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Guadalupe Loaeza

El príncipe sin corona

Qué felices estaban las «niñas bien», entre ellas mi prima Isabel, con la visita del príncipe Felipe a nuestro país, en el año de 1964.

Unos días antes de que don José Gorostiza, titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y su esposa ofrecieran una recepción en el Palacio de Minería, al esposo de la reina de Inglaterra, mi prima Isabel me vino a ver para mostrarme la invitación, grabada y con el sello oficial del entonces gobierno del presidente Adolfo López Mateos. La cena era de largo y estaba prevista para el jueves 22 de octubre a las 21:00 horas.

-Vamos juntas?, me propuso de lo más generosa, Isabel.

Muerta de la envidia, no me atreví decirle a mi prima que no me habían invitado.

-A mí me invitaron a Bellas Artes al Ballet Folklórico, a la Charrería y al juego de Polo. ¿Vamos juntas?, mentí al preguntarle a Isabel; lo hice con tal naturalidad que ni siquiera se dio cuenta. En realidad, no me habían invitado a nada que tuviera que ver con la visita del príncipe Felipe.

-Lástima, a mí no me invitaron a ninguno de esos tres eventos. Me hubiera encantado haber ido a la Charrería. ¡Ni modo! Oye, te quiero preguntar ¿cómo debo saludar al príncipe, con una genuflexión?

Me morí de la risa, tal como solía reírse Isabela Corona cuando interpretaba a una mujer mala.

-¿De verdad crees que vas a tener oportunidad de saludar al príncipe Felipe? I doubt it, le contesté en un inglés, según yo, con un acento muy británico. La «mordida de la envidia», como la llama Alberoni, no cesaba de molestarme. Y con un aire de absoluta suficiencia, le pregunté:

-A ver, Isabel, ¿qué sabes tú del príncipe Felipe? Me da la impresión de que no estás muy informada. ¿Sabías que el duque de Edimburgo, aunque muy «charming» para las ingenuas como tú, en realidad es un hombre sumamente machista, con un pésimo carácter y, para colmo, muy racista? ¿Sabías que entre los ocho y quince años, lapso en que estuvo en varios internados en donde aprendió un francés perfecto, cuando le preguntaban su apellido, decía: «Grecia», y que todos sus compañeros, se morían de la risa de él? Bueno, pues tu «príncipe azul» jamás vio ni recibió una sola carta de su madre, la princesa Alicia de Battenberg, hija a su vez de Victoria de Hesse-Darmstadt, quien era monja, sorda de nacimiento, por lo que tuvo que aprender a leer los labios desde muy pequeña, limitación que la llevaba a terribles depresiones, por eso terminó en una clínica. En realidad, ella sufría de esquizofrenia. Está enterrada en Jerusalén, con todo y su hábito. ¿Sabías que cuando Felipe conoció a la reina Isabel, ella tenía 13 años y que la adolescente se enamoró perdidamente del «príncipe sin corona», quien por cierto no tenía un centavo, no obstante parecía un príncipe salido de un cuento de hadas? ¿Sabías que se casaron en la abadía de Westminster, el 20 de noviembre de 1947 y que, debido a esta unión de un verdadero amor, Felipe tuvo que renunciar a su nacionalidad griega y a sus viejos títulos nobiliarios? Cuando la reina Isabel cumplió 26 años y subió al trono, el príncipe Felipe se convierte en «el príncipe consorte», y debe mantenerse dos pasos atrás de la reina. ¿Sabías que nació en la isla de Corfou el 10 de junio de 1921, y que cuando vino al mundo el parto fue en la mesa del comedor, sin calefacción ni electricidad, porque su madre se encontraba de vacaciones cerca del mar Adriático? ¿Sabías que su padre, el príncipe Andrés, quien no asistió a su nacimiento, era hermano del rey Constantino de Grecia? ¿Sabías que sus cuatro hermanas se casaron con príncipes alemanes quienes simpatizaban con los nazis? ¿Sabías que su tío «Dickie» Mountbatten era su mentor y que de alguna manera reemplazó a su padre? ¿Sabes cuántos hijos tiene el príncipe Felipe? El mayor es Charles, nacido en 1948, luego le sigue Ana, quien nació en 1950, Andrés en 1960, y Eduardo, que acaba de nacer y que por eso no pudo venir a México la reina Isabel. ¿Sabías que los Windsor, la familia real, no es tan aristócrata como todos los monarcas anteriores de la Gran Bretaña? La reina Victoria, la tatarabuela, la reina de Inglaterra, llegó a ser la mujer más poderosa del mundo. En primer lugar, porque tenía descendencia muy numerosa, tanto así que la llamaban «la abuela de Europa», y porque el imperio inglés era uno de los más extensos del mundo. Y, por último, Isabel, ¿sabías que Eduardo Octavo, tío de la reina Isabel, fue un gran admirador de Hitler? Así es que prefiero no tener nada que ver con esa familia tan turbia. Es más, no voy a ir a nada a lo que me invitaron.

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