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Violeta Orozco
Photo by: Violeta Orozco

Alfabeto de ausencias o la estética de los paisajes postindustriales (IV)

Era como si siempre estuviera caminando entre ausencias. Veía símbolos sin sentido por todas partes, no conocía ni siquiera el nombre de los pájaros ni de los árboles. Y a pesar de que no podía leer las letras en hebreo de las escuelas y las sinagogas, todos los sábados cruzaba el río para llegar a la parte más rica de la ciudad, el núcleo Ortodoxo de la ciudad vecina de Edison. El encuentro con esa alteridad tan cercana me hacía querer fotografiar a los niños jugando futbol americano sin que se cayeran sus kipa, a las mujeres con los cabellos cubiertos y sus faldas largas, todos vestidos de negro, como para un funeral enorme, conversando en grupos de tres o de cinco en una época en donde el contacto humano era mortal para tantos. Me imaginaba el paisaje súbitamente desierto, el gran eco de las calles enormes en un sábado imposible, un Sabbath en donde nadie se saludara. La orilla arenosa del río extendiéndose por toda la ciudad.

 

Violeta Orozco
Photo by: Violeta Orozco

 

A unas calles se escuchaba el prolongado grito de las ambulancias esparciendo sus ondas irregulares sobre el estanque del aire. Lisel Mueller recitaba sus poemas con los ojos cerrados, como una plegaria:

Alguien siempre se estaba yendo

y nunca retornando

Las casas de madera esperan como esposas viejas

A lo largo de esta calle. Están en todas partes,

Abandonadas, recargándose, volviéndose grises.

 

[…]Cuando volvamos de nuevo a esta vereda

Los árboles se habrán vuelto silvestres,

Las casas habrán colapsado, ni siquiera valdrán

Lo suficiente para que entren en ellas

en un acto tan humano como el robo.

Los campos se habrán apoderado de todo.”  (Ruta panorámica)

Someone was always leaving

and never coming back.

The wooden houses wait like old wives

along this road; they are everywhere,

abandoned, leaning, turning gray.

 

[…] When we come this way again

the trees will have grown wild,

the houses collapse, not even worth

the human act of breaking in.

Fields will have taken over. (Scenic route)

 

Violeta Orozco
Photo by: Violeta Orozco

 

De regreso encontré una casa quemada sin explicación alguna a tres cuadras de mi apartamento. Como si en las ciudades fueran normales estas minúsculas destrucciones sin explicación, sin origen. Una cinta de policía y un letrero ilegible. Imposible saber cuándo fue. Pequeñas huellas casi imperceptibles de la anormalidad a la que todos ya nos habíamos acostumbrado. “Hasta en la guerra hay una cotidianidad”, rezaba el dicho. El coche fúnebre estacionado fuera de la sala funeraria, como si siempre hubiera estado ahí. La vida de las casas y el paisaje en perpetua destrucción de las ciudades, la hoguera sempiterna del tiempo de Heráclito y de Eliot en sus Four Quartets, una fogata en donde todo se quemaba con igual intensidad:

In my beginning is my end. In succession
Houses rise and fall, crumble, are extended,
Are removed, destroyed, restored, or in their place
Is an open field, or a factory, or a by-pass.
Old stone to new building, old timber to new fires,
Old fires to ashes, and ashes to the earth
Which is already flesh, fur and faeces,
Bone of man and beast, cornstalk and leaf.
Houses live and die: there is a time for building
And a time for living and for generation
And a time for the wind to break the loosened pane. (Four Quartets)

 

En mi principio está mi final. En sucesión

las casas surgen y declinan, se derrumban, extienden

se retiran, destruyen, restauran o en su lugar

hay un campo abierto, o una fábrica, o una supercarretera.

De vieja roca a edificio nuevo, de vieja leña a fuego nuevo

de viejos fuegos a cenizas, y de cenizas a la tierra

que ya es carne, pelambre y heces,

hueso de hombre y bestia, maizal y hoja.

Las casas viven y mueren: hay un tiempo para construir

y un tiempo para la vida y la procreación

y un tiempo para que el viento rompa la ventana desprendida. (Cuatro Cuartetos)

Remembranzas del Eclesiastés y el nihilismo del Modernism anglosajón. Los tempos distintos de la vida, de las vidas humanas, de las casas y las ciudades. Todo se mezcla y se transforma, lo humano no es más que el nombre para un cierto tipo de paisaje. Veo el acero, el hierro, los minerales de la tierra alzándose sobre ella para tratar de rascar el cielo o destriparla. Los campos diezmados, el paisaje extrañamente alterado, como si una colonia de termitas hubiera horadado la superficie del planeta, cambiando la forma del relieve, la escritura de los paisajes.

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