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Carlos Aguasaco: el Chapulín, Batman y Don Quijote

NUEVA YORK: Pasado y presente para Carlos Aguasaco son casi la misma cosa. Su vida se mueve con igual fluidez entre siglos diversos, desde la edad media, pasando por el siglo de Oro, el siglo XX y el actual. Podríamos decir que en él conjugan la pasión del historiador, la meticulosidad del arqueólogo y la curiosidad del buen cronista. De personalidad exuberante y gran curiosidad intelectual vierte su amor por la escritura en los poemas que él mismo escribe, en la editorial Artepoética Press y en la organización de un Festival Latinoamericano de Poesía de Nueva York que cada año reúne a un mayor número de poetas. Su pasión por el cine lo lleva a participar en la promoción del “The Americas Film Festival of New York”, un espacio que abre oportunidades a los jóvenes realizadores y al mismo tiempo cuenta con la presencia de directores y actores reconocidos.

Igual de incansable fue en su etapa estudiantil. En Bogotá, Colombia, se graduó en Literatura en la Universidad Nacional, con especialización en Poesía medievalista y en prosa barroca, y en los Estados Unidos estudió un Master en Literatura Hispanoamericana en el City College. Hoy es docente de esa misma Universidad tanto a nivel de pregrado que de postgrado. Para los estudiantes de postgrado dicta los cursos “Sociedad y cultura” y “Populismo y cultura popular”, dos temáticas que Aguasaco conoce en profundidad.

“Los líderes populistas se aprovechan de la cultura popular. – Nos dice con un dejo de amargura – Sin ese asidero no hubiera existido un Chávez y no hubieran tenido tantos éxitos personajes como Evo Morales, Cristina Fernández, Álvaro Uribe, George Bush. Los líderes populistas son muy hábiles manejando la cultura popular y saben utilizarla como un medio para conectarse con la base”.

En los años de su Maestría se focalizó en el estudio del poeta William Ospina y, gracias a una beca, publicó un trabajo sobre la poesía de corte histórico del gran poeta y escritor colombiano.

Su ansia de conocimiento lo llevó también a la Universidad de Stony Brook donde siguió estudiando Teoría Literaria y Literatura y luego se dedicó a analizar la relación entre la literatura y los productos audiovisuales.

En ese recorrer los caminos de la escritura Carlos Aguasaco dio un día con un libro de Juan Carlos Rodríguez titulado “La literatura del pobre” en el cual el autor analiza la literatura picaresca, desde el Lazarillo de Tormes al Buscón, a Guzmán de Alfarache.

“Mientras estudiaba – nos cuenta – entendí que la denominada literatura del pobre en realidad no era sobre el pobre. La literatura del pobre es la que le pertenece al pobre completamente. Me di cuenta, en ese momento, que solamente en el siglo XX, gracias a los medios audiovisuales, el pobre empieza a apropiarse de su literatura. Vi como la oralidad, que era lo que le pertenecía al pueblo así como la escritura a las élites, se fusionaban en los medios audiovisuales”.

Esta reflexión cambió la vida de Carlos Aguasaco quien, analizando a uno de los personajes más simbólicos de la televisión de los años 70, el Chapulín Colorado, escribió el libro ¡No contaban con mi astucia! Parodia, nación y sujeto en la serie televisiva de El Chapulín Colorado [1970–1979], ensayo en el cual estudia la relación que existe entre la literatura de la Edad Media y del siglo de Oro y los productos audiovisuales del siglo XX.

“La cultura popular siempre me ofrece el pretexto para volver a los orígenes. No se puede hablar de futuro si no se conoce el pasado. Para saber lo que es nuevo hay que conocer lo residual. Yo estudio los elementos residuales del Conde Licanor o de las novelas ejemplares de Cervantes como la Gitanilla, La ilustre fregona, además, naturalmente, del Don Quijote”.

Con la meticulosidad del arqueólogo Aguasaco va descubriendo lo que de esa cultura ha quedado atrapado en los intersticios de la nuestra. “Busco la permanencia de esos elementos de la Edad Media, del siglo de Oro y de la época barroca en nuestros productos audiovisuales contemporáneos. Por ejemplo descubrí que en los libretos de la serie del Chapulín Colorado hay versos de Sor Juana Inés de la Cruz. Lo que le sucede a la cultura popular del siglo XX es que se convirtió en una enciclopedia invertida de la literatura medieval, del siglo de oro, del barroco. Las personas sin saberlo están recibiendo los mensajes de la transición entre la Edad Media y la edad moderna, se alimentan de esas ideologías, se nutren de una literatura tan importante como la barroca, y todo a través de los productos audiovisuales”.

