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Eddy Marcano: La música para mi es el oxígeno

Eddy Marcano en el violín y Badén Goyo en el piano. La música se apodera del espacio sagrado de la Iglesia de San Peter en Nueva York. El paisaje de Venezuela se insinúa en cada resquicio, irrumpe la fuerza irreverente de su vegetación, los cuerpos se mueven, nos inundan los recuerdos. Allí mientras dejamos que las notas penetren cada fibra de nuestro ser, pensamos en cuán diferente sería el mundo, y por ende nuestra vida, si no existiera la música.

Los ritmos hablan de nosotros mejor que mil palabras, las melodías reflejan idiosincrasias colectivas y sentimientos personales, resumen la historia de un país y las vivencias de sus pobladores.

La música para mi es el oxígeno, es la vida – nos dice Eddy Marcano con un entusiasmo que no conoce el cansancio del tiempo.

Nítidos son los recuerdos al hablar de sus primeros pasos en la música y del primer contacto con el violín en la isla de Margarita de Venezuela.

Crecí en una familia que amaba la música. Mi hermano mayor, Carmelo, es músico aficionado y con él, siendo yo de apenas 4-5 años, empecé a tocar el cuatro. Nos llamábamos el Dúo Marcano y mi papá, gran amante de la música, nos aupaba, nos aconsejaba las canciones y los temas que debíamos aprender, sobre todo los vals, que amaba mucho. Era profesor de inglés y le gustaba cantar en los dos idiomas. En las parrandas navideñas, en todas las celebraciones de la escuela o de la familia estábamos nosotros tocando y cantando. También fui monaguillo y cantaba en la Iglesia.

Marcano nació en Cabimas pero se crió en Margarita, isla que ama profundamente y de la que ha recibido enorme cariño y todos los honores que esa tierra dispensa a los hijos ilustres.

Margarita con su tradición musical fue la cuna en la cual comenzó su preparación.

Mi infancia fue maravillosa. Vivía en la capital, La Asunción, un pueblo muy musical en el cual todas las casas tenían un cuatro, un piano, una guitarra. Estudié en la escuela Luisa Cáceres de Arismendi que en la tarde se transformaba en la escuela de música Carlos Fermín. Tuve la suerte de recibir clases de Beto Valderrama Patiño, mandolinista y bandoneonista, una de las glorias de la música margariteña y de Rómulo Lazarde otra gloria venezolana, guitarrista, quien era el director de la escuela y nos arrullaba con la música de Bach. También teníamos un pequeño Coro y una Estudiantina que dirigían Lazarde y Valderrama.

 

Eddy Marcano

Photo Credits: Kathy Boos Photography, for Guataca Nights NYC

¿Cuándo llegó el violín a tu vida?

Los recuerdos pintan sentimientos en el rostro de Marcano. Hoy, después de tantos años, siendo ya un Maestro de violín reconocido internacionalmente, sus ojos reflejan el mismo asombro, la misma felicidad que sintió cuando vio por primera vez el instrumento que cambiaría su vida para siempre. E igual admiración y gratitud mantiene hacia el hombre que permitió a tantos niños hacer realidad sus sueños: el Maestro José Antonio Abreu.

Tenía poco más de 10 años cuando el Maestro Abreu llegó a Margarita, decidido a sembrar en esa isla el sistema de Orquestas infantiles y juveniles que había empezado en Caracas y que desde hace un tiempo iba llevando a otras ciudades del país. Llegó a Nueva Esparta en los años ‘77-’78. Fue todo un acontecimiento. Hasta ese momento nunca había visto un violín. Tenerlo entre mis manos, tocar el arco, fue mágico, fue como un cuento de hadas. En ese instrumento volqué toda mi ilusión de niño.

 

¿Cómo y por qué escogiste el violín entre tantos instrumentos?

Creo que el violín me escogió a mi. El Maestro Abreu llegó con todos los instrumentos de la orquesta. Recuerdo la sensación de maravilla que nos embargó al ver por primera vez un bajo, un fagot, un trombón, un chelo… Sentíamos que Disney había llegado a Margarita. Diferentes músicos hicieron demostraciones, luego los maestros hablaron con nosotros, examinaron nuestras manos y nos preguntaron cuál instrumento preferíamos. Yo no tuve ninguna hesitación. Había escuchado al maestro José Guridi tocar el adagio de la sonata en sol minor de Bach y había quedado hechizado. Pensé en mis adentros: “¡ojalá un día pueda llegar a tocar como él!” y supe desde entonces que mi instrumento era el violín. En la escuela de música tocaba la mandolina y el violín tiene la misma afinación de la mandolina con la diferencia de que esta tiene dos sol, dos re, dos la y dos mi, mientras que el violín solo uno por sección.

