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Dacil art gallery en NY: La contemporaneidad nos pide cambiar

NUEVA YORK: Hace algunos días, con motivo de la primera inauguración de Dacil art gallery NY, conversé con Jorgelina Dacil acerca del nuevo reto que asume como galerista. Recientemente Jorgelina tomó la decisión de trasladar la galería que tenía en Buenos Aires a la ciudad de Nueva York. Le preguntamos acerca de este cambio, las expectativas que tiene en torno a este proyecto y sus consideraciones acerca de la escena local.

La galería Dacil es un proyecto que inicia en Buenos Aires – nos dice Jorgelina –  allí pasé ocho achos; ocho años de estar en el mismo lugar, en el mismo espacio y en una misma casa. La verdad es que necesitábamos un cambio. Articular con otras esferas. Hubo una época en la que estaba bien que las cosas se mantuviesen y se defendieran pero la contemporaneidad nos pide cambiar, buscar alternativas y crecer.

Hay un tema de evolución en este paso que me comentas. A veces parece que si no conectas con lo que sucede afuera es difícil sostener una propuesta.

Exacto. Hoy en día, en lo que a arte contemporáneo respecta, los espacios boutique pueden llegar a ser anacrónicos, considero que si hay una galería tiene que ser una galería grande. En Buenos Aires yo tenía un espacio pequeño, y no era tan chico. Allí había un ambiente de hogar, era una casa típica de Palermo reconvertida en galería.

Supongo que, según lo que me comentas, este cambio también implica vislumbrar un tipo de relación diferente con el que asiste así como con el tipo de prepuestas que bucas presentar.

Esa calidez del espacio de Buenos Aires es algo que buscamos traer a Nueva York.

¿Desde hace cuánto tiempo llevas con la idea de mudar la galería?

La idea empezó el año pasado. Yo estuve acá estudiando Art Business en la NYU y la verdad es que NY se me presentó como una ciudad inspiradora, un desafío. Allí empezó la idea. Lo que pasa en el caso del trabajo del galerista es que tiene que ver mucho con la vida personal, una galería demanda mucho de la persona y por eso decidí cerrar Buenos Aires. La verdad es que tanto los artistas como los coleccionistas, y el espíritu que tenía la galería, están muy vinculado a la presencia del director.

Lo comento porque, en ese sentido, en mi vida personal se presentó una oportunidad de viajar y de decir apuesto fuerte a algo, algo que quizás en otra situación no hubiese asumido. Se tienen que dar muchas cosas, tanto desde lo personal como desde lo profesional, para poder aceptar el reto.

¿Cómo asumes la relación con Buenos Aires una vez que ideas la mudanza?

Yo no lo entiendo como un desprendimiento o como un divorcio. No quiero negar todo lo que he hecho y decir que todo lo demás no existe, en vez me parece que eso me sirve de plataforma para arrancar en NY. Arrancar con experiencia, con conocimiento y entendimiento de que esto puede ser una acción alternativa a lo tradicional de una galería. De hecho en Buenos Aires continuamos con actividades a pesar de no tener más el espacio físico

¿En qué se diferenciarían ambas propuestas? ¿Cómo sería esa alternativa que mencionas?

En Buenos Aires teníamos una galería tradicional, acá nos proponemos hacer una disrupción de ese espacio convencional. Queremos crear un espacio alternativo, un loft en Soho en donde vamos a trabajar la idea de unir propuestas artísticas con elementos de estimulación a los sentidos. En el primer encuentro proponemos que sea con la comida, por eso lo estamos trabajando con un chef que se vincula con la obra de Alejandra Seeber. En otro el contra punto puede ser la música.

Con lo cual estarías anclando tu propuesta en algo relacional.

Lo que siempre buscamos con esto es el encuentro. Concentrarnos en lo relacional y aportar a la escena, generar un encuentro de intimidad y libertad para que las personas se sientan incluidas en un circuito en el que muchas veces no lo están. Las cenas con arte están por todos lados, pero la idea que planteamos es incorporar a personas que no suelen participar de este tipo de encuentro para que esa conexión genere posibilidad de diálogos entre la escena local y un artista latinoamericano.

¿Cómo describirías ese nuevo escenario que ofrecerá de Dacil art gallery NY?

Un ambiente sereno, de calma y de pocas personas. Las inauguraciones acá suelen ser masivas, al igual que en Buenos Aires. Nosotros planteamos otra cosa; también porque somos conscientes de que esta ciudad es avasallante. Somos conscientes de que somos latinoamericanos, que estamos llegando, que somos nuevos y de que, si bien tenemos buenos vínculos, hay que tener mucho más para estar a la altura del local. En ese sentido yo siempre digo que estamos a pie de plomo, despacio y andando pero con prudencia.

Esperan mantener la misma cartera de artista que tenían en Buenos Aires.

