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Benjamín Furman: la música es el espacio en el cual armonizo mis raíces

NUEVA YORK: Vino siguiendo un sueño escrito con notas musicales.

Benjamín Furman, de apenas 24 años, desde el momento en el cual dejó su país, Chile, para ir a estudiar en la prestigiosa Berklee College of Music de Boston, ha dedicado cada minuto de su tiempo a prepararse, mejorar, labrarse el futuro al que aspira desde niño.

“Me crié en una casa donde la música estuvo siempre muy presente. Toco piano desde que tenía 3-4 años y también mis tres hermanos tocan otros instrumento. Mis padres aman mucho la música y son muy buenos bailarines. Crecimos al ritmo de tangos, salsas, rock and roll”. Comenta Benjamín sonriendo a los recuerdos.

Al terminar el colegio y tras una paréntesis de dos años en la facultad de Sociología en la Universidad de Santiago de Chile, entiende que su camino está en la música, que es a ella a quien quiere dedicar cada minuto de su tiempo. Deja todo para ir a Boston.

En el Berklee College of Music de Boston se gradúa en Interpretación y Composición. Durante todo este tiempo, mientras profundiza sus conocimientos técnicos, también dedica largas horas a la investigación en la búsqueda de un camino musical propio. Quiere transformar en una realidad de notas y melodías esa estela musical que lleva adentro desde que nació y que lo ha transportado tan lejos de su casa. Crea su grupo que llama Benjamín Furman Project, lanza su primer álbum, Desde el Jardín, y participa como pianista en conciertos de otras band. La música es su norte y su única pasión. “Mis composiciones a veces son solamente instrumentales, otras tienen letras que yo mismo escribo”. La escritura es otra de las pasiones de Benjamín quien, entre los 12 y los 14 años escribe tres libros de más de 300 páginas en los cuales vierte una imaginación ilimitada, construye mundos inventados, seres diversos, tramas épicas. A lo largo de los años ha escrito también poemas, cuentos cortos, ensayos, reflexiones.

– ¿Cuándo y por qué sientes que tu música necesita del apoyo de la palabra?

– Siempre me ha fascinado analizar el aporte que le trae la letra a una música y cómo la transforma en un objeto menos ambiguo, menos abstracto. Hay melodías que piden la letra, lo sientes, sabes que el texto le va a dar un nuevo poder. Otras no, hablan por sí solas y las palabras crearían ruido. Yo sigo sus indicaciones y cuando escribo lo hago con naturalidad y placer porque amo la escritura al igual que la música y al igual que la música es algo que me acompaña desde siempre.

– ¿Cuáles son los temas que te gusta desarrollar a la hora de ponerle letras a tu música?

– En realidad varían. Pueden ser historias de amor pero en algunos casos también hablan de la infancia, de ese espacio puro que queda en nuestro pasado.

Benjamín Furman, además de participar en conciertos en Boston y Nueva York, viaja a menudo a América Latina y ha participado en numerosos festivales de jazz como el Festival de Jazz a la Calle en Uruguay y el Festival de Jazz Lebu en Chile.

– ¿Cuáles son las dificultades que un joven músico como tu encuentra en América Latina o en Estados Unidos y en particular en Nueva York?

– Nueva York es una ciudad en la cual es difícil crearse un espacio. Hay muchísimo talento en lo que a música se refiere y muchísima oferta de calidad. Pero también le abre las puertas a las nuevas propuestas. El público es muy abierto y eso te permite seguir investigando y creciendo. En América Latina hay músicos muy talentosos pero el público está menos acostumbrado a las innovaciones musicales y por lo tanto, a pesar del clima menos competitivo, hay menos posibilidad de innovar y crecer. Son retos diferentes.

– Tu amas también componer música para cine, videos, teatro, comerciales.

– Si, tengo experiencia como actor de drama y de comedia y quizás por esa razón disfruto tanto en componer música para uno de esos géneros. Es como darle una personalidad distinta a la música y me gusta trabajar con otra persona, un director quien visualiza su creatividad en unas imágenes que pueden crecer, modificarse, tomar fuerza gracias a la música.

– ¿Tienes unos músicos que te han inspirado y que consideras tus modelos?

– Si, hay varios. Uno de los músicos sudamericanos que me ha inspirado mucho es sin duda el guitarrista y cantante argentino Juan Quintero quien, con la propuesta musical que presenta con su band Aca Seca Trio, me inspiró a indagar más en los ritmos originarios. Otra influencia importante la recibí de la música del pianista de jazz Keith Jarrett y también de artistas como Leonard Cohen y Nick Drake, quienes algunas veces me han inspirado en la elaboración de los textos.

– ¿Estás preparando otro disco?

– Si, lo estoy trabajando con mi grupo. También tenemos en programa una presentación el próximo sábado 14 en el nuevo club Bonafide a las 11:00pm.

– Benjamín, ¿Cómo definirías tu música y en cuál género musical la colocarías?

– Mi música es una mezcla de folclore de América Latina, Medio Oriente y jazz. Son los tres elementos que confluyen en mis composiciones. Es una música alegre y, a veces, cuando toco, hay personas que se levantan y bailan, hasta en los locales de jazz en los cuales se perdió esa costumbre.

– América Latina,Medio Oriente y jazz, tres estilos muy diferentes. ¿De dónde surge la pasión por ritmos musicales tan distintos?

– Yo nací y crecí en Chile y me siento profundamente y orgullosamente sudamericano. Pero mis raíces son también judías. Mis abuelos llegaron de Rusia y Hungría. Como músico y como ser humano siento la necesidad de recuperar esas raíces, quizás también para construir una identidad mía ya que, tras tantas mezclas, siempre la sentí un poco difuminada. Sé que en mi hay muchas historias que me transforman en una persona con muchos yo. Necesito armonizar esas distintas facetas.

– ¿Y la música es el camino con el cual estás logrando esa armonía?

– Sí, es verdad – confiesa Benjamín casi tomando consciencia de algo que lo había estado guiando casi sin que se diera cuenta – la música me permite construir un espacio en el cual conectar todas mis raíces, equilibrar las varias almas que tengo adentro. Es el camino que me permite comprenderme y que me da un importante espacio de pertenencia, algo que siempre me había resultado difícil encontrar. Me gusta pensar que quienes me escuchan lo perciban, que también para ellos mi música se transforme en un espacio en el cual puedan sentirse aceptados y puedan reencontrarse con sus raíces. Sobre todo en Nueva York, ciudad en la cual casi nadie es libre de nostalgias y la mayoría venimos de otros países, otras culturas, otras lenguas.

“A menos pensamiento, pensamiento más tiránico y absorbente.” - Miguel de Unamuno

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