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Daniel Binelli: Cuando toco dejo jirones de vida en un escenario 

Perfecta, casi mágica es la fusión que ocurre cuando empieza la música. Difícil entender donde termina el cuerpo del hombre y donde empieza el del instrumento. Son un “uno” lleno de armonía que respira, dialoga, suspira, se queja. Daniel Binelli y su bandoneón han logrado esa comunión que solo encontramos en las parejas que superan huracanes y sequías sin nunca soltarse de las manos. 

Bandoneonista extraordinario, Binelli recibió el primer instrumento a los nueve años de las manos de su padre, hombre que también le trasmitió el amor hacia la música y en particular hacia el tango. Encontró en el bandoneón un amigo entrañable y en el tango su país, un país que podría llevar consigo siempre, estuviera donde estuviera. Amores ambos que se reflejan en las palabras con las cuales nos cuenta la historia que une música e instrumento. Lo hace con una pasión que nos atrapa y nos enmudece como solo suelen hacerlo los cuentos que dejan huella.  

 

Daniel Binelli

 

– El bandoneón es un instrumento complicado desde el punto de vista intelectual. Es difícil entenderlo y ejecutarlo porque tiene cuatro teclados, ambas manos abren con un sonido y cierran con otro. El timbre es muy rico porque además de sonar melódicamente puede hacerlo armónicamente, es decir con una multiplicidad de sonidos y de colores. El primer bandoneón se creó en 1850. Era muy pequeño y fue creciendo a medida que los músicos lo iban tocando y pidiendo que le agregaran más teclas. En Argentina entró en 1900 de la mano de un inmigrante italiano y fueron inmigrantes italianos quienes empezaron a tocar con él los primeros tangos. Al principio lo tocaban de oídos. El instrumento gustó mucho y se difundió rápidamente. Poco a poco empezaron a sistematizarlo tomando métodos de piano porque el bandoneón se lee en claves de sol y de fa como el piano. La diferencia está en la extensión del teclado cromático que, en las dos manos, es de una octava menos de la del piano. Sin embargo es muy completo porque permite simultaneidad de sonoridades. La fábrica de Alemania, AA de los hermanos Alfred y Paul Arnold creó un modelo argentino que se vendió muchísimo.  De 1900 a 1920 Pedro Maffia y Pedro Laurenz fueron los instrumentistas que empezaron a sistematizarlo y a consustanciarlo con el tango. El bandoneón desplazó a la flauta. Con su sonido quejumbroso, nostálgico, confería al tango un color muy especial. Son los años en los cuales nacen grandes compositores de tango como Vicente Greco quien creó Ojos negros, una obra maravillosa, o Eduardo Arolas. Todos ellos se ganaban la vida tocando en cabarets. Componían muchos tangos diferentes, melódicos como Los Mareados de Juan Carlos Cobián, o Páginas muertasBoedo y Flores negras de los hermanos Julio y Francisco De Caro. Este último se puede tocar con un swing de jazz. Las músicas tenían letras muy interesantes gracias a la colaboración entre compositores y letristas de la talla de Enrique Cadicamo y Homero Manzi. Fue una época riquísima y las orquestas estaban compuestas por dos bandoneones, dos violines, piano y contrabajo. Como no había una gran amplificación y el sonido del violín era muy pequeño con respecto al del bandoneón, inventaron el violín corneta. Lo tocaba Julio De Caro y fue una tremenda innovación. Los tangos se fabricaban de tres partes: primera, segunda y trío y se tocaban dos por cuatro, rapidito. Y se bailaban, mucho, aunque hasta los años ‘35-‘40 sobre todo entre hombres. El tango es música pero sobre todo danza y sobrevive gracias a la danza que es tremendamente sensual. En solo tres minutos puedes conocer a la otra persona, la abrazas, la sigues, sientes su piel, su olor. En esos tres minutos te das cuenta si puedes tener un affaire, si puede ser tu pareja de baile o si no existe la posibilidad de crear relación alguna. Después de los años ’40 el tango empieza a tener una tremenda evolución y se constituyen las primeras orquestas con cuatro bandoneones, tres o cuatro violines, viola, violoncelo, contrabajo y piano. Piano y contrabajo son los que sostiene el ritmo, sobre todo el piano que es media orquesta. Si el pianista es bueno sostiene toda la estructura de la orquesta. Para lograrlo debe tener una formación tanguera, es decir un gran sentido del ritmo. El tango en tres minutos cuenta una historia que es melódica. La herencia italiana es muy fuerte y en esas melodías se resumen las pasiones, pasiones amorosas, pasiones controvertidas, pasiones nostálgicas, pasiones felices. 