 

eddy marcano

 

Eddy Marcano empieza a estudiar con el uruguayo José Guridi del que mantiene un recuerdo lleno de cariño y admiración, e integra la Orquesta Juvenil de Nueva Esparta y la Orquesta Típica Margariteña que había fundado el Maestro Valderrama.

Con otros colegas también creamos Opus de Venezuela, agrupación de la que conservo algunas grabaciones.

El hechizo inicial del violín nunca disminuyó y la vida de Marcano empezó a tejerse entre notas. A la música dedicaba cada momento de tiempo libre y durante dos años fue a Caracas los sábados en la mañana para luego volver en la tarde, con el fin de recibir clases del Maestro Luis Morales Bance, gran violinista y director, a quien había conocido durante un concierto de la Orquesta de Camara Solistas de Venezuela que él dirigía. Morales Bance terminaba los ensayos con la orquesta, en la Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, y luego daba clases a ese joven que con disciplina y seriedad lo esperaba para aprender y mejorar. Al terminar el bachillerato Eddy se mudó definitivamente a Caracas para estudiar en el Conservatorio Simón Bolívar.

Al llegar a Caracas me esperaba el Maestro Abreu, director de la Sinfónica Simón Bolívar y de la Orquesta Juvenil de Caracas que en ese momento se llamaba Orquesta Juvenil del Distrito Federal. Comencé a tocar en la Juvenil mientras tomaba clases de violín con el Maestro José Francisco del Castillo quien fue el director de la Academia Latinoamericana de violín, prácticamente el padre del violín en Venezuela, y con su asistente, Octavio Rico. Muchos los maestros con quienes tuve la oportunidad de compartir y desarrollar todos los estudios formales, teoría, contrapunto, armonía, piano complementario etc.

La llegada a Caracas, ciudad caótica y con ritmos totalmente diferentes de los de Margarita, sus primeros pasos en la Orquesta Juvenil, fueron momentos que marcaron en profundidad la vida de Marcano.

Cuando llegué a Caracas, la Orquesta Juvenil estaba preparando la quinta de Tchaikovsky. Toda una aventura para mi. Supe, desde el primer momento, que tenía que estudiar muchísimo para alcanzar el nivel de mis colegas y puse todo mi empeño en lograrlo. José Antonio Abreu fue un padre para todos nosotros, estaba súper pendiente y era muy exigente con la disciplina. Buscaba la excelencia a través de un trabajo riguroso, férreo, diría titánico. No aceptaba mediocridad. Fue un gran aprendizaje.

Finalmente los esfuerzos de Eddy Marcano dan los resultados soñados y en el ’88 participa en un concurso para entrar en la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, la Orquesta más prestigiosa del Sistema con fama internacional.

Mi primer concierto con la Orquesta Simón Bolívar fue el 16 de febrero de 1988 en la Sala Rios Reyna del Teresa Carreño. Tocamos la Flauta Mágica de la Sinfonía Haffner 35 de Mozart. El gran violinista chileno Claudio Arrau, solista, tocó el Concierto nro5 Emperador, de Ludwig Van Beethoven. Fue un concierto mágico. Nunca lo olvidaré.

Al poco tiempo Marcano integra los primeros violines de la Orquesta y da sus primeros pasos fuera de Venezuela en importantes teatros. Los directores más famosos del mundo, desde Zubin Mehta hasta Akira Endo y muchos más, quienes admiraban y apoyaban el gran trabajo del Maestro Abreu, van a Venezuela para dirigirlos y con ellos cantarán glorias de la ópera como Placido Domingo, Luciano Pavarotti, Renata Scotti.

Gracias al Maestro Abreu desfilaron por la Orquesta directores y músicos de talla mundial. Uno de los más emblemáticos fue el mexicano Eduardo Mata, director de la Orquesta Dallas Simphony, quien murió en un accidente aéreo. Mata estaba enamorado de la Orquesta y nosotros de él. Juntos creamos un repertorio de altísimo nivel con obras de los más significativos compositores latinoamericanos. Mata era un director de talla increíble, cada vez que llegaba era una revolución y aprendíamos muchísimo.

