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Francisca Valenzuela: Hay una inspiración constante en todas las cosas

Nacida en San Francisco, California, pero orgullosamente chilena Francisca Valenzuela se ha destacado como una de las figuras de mayor relevancia en el mundo del pop chileno. Participando en eventos como Viña del Mar, South by Southwest y Lollapalooza, Francisca ha conseguido exportar a lo largo del continente un sonido lleno de vida, pasión, exuberancia pero al mismo tiempo íntimo, sensible y propio.

Francisca, no obstante, rechaza considerarse simplemente una músico, y con buena razón. Es cantautora, diseñadora, poeta, activista, feminista y mucho más.

Pero dentro de su naturaleza multifacética, desde su libro de poesía en inglés Defenseless Waters hasta su activismo con organizaciones como “It Gets Better Project”, posee esa cualidad artística, ese rico mundo interior que se desborda hacia el exterior.

Ella es, en pocas palabras, una dínamo, siempre en movimiento, siempre creando, siempre dando un poco de sí para el mundo.

 

Francisca Valenzuela

 

¿Cómo fue crecer entre Chile y California?

Fue una experiencia especial. Creo que es una suerte tener una exposición a dos culturas y vivir en dos lugares diferentes y es una combinación que siento dentro de mí. Hay una parte de mí que es súper gringa y una parte de mí que es bastante chilena y me identifico como chilena.

Son dos lugares que creo que son muy potentes, muy interesantes y siempre mirando al Pacífico.

 

Desde pequeña tocaste instrumentos, ¿siempre sentiste la música como tu principal vocación?

Siempre he sentido una inclinación hacia las artes en general. A mí me cuesta identificarme y decir que soy músico, que soy esto, que soy lo otro. Nunca me he sentido como músico, sino más bien como alguien a quien le interesan las letras, la comunicación, el arte.

Me siento mucho más vaga e indefinida. Creo que no tengo una vocación, una personalidad de músico específica como la que tienen muchos colegas que respeto y admiro y de los cuales percibo la vocación. Pero sí creo que hay una inclinación hacia las artes y la música ha sido el centro de ese impulso.

La letra, la música, la melodía, el piano, son todas cosas que con el tiempo fui incorporando de manera muy natural. Creo que comprometerme con ser músico y tener una carrera como músico vino más tarde. Si bien era joven porque tenía 18 o 19 años, fue tarde porque entré a estudiar periodismo y estaba trabajando en otros proyectos ¡Nunca creí realmente que la música era una posibilidad!

Fue cuando ya estaba andando con giras y empecé a sentirme empoderada que vi la posibilidad real de ser músico.

 

¿Quiénes sientes que te han influenciado, tanto en las artes como en lo personal?

Hay muchos artistas diferentes. Por una parte yo diría, por ser admiradora de las artes y de la literatura y muy lectora de poesía, figuras como Sylvia Plath, Octavio Paz, Susan Sontag, Yeats; pero también gente como Patti Smith, Keith Jarreth.

Me siento súper influenciada en general por todas las mujeres que tienen una voz muy propia, desde PJ Harvey y Tori Amos hasta Violeta Parra. Y por otra parte también recibo gran influencia de la gente que me rodea: mi familia, mi mamá, mis hermanos, mi pareja. Son, en lo concreto, personas que han sido formativas para mí. Los admiro y han contribuido a formar mi identidad.

Pero soy súper interdisciplinaria. Si fueras a mi taller en este momento verías un desorden de lápices, libros, discos, instrumentos… Es una inspiración que va mucho más allá de lo musical. Es más, a veces me siento más conectada con lo visual, con el texto. A los parques, los edificios… encuentro una inspiración constante en todas las cosas.

 

Francisca Valenzuela

 

Aparte de cantar y escribir tus canciones también has escrito dos libros de poesía. ¿Es muy diferente la composición de la música y la de la poesía?

Creo que hay un impulso inicial que es muy parecido. Es ese salir de una misma y ponerla en la página sin importar si hay público o no. Es un proceso íntimo, solitario. Por lo menos, para mí, así es la forma como se realiza ese impulso. Es un mismo brote de impulso artístico pero se manifiesta de forma diferente.

En la música la letra a veces es mucho más escueta y recortada. Se apoya y se acomoda en un rompecabezas según la música, la melodía. Está adornada y combinada con otros ingredientes. En cambio, en la poesía las palabras se tienen que defender solas. Palabras que solitas deben conquistar esas páginas en blanco. Claro, hay otras herramientas como las literarias, pero el ruido que hay alrededor es diferente.

 

Retomando la música, ¿cómo fue la producción de tu primer álbum “Muérdete la lengua”?

Fue un proceso muy intenso y que duró mucho tiempo. Comencé a trabajar en unos demos en el 2004, 2005. Hice tres canciones primero como demo y luego, un año después, me puse a hacer el disco ya que en ese momento no tenía ni las herramientas ni los recursos para hacerlo.

Con esos demos comencé a ir a las radios y conté con la colaboración de una banda llamada Los Bunkers, que fueron unos padrinos para mí en aquella época. Grabé el disco junto a ellos y me ayudaron a introducirme en la producción musical y en su equipo técnico, que fue con quienes trabajamos.

Fue un proceso muy rápido. Grabamos en una semana todo. Yo estaba yendo a la universidad y fue todo muy intenso, muy fuerte. Estaba muy pollita, una amateur total y nunca había tenido una experiencia así. Recuerdo que fueron noches largas, porque yo estudiaba durante el día, y estaba un poco incrédula sobre la posibilidad de hacer este disco.

En resumen, fue una inmersión total en la producción musical.

 

¿Cómo fue estar en Viña del Mar?

Cada experiencia musical es diferente y cada una te deja algo. Para Chile en particular y para los artistas que somos chilenos estar en Viña del Mar es como un reconocimiento. Yo estaba súper aterrorizada.

En el fondo es un hito y uno, en ese momento, no conoce esa escala de concierto y no conoce esa realidad. Pero todas estas experiencias son valiosas y gratificantes, te empoderan, y las disfrutas.

No es por generalizar, pero una carrera abarca mucho más que los hitos. Pero al mismo tiempo hay hitos importantes y uno tiene que sentir que está a la altura de la oportunidad.

 

Francisca Valenzuela

 

¿En qué andas trabajando en la actualidad?

En este momento estoy en una serie de cosas. Por una parte, terminé la última gira de Tajo Abierto, el más reciente disco. También un proyecto llamado Ruidosa, que es un festival de música que fundé el año pasado y del cual hemos tenido tres versiones: en Santiago, en México y en el Latin Grammys en Las Vegas. Estoy de productora y lo vamos a traer de vuelta a Santiago con mi equipo.

Estoy también formulando un nuevo álbum. Pero es un proceso lento.

 

¿Qué deseas en el futuro?

¡Qué todo se mejore ya que el mundo se está cayendo a pedazos! Pero la verdad es que no sé, más allá de continuar lo que estoy haciendo. Ya tengo el privilegio de manejar una carrera artística sustentable y en libertad. Pero la verdad, no sé. Creo que seguir motivada, conectada, y avanzando.

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