 

Cuatro bandoneones en escena debe producir un sonido poderoso, protagonista. 

Es verdad, el bandoneón toma mucha fuerza y lo tocan cada vez con más técnica. Aníbal Troilo, bandoneonista, es uno de los músicos más importantes de esos años. Supo sintetizar, a través de la melodía. Desde ese punto de vista, podríamos compararlo con Luis Armstrong. Troilo trascendió como el alma del bandoneón porque sus interpretaciones eran muy sentidas. Fue un compositor extraordinario. Basta recordar tangos como SurMaríaNocturno a mi barrioPalomita blanca y muchos otros que escribió con maravillosos letristas como Homero Manzi y Pascual Conturzi entre otros. 

 

En los años ‘40-’50 nacieron también otras grandes orquestas. ¿Cuál es el rol del bandoneón en estas formaciones más grandes? 

El bandoneón es el alma del tango, es la espina dorsal desde el punto de vista del sonido. Los bandoneonistas crearon todos los estilos del tango junto con los violinistas y los pianistas. Paralelamente a la orquesta de Troilo surgieron las de Osvaldo Pugliese, Carlos Di Sarli y Juan D’arienzo que marcaron cuatro estilos diferentes y generaron todo lo que tiene que ver con el tango musical y con la danza. Hasta los años ’50 todo giraba alrededor de la danza, una tradición que rompió Astor Piazzolla. 

 

¿Cuáles eran las diferencias entre los estilos musicales de Troilo, Pugliese, Di Sarli y D’Arienzo? 

Las diferencias están en el ritmo. El de D’Arienzo es rápido, nervioso, el de Di Sarli todo lo contrario, le da al bailarín un gran respiro. Troilo, a diferencia de Pugliese, deja que la orquesta exprese la música en forma natural mientras que Pugliese utiliza muchos “robatos”. Es decir retiene el ritmo o de pronto lo acelera. Un ejemplo: la Comparsita hecha por la orquesta de Troilo sonaría… mientras que por Pugliese… La orquesta de Pugliese chorrea tango por todas partes, permite al bailarín frasear con la melodía, pero le exige una formación musical importante.  

 

¿Y cuáles son los cambios que imprime Piazzolla? 

Piazzolla rompe con la tradición del tango unido a la danza. Su música ya no se toca en primera, segunda y trío sino en primera parte rítmica y segunda parte melódica. Cambia tanto la estructura como la armonía y empieza a meter en el tango armonías que derivan de la música clásica. Piazzolla amaba particularmente a Bela Bartok cuya música provenía del folclor húngaro y por lo tanto tenía una complejidad apta para el tango. Se dedicó a hacer obras sinfónicas. Un movimiento tanguero de Piazzolla puede durar siete, diez y quince minutos. Inaugura también la obra concierto que le da otro vuelo a la música ya no circunscrita al tango tradicional. Su trabajo abrió nuevos horizontes para los músicos de mi generación y de las siguientes. Nos dio una luz grande. Sin embargo bailarines y público se encontraron ante un monstruo que les cambió todo y empezaron a odiarlo porque su música no se podía bailar normalmente. Escollo que superan algunos bailarines clásicos quienes estilizan la música y la bailan aunque nunca Piazzolla escribió para la danza. Para los bandoneonistas también comenzó otra etapa con Piazzolla quien inauguró la improvisación en el tango favoreciendo una evolución similar a la que se estaba dando en el jazz. Ese auge siguió hasta los años ’60. Luego vino una gran decadencia. El tango quedó recluido en los bares, y el público se volcó hacia la música de los cantantes pop norteamericanos. Todos querían imitar a Elvis Presley.  