Necesariamente vamos a estar ampliando a los artistas. La idea es que sean artistas latinoamericanos, no sólo argentinos. Por eso estamos trabajando con alianzas, con otros espacios, en las cuales Dacil se presente como anfitrión pero que también se vincule con otras galerías y espacios en los que las obras estén más cómodas al momento de exhibirlas, pero siempre bajo el nombre de Dacil, la primera entrada es de la mano de Dacil, ya que la idea es que tengamos un espacio de contacto cercano; es vital en una ciudad tan avasallante. Sin embargo, el paso dos podría ser alianza con instituciones.

En el caso de la demanda, ¿cuál es la diferencia que has notado con respecto al circuito de Buenos Aires?

Es mucho más amplio que en Buenos Aires, acá hay demanda para las distintas ofertas. Si recorres los distintos circuitos de arte siempre vas a encontrar demanda y convocatoria. Son pequeños nichos de mercado. En comparación, en Argentina el mercado es más chico y la demanda es más concentrada. Quizás acá puedes ver más cosas experimentales o galerías jóvenes que surgen al igual que se desvanecen.

En esa línea cómo crees que es la recepción de la oferta de arte latinoamericano.

A nivel internacional existe una tendencia curatorial para la cual las instituciones han puesto el ojo en el arte latinoamericano, no tanto en lo tradicional sino en las posturas más contemporáneas. El arte latinoamericano se está incorporando como un elemento más en el arte contemporáneo. Hoy en día hay muchos referentes que ya están validados, se trata de un proceso natural en el cual se van incorporando las nuevas regiones. Estamos en un momento en el que hay muchas posibilidades de penetración de nuevas propuestas latinoamericanas, sobre todo en NY. El público local está acostumbrado a esto más allá de las tendencias institucionales, el que compra está acostumbrado a la diversidad, la acepta y la valora. NY tiene esa particularidad histórica de ser una ciudad cosmopolita en la cual la diversidad es moneda corriente y en lo que respecta a decisión de compra no existe tabú al momento de adquirir algo latinoamericano. Hace algunos años me dijeron el arte latinoamericano está de moda, yo considero que está en un buen momento, pero vamos a ver.

¿Cómo te influyen estas concepciones al momento de encarar tu proyecto?

Te digo que todo lo que pueda pasar va a ser positivo. Yo soy una persona muy curiosa y creo que todo hay que probarlo y quiero probar esta experiencia para Dacil. Creo que va a ser exitoso tanto para Dacil como para los artistas que trabajamos. El riesgo, de nuestra parte, está medido, la intensidad y el trabajo es mucho como siempre. Sin embargo, el riesgo se mide para cuidar frustraciones y cuidar a nuestros artistas porque somos conscientes del riesgo que esto implica y no queremos desalientos, queremos que sea algo concreto y a largo plazo, que podamos crecer de a poco, entendiendo y aprendiendo de esta ciudad porque hay mucho que aprender definitivamente. Yo no tengo la fórmula, hay que ir armándola estando acá.

Lo bueno es que se puede aprovechar la tendencia actual en la cual quizás no es imperante una presencia sino una constancia al momento de ejecutar.

Creo que hay que aprovechar la flexibilidad, la diversidad y la novedad. Hoy todo el mundo quiere eso: novedad, no te puedes aferrar a nada. Ese fue uno de los motivos por los cuales tomé la decisión de cerrar el espacio en Buenos Aires, si te aferras a algo que traes desde hace ocho años, y ese algo es un espacio físico -porque Dacil no dejó de ser lo que fue, el espacio-, es difícil reinventarlo todo el tiempo. Hay un momento en el que tienes que soltar el ancla para poder mantenerte fresco y dinámico, como la contemporaneidad lo requiere, si no como que te estás canibalizando, comiéndote tus posibilidades.

¿Qué esperas de esta nueva etapa?

Espero que Dacil pueda aprovechar esa virtud de adaptación y de traer cosas nuevas. La verdad es que cuando los artistas también se ponen frente a un proyecto tan flexible como este se abren muchas más posibilidades. Creo que está dado el espacio para que puedan surgir ideas de las más exóticas y locas y eso me divierte. Nuestra base es una, empezamos acá, pero acá podemos empezar mil proyectos más. Hoy no tengo más que este primer paso y después el paso dos y tres se irá dando. Estamos acá para crear las distintas posibilidades de Dacil.

Me parece que al partir del concepto de expansión son muchas las cosas que tienes aseguradas. Lo importante es que, como dices, siempre tengan la idea de conectar con el otro y no creo que sea un desprendimiento de lo construido allá sino, como bien dices, una plataforma.

Estando acá nunca sabes. Estamos en el lugar donde las conexiones pueden pasar y ese fue uno de los motivos por los cuales decidí venir. Acá pasa todo, por qué no intentarlo.

“Pensar es como vivir dos veces.” - Cicerón

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