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Especial Proceso de Paz en Colombia: Carolina Giraldo Botero

Profundas y aún lejos de cicatrizar, son las heridas que ha dejado el largo y sangriento conflicto que han vivido los colombianos durante más de cincuenta años.

Los derechos humanos de la sociedad civil han sido repetidamente pisoteados, tanto por la guerrilla, como por los paramilitares y los agentes del Estado. Muertes, torturas, desapariciones y desplazamientos, han dejado estelas de víctimas y han regado odios profundos por todo el territorio.

El narcotráfico, con su poder de corrupción, ha barrido todo ideal y ha vuelto aún más violento y cruento el día a día de los ciudadanos, quienes viven en un país signado por males endémicos, como son las asimetrías regionales y la desigualdad social.

En estos años, varios presidentes han tratado de poner punto final al conflicto, pero lejos han estado de lograrlo. Desde hace casi tres años el Presidente Juan Manuel Santos ha emprendido un delicado camino hacia la paz, abriendo un diálogo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el grupo guerrillero más importante. Cinco son los temas que están sobre la mesa, todos sumamente delicados: desarrollo rural, oposición política y participación ciudadana, fin del conflicto armado y consecuente reintegración de las Farc a la vida civil, eliminación del narcotráfico, derechos de las víctimas y justicia. Los más controversiales siguen siendo el fin del conflicto con la consecuente reintegración de los miembros de las Farc a la vida civil y, sobre todo, a la vida política y el de la justicia.

Si bien, la mayoría de la población aspira a la conclusión de la guerra, no todos están de acuerdo con el camino y las decisiones que está tomando el presidente Santos. Según las más recientes encuestas, los ciudadanos le tienen desconfianza a las Farc y sus intenciones. Entre sus más aguerridos críticos están el expresidente Uribe y los simpatizantes de su partido, Centro Democrático.

En este especial dedicado a la paz en Colombia, nuestro editor asociado, Juan David Aristizábal, recogió una serie de entrevistas a jóvenes políticos de distintos partidos, quienes expresan sus diferentes opiniones con relación al proceso de paz.

Los lectores podrán así conocer mejor los entretelones de una situación con muchos claroscuros, diversas aristas y diferentes lecturas.

 

Carolina Giraldo Botero: “Colombia tiene un reto histórico”

 

Carolina Giraldo Botero

 

Colombia es el  país número 23 en aprobar el matrimonio entre parejas del mismo sexo. La comunidad LGBTI en Colombia está viendo un incremento de su participación política, con congresistas y ministros abiertamente gays. Pereira, una ciudad de menos de 500.000 habitantes en Colombia, eligió por primera vez a una mujer bisexual, con doctorado en historia. Carolina Giraldo Botero, 38 años, es Concejal del partido Verde, partido que apoya el proceso de paz.

Giraldo cree que el proceso puede partir la historia de Colombia. “Para mí, el 2016 puede representar el inicio del siglo XXI. Para Colombia el siglo XX se acabó con el atentado a las torres gemelas. En ese momento, Estados Unidos decidió dar un apoyo importante a nuestra lucha contra el terrorismo. Si se firma la paz, podremos decir que nuestro país estará entrando en el siglo XXI”.

No le da miedo asegurar que los derechos conseguidos por la comunidad LGBTI no tienen reversa. “En occidente, estamos teniendo una nueva conciencia frente a los derechos de la comunidad gay. Hace 50 años, luchamos para que las mujeres pudieran votar. Hoy las mujeres tenemos todos los derechos. De la misma manera, la primera mitad del siglo XXI será de consolidación de los derechos de la comunidad LGBTI”.

Es escéptica con la efectividad del Estado colombiano de llegar a todos los territorios, pero cree que hay que aprovechar el acuerdo con las Farc para dar un paso hacia el futuro. “Significaría un retraso histórico para Colombia que los colombianos, las Farc y el ELN no aprovecharan este momento del proceso de paz. Es una gran oportunidad para todos”.

 

¿Por qué es una gran oportunidad?

Llevamos intentando esto durante mucho tiempo. En 1985 empezaron a darse los primeros pasos hacia un proceso de paz y no se logró resultado alguno. Yo era muy niña, pero recuerdo la frustración de mi familia. Cuando estaba en la universidad, en 1999, me tocó vivir el proceso de paz en el Caguán. Tampoco lo logramos. Ahora nos enfrentamos a otro que contiene elementos necesarios para cambiar la vida de los colombianos.

 

¿Por qué la vida les va a cambiar a los colombianos? ¿En qué les va a cambiar?

Porque vamos a dejar de matarnos unos a otros y vamos a poder enfocarnos en temas como la educación o la infraestructura. La guerra nos ha desconcentrado de la resolución de los problemas esenciales.

 

Pero este proceso de paz es solo con las Farc. Aún hay grupos como el ELN y Bacrim que son generadores de violencia y terrorismo en muchas regiones del país.

Es el gran riesgo que corre este proceso. Puede pasar que esos grupos ilegales tomen el control de los territorios en los cuales hoy tienen presencia las Farc. Creo, sin embargo, que, al no tener que enfrentar la organización local de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Estado va a poder combatir los negocios ilegales, que son gasolina para la violencia que existe en nuestro país.

 

¿Usted cree que el Estado colombiano va a poder con semejante tarea?

No sé. Tenemos que apostarle a la construcción del Estado. Si las cosas no se intentan nada cambia. Por eso hay que apoyar el proceso de paz y votar Sí al plebiscito de apoyo a los acuerdos.

 

¿Y qué pasa si gana el No?

Una victoria del No significaría acabar con los acuerdos que existen.

 

¿No cree que podría ser también que los partidarios del No quisieran que se le hicieran modificaciones a los acuerdos actuales?

Puede ser; pero eso significaría dos años más de negociaciones.

 

¿No sería mejor tener dos años más de negociaciones y lograr que las voces del No estén incluidas en el acuerdo?

Seguro que sí, pero lo que puede pasar es que, para las próximas elecciones presidenciales de 2018, la oposición organice una campaña guerrerista que termine por desmontar los acuerdos.

 

Usted ha sido una activista de la cultura ciudadana, ¿qué están haciendo los territorios y ciudades para preparase para el post conflicto?

Nosotros tenemos que prepararnos para ser ciudadanos capaces de respetarnos uno al otro y de aceptar la diversidad. El reto es identificar y cambiar los factores que hacen que los ciudadanos justifiquen la violencia.

En Pereira estamos lanzando una apuesta: estamos fomentando una política cultural que pueda reflejar los cambios de comportamiento entre ciudadanos que soñamos para el futuro de nuestra ciudad.

 

¿Y cuál puede ser el rol de las artes en ese proyecto país con el cual usted sueña?

Nosotros buscamos que las ciudades logren incentivar la creatividad y que la combinen con la reconciliación. Las expresiones artísticas son necesarias para consolidar y alentar los cambios políticos. La historia muestra como los artistas han ayudado a acelerar las transformaciones históricas. Pereira ha ido invirtiendo mayores recursos en cultura, pero el camino hacia un cambio social es largo todavía.

 

¿Cuál es el cambio cultural más importante que debe enfrentar Colombia?

Resolver los conflictos con el dialogo.

“Si usted no tiene libertad de pensamiento, la libertad de expresión no tiene ningún valor.” - José Luis Sampedro

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