– En una ocasión dijiste que el Don Quijote es una obra que refleja esa transición.

– Definitivamente. Cuando Don Quijote explica a Sancho Panza que hay dos tipos de caballeros, los que lo son de nacimiento, y los que llegan a serlo con su brazo, por sus hazañas, está hablando de la transición hacia una cultura donde empieza a asomar la movilidad social y en consecuencia a cambiar la estructura de la sociedad. Es la metáfora de la modernidad en contra de la Edad Media donde esa movilidad no existía y era considerada antinatural. En la literatura medieval cuando un rey niño se perdía luego, al final, volvía a su hogar y a su corona, o sea a su lugar natural.

En la literatura del siglo de Oro y la novela picaresca quizás sea el Lázaro de Tormes el que primero se da cuenta de que es posible cambiar de vestido a través del trabajo. Entiende que la movilidad social es posible. Ese es un debate muy vigente en América Latina.

– Has dado una conferencia con el título: “Don Quijote, Batman y el Chapulín Colorado”, ¿cuál es la relación entre esos personajes?-

Los tres son héroes, no, son súper héroes por sus hazañas y sus ideales. Don Quijote es el que acepta el desafío de llegar a ser, un día, un caballero. Es el que dice: “A pesar de la precariedad de mis armas, yo puedo llegar a ser caballero”. Batman es súper poderoso gracias a la tecnología desarrollada por la civilización. Dice: “No somos dioses pero podemos alcanzar a serlo”. Y finalmente está el Chapulín Colorado que es una parodia de los anteriores. El mismo Roberto Gómez Bolaños, creador e intérprete del Chavo y del Chapulín, dijo que quería hacer una parodia cervantina de los superhéroes del primer mundo. Tanto Batman como el Chapulín son animales pero el primero es un murciélago y el segundo un insecto. El primero tiene un baticóptero, un baticarro, una baticueva y el otro un chipote chillón que es un martillo gigante de goma que llora. Y el Chapulín en lugar de hacerse grande se toma unas pastillas de chiquitolina que lo hacen pequeño. Hay unos capítulos en los cuales la agencia espacial no tiene dinero para hacer una nave espacial de tamaño completo y le pide al Chapulín Colorado que se haga pequeño para que pueda viajar en una nave espacial pequeñita. Es una representación del estado del desarrollo moderno en América Latina. Tenemos una forma de modernidad que está lejos de la magnitud de la que desarrollan en los Estados Unidos. Pero con una diferencia: nosotros tenemos el corazón, que es el símbolo del Chapulín, y es gracias a eso que logramos sobreponernos a la adversidad y seguir adelante”.

– Hay un personaje en el Chapulín que se llama Súper Sam, representado por Ramón Valdés, que es una parodia del Tío Sam.

Sí, Súper Sam tiene como arma una bolsa llena de dinero y siempre dice: “Time is money”. Es el contraste entre el primer mundo que trata de solucionar todo con dinero, y América Latina donde los problemas se solucionan a punta de ganas, y gracias al deseo de enfrentarlos y resolverlos a pesar de la precariedad.

Aguasaco sigue hablando con el entusiasmo de las grandes pasiones.

El Chapulín trata de generar una identidad latinoamericana a través de la lengua, es un héroe hispano hablante. En un capítulo dicen: “Este es el héroe que habla español como nosotros”.

– Parece extraño que haya sido justamente un personaje mexicano el que haya tenido la capacidad de simbolizar una identidad latinoamericana. Lo digo porque México ha sido el país más alejado del concepto de latinoamericanidad. Sin embargo una entera generación, desde Argentina hasta México, creció viendo e identificándose con el Chapulín Colorado. ¿Cómo te lo explicas?

– El Chapulín alcanza una popularidad continental gracias a su discurso. Todos entendemos el lenguaje que habla. Esa es también la época de oro del cine mexicano con el Indio Fernández, María Candelaria etc.