A pesar del gran trabajo que requiere la Orquesta Sinfónica, Marcano nunca se aleja de la música venezolana que toca con las agrupaciones Solo 3, Opus 4, Arcano y Onkora. También colabora con artistas emblemáticos como María Teresa Chacín, Simón Díaz, Alirio Díaz. Cuando el Maestro Sergio Bernal, gran director de origen colombiano, comienza un curso de dirección para los integrantes de la Orquesta Simón Bolívar, Marcano empieza otra aventura, la de la dirección orquestal que sigue desarrollando paralelamente con su trabajo como violinista. Una gran amistad lo unirá a Bernal, director de la Orquesta Sinfónica de Utah, quien escribirá para él un concierto para violín y orquesta basado en el joropo “El tamarindo”. Marcano lo estrenará con esa misma Orquesta estadounidense mereciendo al final una entusiasta ovación.

 

eddy marcano

 

Tras tus estudios como Director y después de haber dirigido varias Orquestas ¿has pensado alguna vez en dejar el violín y dedicarte únicamente a la dirección?

No, en absoluto. Estudié dirección de Orquesta durante siete años y ha sido un aprendizaje muy importante pero nunca perdí el foco en el violín. Paralelamente a la dirección de orquesta fui desarrollando mi carrera como solista. Debuté como solista el 7 de julio de 1996 bajo la dirección del maestro Inocente Carreño. Era el 50 aniversario de su carrera como compositor y era margariteño. El Maestro Abreu había programado todo muy bien. Toqué el concierto para violín No 1 en sol menor y a partir de allí no he parado.

Eddy Marcano en los años se ha transformado en uno de los grandes Maestros del sistema de Orquestas. No solamente ha dirigido prácticamente todas las Orquestas de Venezuela sino que ha dado talleres, entrenamientos, contribuyendo en el crecimiento de una estructura que un día le había abierto el camino de la música a los más altos niveles. Va recorriendo cada ciudad, cada estado de Venezuela, un país con una gran tradición musical, en el cual un visionario como José Antonio Abreu supo transformar el talento en excelencia.

Abreu ha sembrado las Orquestas en todo el país y el impacto ha sido muy importante. De allí han surgido bandas de música jazz, rock, salsa, barroca. Su labor ha sido una bendición para muchos de nosotros. Prueba de ello son grandes nombres de la música quienes se formaron dentro del Sistema y hoy integran algunas de las Orquestas más importantes del mundo. Basta pensar en Dudamel, quizás el más emblemático, Diego Matheuz, director en el Teatro La Fenice, Christian Vásquez, director de la Orquesta Sinfónica de Stavanger, Noruega, Manuel López Gómez y muchos otros.

 

El Maestro Abreu no solamente creó el Sistema de Orquestas dentro de Venezuela sino logró su reconocimiento a nivel internacional. En este momento muchos jóvenes están emigrando y el Maestro Abreu, por problemas de salud, ya no puede estar tan presente como antes. ¿Qué pasará con el Sistema de Orquesta? ¿Cuál será su futuro?

Sin duda en Venezuela estamos asistiendo a un éxodo pronunciado. Muchos los jóvenes que se van y el Maestro no puede seguir el Sistema como antaño. Sin embargo fijó un camino y desarrolló un trabajo de base que va a seguir con el mismo rigor e igual calidad.

 

En Estados Unidos has tocado en distintas ciudades y llegaste hasta el prestigioso Carnegie Hall.

Después del primer concierto que Sergio Bernal escribió para mi y que estrené, en 2008, con la Orquesta Sinfónica de Utah que él dirige, fui a Houston gracias a la Fundación Dapa que nos recibió con mucho afecto. Luego conocí a la pianista Polly Ferman y al bandoneonista Daniel Binelli, quienes desde hace años están haciendo un trabajo increíble con un Festival en el cual desfilan muchos músicos latinoamericanos de gran talento. Ellos me invitaron a participar con mi agrupación y a partir de ese momento nos hicimos grandes amigos. Ahora me hicieron el honor de incluirme en la directiva del Festival en la sección académica y Daniel Binelli escribió para mi un concierto muy hermoso para violín que estrenaré pronto. Ese año, gracias a Polly, tocamos también en Americas Society donde conocí al Maestro Sebastián Zubieta quien nos abrió las puertas del Carnegie Hall.

