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AMLITO

Para Homero Aridjis
por sus 80 años.

Entre más pienso en el discurso, mensaje, informe o lo que sea, de Andrés Manuel López Obrador, más me angustio por mi país. Cómo es posible que en ningún momento se hubiera referido a un plan concreto contra la epidemia en curso. Es evidente que el tema lo rebasa, que hace oídos sordos de lo que no comprende y, en estos momentos, lo que no comprende es que el peligro inmediato no parte de lo que se había hecho o deshecho antes. Una vez más confirmamos que esta es una amenaza actual, que sigue desarrollándose y que no sabemos cuándo va a llegar a su cúspide y en qué condiciones y cuándo va a ir cediendo. Este no es un problema acarreado por administraciones anteriores ni por sistemas políticos con los que no está de acuerdo AMLITO (ya no es AMLO porque nuestro Presidente ha demostrado no estar a la altura de las circunstancias) sino que se debe a un verdadero enemigo «que no adversario», como suele decir él de sus detractores humanos. ¿Cómo explicarle al Presidente de los mexicanos que lo que queríamos escuchar en su discurso es su plan dedicado a lo que estamos viviendo en estos momentos? No es que no estemos de acuerdo con «primero los pobres», pero en este caso, hubiésemos deseado escuchar una estrategia para atender «primero los infectados» y los que potencialmente pueden estarlo.

No basta con las recomendaciones del doctor López-Gatell, por más esclarecedoras que sean, de todas maneras, el curso de la pandemia sigue siendo muy incierto; no sabemos cuándo la curva llegará a su pico, cuándo irá descendiendo, cuándo se aplanará y cuándo irá en descenso, es decir, conocemos muy poco acerca del tiempo que habrá que mantenerse en cuarentena y otros detalles muy importantes de la evolución de este mal.

¿Entenderá AMLITO que la diferencia entre lo que está sucediendo en los países donde se inició la pandemia del coronavirus, como China, Corea del Sur, Taiwán, Singapur y otros del lejano oriente, con lo que está aconteciendo en Italia, España y Estados Unidos es que los primeros son naciones altamente organizadas y cuya manera de ser es disciplinada y muy obediente a sus mandatarios, mientras que los segundos tienen tendencia a ser muy individualistas y en constante crítica con sus gobiernos? Estas diferencias se han mostrado muy evidentes con esta pandemia. No es una cuestión de usar cubrebocas o no, es un asunto de la manera de ser de la gente. México es un país que no se caracteriza especialmente por su organización y su disciplina. Ayer recibí una lista graciosa aunque no tanto, «de las creencias del mexicano», según ésta los mexicanos creen: en el chupacabras, la llorona, los extraterrestres, la Tierra Plana, los Santos (como los que trae el Presidente en su cartera), el diablo, los fantasmas; sin embargo, no creen en la existencia del Covid-19. ¿Qué nos muestra lo anterior? Que esa es nuestra gran bronca, y para ponerlo en términos populares, que somos un desmadre.

No hay que olvidar que desde el principio de la pandemia, AMLITO trivializó la situación (lo mismo que hizo Little Trump), «hay que abrazarse, no pasa nada». Desde ese funesto momento hasta ahora se han perdido días valiosísimos, tal como sucedió con Bolsonaro, el presidente de Brasil. Tres mandatarios de las Américas.

¿Qué haremos con un Presidente como AMLITO, que cree que todos nuestros males se deben a gobiernos que lo precedieron? ¿Qué haremos con un mandatario que cree que todos los males tienen una causa política? Y ¿qué haremos con un jefe de Estado que insiste en atribuir constantemente todos nuestros males a los conservadores, neoliberales y demás?

Por último, quiero mandarle un recado a nuestro Presidente: «AMLITO, por favor póngase las pilas. Hay cosas más trascendentes que su retórica mil veces manoseada. Nos encontramos en una situación de emergencia. Nos urge un Presidente informado y que utilice los foros más importantes del país para hablar de lo que verdaderamente nos incumbe en estos momentos. De paso le sugiero que se cuide, que descanse y que aproveche estos días para olvidarse del… pasado como dice la canción de José José.

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