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Caracas. Ay Caracas. Caracas, 12 de julio de 2017. Del sistema digestivo de las vacas, las guerras federales, hasta la fauna y flora del estado Apure, da lo mismo, igual todo empezaba con Caracas, Caracas antes de la fecha, Caracas siempre Caracas. Con Caracas aprendí a escribir. Caracas la contraseña, Caracas el garabato cuando ensayo algún invento tipográfico al descuido, o pruebo un teclado, la distracción cuando lo que digo al teléfono no es suficiente: Caracas.

Porque Caracas soy yo. Eres tú y un montón de gente más. Lo dice Justine en el Cuarteto de Alejandría y es para siempre: no es la ciudad, es la gente que tú quieres en la ciudad, lo que te ata a ella. No es el Ávila precioso que nos orienta los pasos, ni el azul cobalto de su cielo de nubes gorditas que van de buen humor, ni la brisa cuando sopla y te libera de malos recuerdos, ni el descaro de su sol que te desnuda los trucos, ni la generosidad de sus árboles de mango, y los apamates y los araguaneyes, jabillos, cedros, bucares, y las palmeras que insisten a pesar de los gusanos, y todo lo que crece porque crece todo… es la risa y la sonrisa hasta que el cuerpo aguante, el decir sin gramática que lo contenga, el abrazo apretado y sin excusas, la fiesta por la fiesta, mi abuelita que era de Cumaná, la luz de la mirada de mi mamá, mi hija jugando a la ere con los vecinos, mis hijastros con sus temas y sus cariños de desayuno, mis actores que adoro y que crecen como las matas, los teatros donde me volví gente, el arte de mis amigos, los poemas que circulan libres, mi Karina hermana de mi hermana linda, mi hermano que toca los techos con la cabeza, el amor de mi vida que todo lo amaña y lo impregna de Felipe, los que no conozco que caminan su inocencia por la avenida Miranda, el tráfico que asfixia, el chiste en el velorio, la vida que me explica.

Caracas soy yo, eres tú y un montón de gente más que viven en mi verbo, sujeto y predicado, que se resisten, no saben conjugar la tristeza, mucho menos la represión y la muerte, la injusticia, el miedo, la rabia, la envidia y la maldad, aunque ocupen sus calles, no les doy espacio, no me da la gana, no caben en estas líneas que celebran la belleza, Caracas, suena a corazón, Caracas. Arepa y batido. Trasnocho fresco y amanecer bonito. Hagan lo que hagan. Digan lo que digan, Caracas es ciudad maravilla, cuna de gente libre, voz en cuello, talco en el piso, pule la hebilla, Caracas es cariños y hogar. Y no tengo oídos para otra definición. Porque los amores son así cuando son buenos: incondicionales y ciegos y a toda costa, hasta el mar, Caracas.

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