algo que te desagrade profundamente: La indiferencia. Soy una persona de blanco y negro. Todo o nada. Nunca en la mitad. Me saca de quicio la gente que dice una cosa y hace otra. Yo digo algo y lo sigo hasta la muerte. Después puedo cambiar mi criterio, pero hay que tener convicción. La indiferencia es lo peor que hay en la vida.

Un acierto: Haber nacido fue un acierto para mí, porque no había sido planeado.

Una derrota: Todos los días que no escribo una página. Me parecen una derrota total. ¡Y pasa mucho! (risas)

Una banda de rock: The Killers.

El jazz: Me encanta. Thelonious Monk. Miles Davis también. Tiene un disco influenciado por música española, Sketches of Spain.

Una canción de un viejo amor: “Me muero, me muero” de Olga Gillot.

Ingmar Bergman: ansiedad escandinava.

Tarkovsky: el silencio

Mozart: lo contrario del silencio, el caos.

Kubrick: Mi recuerdo de Kubrick es el de una prima, obsesionada con él, comprando un pack con todas sus películas. Nunca congenié. Lo respeto y me encanta. Hace poco vi Under my skin, mucha gente la compara con sus trabajos.

Un actor ideal: Tiene todo y nada. Es capaz de hacer comedia, tiene chispa, pero puede hacer drama. No está consciente de que lo puede hacer, porque sería una diva y yo no puedo trabajar con divas. Es un actor que sabe que actuar es vivir. Actuar estar frente a la cámara en el momento y hacerlo.

Una cantante: Bjork. Siempre estuve obsesionado con Bjork.

Charlie Chaplin: El dictador.

Un artista venezolano: Soto. Me encanta todo lo visual de soto.

Una recomendación a quienes empiezan: No te tomes la vida tan en serio.

Un concepto del éxito: Es un concepto que no existe.

Si no fueras cineasta: Cantante de boleros

Las películas de terror: No me dan miedo. La puedo ver y me rio. Cuando la fiebre de “El Exorcista” yo me reía. El psicópata de “No country for old man” ese sí me da miedo.

Breaking Bad: La vi, pero no la he terminado, no me enganchó. No sigo a todo el mundo, si no siento, no la veo. Lo mismo con “Orange is the new black” que he intentado verla dos veces y no puedo. American Horror Story y House of Cards me gustan.

Algo que nunca harías: Decirle a alguien que la quiero si no es verdad. Me cuesta mucho ocultar una opinión sobre alguien. No soy tan actor.

Tres directores: Bergman, Fellini y Almodóvar. Perfectamente. Me encanta Mike Nichols. Bergman es para mí, el top. Almodóvar porque se parece más al mundo que yo viví. Fellini porque todo es muy carnavalesco.

Venezuela: Los grillos. Para mí Caracas es los grillos.

La fe: De pequeño tenia más. Pero sí creo que hay algo que está ahí.

Jamás haría una película que hable de: Drogómanos. No porque tenga nada en contra, pero no soy ese tipo de personas. Y para hacer una película de terror tendrían que darme muchos millones de dólares.

“Colectividad que no sabe pensar, no puede vivir.” - Concepción Arenal

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