Televisa había comprado años antes dos máquinas que podían hacer 11 copias cada una del original. Eso permitió que se vendiera la serie del Chapulín a 17 países.

– Los mexicanos también fueron pioneros en lo que se refiere a este tipo de productos para televisión.

Sí, y para las otras televisiones era mucho más económico comprarle a los mexicanos que hacer sus propias producciones. El único país donde no entra el Chapulín es a Cuba. Televisa abarataba los costos porque trabajaba siempre con el mismo elenco, el mismo libretista, la misma escenografía, los mismos vestuarios. Hicieron 256 capítulos con el Chapulín. Si a ver vamos Cervantes corrió con la misma suerte. En 1450 circulaban en Europa alrededor de unos 300 mil ejemplares de libros hechos a mano, copiados a mano. Cuando llega el Don Quijote en 1605 la invención de la imprenta había revolucionado ese mercado. Había entre 12 y 15 millones de libros, una verdadera explosión. Esa situación facilitó el éxito del Don Quijote. Si Cervantes lo hubiera escrito antes, el libro no hubiese tenido ese mercado. Antes del Chapulín había otros personajes, pero no tuvieron las redes de distribución para darse a conocer.

– La fuerza del Chapulín es que logró transformarse en un héroe con el cual se identificaron prácticamente todos los latinoamericanos a pesar de los nacionalismos de cada quien.

En mi libro no solamente analizo los elementos residuales del pasado y la relación con el primer mundo sino también como se entronca este personaje en la realidad latinoamericana de la época. El Chapulín refleja la capacidad que tiene el latinoamericano de sobreponerse a la adversidad y no solamente de sobrevivir sino de construir.

– Todavía hoy existe esa diferencia entre los latinoamericanos y los norteamericanos o los europeos. Los latinoamericanos se caracterizan por saber enfrentar emergencias que son mucho más difíciles de resolver para quien se ha formado en países más estructurados.

Es lo que Roberto Gómez Bolaños, define la “adversidad creativa”. Es esa capacidad que tiene el latinoamericano y en particular el emigrante, de lograr hacer cosas a partir de los pocos recursos que tiene a su disposición. Yo pienso que los hispanoamericanos nos volveremos cada vez más importantes para este sistema porque movemos la economía independientemente de si tenemos todos los recursos para hacerlo.

– Volviendo al Chapulín tu también hiciste una comparación con los Simpson. ¿Cuáles son los puntos de contacto entre estos dos personajes?

El Chapulín es una máquina de hacer parodias, no solamente basadas en la literatura sino también en las películas de los años 20, 30, 40 etc. Son elementos que vienen de cintas como Cleopatra, Frankestein o el doctor Chiflado, las de Tim McCoy y las del oeste. Hay una increíble capacidad de procesar parodias y enviarlas a Latinoamérica. Una intensidad similar solamente la he encontrado en la serie de los Simpson. De hecho en los Simpson hay una parodia de Chapulín que es el Bunblebee Man, el hombre gordito que aparece con las gafas.

– Si en el presente la analogía es con los Simpson, si tuvieras que compararlo con el teatro del pasado ¿cuál sería el modelo de referencia?

– En mi propuesta en la cual trato de combinar el siglo once con el veinte, España con Latinoamérica y un modelo de comunicación con otro, yo considero que los sainetes de Lope de Vega o de Tirso también eran parodias humorísticas. Probablemente si analizamos el medio audiovisual, la comparación sea con Los Simpsons, pero si vamos a la escritura y la estructura yo me iría más bien hacia el sainete.

La charla con Aguasaco es de esas que quisiéramos continuar durante horas. Es como si nos hubiésemos montado en una máquina del tiempo y estuviéramos nuevamente sentados frente a un televisor donde las historias del Chapulín Colorado unían a la familia en las mismas risas y emociones. El Chapulín volvió a entrar en nuestras vidas con la fuerza de los recuerdos importantes, esos a los cuales se aferran las raíces.

Al terminar la entrevista descubrimos que en nuestros labios ha quedado esa misma sonrisa que nos dejaba cada una de las hazañas de un Chapulín, niño como nosotros, travieso como nosotros pero al mismo tiempo tan héroe como cada uno soñaba ser en algún momento de su vida.

“Creer en el hombre significa creer en su libertad. Libertad de pensamiento, de palabra, de crítica, de oposición.” - Oriana Fallaci

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