La noche del Carnegie Hall es otro de los recuerdos que iluminan la mirada del gran violinista quien, a pesar de su consolidada carrera artística, no deja de vivir cada momento con el asombro y la alegría de su niñez.

El 14 de octubre de 2009, a las ocho de la noche, empezó mi concierto en el Carnegie Hall de Nueva York. La sala estaba llena y yo no podía con tanta emoción.

Desde ese momento hasta hoy Eddy Marcano ha recorrido muchas ciudades de Estados Unidos y del mundo tocando en algunos de los más importantes teatros. Difícil es resumir en una entrevista los muchos éxitos como director y como violinista, sus grabaciones como integrante de agrupaciones, de orquestas y como solista, entre ellas unas recopilaciones de música venezolana y dos homenajes a grandes de la música: Astor Piazzolla y Aldemaro Romero. Sin embargo hay algunos momentos que dejaron huella en su vida: la noche en que pudo tocar el himno de la Virgen de la Chiquinquira en una misa en Houston frente a dos mil personas, junto con el cuatrista y guitarrista Jorge Polanco, y la noche en que dirigió por primera vez la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, su orquesta.

También recuerda con alegría la experiencia acumulada en distintos países de América Latina como Puerto Rico, Ecuador, Paraguay, Honduras, Colombia, en los cuales realizó misiones comisionadas por la OEA, la Unesco, la CAF, para “exportar” el Sistema de Orquestas, así como lo había concebido el Maestro Abreu en Venezuela.

Llevar la semilla del Sistema venezolano fue una experiencia muy hermosa. En Puerto Rico quedé casi dos años y recibí una acogida muy calurosa por parte de la familia boricua.

Y en la noche en la cual tocaron en la iglesia San Peter de Nueva York, Eddy Marcano y Badén Goyo han dedicado una pieza a Melanie Santana catedrática del Conservatorio de Puerto Rico quien había acudido para escucharlos.

 

Eddy Marcano

Photo Credits: Esfera Cultural

 

¿Qué te da mayor emoción, dirigir una orquesta o tocar el violín?

Ambas actividades me regalan grandes emociones y las considero complementarias. Tocar el violín me llena profundamente y cuando me toca dirigir siento igual felicidad. Son procesos distintos de entrenamiento auditivo. El director tiene que aprender a escuchar cada una de las voces que surgen de la orquesta, las transiciones, la técnica de trabajo, la psicología del grupo. Debe ensamblar aquel conjunto de instrumentos y lograr imprimir su versión de lo que quiere hacer. Ser violinista es algo que me da una gran ventaja porque el primer ejército que te consigues en una orquesta es el de las cuerdas y si puedes entenderlo y hablarle con propiedad tienes una gran ventaja. Trato siempre de trabajar con buenos mentores para hacer lo mismo con los otros músicos. Creo que dirigir una Orquesta sinfónica es una bendición pero nunca dejaría el violín, el instrumento en el cual invertí tantos años de mi vida.

 

¿Pensaste alguna vez en dedicarte a la composición?

En realidad no, no soy compositor. Prefiero interpretar lo que otros escriben. Ese es para mi un momento muy especial.

 

Tu ejerces también como docente. ¿Qué consejos das a un joven que está comenzando su carrera como violinista?

Antes que nada le explico que debe tener mucha disciplina. La constancia es sumamente importante, a veces los jóvenes quisieran ver resultados rápidos pero eso es imposible. El violín requiere de mucha disciplina y de una gran inteligencia musical que va desde el entrenamiento auditivo hasta el control del tiempo, la imaginación. Todas cosas que se logran solamente a través de una práctica regular.

Muchos los proyectos que Eddy Marcano tiene para los próximos meses, la música es la dama que lo acompañará en distintas partes del mundo y pronto volverá a traerlo a Estados Unidos.

Recordamos las notas del concierto que dio hace pocos días en la Iglesia de San Peter, la expresión de su cara, el cuerpo que se fusiona con el instrumento, las notas que logran emocionarnos más de mil palabras.

 

¿Alguna vez sentiste que lograbas expresarte mejor a través de la música que con las palabras?

La respuesta llega inmediata.

Muchísimas. En diferentes momentos de mi vida sentí que mi voz era el violín, una voz que lograba decir lo que yo no podía articular, una voz que hablaba de mi mundo interior, mis sentimientos y emociones con una fuerza que nunca podrían expresar las palabras.

“Colectividad que no sabe pensar, no puede vivir.” - Concepción Arenal

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