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Anabella Cerrato

El día después de #NiUnaMenos

BUENOS AIRES: Jack va de expedición científica a la Antártida y en una perforación descubre que se está desprendiendo hielo milenario. Viaja a la India para presentar sus conclusiones sobre el calentamiento global. Pocos le creen. Jack busca desesperadamente advertir a los altos mandatarios del mundo. Pero ya es tarde: mares congelados, lluvias de hielo, terremotos. La lucha contra el clima es inminente. Esa es la sinopsis de la película “El día después de mañana”.

Ahora imaginemos que en vez de hombres, los personajes que luchan son en su mayoría mujeres fuertes. En lugar de muertes por acontecimientos naturales, hay femicidios. En vez de hielo desprendido, hay marchas en todo el mundo que reclaman justicia, igualdad de género y libertad. Las charlas sobre el calentamiento global son discusiones sobre la educación de género. Revolvemos todos esos elementos y la lucha ya no es contra el clima sino contra la sociedad patriarcal.

En la escena final de la película algunos astronautas miran a la Tierra desde una estación espacial y uno le dice a otro: «Nunca vi la atmósfera tan despejada». Despejar el área es lo que propone el feminismo: correr los estereotipos, aplastarlos para que cada uno llegue a ser lo que realmente desea sin limitaciones.

El pasado 3 de junio más de 150.000 personas nos concentramos frente al Congreso de la Nación bajo la consigna #NiUnaMenos en repudio a los sucesivos casos de femicidio que se vienen dando en Argentina. Melina Romero, Ángeles Rawson, Araceli Ramos, Serena Rodríguez, Daiana García, son algunos de los nombres de las chicas que han sido golpeadas, violadas, asesinadas y tiradas a la basura.

#NiUnaMenos nació como un colectivo de mujeres periodistas, artistas y activistas en repudio ante el femicidio de Chiara Páez, de 14 años embarazada y asesinada por el novio el 11 de abril. La campaña surgió en las redes sociales, se viralizó y se extendió por todo el país. Logró la adhesión de organizaciones no gubernamentales, personajes públicos, dirigentes políticos y hasta la Iglesia Católica. Desbordó las fronteras nacionales y llegó a Chile y Uruguay, en donde también apoyaron la movilización. La marcha fue heterogénea, se vieron agrupaciones políticas, banderas de todos los colores, gente de todas las edades, gente sola, gente acompañada y gente organizada. Éramos muchos y distintos los que nos congregamos ese miércoles pero si de algo no caben dudas es que a #NiUnaMenos la parió el feminismo.

El feminismo es una de las mayores revoluciones de la historia, quizás la mayor revolución de nuestro tiempo. Propone cambios estructurales en la manera de pensar todos los ámbitos de la vida cotidiana, política, económica y privada tanto de hombres como mujeres. El problema de la violencia de género es complejo y no está disociado de la criminalización de la pobreza, la persecución racial y el gatillo fácil. La violencia contra la mujer es una faceta más del ejercicio del poder machista y contribuye a mantener un determinado orden social en el que las mujeres permanecen subordinadas al patriarcado y a la explotación capitalista.

Virgine Despentes en su libro “La teoría de King Kong” (de lectura casi obligatoria para cualquier ser humano que habite en esta tierra) señala que “…la violación es un programa político preciso: esqueleto del capitalismo, es la representación cruda y directa del ejercicio del poder. Designa a un dominante y organiza leyes del juego para permitirle ejercer su poder sin restricción. Robar, arrancar, arrebatar, imponer que su voluntad se ejerza sin trabas y que goce de su brutalidad, sin que el bando contrario pueda manifestar resistencia. Goce de la anulación del otro, de su palabra, de su voluntad, de su integridad. La violación, es la guerra civil, la organización política por la cual un sexo le declara al otro: tomo todos los derechos sobre vos, te obligo a sentirte inferior, culpable y degradada.”

En la marcha, si bien éramos en su mayoría mujeres, también había hombres, lo cual demuestra que esta lucha es de todos y todas porque se trata de moldear una sociedad distinta a la que conocemos, más libre e igualitaria, y esto lleva trabajo en conjunto de hombres y mujeres.

¿Por qué #NiUnaMenos nació del feminismo? ¿Cuál es la conexión entre el feminismo y el femicidio? El femicidio es el punto máximo de violencia contra la mujer y es una realidad que nos atraviesa como sociedad. No es una violencia pasional, ni sentimental, ni genética, ni natural. La violencia de género es la máxima expresión del poder que los varones tienen o pretenden mantener sobre las mujeres.

