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Violeta Orozco
Photo by: Violeta Orozco

Alfabeto de ausencias o la estética de los paisajes postindustriales (VI)

A finales del siglo XIX, tanto Alemania como Estados Unidos, especialmente en el norte de este último país, compartieron un boom industrial que de la noche a la mañana formaba asentamientos y pueblos que extraían el carbón, el acero y el hierro de la tierra hasta vaciarla. Una vez que hubieran explotado las materias primas, las industrias simplemente se mudaban a otra ciudad o terreno inexplorado en donde hubiera más de lo mismo. En la famosa región conocida como el Rust Belt o cinturón de óxido, cerca de los grandes lagos, se cavaban minas, se erigían fábricas, se extraía barro y combustible en bruto, generando trabajo para los inmigrantes alemanes e irlandeses, que en ese tiempo eran mano de obra barata. Hasta las personas eran materia prima para la expansión de los Estados Unidos hacia el oeste codiciado, para los grandes hornos de ladrillo de Ohio que había experimentado, en Ciudades como Athens, Nelsonville, Moonville, una prosperidad fugaz, que duró apenas unos cuantos segundos en el reloj de la historia. Este era el cuento del país de granjeros que habían tenido que modernizarse, tratando de llenar con sus palas la demanda de carbón que fue el combustible de la revolución industrial después de la guerra civil. Pero en un periodo de transformación tan rápida de la economía, el carbón se vio reemplazado por el gas natural, los inmigrantes que habían llegado para construir los ferrocarriles se quedaban para poblar los paisajes boscosos de las Appalachian Mountains trabajando en las fábricas y en las minas, la industria del transporte de los ferrocarriles dio paso a la de los tráilers, los autos y los aviones después de la segunda guerra mundial. Un país de trenes se convirtió en un país de autopistas. Los paisajes sociales comenzaron a cambiar. De un país agricultor, Estados Unidos pasó a ser un país urbano e industrial. Chicago y Nueva York se poblaron de rascacielos en cuanto se cambió el hierro por el acero como material de construcción en cuanto se descubrió que el acero permitía construir más pisos hacia arriba, y que la invención reciente de la corriente alterna permitió construir elevadores. En Ohio y en Kentucky se abandonaron las granjas y los altos hornos, los puentes de ferrocarriles y las minas, las ciudades miniatura que no tenían ya otra fuente de ingresos en la ahora empobrecida región rural que no se había acabado de urbanizar a causa del colapso económico. Se llenaron de pasto las ruinas de un imperio efímero.

 

Violeta Orozco
Photo by: Violeta Orozco

 

En efecto, la estética postindustrial que retrataron artísticamente los Becher fue tan importante que dio pie a una nueva escuela de fotografía en Alemania, la escuela de Dusseldorf, fundando un nuevo género visual sobre la arquitectura de la industrialización con sus catálogos de artefactos metálicos muertos en el valle del Ruhr, el corazón de las minas de carbón de Alemania en la década de los sesentas. Ellos las veían como “Esculturas anónimas”, en una época en que nadie las tomaba en cuenta como objetos estéticos. El caótico diseño y la fascinante red de interconexiones de estas instalaciones que señalizaban una época de deshumanización y masificación podía ser resignificado en vez de demolido. De alguna manera, dignificaba el intento de reconstruir lo humano después del despojo ecológico de las plantas industriales o de los paisajes urbanos arrasados por las bombas.

Como en los Cuatro cuartetos de Eliot con su disonante música de la modernidad, los Becher entendieron que este era el material que tenían en las manos. Estos eran los paisajes de devastación que señalaban el nuevo orden social. La fotografía serial de estas mega estructuras capturaba la desmedida ambición de los humanos por transformar su entorno. Y por más que la arquitectura brutalista y funcionalista de la modernidad le disgustara a tantos, quizá no era falso que había algo de belleza en esos panoramas ominosos que señalaban la huella material de lo humano, el animal que va dejando residuos tóxicos o radioactivos a su paso, instalaciones inútiles, casas vacías, campos deforestados, plantas nucleares abandonadas, minas como dientes careados, puentes rotos que tienden las manos hacia una infinitud que nunca habrán de alcanzar, alfabetos de ausencias sobre la faz de la tierra que sólo el ojo enorme del Hubble puede fotografiar, parpadeando, desde el espacio; convertido en basura cósmica que captura fotografías muertas para un álbum en otra galaxia.


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