 

 

Pero tu seguiste fiel a tu bandoneón y al tango. 

Es verdad, yo en medio de ese gran vacío logré ingresar en la Orquesta de Osvaldo Pugliese. Tenía 23 años, quería tocar el bandoneón y vivir de la música. Supe que podía hacerlo solamente si lograba entrar en una de las dos grandes orquestas que todavía sobrevivían: la de Troilo y la de Pugliese. 

 

Dices que el primer bandoneón te lo regaló tu papá cuando tenías 9 años.  

Mi padre, gran melómano, me inculcó esa pasión, me ayudó y me sostuvo durante toda mi carrera. Es lo que estoy haciendo con mi nieto Camilo, clarinetista de 16 años, quien, sin duda, también tiene pasta de músico. 

 

¿En qué momento decidiste que iba a ser el instrumento al cual dedicarías toda tu vida?  

Desde el mismo momento en el cual mi padre me lo puso en las manos supe que ese iba a ser mi instrumento. Luego a los 14 años escuché tocar a Astor Piazzolla y me dije a mi mismo que quería llegar a tocar como ese señor.  

 

¿Cómo fue tu experiencia con Pugliese?  

Importante, no solamente del punto de vista musical sino también humano. Quedé en la orquesta de Pugliese durante catorce años. Estudié composición y me formé como arreglista, instrumentista y bandoneonista. El primer tango que escribí fue Qué noche basado en la obra de Agustín Barbi, un compositor muy notable de los años 30. Tuvo un gran éxito y Pugliese lo siguió tocando durante muchos años. Pugliese era un músico con un fuerte sentido social. Muchas veces tocamos para recaudar fondos que destinábamos a algún músico en problemas o a la viuda de algún compañero. Era una orquesta solidaria y se compartía mucho, se hablaba, se analizaban las obras. Yo agradezco en mi vida haber estado con una persona como Pugliese quien por sus ideales fue preso varias veces. Con él también vine por primera vez a Estados Unidos en 1973. Tocamos en el Lincoln Center y en el Rockfeller Center. 

 

¿Y en qué momento fuiste a tocar con Piazzolla? 

Conocí a Piazzolla cuando tenía 16 años. Estaba participando en un concurso de televisión que se llamaba Nace una estrella. Yo presenté un arreglo del tango Picasso de Piazzolla y gané el concurso. Piazzolla me llamó por televisión y me invitó a su casa. Algo increíble para mi que lo admiraba profundamente. Nació una gran amistad entre nosotros. Tenía 40 años cuando Piazzola quien tenía 68, tuvo cuatro infartos. El cirujano le aconsejó tocar con otro bandoneonista para hacer menos esfuerzo. Me contrató y formó el sexteto Nuevo Tango con dos bandoneones, violoncelo, contrabajo, guitarra y piano. No había violín. Con ese sexteto hicimos giras por toda América Latina y por Europa. Luego disolvió el sexteto y al año siguiente grabó un disco con el cuarteto Kronos. Estaba en Paris cuando tuvo una embolia cerebral. Quedó en coma y al año falleció.  

 

¿En tus composiciones es más fuerte la influencia de Pugliese o la de Piazzolla? 