En Argentina, el Observatorio de femicidios Adriana Marisel Zambrano, es el único organismo que ha recopilado información y ha confeccionado informes anuales. El Observatorio viene impulsando la utilización del término femicidio, en lugar de otros como “crimen pasional” u “homicidio agravado”, con el fin de caracterizar el conflicto y diferenciarlo respecto de otros casos de violencia. #NiUnaMenos fue organizada por agrupaciones feministas y nunca hubiera sido tan masiva de no ser por los años de activismo social que vienen haciendo diferentes sectores de la sociedad, en especial grupos de mujeres, para visibilizar y debatir la problemática.

En 2006, se dictó en Argentina la ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres. Sin embargo, desde el año 2007 hasta la fecha hubo alrededor de mil setecientos femicidios. El hecho de que la ley exista no exime al Estado de responsabilidad sino todo lo contrario, la responsabilidad estatal se hace más visible. Cabe resaltar que, cuando hablamos de Estado, nos referimos a los tres poderes que lo conforman: el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial; ya sean del ámbito provincial, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, o el nacional.

El Estado es responsable de los femicidios desde un aspecto negativo y un aspecto positivo. El aspecto negativo es el no-hacer, la quietud estatal ante la violación o peor, la muerte. Los femicidios son muertes evitables y la ausencia de Estado en estos casos ha sido incuestionable. Hay innumerables ejemplos de ausencia estatal: cuando no toma las denuncias policiales de las mujeres y culpabiliza a las víctimas, cuando no reglamenta las leyes dictadas por el Congreso de manera efectiva, cuando no realiza políticas públicas integrales de protección de la mujer, cuando no juzga a los responsables de los femicidios en los plazos que establece la ley, o cuando no educa a la población en base a la libertad e igualdad de género.

En este sentido, los cinco reclamos de #NiUnaMenos están dirigidos contra las omisiones o ausencias de acción del Estado, es decir a la actuación negativa del Estado por no cumplir con sus obligaciones. En primer lugar, se reclama la implementación con todos los recursos necesarios del Plan Nacional de Acción para la Prevención, la Asistencia y la Erradicación de la violencia contra las mujeres, tal como lo establece la ley 26.458 en su artículo 9, inciso a. En segundo lugar, se reclama el acceso a la Justicia de las víctimas y que en cada fiscalía y comisaría haya personal capacitado e idóneo para recibir las denuncias. El tercer punto del reclamo consiste en la elaboración de un Registro Oficial Único de víctimas de la violencia contra las mujeres y estadísticas oficiales y actualizadas sobre femicidios. Sin un buen diagnóstico, es difícil avanzar con las medidas necesarias. Dimensionar lo que sucede permitirá el diseño de políticas públicas efectivas, porque “lo personal es político” y la violencia no es un tema de la vida privada, sino que es una cuestión social, cultural y pública.

En cuatro lugar, se reclama garantizar y profundizar la educación sexual integral en todos los niveles educativos para formar en la igualdad y para una vida libre de discriminación y violencia machista. También es necesario sensibilizar y capacitar docentes y directivos. Por último, se reclama la protección de las víctimas de la violencia, para ello se solicita implementar el monitoreo electrónico de los victimarios para asegurar que no violen las restricciones de acercamiento que les impone la Justicia.

Por otro lado, el punto de vista positivo es mucho más complejo que el negativo ya que es más sutil y difícil de percibir. El aspecto positivo refiere al “hacer”, al Estado que construye, impone, crea una sociedad machista, la reproduce en sus políticas, en su modelo económico-productivo, en la educación pública, en el ejercicio de la Policía y en decisiones judiciales. Acá el Estado no incumple por omisión, acá el Estado hace pero hace mal: reproduce la sociedad patriarcal. En este sentido, Juliana Di Tullio y María Eugenia Ludueña en su ensayo titulado “Cómo convertirte en feminista” han dicho que: “Ser feminista es la tarea más difícil que vas a encarar, porque la opresión no es un monstruo de dos cabezas, es un sistema sutil que se pone en marcha desde que te levantás hasta que te acostás. Es encender la tele y tener una mirada crítica sobre las publicidades y el cupo femenino en los noticieros, poder detectar cuáles son los patrones que el capitalismo necesita para poder vender y sostenerse.” Para desarticular la construcción cultural instalada es necesario hacer un esfuerzo mayor que cuando señalamos las omisiones o ausencias de Estado en casos concretos.