Al comienzo mis composiciones estaban influenciadas por estos dos grandes maestros, sin embargo a lo largo de los años he creado mi propio estilo. Hice un desarrollo de la música popular pero también empecé a escribir música da cámara para diferentes solistas. Tengo compuestos y grabados los tres movimientos concertantes para bandoneón y orquesta. Cuando conocí a Polly Ferman, extraordinaria pianista de quien me enamoré y con quien comparto mi vida, le dediqué un concierto para piano y orquesta. También escribí un concierto para piano, bandoneón y orquesta que me comisionó la Universidad de Utah y que tocamos juntos Polly y yo.  

 

 

– Es muy larga la trayectoria de Daniel Binelli como compositor. Desde la obra para arpa que le comisionó Fabio Mechetti, director artístico de la Orquesta Filarmónica de Minas Gerais, hasta un concierto para chelo, bandoneón y orquesta para la Orquesta Sinfónica de Westfalia, a una obra para el maravilloso violinista venezolano Eddy Marcano quien la estrenó hace poco en Venezuela, y otra infinidad de composiciones. Acaba de componer un concierto para un disco que se llama Tango ahora y que reúne el trabajo de tres grandes compositores, Daniel Binelli, Carlos Franzetti y Emilio Kauderer ejecutado por las reconocidas pianistas Polly Ferman, Erica Nickrenz, la celista Sara Sant’Ambrogio y la violinista Sara Parkins. La obra de Binelli se titula Ciudad caliente. 

En el ‘97 Binelli creó y dirigió un quinteto homónimo y durante tres años trabajó con la reconocida cantante italiana Milva, quien interpretaba maravillosamente la música de Piazzolla. Con la “Pantera di Goro” viajó a Japón y para ella creó varias composiciones.  

 

¿Proyectos futuros?  

Pronto viajaré a Montevideo, una ciudad en la cual no toco desde hace diez años. Polly Ferman y yo junto con la Orquesta Filármonica de esa ciudad participaremos en un homenaje a Piazzolla y a Ferrer. Estará también la gran cantante Amelita Beltar, de quien estuvo muy enamorado Piazzolla. A ella dedicó el tango María de Buenos Airesen 1968; es decir hace exactamente 50 años. Seguidamente iré a dirigir la Orquesta Escuela de Tango en Buenos Aires y el 24 de agosto estrenaré con la Orquesta Filarmónica Juan de Dios Filiberto mi concierto La ciudad caliente junto con tres solistas argentinos, Eduardo Vassallo en el violoncelo, Viviana Lazzarín en el piano y Lucía Luque en el violín. Luego iré a Valencia, España, donde Polly Ferman está organizando un espectáculo con su compañía Glamour Tango. Este proyecto que Polly ha creado en Buenos Aires y Nueva York ahora desembarca también en España con bailarinas locales. Es un trabajo admirable porque logró devolver su justo lugar a la mujer en el tango. 

 

Daniel una vez dijiste que el bandoneón respira y efectivamente cuando lo tocas parece cobrar vida. Los grandes músicos crean vínculos muy especiales con sus instrumentos pero, en tu caso, podríamos hablar de fusión. ¿Cómo lo logras? 

Cuando toco me entrego totalmente al instrumento. Para mi la música no es solamente un compromiso artístico es una entrega musical y humana. Uno deja jirones de vida en un escenario porque esos momentos son los que dan sentido a tu existir. Polly siente lo mismo con su piano, dialoga con el instrumento de una manera muy especial. El público lo percibe, lo vive con nosotros y hace poco, en un concierto en un museo de Guanajuato en México tuvimos que hacer cuatro bises. 

 

¿Podríamos decir que sus vidas y amor se deletrean en música?    

La música es la que da sentido a mi vida y a la de Polly.  

 

Es un mundo otro el que logran crear los músicos. Su lenguaje, el único realmente universal y tan antiguo como los seres vivientes, les permite expresar sentimientos con una profundidad y una síntesis que raramente conocen las palabras. Es lo que se percibe en la relación entre Polly Ferman y Daniel Binelli, quienes se permiten y toleran solamente una traición: el amor apasionado que cada uno vive con su instrumento.


Photo Credits: Angie Chung ©

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