Sin embargo, no es imposible y la ley de Protección Integral de las Mujeres está muy bien construida en este sentido ya que señala como uno de sus objetivos la remoción de patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres. Asimismo, la ley señala como uno de los cinco tipos de violencia contra las mujeres a la violencia simbólica y la define como aquella que “a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, iconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad”. Esta violencia simbólica hace referencia a lo que aquí se señala como acción positiva estatal de la construcción de una sociedad machista. El Estado está obligado a adoptar medidas tendientes a sensibilizar a la sociedad, promoviendo valores de igualdad y deslegitimación de la violencia contra las mujeres. Es decir que tenemos el apoyo de la ley para construir una sociedad igualitaria y podemos exigirle al Estado que colabore en el proceso. Lo único necesario es voluntad política para el cambio.

Mientras tanto, en ese vaivén entre el hacer y no hacer del Estado Argentino, se teje el esqueleto de nuestra sociedad, sobre la cual todxs lxs ciudadanxs apoyamos nuestra vida cotidiana. Medios de comunicación que victimizan. Estigmatización de las chicas violadas. Cosificación de la mujer. Intromisión en la vida privada y en la manera de ejercer la propia sexualidad. Mujeres desaparecidas en democracia y encontradas entre desperdicios, mugre, envueltas en bolsas de basura. Asesinadas por hombres obsesivos, dejadas asesinar por una sociedad patriarcal y un Estado ineficiente.

Como ciudadanos debemos señalar los incumplimientos estatales y exigir su cumplimiento. Podemos buscar cambios a través de la militancia política o a través de la participación en algún organismo no gubernamental. Así es como nació #NiUnaMenos. Ningún cambio tan trascendental como lo que propone el feminismo es lineal ni sencillo. No nos olvidemos que por detrás hay una lucha de poder y dominación que viene desde hace cientos de años y está enquistada en la vida cotidiana, social, política, económica y cultural. Es por eso que más allá de las responsabilidades del Estado, el cambio también lo podemos hacer nosotros, ya y ahora, aunque no tengamos tiempo o ganas para la militancia o la política. Echarle la culpa al que está al lado es más fácil que criticar un sistema en el cual hombres y mujeres son copartícipes, autores y consumidores, víctimas y victimarios simultáneamente. Pero todavía tenemos la posibilidad de elegir, de informarnos, de ver qué hay detrás de este movimiento que hace tanto ruido.

Si estás leyendo esto es porque podés elegir criar a un hijo en la igualdad y con perspectiva de género en lugar de criar machos y sumisas en base a estereotipos sexistas; podés elegir correrte de los cánones de belleza y aceptar tu propio cuerpo a someterte a una cirugía estética que ponga en riesgo tu salud; podés elegir salir a trabajar antes que depender económicamente de alguien; podés elegir defenderte si te lastiman; podés elegir ser un hombre sensible antes que ser un macho que no llora. #NiUnaMenos también vino a hacernos ver que a pesar de todo, algunas veces podemos elegir y decir basta.

El gran logro de #NiUnaMenos en la Argentina, ha sido destapar la olla: hacer famosa a la violencia de género, desnaturalizarla. No es casual que después de la marcha se hayan visto circular testimonios de mujeres que se animaron a hablar y a contar sus historias de violencia. La visibilidad de la violencia machista como problema social y el hecho de que exista una conversación colectiva es fundamental porque no hay nada más importante para una mujer víctima de violencia que saber que hay muchas personas dispuestas a ayudarlas, escucharlas, acompañarlas. También sirvió como espacio de denuncia a la gestión institucional que llega tarde a la prevención de los hechos y falla a la hora de investigarlos y sancionarlos de forma apropiada y para reposicionar en la agenda pública la temática de la violencia contra las mujeres.

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sandra mucharem
sandra mucharem
6 years ago

Estoy de acuerdo Any con tus reflexiones. Creo que la violencia desbordo todos los limites si se puede decir que tiene alguno. Me viene en mente cuando con tanta frialdad hay gente que habla de estadísticas y opina comparativamente respecto de otros países y que si aquí hay mas o menos hechos de violencia. En lo personal creo que UNA sola mujer, ultrajada, desvalorizada, amenazada o muerta, es mucho, es demasiado. Asimismo, vemos como sociedad, en estos dias con mucha preocupacion, otras clases de violencia que muchas veces terminan con la muerte, hombres agredidos por patotas, adolescentes atacados hasta la… Seguir leyendo »

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